Se suele pensar que la sociedad jalisciense es una sociedad apagada, que no pelea por sus ideales, que no muestra interés alguno por nada e, incluso, se le suele llamar “sociedad apatía” en vez de tapatía. Sin embargo, cuando se trata de la familia los jaliscienses están en la vanguardia de la movilidad social. Desde que la Suprema Corte de Justicia en el 2015 publicó la tesis de jurisprudencia 43/2015, en la cual se establece la inconstitucionalidad sobre toda ley que defina al matrimonio como exclusivo del hombre y la mujer, defensores y detractores de la familia “tradicional” han salido a las calles a manifestar su postura. Por un lado, tenemos a grupos y asociaciones como “Jalisco es uno por los niños” defendiendo que sólo hay un tipo de familia valedera, la familia tradicional o cristiana, es decir, la familia nuclear de padres heterosexuales; por otro lado, se encuentra la comunidad homosexual argumentando a favor de la “familia homoparental”. No es de extrañar que esta disputa ocurriera en un estado donde gran parte de la población es católica, pero al mismo tiempo tiene dos de los municipios “gayfriendly” del país, Puerto Vallarta y Guadalajara.

Afortunadamente para Jalisco, y para el resto de México, la “Declaración Universal de Derechos Humanos” hace ya tiempo que se manifestó al respecto, lo cual podría dar luz y claridad, evitando más peleas y manifestaciones en cuanto a la familia toca. Bastaría entonces con acercarnos a su artículo 16 para solucionar la disputa, en él se establece que:

1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. (Organización de las Naciones Unidas, 2011)

El primer y el tercer punto son muy interesantes. El primero no aclara si el casamiento sólo puede realizarse entre heterosexuales o si incluye a la comunidad homosexual. Además, no sólo establece el derecho al matrimonio, sino que añade el derecho a fundar una familia. El tercer punto funciona de dos maneras; primero establece una definición de familia que deja ver su importancia como fundamento elemental de la sociedad; después se le agrega a la familia un derecho, pues al ser la familia el fundamento de la sociedad, y si entendemos al Estado como el garante del bienestar social, entonces el Estado debe proteger a la familia.

Sin embargo, el artículo 16 no soluciona la polémica jalisquilla, pues podríamos plantearnos válidamente las siguientes preguntas: ¿De qué tipo o clase de sociedad se refiere el artículo 16? ¿Si la sociedad cambia, al ser la familia su fundamento, entonces la familia cambia también? ¿Es la familia la que fundamenta a la sociedad o la sociedad la que fundamenta a la familia? ¿Existe sólo un tipo de familia, si existe más de un tipo cuál es más valiosa y por qué? Lamentablemente no se dice más al respecto, quedando la familia en una ambigüedad y, aunque el Estado con su jurisprudencia ha tomado una postura al respecto, observemos los argumentos que dan ambas partes, usando algunos discursos filosóficos, para responder a la siguiente pregunta “¿Se debe defender a la familia tradicional o la familia es un constructo social que cambia con el tiempo?” y así tomar una postura propia.

 

La familia como constructo social

Existen varias razones para pensar que la familia es un constructo social que cambia con el tiempo. Algunas de estas razones se basan en los vestigios del pasado y en el estudio de pueblos “no occidentalizados”. Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” señala el proceso que llevó a las sociedades del pasado, de la promiscuidad a la monogamia basándose en los estudios realizados con anterioridad por Morgan. En esta visión el hombre pasó de la promiscuidad sexual a la poligamia y a la poliandria, ambos modelos difieren mucho de lo que se considera “familia tradicional”. Engels señala que la primera etapa familiar de la que se tiene evidencias es la “familia consanguínea” en ésta los círculos generacionales marca las responsabilidades conyugales, es decir, que todos los abuelos y abuelas de la familia son maridos entre sí, a su vez todos los padres y madres mantenían una relación marital y también todo el círculo generacional de hijos e hijas mantenían vínculos maritales. De esta forma Engels muestra que han existido diversos modelos familiares en la historia de la humanidad.

Engels describe más modelos familiares posteriores que sufrieron transformaciones y establece a que obedecían esos cambios en el modelo familiar.  Engels cita a Morgan a este respecto:

La familia, dice Morgan, es el elemento activo; nunca permanece estacionada, sino que pasa de una forma inferior a una forma superior a medida que la sociedad evoluciona de un grado más bajo a otro más alto. Los sistemas de parentesco, por el contrario, son pasivos; sólo después de largos intervalos registran los progresos hechos por la familia y no sufren una modificación radical sino cuando se ha modificado radicalmente la familia. (Engels, 1980)

Así, en una cultura el sistema de parentesco se estanca, pero sigue vigente gracias a la costumbre, sin embargo, la familia eventualmente rebasará ese sistema y se transformará. Esta transformación obedece principalmente a tres factores los recursos materiales con los que se cuente en el momento histórico, las relaciones de poder e incluso a los avances tecnológicos que trastocan y transforman la realidad.

Observemos tan sólo las diferencias en los roles de familia de nuestros abuelos o de nuestros padres. La responsabilidad principal del rol paternal era proveer los recursos materiales necesarios para el sustento familiar, mientras que el rol maternal implicaba la crianza de los hijos y el mantenimiento del hogar. Hoy en día, podemos observar una modificación en los roles, tanto madre como padre se desarrollan profesionalmente y aportan en el sustento del hogar, mientras sus hermosos retoños son criados en la guardería y en la escuela. Estos cambios han sido posibles en gran medida a la lucha por los derechos e igualdad de las mujeres, a la creación de las estancias infantiles y a la necesidad de ingresos extras en las familias. La concepción de la familia ha cambiado a tal grado que existen parejas que no ven en procrear la finalidad de su matrimonio.

Pero la familia tradicional no sólo se ha transformado, incluso se podría decir que está perdiendo terreno en erigirse como el fundamento de la sociedad. Cuando cursaba la secundaria se nos repetía la fracción 3 del artículo 16 de los derechos humanos y se crecía con esa idea. Hoy, la familia no puede decir lo mismo, pues aquí en México, específicamente la CDMX, la familia ya tiene competencia con la nueva Ley de Sociedad de Convivencia. En esta ley se establece que dos adultos pueden formar una sociedad de convivencia que, al firmarse, otorga derechos y obligaciones a cada uno de los firmantes. Si bien está ley no es equiparable a un matrimonio e incluso no cambia el estado civil de los participantes, sí es considerada una unión civil. Esta nueva ley, se suma como una opción viable y vigente para aquellas personas que no quieran tomar todas las responsabilidades del camino matrimonial y familiar, satisfaciendo una necesidad social que la familia tradicional no podía saciar.

 

La familia cristiana como bien de la humanidad

En el universo de Hanna Barbera parece que sólo ha existido la familia tradicional, pues en la prehistoria ya se estilaba este modelo familiar con Los Picapiedras y ya se proyectaba, a su vez, la vigencia de la familia tradicional en el futuro con Los Supersónicos. No intentaré mostrar argumentos que afirmen la existencia de esta familia en todos los tiempos de la humanidad, me limitaré a mostrar las razones por las cuales se afirma que la familia tradicional o cristiana es más valiosa o es preferible a otros modelos familiares.

Juan Pablo II, en un exhorto titulado “Familiaris Consortio” publicado en 1981, advierte al lector en la introducción, que la familia ha sufrido la acometida de las transformaciones sociales y culturales; y que, al estar consciente del valor del matrimonio y la familia como uno de los bienes más preciosos de la humanidad, hará sentir su voz.  Voz que intentará rescatar a la familia cristiana y darle su valor primordial.

Juan Pablo II menciona algunas de las causas por las cuales la familia cristiana se encuentra en problemas, entre ellas están un cambio en la concepción de la libertad como una fuerza autónoma de autoafirmación, las carencias del tercer mundo y las abundancias del primer mundo, es decir, cambios ideológicos y las condiciones materiales de existencia como señalaba Engels. A pesar de la amenaza de los cambios sociales, Karol Wojtyla defiende su modelo familiar y explica las razones por las cuales, hoy más que nunca, tiene vigencia.

Pero ¿qué convierte a la familia cristiana del Papa viajero en esa joya de la sociedad? Su valor consiste, como señalan los derechos humanos, en ser la célula primera y vital de la sociedad. En el texto papal se explica que la familia es el fundamento de la sociedad gracias a que posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, alimentándola con su función de servicio a la vida. La idea es, que en la familia es donde nacen los ciudadanos que conforman e integran la sociedad. Además, añade Wojtyla, en la familia los ciudadanos tienen su primer encuentro con las virtudes sociales que permiten que una sociedad se desarrolle. Luego, la familia no puede permanecer cerrada en sí misma, y tiene que abrirse al resto de la sociedad y al resto de las familias, dando comunión y participación con las demás personas.

La sociedad se ve beneficiada con la existencia de la familia, pues la familia crea un ambiente social de justicia, amor, diálogo y respeto. Al respecto el Papa Juan Pablo II dice:

“Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de <<gratitud>> que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentro, diálogo y amor.

Así la promoción de una auténtica y madura comunión de personas en la familia se convierte en la primera e insustituible escuela de socialidad, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor.” (Juan Pablo II, 1981)  

La familia cristiana es para Juan Pablo II el elemento generador del tejido social. En un mundo despersonalizado y masificado la familia cristiana puede enriquecer al mundo con una profunda humanidad. Por estas razones, la familia cristiana tiene la obligación de organizarse para defenderse a sí misma, pero también la sociedad debe defender y promover la familia misma. El papa concluye su discurso exclamando que “¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!”

 

Mientras tanto en Jalisco

Sin lugar a dudas el tema de la familia seguirá dando de qué hablar en el mundo y cerrando calles en Jalisco. La discusión queda en una situación un tanto cómica por la naturaleza de las posturas: mientras unos se mueven en la inclusión que permite la consciencia del cambio y lo mutable, los otros se mueven en la incompatibilidad que otorga la revelación de lo valioso.

Como ciudadanos debemos preguntarnos y responder seriamente qué creo respecto a la familia pues es una cuestión de derechos que nos incumbe a todos y estar dispuestos a dialogar críticamente con los otros. En un mundo donde todo cambia y se transforma rápidamente, debemos permanecer abiertos de mente para poder aceptar o rechazar los cambios que se nos presenten. Novedad no siempre es sinónimo de progreso, así como conservador no siempre es sinónimo de estabilidad.

Se han presentado una lista de argumentos que apoyan posturas muy diferentes, se invita al lector a continuar con la discusión en el café Olimpo el próximo sábado 3 de agosto a las 18:00 hrs. Mayor información vía Facebook en la página “Paradoxa”

 

Bibliogarfía

Engels, F. (1980). El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. México: Ediciones de cultura popular.

Juan Pablo II. (1981). Familiaris Consortio. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html. El 27 de agosto del 2016.

ONU. (2011). Declaración Universal de los Derechos Humanos

Publicado en Análisis social

Hay tendencias en las redes sociales que son avasalladoras. Marcan con su presencia dos, tres semanas o hasta meses la página de noticias de nuestro Facebook. Como aquella de la Rana René que “después se le pasaba”, por mencionar alguna. Pero también existen otras, que su presencia es mucho mayor en materia de tiempo de exposición que en materia de espacio. Son tendencias “grifo que gotea”, cada 2, 7 o 15 días vemos un post relacionado con eso.

Un ejemplo clarísimo de esos temas es aquel cuyo contenido habla de la desaparición de las abejas de la faz de la tierra. Ha sido tan repetitivo que hasta pudiéramos aseverar que en materia del campo, ha sido el tópico que más veces hemos visto compartir a unos u otros a lo largo del 2016.

En algunas ocasiones se presenta con rótulos de Green Peace culpando a Monsanto de supuestamente matar a las abejas con sus híbridos del “demonio” a través del polen, con cualquiera de sus variedades sin especificar cuál. Otras tantas, sencillamente se muestran imágenes de las abejas  y notas que nos recuerdan cuan desdichados seremos como humanidad cuando las apis melífera dejen de existir trayendo consigo el apocalipsis a falta de polinización.

Esta “onda” ha trascendido inclusive a los medios de comunicación convencionales,  quienes se han subido al tren del mame de la desaparición de abejas, para completar sus notas de la semana tomando testimonio a cualquier individuo que se haga llamar apicultor, así como investigadores de la Universidad de Guadalajara, (caso curioso, el único investigador de la UdeG que trabaja todos los días con abejas, el profesor Gustavo Ordaz nunca ha sido citado por los medios) resultan suficiente sustento para los muy informados reporteros que al menos en los periódicos locales se encargan de cubrir los temas agropecuarios-ambientales.

¿Es cierto que las abejas  están desapareciendo?

Bueno, vamos por partes. Primero, las abejas pueden o morirse o enjambrarse.  Cuando hablamos de enjambrazón, es necesario puntualizar que está escrito en la genética de las abejas su necesidad de hacerlo, según la bibliografía que se consulte,  se estima que una colmena tiende a enjambrarse en promedio 1.5 veces por año.  Dicha enjambrazón puede hacerlo toda la colmena o tan solo una parte de ella, esa estadística se multiplica si la mamá de la colmena fue fecundada en criadero o se trata de una reina criolla, en cuyo caso, la posibilidad de enjambrar aumenta hasta 3 veces por año. En el caso de mortandad en la colmena, puede deberse a otras tantas causas, como envenenamiento por plaguicidas, infecciones o ácaros que atacan los apiarios.

Antes de decir que las abejas van rumbo de su extinción, tendríamos que analizar las posibles causas para la pérdida de cada colmena. Siendo las colmenas un modelo de organización equiparable al nuestro, con enormes complejidades, retos colectivos y amenazada por tantísimos factores, deberíamos enumerar colmena a colmena, cual fue la causa aparente de su pérdida, comprobar la misma, para, después, hacer acopio de dichos datos por región, (puesto que aun en mismo Jalisco, tenemos muchos climas distintos) de modo que nos permita generar una estadística útil para  interpretar el fenómeno desde los parámetros científicos y no desde el trendy activismo.

Su servidor que escribe esta columna tiene colmenas en la zona de Tapalpa, de Zacoalco de Torres y de la Laguna de Chapala. En ninguna de las tres regiones he visto la población de mis apiarios reducirse de manera inexplicable, en la mayoría de los casos se ha tratado de mis propios descuidos.

Desde mi perspectiva, los apicultores tenemos la enorme ventaja que los apiarios pueden ser reubicados lejos de cultivos o lugares donde veamos mermarse nuestro potencial productivo debido a los factores que nos rodean. Me atrevería a decir, amparado en mi experiencia, que el 95%  de los productores no somos dueños de los predios donde se  localizan nuestros colmenares, resultando fácil emigrar a cualquier otro sitio. Sin embargo, he visto con tristeza en las reuniones gremiales, a mis compañeros dedicarse a repetir como un mantra la desaparición de las abejas de manera metafísica. En cada una de ellas, arengan a presionar a las autoridades para recibir apoyos que nos permitan mitigar los efectos de este problema que, al día de hoy, no se ha señalado con claridad cuál es exactamente, ¿se tratará simplemente de una cruzada por parte de los apicultores para recibir mayor apoyo aprovechando que el tema está en boga? 

Estas dudas vienen cubiertas de la miel amarga de otras realidades.

Es la apicultura la actividad productiva que, históricamente, menos apoyos ha recibido por parte de las instituciones agropecuarias.

Es cierto que la Sagarpa está repleta en su amplia mayoría (no todos) de técnicos de escritorio que, difícilmente, pueden esclarecer el tema.

El día 5 de agosto, se emitió un comunicado oficial donde la Sagarpa ha justificado la supuesta pérdida de material biológico en las colmenas, etiquetando de “inexpertos” a  los productores de miel de nuestro estado de Jalisco, después de haberles estado palmeando la espalda en infinidad de reuniones donde se abordó este problema y sin haber realizado una investigación seria.

Seriedad nos hace falta, cuando la premisa se trata de “pedir no empobrece”, pero la falta de conocimiento por parte de los funcionarios encargados del campo mexicano representan el mayor rezago en el sector y la principal barrera a superar. ¿Cómo seremos mejores apicultores si los funcionarios que el gobierno designa para tutelarnos, piensan que “apiario” se le llama a la parcela donde se cultivan apios?

Publicado en Crítica
Miércoles, 06 Mayo 2015 00:00

"Hypotheses non fingo" en narcobloqueos

Conjeturar es algo natural en el ser humano. Lanzar hipótesis es responde a la necesidad de dar posibles explicaciones a ciertos fenómenos. La conjetura es usual en la actividad científica, pero también en la vida cotidiana: aparece cuando indagamos acerca de la posible causa del mal funcionamiento del automóvil, del refrigerador o acerca de los motivos de las acciones de ciertas personas. Prácticamente en todas las actividades y ámbitos de la vida humana, las personas tienden a formular explicaciones hipotéticas para dar cuenta de situaciones o eventos que enfrentan.

Desde luego, hay muchas diferencias entre las especulaciones cotidianas y las conjeturas en la ciencia; tema que por ahora no pretendo abordar. Más bien me interesa realizar algunas observaciones sobre la producción de hipótesis en el campo político. No pretendo presentar aquí un estudio detallado, sino esbozar lo que podría ser una veta en la investigación social. Y en particular, me gustaría puntualizar acerca de los fallos que suelen darse en las explicaciones hipotéticas en esta área.  Aunque Isaac Newton decía que la física no debía especular y evitar la formulación de hipótesis –algo en lo que sin duda se equivocó-, probablemente su sugerencia podría aplicarse a ciertos casos.

Cuando ciertos acontecimientos sociales y políticos tienen un impacto directo sobre las personas, es normal que se generen toda clase de opiniones. Sin duda, los narcobloqueos del pasado 1 de mayo en Jalisco y otras entidades del Occidente de México parece ser parte de la tendencia de violencia que afecta al país desde el 2007; pero el hecho de haber ocurrido tan cerca produce efectos más fuertes en muchas personas. La incertidumbre de qué es lo que realmente ocurrió y el pensar que uno pudo ser afectado directamente o nuestros seres queridos, indudablemente provocan miedo y paranoia.

Mi interés no es analizar los hechos en sí, sino las opiniones vertidas en prensa y redes sociales. Muchos funcionarios, intelectuales, investigadores y usuarios de la red en general suelen interpretar los eventos según sus creencias. Esto es normal, pues nuestras creencias, como señala Luis Villoro, son enunciados que asumimos como verdaderos y que de alguna forma integran nuestra visión del mundo. En gran medida, las inferencias que realizamos para dar cuenta de un evento o justificar una postura parten de nuestras creencias. No obstante, el problema es que estas creencias bien pueden sesgar nuestros juicios.  Cuando un sujeto se aferra demasiado a sus creencias, puede llegar a distorsionar sus explicaciones o argumentar falazmente (y el dogmatismo, tanto religioso como ideológico, representa el peor ejemplo).

Así, en el caso de los narcobloqueos, unos tienden a interpretar los eventos como un avance en materia de seguridad y a partir de ello, justificar las estrategias actuales en contra el crimen organizado; otros culpan a los opositores políticos de crear un "clima de enrarecimiento" que polariza a la sociedad; algunos más señalan que es una táctica del propio "sistema" para controlar a las masas e inhibir la protesta social, etc. No faltan los que recurran al usual tu quoque y reprochar que la indignación de muchas personas por los eventos es contradictoria, considerando que dichas personas son conformistas en otros menesteres. Tenemos, pues, todo un repaso de lugares comunes e interpretaciones que podrían aplicarse a prácticamente cualquier evento de importancia política: los apologetas del gobierno encausarán sus posturas hacia una apología del gobierno; los detractores encontrarán cualquier problema como síntoma de la descomposición del “tejido social”, cuya responsabilidad cae en el gobierno. Las ideologías, en tanto creencias injustificadas centradas en la posición de un grupo social, pueden sesgar o incluso obstaculizar las descripciones objetivas.

Mas, independientemente de si sus posturas están justificadas y sus conclusiones son verdaderas, el punto es que se trata sólo de conjeturas. Tanto en la ciencia como en las actividades cotidianas, lo que decide si un enunciado es verdadero o falso es su correspondencia con los hechos. El problema con las conjeturas en política es que su contrastación no resulta sencilla, pues atañe a intereses e intenciones que son difíciles de conocer, dada la opacidad en el manejo de la información por parte del gobierno y los medios.

Esto es muy usual en las instituciones de gobierno y en algunas empresas. En los tiempos en que se dan los cambios de mandos, los funcionarios y trabajadores ubicados en los diferentes puestos según las jerarquías suelen especular acerca de quién será el nuevo secretario o ministro, qué política se impondrá en caso de que X o Y lleguen al puesto y así sucesivamente. Dado que la continuidad laboral de las personas está en juego, es natural que éstas se preocupen y, por ende, especulen. La cuestión es que las decisiones de quién ocupará una jefatura o secretaría dependen de jerarquías más altas, y la información difícilmente es accesible, por lo que las conjeturas de las personas de niveles inferiores jamás abandonan el reino de la posibilidad. Pero no deja de ser interesante cómo se interpretan ciertos acontecimientos, como nombramientos o remociones de personajes, como indicios de “ciertas líneas” o jugadas de los altos jerarcas.  Estamos ante especulaciones que no son muy diferentes de las metafísicas.

Sin embargo, es necesario puntualizar. No está mal especular, pero hay que ser conscientes de cuándo especulamos. Las conjeturas en política pueden ser útiles para tratar de comprender la situación de un país, de una región o  una institución. Para que se puedan contrastar nuestras hipótesis políticas es necesaria cierta información, que, como he señalado antes, muchas veces no es de acceso público. Lo difícil es, pues, disponer de datos concisos. Si podemos constatar las hipótesis, hemos avanzado un paso; el siguiente, implica la revisión de creencias si éstas no concuerdan con las descripciones verificadas.

En este sentido, me parece que, amén de las conjeturas y especulaciones que podamos hacer sobre acontecimientos políticos o sociales, lo más importante es exigir estos datos y someterlos a escrutinio detallado, para corroborar la información, detectar las inconsistencias y las falacias, y si es el caso, señalar que la información es falsa o incompleta. Mijaíl Gorbachov bautizó su política de apertura como Glásnost, que literalmente quiere decir ‘transparencia’. El camino de la Glásnost mexicana, de la apertura informativa, ha sido tortuoso y con retrocesos. Pero hay que continuarlo. 

Publicado en Comunicación

¿En qué reside el miedo que vive el mexicano?
¿Reside acaso en el temor de convertirse en una cifra estadística, de ser el número 44?
¿Reside en la incertidumbre de saber si serás “navajeado” por resistirte a entregar tu Smartphone, por el que trabajaste varias quincenas, a un patán que te lo exige cuchillo en mano?
¿Reside en la ambigüedad de saberte protegido por quienes perpetran tu bienestar, pese a su “juramento” de servir y salvaguardar tu seguridad?

No. El día de hoy, los narco bloqueos que sufrió el estado de Jalisco y su capital (mayormente), activaron el verdadero temor de México: saber que si así lo quieren, los sicarios del crimen organizado, no hay nada que pueda el gobierno hacer para defendernos, para protegernos de su acometida.

¿Qué mensaje se encuentra en las acciones criminales y de terror que acontecieron el día de hoy? El mensaje fue para nuestros gobernantes: “Mira lo que podemos hacer si nos traicionas”.

El gobernador del estado, Aristóteles Sandoval, dio parte de lo sucedido: contando un total de 39 “narco-bloqueos” y 7 muertos. El anuncio no fue para rendir cuentas a la ciudadanía, en su lugar, fue una humillante y desvergonzada declaración de derrota e incapacidad.

Las llamas y los humos que cubrieron la ciudad no son si no el eco del terror del que somos rehenes todos los mexicanos. Los 43 estudiantes asesinados también lo son. Asimismo, los miles o cientos de miles de asesinatos (sean narcos o civiles) que la “guerra de guerrillas” ha dejado arrojado como cifras rojas en la historia.

El miedo del mexicano viene en el silencio de la verdad que pocos anuncian y que por nuestra salud mental, bienestar de nuestra calidad de vida, pocos aceptan: “El narco puede más que el gobierno”.

Los noticieros y la vox pópuli le llaman “inseguridad” y no es incorrecta la utilización de dicho término: tenemos miedo de la inseguridad. Pero al ocultar tras ese término, meramente político, se corre el riesgo de que sea utilizado como arma de doble filo, sobre todo en tiempos como éste (elecciones) para acusar y ganar el favor de simpatizantes al decir “El PRI es el culpable… Peña Nieto es el culpable” etc.

El utilizar y postergar el término de “inseguridad”, México está solventando el horror en que es presa todo mexicano honesto, toda su sociedad. Al utilizar el término “inseguridad” se aminora el verdadero temor del mexicano, pues ciertamente yo como mexicano, así como muchos, tengo miedo a la inseguridad en la que vivo. Pero el origen de tal temor no es en sí la inseguridad, sino aquello que lo promociona, que lo ejecuta, que, como el día de hoy, lo expone como el verdadero temor: el miedo a una fuerza relativamente contenida, suciamente ocultada pero evidentemente enmarañada en el Estado mexicano, ese miedo de saber y no querer reconocer que México ha sido derrotado ya hace mucho tiempo por el narco.

No nos equivoquemos, el día de hoy no vivimos el pánico y el caos, el miedo a las flamas y el humo violento que cubrió la ciudad y todo el estado de Jalisco en general. El día de hoy vivimos el miedo de saber que 39 bloqueos y un vehículo militar (el helicóptero de la Sedena) sucedieron en una perfecta ejecución, sin impedimento, sin obstrucción, sin oposición, sin respuesta efectiva, con sólo un humillante y vergonzoso anuncio oficial de nuestro gobernador: Sucedió y no hizo nada para evitarlo.

Sistemas de seguridad e inteligencia civil y militar fueron opacados, violentados y arrebatados de su “autoridad” como niños a los que se les quita un dulce sin que ellos puedan siquiera hacer algo; sólo llorarle a su madre.

Durante los hechos, sostuve una conversación con un amigo, el cual recuperó de pláticas anteriores el asunto de llamar y declarar un “Estado bélico” y permitir al ejército nacional actuar en territorio nacional. “No se les está permitido, es anticonstitucional” le respondí con dolor. “Y aún si el máximo general del ejército, el presidente de la república (nótese la falta de capitales), declarase estado bélico y el ejército y la marina y las fuerzas especiales actuaran en una verdadera guerra contra el narco, no es sino un sueño húmedo de muchos mexicanos hartos de la “inseguridad” en que viven. Ya una vez, un presidente (también sin capital) intentó utilizar todas las fuerzas del ejército sin encontrar apoyo del senado, ni apoyo de la ciudadanía y los resultados de esa “guerra” bueno... pueden consultarla en cualquier hemeroteca virtual: Llena de cifras rojas y sin ningún efectivo resultado.

Ya pasó el miedo por hoy (eso esperamos todos) y confiamos en que pronto esa “certidumbre” de paz y tranquilidad se restablezca, aunque sea momentáneamente; como estamos acostumbrados.

Publicado en Divulgación
Viernes, 24 Abril 2015 00:00

El ciudadano de hoy y la buena vida

En esta época de elecciones es no sólo válido sino necesario ocuparse de preguntarnos si al margen de la imposición de candidatos que han vuelto a México una kakistocracia (el gobierno de los peores), ¿puede el ciudadano común sentir garantía de una buena vida? Una buena vida debe ser entendida como el acceso a la salud, a la educación, a una economía suficiente, al derecho de asociación y a la seguridad, entre otras cosas.

Sin embargo, a pesar de la gran e incumplida responsabilidad del Estado que ha fallado una y otra vez en cubrir estos aspectos básicos de la buena vida, el ciudadano debe de encontrar su buen vivir no sólo en una correcta elección para el sufragio, sino en su proyecto de vida mismo. O en otras palabras; no basta con acudir a las casillas y ejercer su derecho a elegir quien lo va a robar esta vez, o contabilizar qué partido le dio más tortilleras, playeras, gorras, o quién trajo a la mejor banda grupera en su campaña, para estampar su voto a favor del más dadivoso y fino candidato. Tampoco se trata de querer asegurar su futuro con las falsas promesas de empleo y puestos ofrecidos a cambio de apoyar una u otra campaña. Esto no deberíamos ni de decirlo pero: nada de esto asegura un buen vivir, ni constituye siquiera un atisbo de proyecto de vida.

No es sólo la elección de un candidato la participación a que está obligado el ciudadano, un ciudadano puede participar siendo precisamente eso, un ciudadano ejemplar (cuidadoso de su moral, su salud, su intelecto y su administración), razón por la cual Platón prefería la  aristocracia y la oligarquía (el gobierno de los filósofos o sabios y de los ricos respectivamente) a la democracia.  Aristóteles tampoco sugería la democracia y prefería sobre ella a la república (la combinación de la oligarquía y la democracia), porque un buen gobierno es posible sólo si cultivamos buenos gobernantes, y los buenos gobernantes solo son posibles si antes fueron buenos ciudadanos. Hobbes, por otro lado, dice que la diferencia en las formas de Gobierno depende de la diferencia de personas a las que se confía el poder soberano, y de la diferencia de los ciudadanos que conforman un pueblo. En resumen el buen Gobierno es también una cuestión de calidad individual, de calidad de ciudadanos.

Sin embargo, por penoso que sea Jalisco está muy lejano de que sus buenos ciudadanos abunden, prueba de ello es el promedio de escolaridad jalisciense  (segundo de secundaria). Somos un Estado ignorante y perezoso intelectualmente.  Otra prueba: Jalisco es uno de los primeros lugares en obesidad infantil y adulta. Somos un Estado perezoso físicamente, nuestra salud pende de un hilo. En este sentido ¿cómo podemos esperar acceder a la buena  vida? Si somos ciudadanos de baja estofa, y lo peor: somos así por gusto propio.

Publicado en Análisis social

Democracia.
1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.
2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político del estado. (RAE)

Durante las elecciones Federales de México, en el año de 2012, en las que se eligieron los cargos de Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales, aconteció un movimiento estudiantil denominado “#YoSoy132” -quienes a su vez llamaban este movimiento como “La primavera de México”, nombre derivado de la “Arab Spring” (Primavera Árabe)- de caracter revolucionario contra la imposición y represión del Estado hacia el pueblo, así como libertador de la censura de internet.

El movimiento “#YoSoy132” exigía la democratización de los medios de comunicación y el rechazo ante la imposición mediática favorable al entonces candidato del PRI (Partido Revolucionario Institucional), Enrique Peña Nieto. Este movimiento fue protagonista de múltiples protestas pacíficas, cuya primicia implícita era la manifestación de que el pueblo mexicano había “despertado” de su apatía, indiferencia y tolerancia ante los agravios, reprimendas y corrupción de la democracia mexicana.

Desde entonces, han existido muchos otro movimientos de protesta; muchas otros casos (algunos trágicos) que han llevado al pueblo mexicano a participar y exigir su “democracia”: Con pancartas con leyendas tales como “La democracia en México continúa secuestrada”, exhibidas en una protesta por nativos mexicanos y simpatizantes en la ciudad de New York el sábado 1 de septiembre de 2012, han demostrado su descontento. Otro ejemplo, del llamado al despertar ciudadano, fue visto la máxima casa de estudios de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la convocatoria a la conferencia: “Sin protesta no hay democracia. Libertad de expresión ante las fuerzas de seguridad” programada el día 7 y 8 de agosto del 2014 en la Casa Universitaria de Libro en UNAM.

Este tipo de manifestaciones y expresiones sobre la libertad y la democracia han sido en México, desde las pasadas elecciones Federales de 2012, un parteaguas de lo que hoy no es sino otra muestra más de la inmadurez cultural y política del pueblo mexicano, secuestrando ideologías políticas y teniéndolas como rehenes de sus berrinches pseudo-patrióticos ante la injusticia y la corrupción política gubernamental del Estado. Un movimiento, un acto que jamás entenderé, exige justicia a quien la ha parcializado; exige libertad a quien la ha robado; demanda derechos a quienes te los ha arrebatado. Según lo veo yo, es exigir al lobo que por favor, no se robe a los corderos, esperando que el lobo entre en razón y deje de actuar según su código natural, su instinto. Sin embargo, de mi opinión al respecto, este ideal de “protesta = libertad/democracia” es mucho mayor que cualquier argumento o razón que le contradiga, es pues, una mayoría aplastante.

En este año, 2015, se preparan y se llevan a cabo las pre-campañas electorales de comicios federales y estatales, motivo por el cual la hipocresía mexicana ya salió a lucir su vestido de gala: adornado de mediocridad e inmadurez.

El pasado 14 de febrero de 2014, fue promulgada la aprobación de la reforma electoral que “permite” y reconoce a las “Candidaturas cívicas (independientes)” a forma de garantizar lo estipulado en el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual dicta el derecho fundamental de todo ciudadano para votar y ser votado para un cargo de elección popular. Esto es, si acaso no se sobre-entiende, el derecho que todo mexicano tiene de ejercer su poder democrático. Sin embargo, la respuesta al efectivo uso de este derecho así como de la reforma electoral, ha sido de dimensiones sorprendentemente incongruentes a lo manifestado, a lo protestado hace 3 años encabezado con el movimiento “#YoSoy132”.

En Guadalajara, Jalisco, sucedió un estremecimiento social ante la noticia de la postulación, como candidato independiente a la presidencia municipal de la ciudad, del ciudadano Guillermo Cienfuegos, quien es mayormente conocido por su personaje “Lagrimita”, un payaso presentador de un programa de entretenimiento en Televisa Gdl.

La incredulidad, como respuesta sorpresiva ante este anuncio, fue avasalladoramente continuada por una suerte de indignación social mostrada en comentarios sobre la noticia en medios de difusión, como redes sociales y portales de noticias.

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Los “memes” y demás comentarios siguen surgiendo en estos medios, en los que se ridiculiza y se ironiza sobre la “condición” de la política del pueblo por la permisión que se le ha otorgado a este ciudadano de presentarse como candidato a la presidencia municipal. Pero el payaso “Lagrimita” sólo fue el primero de los candidatos civiles que se han lanzado por un cargo popular. Otros candidatos que figuran en los medios, son el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, quien habría de postularse a la presidencia municipal de Morelos por parte del Partido Social Demócrata; En Guerreo otro exfutbolista, Jorge Campos, apadrinado por el mismo partido (PSD), optaría ir a la contienda por el cargo de presidente municipal en Acapulco, Guerrero (aunque la segunda noticia no ha sido confirmada).

Los comentarios humoristas y burlescos se encuentran en todos lados, incluso encontramos comentarios en los que se reflexiona y se dice “Preferible a los lacras ya conocidos”; sin embargo, el motivo de este artículo es sólo para señalar la incongruencia del pueblo mexicano, exhibida en la respuesta social ante estas noticias. El humor es esta hoja de doble filo que exhibe la inmadurez del mexicano así como la apatía e indiferencia y, a su vez, es una forma de crítica no formal que permite al pueblo manifestar su inconformidad e indignación.

Sin embargo ¿realmente es motivo de indignación la postulación de estos personajes a un cargo público? El “argumento” más redundante en los comentarios, que muestran desagrado ante el suceso, asegura que un cargo público debe ser tomado por una persona “preparada”… que la falta de preparación de estos personajes es una burla al sistema y al pueblo.

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En el caso de “Lagrimita” se hizo viral un video en que el candidato, durante mitin público en una plaza de Guadalajara, es cuestionado sobre qué tipo de “políticas” presentaría en su campaña, a lo que el candidato responde pobremente (mostrando una falta de preparación para tales eventos) con una apócope al reportero, llamándole “pagado” disuadiendo así el encaramiento referente a los planes que su campaña supondría. Sobre este suceso, estoy de acuerdo y manifiesto la falla en la estrategia de “popularidad” que presentó el candidato, obviando que ésta le dimitiría de responder una duda fundamental en lo que respecta a una campaña política. Este error, sin embargo, fue seguido por múltiples comentarios en los que se cuestiona, ya no la campaña del candidato cívico, sino la persona moral: se cuestionan hechos y rumores de Cienfuegos sobre jóvenes menores de edad embarazadas; sobre tragedias acontecidas en el programa de televisión del candidato.

Es aquí que llamo a la reflexión, nuevamente. Es necesario investigar toda nota virtual relacionada con estos candidatos; investigar todo “meme” que encontremos entre nuestros contactos de redes sociales (o en su defecto en nuestro timeline); es aquí que llamo a la reflexión no de la noticia, sino de la repuesta que esta noticia genera.

Observemos los comentarios escritos por ciudadanos, como tú, como yo, como los candidatos de partidos políticos, como los candidatos de partidos independientes: ciudadanos. Comentarios que hacen gala de su intolerancia social, que ridiculizan a un sujeto por su anterior trabajo (payaso o futbolista); comentarios llenos de inmadurez e incongruencia política-cultural.

Hace 3 años, todo México se cimbró en las protestas y manifestaciones públicas, las cuales exigían democracia y libertad, justicia e igualdad. Muchos mexicanos, como su servidor, vimos en estas protestas y manifestaciones, exhibiciones burdas de ignorancia, de berrinches sociales erróneamente fundamentados en ideales político-culturales, de los cuales no comprendían la amplitud y extensión que abarcan en realidad: ¿Exigen democracia y presumen de tenerla y hacerla presente en el acto de la protesta, pero se indignan y se burlan de quienes, respaldados por las mismas garantías constitucionales, hacen efectivo su derecho a postularse en un cargo público? ¿Exigen candidatos “capacitados” y no son capaces (el pueblo mexicano) de respetar el ejercicio de un derecho constitucional por parte de un sujeto “del pueblo”? ¿Acaso el derecho a exigir el cumplimiento de alguna garantía constitucional, sólo es efectiva si quien lo exige se auto-condiciona “mártir” del gobierno?

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Yo no votaré por “Lagrimita", a decir verdad estas próximas elecciones, volveré a mi condición de “demócrata apartidista” (no votante) y dejaré que el pueblo, al cual pertenezco, del cual soy, elija lo que crea conveniente y favorable para el pueblo, estando de antemano de acuerdo con el resultado ya que si el pueblo lo eligió y yo soy del pueblo, así decida en último momento votar por algún candidato, el resultado y la aceptación de dicho resultado es parte de ser “demócrata”.

No por ello, ridiculizaré a un candidato, me burlaré de su persona o caeré en la patética incongruencia de ser un mexicano más que escribe pancartitas lindas con frases de gomita rosa y masticable, adornadas de ideales huecos y berrinchudos como “libertad, democracia, pueblo”, para luego dirigirme a humillar y ridiculizar un proceso y un ejercicio legal y fielmente constitucional, democrático.

Dicho lo anterior, termino con la reflexión de que quizá, para las siguiente elecciones municipales, aquí en mi pueblo, Chapala, inicie una candidatura independiente para alimentarme del odio, el repudio y la burla pública porque: No soy una persona apta para gobernar, sólo soy un payaso que escribe payasadas llenas de repudio social y, además, soy un cobarde que sólo lo hace en Facebook, en lugar de salir a la calle y armarme con mi manto sagrado.

Publicado en Análisis social