Viernes, 09 Enero 2015 00:00

Unirse al crimen organizado: La identidad tras el "movimiento alterado"

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Unirse al crimen organizado: La identidad tras el "movimiento alterado" wayneandwax via photopin cc

¿Cómo podríamos explicar que a tantos jóvenes les interese entrar al Crimen Organizado? ¿A partir de qué elementos les interpela? ¿Cuáles son las formas en que esos discursos pasan a ser parte de su vida diaria? Sabemos que en México entramos y salimos de la modernidad, mientras que, por su parte, la tradición sigue incrustada en el imaginario colectivo, haciendo de las suyas, lo que significa que vivimos una muy particular postmodernidad. Vemos el mismo agotamiento de los grandes discursos, la erosión de los metarrelatos y el mismo sinsentido. Sin embargo, nuestra postmodernidad es específica del contexto en el que estamos inmersos. Nociones como VerdadSujetoEstadoFamiliaReligión, no dejan de funcionar, sólo que ya no ocupan un lugar hegemónico en la estructuración de la subjetividad. Si alguien nos preguntara “¿Qué eres?”, la respuesta no será sencilla. Si nunca lo fue, hoy se hace más difícil por las características que como sujetos nos atraviesan. Soy católico, hijo de familia, ciudadano y hasta consumidor. Pero no soy sólo eso. Siempre hay algo más. Existe algo que me rebasa.

Si para Descartes somos Razón (2003) y según Heidegger (2009) somos seres para la muerte, también podemos sugerir que nuestra característica es ser sujetos-proceso. ¿A qué me refiero con esto? Para poder responder es necesario hablar de lo que sucede a la entrada de nuestra postmodernidad, la muy particular postmodernidad que vivimos. En ella ¿qué le queda al sujeto? Evidentemente se encuentra desamparado, sin un asidero estable al cual anclarse. Ya no hay nada sólido que le permita sustanciarse.  Desde aquí podemos hablar del sujeto como proceso, como posibilidad y no como potencia. Puede ser todo y es nada a la vez. Todo depende de él mismo. Es esto lo que le permite ser creativo sobre sí. Es claro que al igual que Ortega y Gasset (2012), considero que soy Yo y mi circunstancia. Pero ella no me determina por completo, sino que me impela a construirme de una forma(s) siempre-ya distinta(s), de aludir a lugares poco ortodoxos, como lo son la televisión, el cine o las mal llamadas “redes sociales”, cuyo nombre adecuado es Plataformas Virtuales de Socialización (González, 2013). ¿Cómo es que estas Plataformas Virtuales de Socialización (PVS) pueden incidir en la estructuración de la subjetividad? Desde ahí se presentan ciertos discursos que pueden sustanciar al individuo, un cierto tipo de Significante amo (S1, según Lacan) que se encarga de aglutinar los significantes sueltos. Esas PVS se convierten en lugares que muestran estilos de vida, que les interpelan, que les permiten construirse puesto que, como decía, ya no hay nada estable que dé una cierta seguridad ontológica, como le nombra Giddens (1993).

Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en el Movimiento Alterado, que en YouTube y Facebook encontró plataformas para su visibilidad. Desde ahí podemos localizar el ideal de dicho movimiento musical/cultural. Y no sólo eso, sino que también nos permite mostrar nuestra adición a ello, pues añadir un vídeo, dar like o un Re-Tweet (RT) no son gestos vacíos, sino que en ellos se vuelca parte de la subjetividad, mostrando el agrado o rechazo a cosas específicas. Eso que se comparte en Facebook, o lo que se le da RT, no es azaroso, sino que responde a una serie de posicionamientos simbólicos y reales ante la vida. Se muestran las formas de abordar el mundo. Entonces, si partimos del supuesto de que esos likes o RTs no son gratuitos y que permiten mostrar eso que uno es, además de asumir que el sujeto es un sujeto-proceso, de que es vacío y puro dinamismo, nos encontramos en posibilidades de inferir que el Movimiento Alterado interpela a los jóvenes, no sólo por estar asociado al exceso y los lujos, sino que les permite contestar a una de las preguntas medulares por las que interroga la filosofía y la humanidad en general: “¿Quién soy?”

Este movimiento les confiere un lugar desde el cual se perciben como amables ante sí y los otros, sus otros, esos otros que son parte de su red de relaciones sociales, pues esos otros son los que se les presentan como importantes. Esto, más que un género musical, sirve como un proceso identitario que les permite ser alguien, pertenecer a algo. No sólo en ideales, sino en formas de vida y su abordaje. Les da la oportunidad de mostrar diversas cosas, como su ser-en-el-mundo, o eso que Lacan llama éxtimio (2001); lo completamente interior, volcado al exterior. No es gratuito que exista toda una estética en torno a dicha música, puesto que ello permite localizar, de manera objetiva, sus adeptos. Si bien, la violencia extrema, cruda y dura es parte intrínseca, es el precio que deben pagar por tener sustancia. Debo aclarar que mi intención no es minimizarla, sino que se presenta como parte de la economía de la estructuración de la subjetividad, vista desde el Movimiento Alterado. ¿Cómo puede uno aparecer amable y hasta deseable para con quienes se encuentran en la propia red intersubjetiva? Siendo una persona que sobresale de lo común. ¿Cómo se hace esto? Partiendo de la circunstancia en la que uno se encuentra. ¿Cuál es esta? Un país en el que las oportunidades para los jóvenes son poco atractivas y limitadas. Muy limitadas. Incluso nos encontramos en un momento histórico, en el que ser joven es (casi) un delito, pues hemos sido testigos de la persecución, incluso de la ejecución de jóvenes que pensaban que era posible un mejor mundo. Por lo tanto si vivir o no depende enteramente de terceras personas, como joven, intentaran tomar las riendas de su vida y aceptar una de las ofertas que se encuentran ahí afuera, que les permite aglutinar sus significantes sueltos, bajo el S1 qu, en este caso, es el de sumarse a las filas del Crimen Organizado, en cualquiera de sus facetas.

 Unirse a las filas del crimen organizado no solamente se hace por tener una mejora económica, sino que también responde a la necesidad de ser algo, de ser alguien, ya que es importante ser reconocidos y sentirnos amados, apreciados. No por nada, muchas de las personas que se encuentran inmersos en el crimen organizado muestran eso que son, en las PVS, como Instagram o Facebook. Ya no basta el reconocimiento de los pares, sino que ahora se vuelca hacia el exterior, hacia el mundo, con la intención de mostrar estilos por demás atractivos, sin esconderse. Y en estas acciones se cuela un mandato simbólico que se encuentra en el imaginario mexicano, al cual muchos se ven sometidos: El ser Hombre.

Eulalio González, conocido como el Piporro, nos habla de esto en en su canción “El terror de la frontera”: los cobardes viven toda la vida. Los valientes mueren donde sea. El mandato simbólico al que me refiero más arriba, tiene que ver justamente con eso. Con la deontología del Hombre, en las formas de vida (post)modernas/tradicionales, que dictan cómo deben comportarse. Pero hay una característica particular que debe tener. Si se ve privada de ella, no sería un Hombre en toda la extensión de la palabra. Este elemento es la valentía. La presión social que los estereotipos imprimen al hombre, desde la industria cultural, para que replique ciertos comportamientos emitidos desde un gran Otro arcaico y sexista, les lleva incluso a ofrecer su vida, con tal de llegar a ser "sujetos completos".

¿Por qué aventurarme a  afirmar esto? Un análisis de las encuestas de población del año 2010, que fueron realizadas por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática) nos permite encontrar un posible sustento para mi argumento. En dicho año nacieron 5,346,943 hombres. Mientras que mujeres fueron 5, 181, 379. Para el momento en que llegaron al rango etario de 20 a 24 años, la cantidad de hombres disminuyó a un total de 4,813, 204 y las mujeres mantuvieron una constante de 5,079,067. Hay una diferencia aproximada de 533, 739. Debemos preguntar ¿Dónde quedan esas personas? Si dirigimos la mirada solamente al índice de mortandad en México, a partir de los 14 años, los accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol aumentan de manera exponencial. Por ejemplo, a los 14 años, se registraron 13 en los que se vieron involucrados hombres, contra 1 de mujeres. A los 15 aumenta a 34 de hombres y 5 de mujeres. Por su parte, la población de 15 aumenta considerablemente, donde los hombres tienen 125 accidentes contra 9 de mujeres. A la edad de 17, se generan 248 accidentes involucrando hombres y 18 a mujeres. Así, hasta llegar a la cantidad más alta, 975 involucrando hombres mientras que hubo 95 involucrando mujeres. Esto es importante, ya que nos habla del “desvanecimiento” de más de 500,000 jóvenes, de sexo masculino. Esto es significativo, debido a que justo en ese rango etario los jóvenes tienden a "desaparecer", lo cual podría ser un indicador de la violencia que estos viven. Si bien la Encuesta Nacional de Juventud del 2010 nos dice que el comportamiento de las mujeres, en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas tuvo un incremento, las estadísticas también nos hablan de que ellas no se ven inmersas en accidentes o peleas que pudieran derivar en decesos. También se sabe que las mujeres ocupan lugares clave en el crimen organizado, pero eso es material para otro análisis. Lo que me interesa aquí es encontrar una posible respuesta al creciente interés de los jóvenes por formar parte de las filas del crimen organizado.

 Entonces ¿por qué afirmar que lo que motiva a esto, a los jóvenes del sexo masculino, no sólo es por estatus económico, sino también por la posibilidad de reafirmarse como personas, de asir la subjetividad a algo más allá de la pobre oferta del Estado? Porque podemos ver la otra cara de la moneda, la encomiable, la que permite hablar de mundos posibles. Esa la encontramos en las escuelas rurales que siguen produciendo personas críticas y comprometidas con el Desarrollo y la Justicia Social, cuyas formas de vida "escapan" a esas formas determinadas por la acumulación voraz, fundamentales en el argumento de que lo económico es la única razón por la cual alguien decide sumarse a las filas del Crimen Organizado. Un caso ejemplar es lo sucedido en Guerrero, con los normalistas de Ayotzinapa. Si bien la desaparición de los 43 estudiantes (aparentemente) calcinados en el basurero de Cocula es terrible y no debió haber sucedido, también nos muestra formas de vida distintas, que apuntan a lógicas que van más allá de lo banal y mundano, intentando edificar al ser humano a partir de la austeridad y el compromiso con el otro, en las que se les va la vida misma. No es gratuito que hayan sido violentados ya que su postura está necesariamente cargada de valentía, ya que su oposición a los estructuras de poder fue frontal, con plena conciencia de lo que podría suceder. Y aun así decidieron continuar. Es por ello que insisto en que la violencia, ejercerla o estar dispuesto a recibirla, no se establece solamente por elementos económicos, sino que también les permite legitimar al individuo que la practica, permitiéndole dignificarse y sentirse amado por los otros. Esto deriva en una particular construcción de subjetividad, como lo proponía al principio. Pero la violencia, por sí misma no lo que debemos condenar, sino su normalización, la desensibilización que tenemos ante situaciones violentas. Aquí es necesario preguntarnos ¿sabemos cuántos muertos hay, hasta el día de hoy, con referencia al Crimen Organizado? Según la revista Proceso, fueron más de 121,000,[1] en 2013. Eso nos parece alarmante, pero común. Sin embargo, si preguntamos por Ricardo Esparza Villegas, pocos podrían, hoy, decirnos quién fue o por qué lo menciono en este lugar. Fue un estudiante de mecatrónica, de CULagos (Centro Universitario de los Lagos), que fue al Festival Cervantino y no regresó. Esto es importante porque era una persona regular, como cualquiera de nosotros, pero fue tocado por la violencia, ya que, aparentemente, la policía de Guanajuato es la culpable de su muerte. ¿Qué nos queda, si la desconfianza para con los “cuerpos del orden” crece sin medida? Si ya no nos sentimos seguros, ¿Cuál es la (posible) solución?

La cuestión principal, y lo que me lleva a hablar de la violencia es el hecho de que en lugares como Ayotzinapa, en general y no sólo por los 42 desparecidos, podemos ver ópticas distintas en las que se apuesta por el futuro y la vida, desde la completa austeridad, intentando ser autosustentables. Esto lo hacen poniendo todo de su parte. Incluso, como vimos, ponen en juego su vida misma. Muchos hemos escuchado como desde lo institucional se critica[2] o denigra[3] lo referente a Ayotzinapa. Esto es así, porque se pone en jaque la credibilidad de las instituciones, lo que afecta a los intereses de las “personas” que insisten en mantener su comodidad económica, que no se preocupan por el otro, más que en momentos electoreros. Esa “gente” que está alejada de la realidad en la que estamos inmersos buena parte de la población. Insisto en esto, a riesgo de que se me acuse de “colgarme del hashtag de moda”, porque tiene posibilidades de apagarse. Debo recalcar que, en última instancia, lo particular de los desparecidos no es algo distinto a lo que nos sucede. Sus características son muy similares a las de muchos jóvenes mexicanos. Tiene las mismas condiciones y (supuestas) oportunidades que cualquiera. La única diferencia es que ellos están desaparecidos y tú, hipotético lector, no. Aún.

 

Bibliografía:

Ortega y Gasset, José. Obra Selecta, Comps. Lasaga, José y Gomá Javier, Biblioteca de Grandes Pensadores, Editorial Gredos, Madrid, 2012.

Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, F.C.E., Decimotercera edición, México, 2007.

Descartes, René. Discurso del Método, Ediciones Mestas, 3ª Edición, España, 2005.

Giddens, Anthony, Consecuencias de la Modernidad. Traducción de Ana Lizón Ramón. Madrid: Alianza, 1993.

Lacan, Jacques. El Seminario de Jacques Lacan, Libro XI, Paidós, Argentina, 2001.

[1] http://www.proceso.com.mx/?p=348816

[2]http://aristeguinoticias.com/0212/mexico/que-ni-se-me-aparezcan-los-normalistas-que-los-vuelvo-a-matar-funcionario-municipal-de-leon/

Modificado por última vez en Viernes, 09 Enero 2015 07:32
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.