Domingo, 26 Noviembre 2017 18:42

Sin zona de confort: Ernesto Guevara

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El Che Guevara en entrevista con Lisa Howard, en el Ministerio de Industrias de Cuba, en 1964. El Che Guevara en entrevista con Lisa Howard, en el Ministerio de Industrias de Cuba, en 1964. Foto: Elliott Erwitt

Para Alberto Cota

Como sucede con todos los individuos cuya fama les sobrevive; es difícil decir algo que no se haya dicho ya sobre ellos. Las biografías sobre Ernesto “Che” Guevara son abundantes y de todas calidades e intenciones. Por otro lado, suele pasar que la fama de ciertos personajes, ideas o símbolos, es tomada por advenedizos para adornarse y usarlo como estandarte de las más variadas pendejadas. Las tergiversaciones sobre las ideas de los grandes siempre son un asunto con el que hay que batallar y desgraciadamente, sino se distingue la cizaña del trigo, se abarata la honra de los susodichos. Un desmerecido abaratamiento, por ejemplo, es la fotografía de “El guerrillero heroico”. Cuando el cubano Alberto Korda Quispe la tomó, nunca pensó que sería considerada una de las diez mejores fotografías de todos los tiempos. Aunque Korda se dedicó en realidad a la fotografía oceánica, también seguía de cerca el movimiento revolucionario cubano con simpatía ante las ideas de Guevara y Castro. El destino unió a los tres, y sin embargo, no sé si Korda hubiera asentido en que su fotografía fuera usada como símbolo de chiquillos que piensan que ser revolucionario consiste en no obedecer a sus papás, revelarse contra los profesores, vivir despeinados y renegar de todo, claro, todo esto sin trabajar; en la posmodernidad se puede ser mantenido y revolucionario.

Así la situación ¿por qué habría yo de ser lo suficientemente especial para decir algo que pueda aportar al entendimiento de la vida de Ernesto Guevara? No lo soy, y no obstante me atrevo a decir que es necesario evitar que quede en el olvido el valor de modelo que tiene el trayecto vital del argentino. No voy a entrar en los espinosos y ya bien tratados asuntos de la compresión de su papel en la revolución de varios países latinoamericanos y africanos, ni en el desencanto que al final caracterizó la relación entre Fidel Castro y Guevara, o en las acciones de la CIA que influyeron en la muerte de Ernesto sin respetar el derecho que tenía al juicio político.

Quiero destacar simplemente, dos elecciones de vida que destacan al Che como el único ser humano de la modernidad que despreció la zona de confort. La primera decisión que me lleva a pensar que Guevara desechó toda comodidad viene de su misma Argentina, pues nacido en una familia aristócrata cuyos recientes antecesores habían sido la familia más rica de Sudamérica, y cuyos ancestros se remontan a conquistadores del Virreinato del Río de la Plata, prefirió otra cosa que ser un niño rico. El padre y la madre de Ernesto recibieron cuantiosas herencias que intentaron acrecentar con plantaciones, rentas, inversiones en bienes raíces y que les permitía una vida más que holgada. El Che padeció asma desde la infancia por lo que se trasladaron de Rosario a Córdoba para gozar de un mejor clima. En pocas palabras no había alguna razón para que a partir de los años 50 ya por terminar su carrera de medicina empezara viajes sin recursos monetarios y en una bicicleta con motor a lo largo de Argentina primero, y de toda Sudamérica y Centroamérica después. En estos viajes conoció la pobreza en que se vivía la realidad latinoamericana y junto con sus lecturas filosóficas y políticas fue cuñándose de la ideología marxista. Es a través de estos distintos periodos de viaje que conoció a los hermanos Castro. ¿Por qué un joven culto, asmático y aristócrata abandonaría su presente y futuro descomplicado por una vida de guerrillero siempre con la muerte pisándole los talones?

La siguiente decisión de Guevara que lo hace un hombre inusitado es que cuando en 1959 triunfó la Revolución cubana bajo el mando de Raúl Castro, Fidel Castro y Ernesto Guevara, este último fue ministro de industria. Ya en el gobierno, Fidel Castro se apoyó en el Che para representar su causa ante el mundo y Guevara pronunció discursos memorables en la ONU, visitó Rusia y otros países internacionalizando la Revolución. Pero los viajes diplomáticos y la vida de oficina no le bastaban al argentino, y si había abandonado el lujo que su familia le prodigaba, por qué no iba a abandonar la política. Se habla también de un distanciamiento ideológico con los Castro, que desde mi interpretación sólo fue un elemento más para que nuestro personaje dejara los aviones y los escritorios, así fue como se embarcó en la Revolución congoleña y en la boliviana, no si antes dejar la simiente de la Revolución en Nicaragua, Paraguay, Perú, Brasil, Argentina, Chile y otros países. Finalmente, el 9 de octubre de 1967 después de ser capturado en La Higuera, Bolivia el Che fue muerto. Los pormenores oscuros y variopintos de las circunstancias de su muerte son muchos y no quiero profundizar en ellos, termino con la segunda pregunta ¿Por qué un dirigente de un país que no se doblegó ni ante la potencia mundial estadounidense, por qué un líder ideológico y político, dotado de una inteligencia y un carácter superior, no se quedó a disfrutar de sus logros ganados a fuego y sangre?

Ante las dos preguntas planteadas en razón de estas dos elecciones de vida, no puedo responder, sino que Ernesto “el Che” Guevara sentía un vomitivo desprecio ante la zona de confort, su compromiso con una causa, era incluso más importante para él, que su propia vida.

Modificado por última vez en Lunes, 27 Noviembre 2017 18:42
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.

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