Jueves, 16 Abril 2015 00:00

¿Peña Nieto es un ingenuo? ¡Más bien los que lo criticamos!

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¿Peña Nieto es un ingenuo? ¡Más bien los que lo criticamos! Adriana González

Hablar de Peña nieto no es nada fácil. Asegurar que es un estúpido es simplista y no permite ver las posibilidades analíticas de éste personaje. Si bien su inglés no es fluido, cae en errores garrafales, es ignorante, tiene mal gusto, es corrupto, encubridor, vividor y hasta una marioneta, no podemos hacer a un lado que es el presidente de México. Su presidente.

Ahora, si queremos hablar del escenario de la “política mexicana”, es necesario observar con detenimiento la “carrera” de campaña y presidencial que ha tenido el susodicho, lo que me dará elementos para afirmar que de imbécil no tiene ni un pelo.

Primero que nada, recordemos su participación en la Feria Internacional del Libro (FIL), aquí en Guadalajara, Jalisco. Sí. Nos reímos del ridículo que hizo y no le vamos a permitir que se le olvide. Desde ahí comenzamos a ver su falta de cultura, de eso que llamamos “alta cultura” (Benjamin, 2008). Eso nos sirvió para hacer mofa de él. Y ni qué decir de la respuesta de su hija, llamándonos prole y envidiosos. Sin embargo, en su actuar hay algo que no cuadra ¿Cómo puede ser posible que no lo hayan preparado para que hablara sobre libros, si su visita iba a ser en el marco de la FIL? ¿Qué equipo de campaña tan terriblemente ineficiente debieron tener, para que eso sucediera? ¿Por qué exponer al escrutinio de los snobs e intelectual(oid)es que se reúnen en la FIL? Evidentemente fue un error imperdonable, ya que, por no leer, se puso en evidencia al candidato a presidente de la nación. En lo personal, jamás confiaría en alguien que no puede mencionar tres libros que hayan marcado su vida. Pero soy yo. Y esa es una de las muchísimas razones por las cuales no me identifico con Peña Nieto. Si por ser del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ya había perdido mi voto, con esa acción ni pensar en escuchar sus propuestas políticas. Sin embargo, si partimos del supuesto de que las personas que sí leen lo criticamos duramente, entonces, quienes no lo hacen, se sentirían interpelados. ¿Por qué digo esto? En un país como el nuestro, según la revista Proceso (http://www.proceso.com.mx/?p=339874 consultada el día 14 de abril de 2015), los mexicanos, en promedio, leemos 2.8 libros, al igual que Peña Nieto. Evidentemente hay quienes ni de broma se acercan a un libro. Es entonces que su acto no estaba dirigido a los intelectual(oid)es, que son una minoría. Estaba pensado específicamente para llegar a esas personas que “no les gusta leer”.

Lo anterior es medular, ya que la forma en la que un político puede adjudicarse el triunfo, al menos aquí en Jalisco, es a partir de si le cae bien o no, a los votantes, desde el hecho de si se identifican o no, con él o ella. Sus propuestas, si las tienen, pasan a segundo plano. No es gratuito que haya candidatos, en la coyuntura de las elecciones, grabando ridículos vídeos musicales (http://www.animalpolitico.com/2015/04/desde-happy-hasta-el-serrucho-candidatos-se-aduenan-de-canciones-famosas-para-sus-campanas/). Retomando, si Peña Nieto fue víctima de un cierto tipo de agresión por parte de los intelectual(oid)es, esta redundó en que, quienes no tienen este hábito, se sintieran por demás identificados. Pero la cosa no termina aquí. Los “aciertos” de Peña Nieto continúan. ¿Por qué nos escandalizó tanto su frase de “no soy la mujer de la casa”? Porque a nosotros personas racionales, positivistas, científicos, intelectual(oid)es, feministas, anti sistema y todo lo que la modernidad y “tolerancia” conllevan, nos causó un corto circuito: ¿Cómo es posible que en los albores del siglo XXI exista una persona tan retrograda y arcaica? ¡Y peor aún! ¡El candidato a la presidencia! De nuevo, nosotros, somos minoría. Los que leemos, nos informamos, sabemos de las condiciones del país y no nos deslumbra una pantalla, vales de despensa o tarjetas de Soriana, no alcanzamos a comprender cómo es que éste individuo emita juicios machistas y misóginos, sin consecuencias. Pero claro que las hay. Sin embargo no son las que nosotros esperamos. Si eso lo escucha un hombre-macho mexicano en Chiapas, por ejemplo, estará de acuerdo con Peña Nieto: “¡Las pinches viejas están pa’ servir! ¡¿Cómo chingados no?!” podrían ser sus palabras. Pero la peor parte es que hay mujeres que interiorizan esos discursos y creen que su lugar es en la cocina o cuidando a los niños. Y esto no sólo sucede en las fronteras del sur del país, sino en las grandes ciudades, donde los individuos confunden ser cosmopolita con el compartir enlaces en Facebook, sobre las 20 cosas que una mujer debe hacer antes de casarse, las nuevas tendencias de moda en Europa o la muerte de algún autor que apenas han leído o escuchado. E insisto. Esto no acaba aquí. Aún queda un largo tramo de momentos Peña Nieto.

Uno particular e importante, y para finalizar, fue cuando, en Tuxtla, afirmó que recibió una buena "cogida". Probablemente esto no fue más que un lapsus que permite inferir lo que preferiría estar haciendo. Eso es algo común entre las personas ya que, según Freud (1920), buena parte de nuestros impulsos están relacionados con las relaciones sexuales, lo cual minimiza ese error. Lo destacable e importante, lo que me sirve aquí, es lo que hizo después, al darse cuenta de su equívoco. Ante la impasividad del público, atinó a decir: “No. No fue albur. ¡No sean así!”, lo que detonó una ronda de aplausos, seguida por sonoras carcajadas. Es así que, de nuevo, muchos nos sentimos interpelados. Me incluyo. Porque, ¿Quién no ha albureado alguna vez? ¡Hasta el más disidente podría doblar las manos por la empatía que el mexicano tiene por los albures! Esto lo vemos en los comentarios del vídeo, 

 

donde la constante es la palabra pendejo, pero matizan diciendo que es uno tierno. Aquí un ejemplo: "Jejeje pobre Enrique Peña debo aceptar que ya hasta me cae bien xD !" (sic). Esto muestra que su estrategia es perversa. Aunque parece un ingenuo, eso mismo le permite posicionarse en lugares que los “iluminados” han perdido de visto. O si lo miran, lo hacen de reojo y con desprecio. Pero dejemos hasta aquí los lapsus de Peña Nieto. Pensemos en los demás actores políticos, esos que se mueven al interior de las instituciones.

Si ellos, quienes aseguran tener intenciones de trabajar en beneficio de la población, no logran cuajar sus proyectos, no sólo se debe a la corrupción que ejerce el partido en el poder, como lo escuchamos en palabras de Leonel Sandoval Figueroa, 

 

padre del gobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval: “es ilegal, pero no lo vamos a andar diciendo”, sino que hay cuestiones estructurales perversas que no permiten, a nosotros, los mexicanos, ver un poco más allá. A riesgo de parecer un #pejezombi, podemos ver una de las cosas que falla en la oposición. Se encuentran del lado del nosotros. Ese nosotros que parece ver desde arriba a las personas que consideramos incultas, a las que se “compra” con un Frutsi o una torta. A la que una televisión de plasma o  tarjeta de Soriana le bastan para votar por un partido que se ha caracterizado por ser represor, oligarca e inepto; que no produce soluciones estructurales, pero que sí propone la metafísica del uno mismo. La cuestión es que los partidos “tradicionales” juegan y se aprovechan de la miseria. La instauran, la reproducen, la legitiman y luego aparecen como salvadores. Es muy difícil que alguien, a quien la inmediatez determina, que vive al día, con carencias que rayan en lo inhumano, crea en un individuo que le promete, a largo plazo, que su nivel de vida mejorará. Y no sólo eso, sino que podrá ser más feliz y sus hijos tendrán futuro. No se equipara con recibir una despensa, ya, hoy, aquí. Eso que permitirá darle de comer frijoles a hijos desnutridos. No se pude poner en el mismo lugar los bienevales que los transvales. Los primero son gratis y los segundos cuestan $3.50. ¡Y sólo se pueden usar si uno estudia! ¿Y cómo va estudiar, si apenas le alcanza para pagar la renta y medio comer? Más bien, antes de pensar que estamos por encima y criticar o burlarnos, lo ideal sería preguntarnos ¿Qué haría yo en esa situación, en la que un Frutsi se vuelve la diferencia entre traer algo en el estomago o no?  

Modificado por última vez en Jueves, 16 Abril 2015 06:05
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.