Martes, 26 Mayo 2015 00:00

¿Voto nulo o voto útil? La perversa maquinaria electoral.

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Hace algunos días platicaba con mis alumnos sobre las próximas elecciones, los beneficios que esto tendría y lo exorbitante de los costos de campaña. Les compartía el desencanto que siento por las instituciones, la rabia que me da la impunidad y el descaro con que los corruptos saquean al país. Les hablaba del terror que siento ante la inseguridad y la posibilidad de hallarme en el momento y lugar equivocados. Uno de ellos, indignado, aseguró que no iba a votar. Que no valía la pena, porque todos los políticos eran iguales y lo único que buscaban era robar. No pude estar más de acuerdo. Asentí y continuamos denostando contra ellos, contra la forma en la que gobiernan el país y lo mucho que roban. Nos burlamos de Peña Nieto y lamentamos la perdida de los 43 normalistas. La conversación continuó por esa línea. Aquí, probablemente el lector se sienta identificado y hasta de acuerdo. Yo lo estaría. Pero ahora, en retrospectiva, considero que lo importante de esto es que ni mis alumnos o yo nos cuestionamos el por qué estábamos tan de acuerdo, sin siquiera analizarlo o detenernos a pensar sobre ello. Considero que esto se debe a la forma en la que esto nos interpela. Los jóvenes con quienes charlaba son brillantes y combativos. No por nada aprendo de ellos. Pero ahí radica lo peligroso. Que nos encontramos en el nivel de la camaradería y juzgamos poco lo que uno u otro dice, ya que somos similares. La parte importante de esto, y lo que podría ser uno de los mecanismos perversos de control, lo encontramos en [lo que podríamos nombrar como] la empatía de clase. Con esto no me refiero a las distancias entre estratos sociales, sino a un lugar imaginario que se nos impone o en el que elegimos posicionarnos. Un algo ideal, que no sólo tiene que ver con el capital económico, sino también con el simbólico. El nivel en que nuestras conciencias se encuentran, por decirlo de alguna manera. Y este se encuentra por encima de las masas, de los Peñabots o los acarreados. Si bien nosotros, quienes tenemos acceso a información fidedigna y con pocos filtros, que sabemos dónde buscar y a quién o qué preguntarle, conocemos de la larga historia de represión, autoritarismo, enriquecimiento ilícito y todos los actos criminales habidos y por haber que han cometido los partidos políticos, no estamos dispuestos a permitir que sigan en el poder. El conocimiento es poder, pero también implica responsabilidad. Es por ello que tenemos que hacer algo. ¡Unirnos, ejercer presión, manifestarnos! Una solución que surgió desde lugares poco comunes, como la academia o sujetos carismáticos, fue la del voto nulo. Esto es importante, porque pareciera que es uno de los remedios que algunos grupos de personas conscientes se han apropiado y esgrimido como bandera, para evitar la continuidad del PRI, en el poder, apelando a la empatía de clase. Sin embargo, como sugiere Max Andrade, ( http://www.proyectodiez.mx/opinion/anulistas-ya-salgan-del-closet ) esa no es la solución para un problema que afecta a todo el país, ya que nos convierte en esclavos de los mismos amos, sólo con diferente cadena. Si miramos a esto de forma más aguda, daremos cuenta de que hay un elemento perverso, que a simple vista no alcanzamos a distinguir, pues es demasiado obvio. Cabe aquí parafrasear a Deleuze, quien nos dice que si queremos dar cuenta de la maquinaria desde donde se estructura la política en México, es necesario observar a quién beneficia. Es así que se torna importante contrastar el actuar de la gente que vive en pobreza, de quienes intentamos distanciarnos, pero que la venta de su voto y el aceptar son estrategias que les permiten sobrevivir. La inmediatez es su realidad. En cambio, desde nuestra óptica las cosas parecen cambiar, pero en un lugar se tocan, al igual que dos líneas rectas. Lo importante es señalar que lo único que cambia es el fondo y la respuesta que los grupos de poder emiten ante eso. Por ejemplo, nosotros nos debatimos entre desayunar o pagar el camión. Nos preocupa el alza del dólar, pero no el de la tortilla. Me molesta que mi conexión a la Internet sea lenta, no que no haya drenaje en mi colonia. Hay diferencias sustanciales, que no nos permiten ver las mismas problemáticas. A nosotros, las artimañas que usan los que se encuentran en el poder y buscan perpetuar su lugar, no nos interpelan. Una despensa, un paraguas, una lonchera o $3000.00 no pueden incidirán en mi decisión de votar. Sin embargo, si apelan a mi ego, la cosa se torna distinta. Si un académico o erudito me aseguran que soy diferente, que no soy parte de la masa y que como tal debo comportarme, me derrito como cualquier jovencito en su primera vez. Es en ese momento que ocupo ese lugar de intelectual(oide) al que me he referido tanto. El argumento de que estoy por encima me convence y me hace justificar que no votar es una solución bien pensada. Que no hacerlo redundará en que el PRI tiemble ante nuestro poderío, ante mi agencia, ante la posibilidad de que si cambio yo, todos cambiaran. ¡Castiguémoslo anulando nuestro voto! ¡Seguro así aprenderá! Porque somos ilustrados, porque somos inteligentes, porque somos el cambio. Suena bien. Desde luego. Pero, insisto: ¿A quién beneficia esto? Para responder a la pregunta, pensemos en qué significa votar o no hacerlo. Según entiendo, hay dos cosas que el Instituto Nacional Electoral toma en cuenta, para decidir quién nos gobierna: la votación nacional y la total. Según nos dice el buen Roberto Duque, (video al pie) la más importante, es la  nacional. ¿Qué significa esto? Que quienes no votaron, simplemente no importan. Una vez que se anula el voto, el número que se debe considerar, en cuestión de boletas, es menor. Imaginemos que la población en condiciones para votar es de un total de 100 personas. De esas, sólo 30 anularon su voto y 70 lo emitieron. Entonces, el 100% ya no es 100, sino 70. Y de ese 70, los votos duros, de los sindicatos, la cámara de comercio, empresas, monopolios y sobre todo sus militantes, esos votos que el PRI ya tiene asegurados, representan, digamos, el 30%. Es así que de esas 70 personas que votaron,  el partido en cuestión tiene aseguradas, sin hacer nada, más que existir, 21 lo hicieron por el partido en cuestión. ¿Qué pasa con los otros 49? Entre ellos se encuentran esas personas que necesitan las despensas, los frutsis y las tortas, para sobrevivir a la miseria en la que el mismo partido los tiene inmersos. Lamentablemente son mayoría. Estamos en condiciones de responder desde dónde se estructuran estas formas engañosas de interpelarnos. Vemos que los beneficiados por el voto nulo no son otros que los que están en el poder. Esos que buscan continuar bebiendo de las mieles de nuestro país, sin medida y con desfachatez, porque nosotros, los ilustrados, creemos que inventamos novedosos castigos que no les intimidan en lo más mínimo, pues la lógica de las elecciones en México está pensada para beneficiar a unos cuantos, no para ejercer una democracia representativa. Saben que llegan a las elecciones como el partido más repudiado, (http://www.sinembargo.mx/25-05-2015/1353192) por lo que urge hacer algo con esos con los que no funcionan los regalos, pero que sí representan una amenaza a su continuidad. En última instancia, lo que sugiero es que si de verdad se busca castigar a los partidos, la opción es votar por la que sea la mejor opción, aunque el panorama sea desolador. En lo personal, y a riesgo de que parezca que esto que escribo tiene un sesgo,  tengo el ojo puesto en lo que propone Kumamoto, quien en este momento lucha contra titanes, pues lo que ofrece no es tangible y requiere el compromiso de los que va a gobernar. Lamentablemente yo vivo en Zapopan, pero no en el distrito 10, que es por el que contiende, así que no puedo votar por él. Esperemos que si llega a su cometido, conserve la coherencia. En este momento particular y ante el desencanto, lo único que me queda es conservar la fe y la esperanza.

 

 
Modificado por última vez en Viernes, 29 Mayo 2015 13:08
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.