Viernes, 30 Noviembre 2001 00:00

Guadalajara: El arte público como rehén político

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Guadalajara, como todas las ciudades de mundo, tiene su propia historia de conflictos y polémicas relacionadas con la intervención del espacio público: el trazo de calles que ha destruido parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad, como se hizo con parte del ex convento de El Carmen para la ampliación de la avenida Juárez o la destrucción de fincas de las antiguas calles de Moro y Escobedo, en los años 70, para construir Federalismo; lo mismo que sucedió con el diseño ¡cristianísimo! de una cruz de plazas que debemos al arquitecto Díaz Morales, bajo el gobierno de Jesús González Gallo, que trajo consigo la destrucción de fincas patrimoniales que "estorbaban" al proyecto y que dieron paso a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (Acosta Rico, 2013) y la Plaza de la Liberación, lo que en su momento causó protestas que criticaron la "crucifixión de Guadalajara" por parte de Díaz Morales; los carísimos Arcos del Milenio, de Enrique Carbajal González "Sebastián", que siguen inconclusos, sólo hay cuatro de los seis previstos, dada la intensa politización del asunto y un largo etcétera. Y también cuentan algunas partes del patrimonio por las que nadie ha levantado la voz, como la puerta de cantera de la cara de avenida Hidalgo del antiguo Mercado Corona, que prometieron regresar pieza por pieza a su lugar luego de la renovación que requirió el edificio que se incendió en 2014 y que nunca nos devolvieron a los habitantes de la ciudad; valdría la pena preguntarnos dónde quedó.

El espacio que es de todos, ese que se encuentra más allá de las puertas de nuestras casas y demás espacios privados debe ser y es necesariamente susceptible de polémica, de discusión y sacudida; está expuesto a la mirada pública y por tanto a su escrutinio y a su discusión en los corrillos de cantinas y cafés, de salones de clase y redes sociales. Ahora lo está sobre todo en las redes sociales y el mundo digital, en general, a donde se ha mudado la opinión pública profesional y la profana, pero voluntariosa, con la que todos podemos juzgar con la ligereza de nuestros dedos, pero no necesariamente con el reposo de la reflexión, dando vigencia a la idea de Umberto Eco acerca de la sobrevaloración de la opinión personal en redes sociales, donde legiones encuentran en ellas un espacio de catarsis y no de diálogo.

La ultima discusión sobre la intervención del espacio público en Guadalajara está centrada en el programa Arte Público, del Ayuntamiento de Guadalajara, que, según sus propias palabras "representa una visión de ciudad que va más allá de los periodos de gobierno y colores políticos. Esta política se suma a nuestra agenda de recuperación y dignificación de espacios públicos. Queremos dejarle a nuestra ciudad un legado que trascienda por generaciones y que nuestros hijos se sientan orgullosos de vivir en su ciudad." (Ayuntamiento de Guadalajara, 2017). Es un programa que está constituido de cinco proyectos distintos como restauración de patrimonio existente, murales urbanos, el premio de escultura Juan Soriano y el proyecto de escultura pública que es la que ha generado polémica y a la que se han sumado lo mismo voces autorizadas como Roberto Castelán, Juan José Doñán, Avelina Lésper o Avelino Sordo Vilchis, que voces oportunistas como la de Juan Sandoval y la de partidos políticos que lo mismo hablan con mesura y racionalidad o deciden aliarse con grupos de ultraderecha como Citizengo.

El proyecto de arte público se planteó invitar a 10 escultores radicados en la ciudad para crear "colosos urbanos", como ellos los llaman, que servirán para "darle dignidad a la ciudad", como afirma en su delirio retórico el alcalde-candidato a gobernador-señor feudal plenipotenciario de MC. Sin embargo, la discrecionalidad y la falta de transparencia ha llenado con sus sombras el proyecto, como ya se ha vuelto costumbre en el gobierno de Enrique Alfaro, el que de un manotazo tumba jueces, el que manda a rudos negociadores a doblegar locatarios de mercados, el que siente que los "medios basura" le están "friegue y friegue", el que tiene el don de convertir activistas en burócratas a las que les da flojera atender a los medios y transparentar gastos, el que hace carnes asadas en los balcones del Palacio Municipal, el que tiene operadores para manipular por medio de apoyos sociales a estudiantes de bachillerato para que obliguen a sus padres a votar por el sí en su gris y conveniente proceso de ratificación al más puro estilo de las elecciones como la de la constituyente venezolana o la del fraude electoral de 1988 donde los gobiernos son juez y parte.

La discusión pública del proyecto de esculturas públicas comenzó con la polémica decisión de elegir a José Fors como uno de los escultores, sospechoso porque fue una de las imágenes centrales de su campaña a la alcaldía, a quien, el Ayuntamiento ya le otorgó un adelanto de 900 mil pesos para la obra, como quien se ve urgido de pagar un favor, aunque el INAH ya ha rechazado que su "macetota" pueda ser instalada en el parque de San Francisco. Así, a la falta de transparencia y la sospechosa elección de un artista más concentrado en la pintura y en la música, se suma también la calidad de la pieza, su valor artístico limitado, su falta de armonía con el espacio público y su obvia imitación de ideas originales de macetas antropomorfas, sólo que ahora de tamaño gigante.

Y si la polémica comenzó con la obra fea y acromegálica de José Fors, el programa de arte público arrancó con Pluma de Pedro Escapa, artista catalán naturalizado mexicano, que en su página de internet personal presenta otra obra llamada igual Pluma, pero de nogal y acero y que es sospechosamente similar a la que se instaló en Av. Américas y Pablo Neruda, lo que hace pensar en un cómodo autoplagio que le permitió "acelerar" el proceso creativo.

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Foto: NTR Guadalajara   

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Foto: pedroescapa.mx

Por otro lado, está la obra de Ismael Vargas, un gran artista tapatío, soberbio como muchos artistas sin que eso sea del todo un defecto, quien afirma que, por su trayectoria, una raya sobre un lienzo puede venderla en millones de pesos. La sospecha y el halo de dudas crecen hasta llenar de bruma a su obra Sincretismo cuando se compara el precio de la pieza Maíz del mismo artista que se instaló en Zapopan.

Mientras Maíz fue donada por la iniciativa privada y costó 600 mil pesos, Sincretismo costó 5.2 millones, lo cual, a vista de cualquiera genera muchas dudas sobre el uso del erario y las maneras de gastarlo.

La pieza, según los dichos del alcalde Enrique Alfaro busca convertirse en un punto de referencia del barrio, pero eso es muy pretencioso, pues como dijera Juan José Doñán, para eso ya está el templo de El Refugio que se encuentra en el mismo camellón (Doñán, 2017), a sólo tres cuadras.

Es una pieza que no tendrá la trascendencia pretendida y que tampoco justifica el precio de más de cinco millones –un robo descarado sí se compara con la otra obra de Vargas en Zapopan–, pero que no es un estorbo visual para los conductores, como dijera Avelino Sordo Vilchis (El tour de las 'estramancias', 2017), al menos no un estorbo permanente, la fuerza de la costumbre la hará invisible, como una pieza de papel picado en la calle de un barrio enfiestado.

El conflicto principal en relación con Sincretismo se ha suscitado con los dichos del cardenal emérito de Guadalajara, Juan Sandoval, quien, para no perder su costumbre, ha lanzado afirmaciones estridentes, como cohete de feria, para despabilar a los actores públicos a quienes ataca y para despertar también a hordas que responder a sus gritos para llevar a las calles y reproducir en la palestra reaccionaria sus dichos.

Ha sido convocada para el próximo sábado 26 de agosto una manifestación pública y acto de desagravio para pedir perdón a Dios por lo que el cardenal ha considerado como una ofensa al pueblo y un atentado contra los sentimientos religiosos de los tapatíos e incluso la organización de adoradores nocturnos de la arquidiócesis, que aglutina a miles de miembros, ha llamado a rogar por el perdón divino por la ofensa que los católicos tapatíos han recibido por parte de Enrique Alfaro y su gobierno.

El riesgo latente de que la concentración de católicos a tres cuadras de Sincretismo, en el templo de El Refugio traiga consigo actos de vandalismo contra la escultura, ahí está.

El proyecto de arte público es legítimo y nunca la inversión en arte será un gasto innecesario, aunque los gastos excesivos y los pagos elevados, que de manera sospechosa  han sido otorgados, pueden considerarse pago de favores, empañan este proyecto. Lo mismo que piezas como Pluma de Pedro Escapa, que además de sugerir un autoplagio, son financiadas por un gobierno que ha despreciado y ha buscado manipular y reprimir periodistas en su derecho y obligación de informar y de cuestionar las acciones de gobierno; también obras que, aún no ejecutadas, como la de José Fors, no pueden dejar de generar dudas por la relación propagandística del artista y el alcalde y por la limitada originalidad de la pieza. Finalmente, sobre Sincretismo, ni hablar sobre el proceso cultural que le da nombre a la escultura, es un tema que no vale la pena polemizar mucho si no es desde el dogma, pues es condición permanente en el arte y en la religión, pésele al prelado y a la religión que le pese.

 

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Referencias

Acosta Rico, F. (8 de marzo de 2013). Derrumbe del templo de La Soledad y construcción de La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Obtenido de www.arquidiocesisgdl.org: http://www.arquidiocesisgdl.org/2013-3-8.php

Ayuntamiento de Guadalajara. (28 de julio de 2017). Conoce el programa Arte Público. Obtenido de https://guadalajara.gob.mx/: https://guadalajara.gob.mx/noticias/conoce-el-programa-arte-publico

Doñán, J. J. (24 de agosto de 2017). Despotismo iletrado. Obtenido de okupo.mx: http://okupo.mx/despotismo-iletrado

Sordo Vilchis, A. (24 de agosto de 2017). El tour de las 'estramancias'. Obtenido de http://okupo.mx: http://okupo.mx/tour-las-estramancias

Modificado por última vez en Viernes, 25 Agosto 2017 13:43
Enrique Casillas

Profesor de Literatura y de redacción desde la perspectiva sociocultural, porque todas las palabras están condicionadas por lo social y éstas modelan a la sociedad. Me encanta pensar la escritura académica y la educación, a eso me dedico.