Miércoles, 10 Diciembre 2014 00:00

Activistas políticos: ¿Héroes de la Patria o ególatras?

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Activistas políticos: ¿Héroes de la Patria o ególatras? Libertinus via photopin cc

No estoy de acuerdo con lo que dices,

pero defenderé con mi vida tu

derecho a expresarlo

Voltaire

 

Existe ese mito urbano-virtual de que en México es cuestión de vida o muerte expresar una opinión. Claro, existen casos, muchos, en que esto ha sido efectivamente una condición: reporteros investigando las faldas sucias del narco, de políticos corruptos; sin embargo, estos casos no condicionan ni determinan la actividad de la expresión de ideas (pública o privada).

En oposición a este mito urbano, existe una praxis socio-cultural que no sólo afrenta contra la libertad de expresión, sino que la violenta con censura, discriminación, segregación y prejuicio. Esta praxis demuestra la inmadurez del pueblo mexicano frente al ejercicio de la expresión libre del pensamiento y las ideas. Abre una portal de noticias, un blog con artículos de información (incluso esta revista)… dirígete hacia los comentarios del artículo publicado y te encontrarás con la realidad de cómo el mexicano promedio se enfrenta a la libertad de expresión: “Todos los que no piensen como yo son unos idiotas; y si presentas tu opinión pese a que te hice saber que eres un idiota porque no piensas como yo, eres un ignorante pagado, acarreado, borrego y que quiere que todos piensen como tú, para que ‘El sistema’ esté en control de lo que piensas y dices”.

No soy neófito ante este tipo de situaciones y cómo reacciono o me muevo cuando suceden. En mis años de estudiante de literatura, era el pan de cada día. Clases de “análisis literario” que promovían el diálogo y la discusión académica sobre una obra presentada. Clases mediocres donde las opiniones, reflexiones y señalamientos hechos sobre una obra literaria debían estar sujetas a un misticismo idolátrico y reverenciable. Clases en que se pretendía ejercitar el criterio del alumno, pero sólo se ejercitaba la noble acción de lamerle el culo al profesor que lleva años presentando la misma obra idolatrada, una y otra vez, ciclo tras ciclo.

En más de una ocasión he querido vomitar palabras de desagrado y repugnancia ante los comentarios y artículos que presentan a los “#43 niños héroes-mártires”. No he sentido ese deseo por la razón de ofender la terrible situación del caso de Ayotzinapa, ni por la razón de burlar el sufrimiento de sus familiares. La urgencia viene a mí, cuando leo como indiscriminadamente se les ha otorgado ya a los 43 normalistas, ese título de “héroes”; cuando leo que “#TodosSomosAyotzinapa” o que “#Faltan43” y veo en el asesinato de estos jóvenes, un estandarte religioso-político: religioso porque se han convertido en dogma, político porque todos se valen de esa desgracia para hacer, literalmente, lo que se les venga en gana.

Es ridículo como el mismo sector urbano (universitarios) que se indignan por eventos tradicionales-históricos como la Romería de la Virgen de Zapopan o la de la próxima celebración de la Virgen de Guadalupe, sean quienes sufren religiosamente estas muertes. Les llaman ignorantes, les dicen “pueblo sometido por la iglesia”; hipócritas es el título que se gana el pueblo que venera y ejerce su credo. Estos universitarios que se ríen de estas tradiciones, parecen ser ciegos del equivalente ejercicio de sus protestas: Una manta con frases románticas, marchas que atropellan derechos de tránsito y vialidad pública; incursiones en eventos sociales (dramatismos y representaciones pesudo-artísticas-protestantes).

Es como si la fe religiosa en los universitarios se manifestara por intervención divina en sus cursis y chiclosas frasecitas, (que personalmente me dan pena ajena) y que portarlas, como se portaría un escapulario de la Virgen del Carmen, o un Rosario… les otorgara protección divina además de una simbólica herramienta bélica contra el narco y la corrupción. Es como si la fe haya encontrado su nuevo nido en estos corazones jóvenes: fe en que actos inútiles, intrascendentales y mediocres, van a lograr una repercusión efectiva e inmediata en la situación del país.

¿Pero en verdad estos actos de fe (manifestaciones, canciones, mantas con frases cursi, etc.) son desinteresdos, son genuinamente guiados por el objetivo de efectuar un cambio (de cualquier índole), o son acaso sólo muestras patéticas y ridículas de una mediocridad cultural-académica en su visión y limitada en su acción? Yo digo que sólo son actos de egolatría y auto-satisfacción… como masturbarse.

Este fenómeno de onanismo socio-cultural del cual son actores estos jóvenes universitarios, que de universitarios sólo tienen la conveniente situación de pertenecer a una universidad mas no así de ser genuinamente miembros de una comunidad académica estudiantil –algo así como los infames “chairos” que tanto escucho mentar y cuyo significado no logro entender—, carece simplemente de estructura, no digamos planeación u objetivo y plan de acción.

He aquí las mentes más brillantes, fruto en desarrollo de la inversión pública en educación: flor del desarrollo intelectual-cultural-social-económico… He ahí que toda esa experiencia, fuerza, voluntad y colectividad cognitiva de lo que debería ser la base del desarrollo mexicano, sólo puede aterrizar en sus insípidas, ignorantes y ridículas mentes un plan de acción infantil, fantasioso y vergonzoso: mantas con frases cursis (ya sé que las he mencionado muchas veces… pero parce que nadie más ve en esas mantas la mediocridad que son), bloqueos de calles, representaciones dramáticas que son, en su lugar, ofensivas (actuar que son acribillados y caer al suelo como cuerpos, cuando no son ni remotamente partícipes de las condiciones en que miles de normalistas y estudiantes de nivel primario y secundario son)… Yo las escupo, públicamente, yo las escupo. 

Aquel universitario que cree, con el fervor de un religioso en reclusión voluntaria, que sus gritos de borrego (repetitivos) y sus clamores de justicia (incongruentes) así como sus frasecitas sacadas de una tarjeta de congratulaciones en verdad, están haciendo un cambio de consciencia y un cambio político, es como creer que si yo con todo el corazón deseo algo, este algo caerá del cielo como el maná del Exodo Bíblico, para satisfacerme

¿Qué es el egolatrismo y por qué me empecino en juzgarlos de ególatras? A manera sencilla, la egolatría es ese rasgo de la personalidad que exhibe una veneración o idolatría del sujeto hacia él mismo. Esa cualidad de la personalidad que nos hace creer que todos, al igual que uno mismo, nos deben esa reverencia, esa empatía y admiración que falsamente hemos creado sobre nuestra persona (si algún experto en el tema de la personalidad ha de hacerme ver mi error en este rubro, la correcta explicación es bienvenida y agradecida). 

Los “Ayotzinapos” (los simpatizantes, mas no así los familiares y victimas) son ególatras que se valen de esta desgracia que no les aconteció a ellos para hacer manifiesta su indignación y su protestas. Esto no se discrimina, todos podemos hacerlo y es correcto manifestarnos. Pero que el fenómeno socio-cultural acaecido en México haga creer que una manifestación, que una protesta, es la herramienta útil y efectiva para lograr un cambio, es en realidad lo contrario: Los “Ayotzinapos” son la contradicción de su credo; son el nuevo Televisa que quiere imponer su verdad, última y verdadera, sobre el resto de los mexicanos.

Si México cree que estos héroes patrióticos son en realidad la fuerza de la juventud revolucionaria y demás ideas románticas, que van a logar que México llegue a cambiar su situación, México, como país, no logrará nunca nada.

Muchas veces han tratado de adoctrinarme y hacerme ver que estas protestas y este modo de actuar de los universitarios, son el cambio… no lo que cambiará sino el cambio en sí. Y como si fueran testigos de Jehová (perdón por la referencia de intolerancia religiosa), no los puedo hacer entrar en razón de que yo no soy adoctrinable: de que yo no creo que tirarme al suelo en la Fil mientras alguien suena un caracol azteca me va a dar protección divina para que no me asalten en una ruta de transporte público; de que yo no voy a quemarme el cerebro en crear una frase pegajosa como “No era penal, el árbitro era un infiltrado” que me servirá como chaleco antibalas si en alguna ocasión (espero nunca) me veo en medio de un tiroteo de narcos y policías; yo no voy a educar a mis alumnos y mis hijos (si algún día los tengo) para que crean que viven en un mundo mágico donde todo se soluciona con polvos de hadas y pensamientos felices. 

“Yo pongo mi granito de arena. Yo por lo menos hago algo por mi país. ¿Tú qué haces, Mario? tu nomás estás sentado en la comodidad de tu casa, criticando por Facebook las acciones de quienes queremos un cambio en México. Vergüenza te debería dar estar criticando lo que otros hacen por ti lo que tú por huevón y miedoso no quieres hacer por México.” 

Yo critico, porque a México le falta crítica… no gritos.

Modificado por última vez en Jueves, 11 Diciembre 2014 00:08
Mario Grana

2 de Mayo de 1986. Guadalajara, Jalisco. México. Egresado de la carrera de Letras Hispanoamericanas del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Profesor de Español como segunda lengua y Gramática del Español. Estudiante de literatura, investigador de Semiótica literaria.