Miércoles, 27 Septiembre 2017 22:12

Las tablas de Moisés y la ley mexicana

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Según el Éxodo, Dios dio a Moisés dos tablas de piedra en la cima del monte Sinaí. En ellas venía escrito contundentemente un decálogo o lista de diez mandamientos que el pueblo judío debía seguir para conservar un pacto que Moisés le había implorado al señor a cambio del perdón por la idolatría de su pueblo. Dios le dio las lajas y le dijo que jamás debería tolerar ningún grado de desobediencia a estas diez reglas.

Según Rousseau el contrato social es un acuerdo entre los hombres para conceder un poco de su libertad en estado natural o salvaje a cambio de ciertas garantías de respeto por su integridad y su propiedad. Es conocido que existen muchas reformulaciones de la doctrina política que deriva de este meta relato. Por ejemplo, Hobbes, Rawls y Locke retomaron esta idea del contrato social en sus reflexiones políticas.

¿Qué tienen en común? Ambos son relatos, (en realidad meta- relatos porque trascienden en la vida política sin importar su existencia de facto). Ambas intentan explicar el origen de una norma y a justificarla, su acometido es darle validez objetiva a una ley y transmitir la idea de que el poder no es tomado por mano propia sino conferido por un tercero: Dios o la colectividad. Y a pesar de que es dudoso que la dotación del poder sucedió en algún momento bíblico o pre- social, no es este el asunto principal. Lo que debemos aclarar no es la conferencia del poder sino el hecho de que, si la colectividad otorga el poder, la colectividad puede y debe quitar ese poder cuando este deje de representar sus intereses.

Cuando se dice que un acto no se puede realizar, aunque sea la voluntad de una mayoría, porque contradice una ley, norma o reglamento; esa ley no es democrática.  Lo que se puede evaluar es que cuando esa ley contraviene no sólo la voluntad general, sino el mismo sentido común e impide o entorpece acciones urgentes y contundentes; es entonces que esa ley no es democrática y esa ley se debe reformular o sustituir sin pretextos, retardos y medias tintas. Los reglamentos, normatividades y leyes están hechas en contextos determinados, están hechas por hombres que tenían una perspectiva particular de diversas situaciones, por hombres que vivían en momentos históricos determinados, las leyes están hechas por hombres que tenían intereses propios que podían coincidir o no con los intereses de las colectividades, por hombres que tenían limites o carencias ideológicas, intelectuales, religiosas o morales, por hombres que como todo hombre en la tierra pueden fallar. Por eso la ley, se debe reformular cuando la colectividad lo decida y máxime cuando ese cambio tiene como intención atender una necesidad prioritaria y urgente de la misma colectividad, es decir cuando la ley queda rebasada por la realidad, la realidad no va empequeñecerse, hay que trabajar en la ley. No se pueden amparar, quienes ostentan el poder, al decir que las cosas que la colectividad demanda no pueden tener lugar cuando contravienen la ley, eso es tomar bajo secuestro a la ley misma, hacerla un rehén. Hay ejemplos por racimos: cuando una ley les estorba para beneficiarse, la modifican como por arte de magia.

Estoy de acuerdo en que la ley se debe respetar, y que las leyes, normas y reglas nos ayudan a controlar los niveles de anomia, estoy de acuerdo en que la vía pacífica pudiera realmente conferir un poder que represente a la colectividad. Pero cuando hay un reverencialismo excesivo como si fuera Dios mismo quien bajó a otorgar la ley y el poder a unos cuantos, y solo estos cuantos poseen los medios para decidir cuando conviene modificar y cuando no, me parece que vamos por un camino equivocado, contrario a una democracia. Si la democracia es solo representativa y no participativa en realidad es una oligarquía por voto La ley debe irse adecuando a los tiempos y se puede hacer en tanto creación humana. Se debe entender que hay prioridades y cuando un país vive un sacudimiento como el del terremoto del 19 de septiembre, reparar los daños es prioridad por encima de cualquier campaña política. Así que cuando un diputado dice que el dinero destinado a los partidos políticos para campañas, no se puede usar en aras de la reconstrucción de nuestras ciudades sería contravenir la ley, deberíamos preguntarle si esta ley fue bajada del monte Sinaí por el mismísimo Moisés.

Modificado por última vez en Jueves, 28 Septiembre 2017 16:03
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.