Sábado, 25 Marzo 2017 05:50

Tiny Aristegui y el derrumbamiento de la escuela como institución educativa en México (o al menos, en la UVM)

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

No puedo negar la conmoción que tengo cada vez que vuelvo a ver el video que “La Mars” grabó al más puro estilo de una estrella de cine que, además, parece ser experta en la ciencia de la vida.

Conmoción que supongo, debe relacionarse, de alguna manera retorcida, con aquello de “lo bello y lo sublime en Kant”. Un espasmo comparable a la contemplación de un huracán a mar abierto o de aquella pintura de Saturno devorando a sus hijos de Goya, donde el horror y la fascinación encuentran su equilibrio para no dejar de mirar.

Y es que, al iniciar el video con la bomba argumental “tengo dieciséis años y tomé conscientemente la decisión de dejar el bachillerato”, no puede más que recordarnos, con una bofetada a aquellos que ya pasamos por aquel encantador torbellino de hormonas e ideologías, solamente superable por la satisfacción de que no volverá a repetirse, como era el mundo a esa edad.

Y es que en sentido general, uno no logra desentenderse del todo con la molestia que al parecer parapeta la renuncia a las instituciones, el sistema y a lo convencional en que se mira la vida desde ese enfoque. Al parecer, algo hay de verdad en ello. Pero bueno, habría que desmenuzar lo que pasa, cómo pasa, cómo no pasa y qué podemos hacer al respecto.

En primer lugar, el énfasis que hace desplegar todas aquellas críticas al sistema educativo: que son guarderías para entretener a los estudiantes, que te saturan de información inútil para la vida práctica, que te convierten en borregos, etc. En todas ellas, debo confesar, estoy tan de acuerdo  que me tatué su cara en el chamorro como símbolo de simpatía y buen gusto. Pero al notar que se parecía más a Aristegui, terminé por borrarlo. Lo sé, ha sido una semana muy intensa para un servidor.

Pero regresando al tema central, creo destacable acentuar algunas omisiones que detecto como profesor de bachillerato que he sido, y que desde la trinchera académica que he vivido puedo observar.

1. - El sistema educativo apesta

Es cierto, si lo comparamos con países de primer mundo, la distancia es larga y triste a la vez. Pero la comparación con 7-8 países de primer mundo durante los últimos 50 años, no creo que sea justo para la historia de la educación, es decir, excluir todos aquellos escenarios políticos-sociales-culturales que han generado educación en la humanidad, es no entender qué se busca entonces con la educación.  Y es que podemos hablar de las excelentes habilidades que logran las personas en modelos como en Japón, donde la disciplina y la excelencia son la carta fuerte de presentación. Excluyendo como he mencionado anteriormente el contexto al que pertenece.

Sería como pretender que si tomas a un montón de indígenas de la sierra tarahumara, meterlos a un colegio ingles durante tres años, para posteriormente regresarlos a su comunidad, con sus familias, su  economía y sus problemas tan específicos y que todo aquello se solucione por medio de la magia educativa. O al revés, esperar que un mirrey termine la escuela pública, regresa al seno materno como un sujeto nuevo, con consciencia social que le permite exigir la igualdad de condiciones desde su Iphone. Y pasa. Pero el sentido de la educación dista de esto.

Personalmente debo de confesar que uno de los momentos más difíciles de la actividad docente es entender que lo que se enseña, no es lo que se aprende, que lo que se aprende no va a tener el uso que uno espera por parte del estudiante, que a final de cuentas, el estudiante deberá descubrirse como un agente  libre y activo dentro de su vida.

Que debe encontrar dicha libertad en medio de un proceso conductista, estandarizador y en ocasiones muy poco alentador para dichos fines. Pero, entonces ¿para qué estamos educando? Sería la pregunta obligada.

Es verdad, el sistema educativo fue diseñado para generar modelos de conducta estandarizados. Que tragedia para la existencia humana. Eso, hasta que en el viaje que llamamos vida, comenzamos a conocer gente que en su escasa comprensión de los fenómenos del mundo, comienza a tomar esa libertad para ejercer acciones a diestra y siniestra para su beneficio inmediato. Corrupción, violencia, apatía, perjuicio involuntario, por mencionar las que se me vienen a la mente en este momento. Aquellas personas que en ocasiones hacen gala de su inconsciencia y que entonces sí, nos molesta muchísimo que incluso una persona no acate las normas de modales básicas, SON UNOS ANIMALES, nos grita la doble moral.

Es complicado entender esta extraña dialéctica entre la tradición y la vanguardia de las ideas, pues es verdad que la tradición estropea la creatividad de nuevas propuestas, pero también hay que decirlo, la vanguardia sin tradición termina siendo algo similar. Propuestas innovadoras que ya se plantearon mucho antes, errores que pudieron evitarse con conocimiento y experiencias pasadas.

2.- Sigue tus sueños y no seas una oveja del sistema

Es un llamado al amor propio por donde uno lo quiera ver, es, en esta ocasión, la dialéctica entre el individuo y la sociedad lo que está en juego. Ojalá todo fuera seguir tus sueños, en serio, OJALÁ. Pero resulta que hasta los sueños más pequeños requieren de esfuerzo y sacrifico para ser logrados. Sobre todo cuando tienes 16 años y tu vida es lo suficientemente estable, como para dejar la escuela de manera consciente. Es decir, todo el trabajo, planeación, sacrificio que por parte no solo de los padres, si no de los abuelos, familia y amigos que dan la estructura para tal solvencia moral.

Seguir los sueños individuales abandonando los compromisos con el entorno es una respuesta rápida de consecuencias lentas. Es en el reconocimiento del otro donde vemos los mejores frutos para los proyectos individuales. Y no sólo del otro como mi compa con el que voy a poner un bar en la playa para poder emborracharme mientras trabajo. En el reconocimiento de instituciones, clases sociales, empresas, procesos y complejidades del mundo actual que dan las herramientas necesarias para la concreción de dicho proyecto.

Pero, ¿dónde habrá un lugar para poder desarrollar dichas habilidades? Digo, un lugar donde los recién llegados pudieran experimentar en un ambiente controlado, las circunstancias más comunes de la vida. Un lugar donde pueda el sujeto experimentar la frustración, el desanimo, las fallas de un contexto mucho más complejo. Un lugar donde tenga un escenario para experimentar las propias potencialidades. Donde se pueda encontrar con personas que le den la desaprobación de sus iguales ante la iniciativa y donde al mismo tiempo pueda encontrar en quienes apoyarse. Un lugar a final de cuentas, donde pueda ir, poco a poco, discerniendo que hay gente que te apoya en ciertas circunstancias, que te entorpece en otras y que para todo ello hay una estrategia para salir adelante dentro de su propio contexto. Sería como un sueño hecho realidad. 

3- Las cartas sobre la mesa

Lo complejo es entender que todo está en el mismo paquete, que la vida en las escuelas no es color de rosa, pero afuera de ellas la cosa se pone un poco más verde caca. Que el estudiante toma las herramientas si quiere, si no, puede pasar de largo, pagando las colegiaturas como si se tratara de la mensualidad del gimnasio en enero, ¿si pagas, eso quiere decir que ya estas mamado no? Pos no.

Ante este escabroso tema sobre la educación hay que entender que cada contexto va a determinar la necesidad. Que “la necesidad” siempre surge en la práctica, no en la teoría, que “la teoría” siempre va a estar atrasada por ello mismo y que es responsabilidad única del individuo estar al pendiente de todo ello en su vida adulta.

Aplaudo la sinceridad y el entusiasmo con que se hizo el video. Me ha puesto de nueva cuenta frente a lo que amo de las redes sociales, el rostro de lo que está pasando allá afuera, lejos de los muros de mi personal imaginario donde todo tiene sentido.

Si bien el futuro de la educación es cada vez más incierto: nuevas tecnologías, recortes presupuestales, los millenians (…) todo ello es la constante de los tiempos actuales y al respecto solo me queda recordar las palabras del Mark Twain: El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.

Edgar Beraud

Psicólogo y filósofo de formación, humorista e ilustrador por devoción. Los temas centrales de reflexión versan principalmente sobre la dicotomía entre el individuo y la sociedad, así como la ciencia, epistemología, la política y cualquier asunto concerniente a generar las premisas que justifican la conducta humana en la vida cotidiana.