Navegando en el vaivén de la zozobra informática, con más deseos de aventarse al océano de los datos que de participar en él, nos vemos atrapados en las fauces del paradigma de la libertad para poder decir, hacer o parecer.

Estas tres palabras comúnmente vuelven a nosotros para confrortarnos al abrir nuestro navegador en la computadora. Facebook, twitter, tumblr, cualquier red, nos presentan un espacio vacío para que declaremos nuestro estado mental del momento-ideológico, pero ¿qué decir, que “hacer”, que parecer?

Cada vez que actualizamos un estado en nuestros perfiles de socialización -esos chismógrafos postmodernos- decidimos sobre aquello que queremos mostrar al otro, aquello que nos parece “trendy” o que queremos volverlo, ejerciendo, en este sentido, nuestra “libertad”.

Pero, ¿realmente elegimos libremente qué temas queremos comentar, qué palabras queremos decir, cómo queremos pensar? Con la entrada del punto com a la red, y su posterior dominación de todo el ciber espacio -relegando a los dominios .onion y los wares a la “red profunda”- nosotros navegamos a través de portales elegidos por compañías multinacionales que confían en que sus criterios de información son los mismos que nosotros tenemos, por lo que en cierta forma eligen por nosotros, ¿para qué perder el tiempo buscando algo si Google me sugiere que quiero encontrar, si Youtube me dice que quiero ver, si Spotify me dice que quiero escuchar y si Facebook me muestra lo que conviene a mi persona?

Gracias al recopilado de cookies, nuestros navegadores y los sitios .com a los que entramos, saben perfectamente que es lo que deseamos consumir – sí, consumir, porque en pocas palabras su finalidad es vendernos algo-, nuestra interacción de esta manera queda reducida a un simple algoritmo que puede prever nuestras necesidades de consumo. Hemos llegado a reducir la red de redes a algo menos que una televisión donde, curiosamente, nos sentimos libres.

El moldeo de nuestras opiniones, así, tendría mucho que ver con los retuits, los trending topics, el sobre uso de los hash tags, la publicidad en línea y la información de los portales digitales. No es necesario mediar razonamiento ante las posibles falacias de autoridad que se convertirán en verdades luego de la viralización que da la repetición.

La creciente ola de violencia a nivel mundial ha demostrado esto. Nuestro pensamiento, nuestra conducta en redes, se moldea a partir de una ideología imperante, de una estrategia de mediatización de la sociedad a través del bombardeo informativo: cuando entramos a redes sociales y vemos que la noticia de Charlie Hebdo nos hiere tanto (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/07/actualidad/1420629274_264304.html ) , a pesar de no ser franceses, no es porque ésta tenga el horror en sí misma sino porque el horror viene a ser un elemento externo producto de la reiteración del contenido.

El horror se construye a partir del manejo de la información, a partir de darle vida “humana” a personajes enteramente desconocidos, hacerlos empáticos con un grupo poblacional que espera el momento oportuno para ejercer el “trendy activismo”, para alzar su voz y reclamar por el suceso de moda.

La imagen muestra un claro ejemplo del tipo de comentarios vertidos en internet al respecto.

Despreciamos luchas sociales en pos de la más nueva.

No es por demeritar la tragedia, pero esto es el pan de todos los días a nivel mundial –en otras tragedias, incluso, se asesinan a dos mil personas sin que a esa sociedad virtual tan consciente le llegue a importar (http://peru21.pe/mundo/boko-haram-habria-asesinado-2000-personas-nigeria-2209252 ) - mismo que nos hemos aprendido a tragar de manera indolente, haciendo zapping en la tv o, simplemente, alejándonos.

No nos horroriza la muerte misma de miles o cientos de personas, nos horroriza que ésta sea mediatizada y mostrada hasta el punto de la empatía -“yo soy X”-, nos horroriza saber que ocurre algo en el mundo que es tan “trendy” que todos nos sentimos culpables de ello; no las muertes, eso es lo de menos.

Decimos, hacemos y parecemos, hasta la empatía, sobre aquello que en determinado momento es trending topic, sobre aquello que se ha posicionado gracias a la fuerza de los sitios .com quienes no dejan de mandar información al respecto, que se ha posicionado a pesar de nuestra verdadera indolencia ante la tragedia ajena sólo para que nos sintamos parte de algo que, por lo general, es políticamente correcto.

La masificación de la opinión nos lleva a los contenidos “trendy” y, mientras bajamos la barra lateral del navegador, la información se repite incesantemente con rostros distintos, como si cada perfil, libremente, eligiera sobre que opinar, usando el hash tag de moda.

Publicado en Comunicación

¿Cómo podríamos explicar que a tantos jóvenes les interese entrar al Crimen Organizado? ¿A partir de qué elementos les interpela? ¿Cuáles son las formas en que esos discursos pasan a ser parte de su vida diaria? Sabemos que en México entramos y salimos de la modernidad, mientras que, por su parte, la tradición sigue incrustada en el imaginario colectivo, haciendo de las suyas, lo que significa que vivimos una muy particular postmodernidad. Vemos el mismo agotamiento de los grandes discursos, la erosión de los metarrelatos y el mismo sinsentido. Sin embargo, nuestra postmodernidad es específica del contexto en el que estamos inmersos. Nociones como VerdadSujetoEstadoFamiliaReligión, no dejan de funcionar, sólo que ya no ocupan un lugar hegemónico en la estructuración de la subjetividad. Si alguien nos preguntara “¿Qué eres?”, la respuesta no será sencilla. Si nunca lo fue, hoy se hace más difícil por las características que como sujetos nos atraviesan. Soy católico, hijo de familia, ciudadano y hasta consumidor. Pero no soy sólo eso. Siempre hay algo más. Existe algo que me rebasa.

Si para Descartes somos Razón (2003) y según Heidegger (2009) somos seres para la muerte, también podemos sugerir que nuestra característica es ser sujetos-proceso. ¿A qué me refiero con esto? Para poder responder es necesario hablar de lo que sucede a la entrada de nuestra postmodernidad, la muy particular postmodernidad que vivimos. En ella ¿qué le queda al sujeto? Evidentemente se encuentra desamparado, sin un asidero estable al cual anclarse. Ya no hay nada sólido que le permita sustanciarse.  Desde aquí podemos hablar del sujeto como proceso, como posibilidad y no como potencia. Puede ser todo y es nada a la vez. Todo depende de él mismo. Es esto lo que le permite ser creativo sobre sí. Es claro que al igual que Ortega y Gasset (2012), considero que soy Yo y mi circunstancia. Pero ella no me determina por completo, sino que me impela a construirme de una forma(s) siempre-ya distinta(s), de aludir a lugares poco ortodoxos, como lo son la televisión, el cine o las mal llamadas “redes sociales”, cuyo nombre adecuado es Plataformas Virtuales de Socialización (González, 2013). ¿Cómo es que estas Plataformas Virtuales de Socialización (PVS) pueden incidir en la estructuración de la subjetividad? Desde ahí se presentan ciertos discursos que pueden sustanciar al individuo, un cierto tipo de Significante amo (S1, según Lacan) que se encarga de aglutinar los significantes sueltos. Esas PVS se convierten en lugares que muestran estilos de vida, que les interpelan, que les permiten construirse puesto que, como decía, ya no hay nada estable que dé una cierta seguridad ontológica, como le nombra Giddens (1993).

Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en el Movimiento Alterado, que en YouTube y Facebook encontró plataformas para su visibilidad. Desde ahí podemos localizar el ideal de dicho movimiento musical/cultural. Y no sólo eso, sino que también nos permite mostrar nuestra adición a ello, pues añadir un vídeo, dar like o un Re-Tweet (RT) no son gestos vacíos, sino que en ellos se vuelca parte de la subjetividad, mostrando el agrado o rechazo a cosas específicas. Eso que se comparte en Facebook, o lo que se le da RT, no es azaroso, sino que responde a una serie de posicionamientos simbólicos y reales ante la vida. Se muestran las formas de abordar el mundo. Entonces, si partimos del supuesto de que esos likes o RTs no son gratuitos y que permiten mostrar eso que uno es, además de asumir que el sujeto es un sujeto-proceso, de que es vacío y puro dinamismo, nos encontramos en posibilidades de inferir que el Movimiento Alterado interpela a los jóvenes, no sólo por estar asociado al exceso y los lujos, sino que les permite contestar a una de las preguntas medulares por las que interroga la filosofía y la humanidad en general: “¿Quién soy?”

Este movimiento les confiere un lugar desde el cual se perciben como amables ante sí y los otros, sus otros, esos otros que son parte de su red de relaciones sociales, pues esos otros son los que se les presentan como importantes. Esto, más que un género musical, sirve como un proceso identitario que les permite ser alguien, pertenecer a algo. No sólo en ideales, sino en formas de vida y su abordaje. Les da la oportunidad de mostrar diversas cosas, como su ser-en-el-mundo, o eso que Lacan llama éxtimio (2001); lo completamente interior, volcado al exterior. No es gratuito que exista toda una estética en torno a dicha música, puesto que ello permite localizar, de manera objetiva, sus adeptos. Si bien, la violencia extrema, cruda y dura es parte intrínseca, es el precio que deben pagar por tener sustancia. Debo aclarar que mi intención no es minimizarla, sino que se presenta como parte de la economía de la estructuración de la subjetividad, vista desde el Movimiento Alterado. ¿Cómo puede uno aparecer amable y hasta deseable para con quienes se encuentran en la propia red intersubjetiva? Siendo una persona que sobresale de lo común. ¿Cómo se hace esto? Partiendo de la circunstancia en la que uno se encuentra. ¿Cuál es esta? Un país en el que las oportunidades para los jóvenes son poco atractivas y limitadas. Muy limitadas. Incluso nos encontramos en un momento histórico, en el que ser joven es (casi) un delito, pues hemos sido testigos de la persecución, incluso de la ejecución de jóvenes que pensaban que era posible un mejor mundo. Por lo tanto si vivir o no depende enteramente de terceras personas, como joven, intentaran tomar las riendas de su vida y aceptar una de las ofertas que se encuentran ahí afuera, que les permite aglutinar sus significantes sueltos, bajo el S1 qu, en este caso, es el de sumarse a las filas del Crimen Organizado, en cualquiera de sus facetas.

 Unirse a las filas del crimen organizado no solamente se hace por tener una mejora económica, sino que también responde a la necesidad de ser algo, de ser alguien, ya que es importante ser reconocidos y sentirnos amados, apreciados. No por nada, muchas de las personas que se encuentran inmersos en el crimen organizado muestran eso que son, en las PVS, como Instagram o Facebook. Ya no basta el reconocimiento de los pares, sino que ahora se vuelca hacia el exterior, hacia el mundo, con la intención de mostrar estilos por demás atractivos, sin esconderse. Y en estas acciones se cuela un mandato simbólico que se encuentra en el imaginario mexicano, al cual muchos se ven sometidos: El ser Hombre.

Eulalio González, conocido como el Piporro, nos habla de esto en en su canción “El terror de la frontera”: los cobardes viven toda la vida. Los valientes mueren donde sea. El mandato simbólico al que me refiero más arriba, tiene que ver justamente con eso. Con la deontología del Hombre, en las formas de vida (post)modernas/tradicionales, que dictan cómo deben comportarse. Pero hay una característica particular que debe tener. Si se ve privada de ella, no sería un Hombre en toda la extensión de la palabra. Este elemento es la valentía. La presión social que los estereotipos imprimen al hombre, desde la industria cultural, para que replique ciertos comportamientos emitidos desde un gran Otro arcaico y sexista, les lleva incluso a ofrecer su vida, con tal de llegar a ser "sujetos completos".

¿Por qué aventurarme a  afirmar esto? Un análisis de las encuestas de población del año 2010, que fueron realizadas por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática) nos permite encontrar un posible sustento para mi argumento. En dicho año nacieron 5,346,943 hombres. Mientras que mujeres fueron 5, 181, 379. Para el momento en que llegaron al rango etario de 20 a 24 años, la cantidad de hombres disminuyó a un total de 4,813, 204 y las mujeres mantuvieron una constante de 5,079,067. Hay una diferencia aproximada de 533, 739. Debemos preguntar ¿Dónde quedan esas personas? Si dirigimos la mirada solamente al índice de mortandad en México, a partir de los 14 años, los accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol aumentan de manera exponencial. Por ejemplo, a los 14 años, se registraron 13 en los que se vieron involucrados hombres, contra 1 de mujeres. A los 15 aumenta a 34 de hombres y 5 de mujeres. Por su parte, la población de 15 aumenta considerablemente, donde los hombres tienen 125 accidentes contra 9 de mujeres. A la edad de 17, se generan 248 accidentes involucrando hombres y 18 a mujeres. Así, hasta llegar a la cantidad más alta, 975 involucrando hombres mientras que hubo 95 involucrando mujeres. Esto es importante, ya que nos habla del “desvanecimiento” de más de 500,000 jóvenes, de sexo masculino. Esto es significativo, debido a que justo en ese rango etario los jóvenes tienden a "desaparecer", lo cual podría ser un indicador de la violencia que estos viven. Si bien la Encuesta Nacional de Juventud del 2010 nos dice que el comportamiento de las mujeres, en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas tuvo un incremento, las estadísticas también nos hablan de que ellas no se ven inmersas en accidentes o peleas que pudieran derivar en decesos. También se sabe que las mujeres ocupan lugares clave en el crimen organizado, pero eso es material para otro análisis. Lo que me interesa aquí es encontrar una posible respuesta al creciente interés de los jóvenes por formar parte de las filas del crimen organizado.

 Entonces ¿por qué afirmar que lo que motiva a esto, a los jóvenes del sexo masculino, no sólo es por estatus económico, sino también por la posibilidad de reafirmarse como personas, de asir la subjetividad a algo más allá de la pobre oferta del Estado? Porque podemos ver la otra cara de la moneda, la encomiable, la que permite hablar de mundos posibles. Esa la encontramos en las escuelas rurales que siguen produciendo personas críticas y comprometidas con el Desarrollo y la Justicia Social, cuyas formas de vida "escapan" a esas formas determinadas por la acumulación voraz, fundamentales en el argumento de que lo económico es la única razón por la cual alguien decide sumarse a las filas del Crimen Organizado. Un caso ejemplar es lo sucedido en Guerrero, con los normalistas de Ayotzinapa. Si bien la desaparición de los 43 estudiantes (aparentemente) calcinados en el basurero de Cocula es terrible y no debió haber sucedido, también nos muestra formas de vida distintas, que apuntan a lógicas que van más allá de lo banal y mundano, intentando edificar al ser humano a partir de la austeridad y el compromiso con el otro, en las que se les va la vida misma. No es gratuito que hayan sido violentados ya que su postura está necesariamente cargada de valentía, ya que su oposición a los estructuras de poder fue frontal, con plena conciencia de lo que podría suceder. Y aun así decidieron continuar. Es por ello que insisto en que la violencia, ejercerla o estar dispuesto a recibirla, no se establece solamente por elementos económicos, sino que también les permite legitimar al individuo que la practica, permitiéndole dignificarse y sentirse amado por los otros. Esto deriva en una particular construcción de subjetividad, como lo proponía al principio. Pero la violencia, por sí misma no lo que debemos condenar, sino su normalización, la desensibilización que tenemos ante situaciones violentas. Aquí es necesario preguntarnos ¿sabemos cuántos muertos hay, hasta el día de hoy, con referencia al Crimen Organizado? Según la revista Proceso, fueron más de 121,000,[1] en 2013. Eso nos parece alarmante, pero común. Sin embargo, si preguntamos por Ricardo Esparza Villegas, pocos podrían, hoy, decirnos quién fue o por qué lo menciono en este lugar. Fue un estudiante de mecatrónica, de CULagos (Centro Universitario de los Lagos), que fue al Festival Cervantino y no regresó. Esto es importante porque era una persona regular, como cualquiera de nosotros, pero fue tocado por la violencia, ya que, aparentemente, la policía de Guanajuato es la culpable de su muerte. ¿Qué nos queda, si la desconfianza para con los “cuerpos del orden” crece sin medida? Si ya no nos sentimos seguros, ¿Cuál es la (posible) solución?

La cuestión principal, y lo que me lleva a hablar de la violencia es el hecho de que en lugares como Ayotzinapa, en general y no sólo por los 42 desparecidos, podemos ver ópticas distintas en las que se apuesta por el futuro y la vida, desde la completa austeridad, intentando ser autosustentables. Esto lo hacen poniendo todo de su parte. Incluso, como vimos, ponen en juego su vida misma. Muchos hemos escuchado como desde lo institucional se critica[2] o denigra[3] lo referente a Ayotzinapa. Esto es así, porque se pone en jaque la credibilidad de las instituciones, lo que afecta a los intereses de las “personas” que insisten en mantener su comodidad económica, que no se preocupan por el otro, más que en momentos electoreros. Esa “gente” que está alejada de la realidad en la que estamos inmersos buena parte de la población. Insisto en esto, a riesgo de que se me acuse de “colgarme del hashtag de moda”, porque tiene posibilidades de apagarse. Debo recalcar que, en última instancia, lo particular de los desparecidos no es algo distinto a lo que nos sucede. Sus características son muy similares a las de muchos jóvenes mexicanos. Tiene las mismas condiciones y (supuestas) oportunidades que cualquiera. La única diferencia es que ellos están desaparecidos y tú, hipotético lector, no. Aún.

 

Bibliografía:

Ortega y Gasset, José. Obra Selecta, Comps. Lasaga, José y Gomá Javier, Biblioteca de Grandes Pensadores, Editorial Gredos, Madrid, 2012.

Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, F.C.E., Decimotercera edición, México, 2007.

Descartes, René. Discurso del Método, Ediciones Mestas, 3ª Edición, España, 2005.

Giddens, Anthony, Consecuencias de la Modernidad. Traducción de Ana Lizón Ramón. Madrid: Alianza, 1993.

Lacan, Jacques. El Seminario de Jacques Lacan, Libro XI, Paidós, Argentina, 2001.

[1] http://www.proceso.com.mx/?p=348816

[2]http://aristeguinoticias.com/0212/mexico/que-ni-se-me-aparezcan-los-normalistas-que-los-vuelvo-a-matar-funcionario-municipal-de-leon/

Publicado en Análisis social

Sin duda, internet como la herramienta del futuro significa en nuestros días un parteaguas para la generación actual; implica una forma de conocer los hechos históricos, o el acontecer diario, de primera mano como nunca antes en la historia del hombre.

No obstante, su poder tiene un peligroso doble filo, arraigado en la añeja creencia de que lo escrito -lo que ves y se presenta a tus ojos, en este caso entre pestañas- es cierto/verdadero. Por eso a unos años de que el invento de Gutemberg cobrara popularidad por el mundo (hace medio milenio), ya había quien dijera que no todo lo que aparecía entre pastas tenía necesariamente que ser objetivo (científico, apegado a los hechos), o verídico.

En esta era de la información, sucede lo mismo aunque de una manera más contundente, primero por la facilidad con que se reciben los mensajes desde la red, luego por cómo están construidos y finalmente por la forma en que son esparcidos como pólvora, de monitor en monitor.

Por una parte, es relativamente sencillo ensamblar una opinión o un comentario (siempre subjetivo) acerca de un tema de actualidad y colgarlo a la red de redes para generar cientos -acaso miles- de likes o shares. En segunda, también es fácil incluir una imagen de apoyo en el texto, e incluso manipular una fotografía para robustecer el dicho y hacerlo pasar como “real”.

Lo anterior, sumado a direcciones de internet (links) que tienen forma de medios existentes (http://www.eldeforma.com, http://www.eluniversal.com.mx.tus-noticias.info/, entre otros), hacen que el surfista de internet preocupado por su realidad, haga partícipe del hecho falso a más personas...

Hasta que caemos en el engaño. Luego, es revisar más fuentes o sitios confiables, quizá bajar la publicación o comentar que el hecho manifestado no era cierto.

Aquí tres ejemplos que circularon en torno a la desaparición de los 43 normalistas de la rural de Ayotzinapa, en Guerrero, el pasado 26 de septiembre.

 

Policías sometiendo a los 43 normalistas

A sólo días de que ocurriera el crimen de Estado perpetrado por autoridades de Iguala, Guerrero, contra un grupo de estudiantes, se difundió una imagen donde aparecen decenas de jóvenes desnudos acostados boca abajo y sometidos por sujetos uniformados.

Al pie de la imagen se lee:

“FOTO PROHIBIDA REPLIQUEN RAPIDO

UN POCO ANTES DE MATARLOS A TODOS, VEAN COMO TENÍAN A ESTUDIANTES NORMALISTAS CON DESEOS DE SUPERACIÓN Y UN MÉXICO MEJOR PARA SUS FAMILIAS.

ESTO NO PUEDE SEGUIR ASI

COMPARTELA YA! PARA QUE TODO MUNDO VEA QUIEN LOS MATÓ”

Aunque se sabe que policías de Iguala efectivamente entregaron al grupo criminal Guerreros Unidos a los 43 normalistas, pero estos no fueron llevados a ningún lugar techado sino al basurero municipal de Cocula (según versión oficial), donde fueron (presuntamente) calcinados; del hecho sólo hay imágenes de la escena, cuando fueron asesinados tres de los estudiantes, y de los camiones baleados de donde fueron “levantados” por los policías, así como de las declaraciones y fotografías a manera de “evidencia” presentadas por el procurador de la República más de un mes después del hecho. 

Lo cierto es que esta imagen no se corresponde con los hechos de los normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, sino que en realidad ilustra el momento después de un motín ocurrido en un Consejo Tutelar de San Luis Potosí en el año 2011.

Aún más, cabe destacar que este mismo gráfico (con otro pie de imagen) ya había sido utilizado para promover de igual manera un caso similar de represión en Michoacán, hace dos años.

 

“Bring back our 43”

Otro engaño. Esta vez se tomó la imagen de Michelle Obama, primera dama de EU, sosteniendo una supuesta exigencia a las autoridades mexicanas en torno a los 43 normalistas de la rural de Ayotzinapa, escrita de su puño y letra.

En realidad, la foto corresponde a la misma esposa de Obama con un mensaje entre las manos, pero señalando: “Bring back our girls”, en relación al secuestro de casi 300 niñas ocurrido en un internado de Chibok, al noreste de Nigeria, el pasado 14 de abril de 2014, a manos del grupo terrorista Boko Haram (varias de las víctimas lograron escapar, pero más de 200 quedaron cautivas desde entonces, sin que se sepa de ellas).

Este gesto de Michelle Obama -no replicado pero sí retocado para el caso de los normalistas mexicanos- se dio luego de que miles de usuarios pusieran la etiqueta “Bring back our girls” como trending topic; la ola de indignacioń generó que incluso en diversos eventos, celebridades y figuras públicas alzaran la voz con este grito en torno al violento hecho ocurrido en África.

Lo mismo ha ocurrido en el caso de México, donde miles de personas y actores se han sumado a la exigencia de que regresen vivos a los normalistas.

 

La ONU exige renuncia de EPN

(textual, como circula tomado de http://leppir.com/2014/10/29/onu-exige-la-renuncia-de-pena-nieto-por-crimenes-de-lesa-humanidad-por-favor-comparte/http://leppir.com/2014/10/29/onu-exige-la-renuncia-de-pena-nieto-por-crimenes-de-lesa-humanidad-por-favor-comparte/#)

“Luego de la creciente ola de violencia desatada en México durante lo que va del sexenio del primer mandatario Enrique Peña Nieto, la Organización de las Naciones Unidas ha Solicitado la renuncia de presidente de México, mediante conducto legal.

La Organización de las Naciones Unidas, giro un oficio al Estado Mayor, en donde solicita la renuncia del primer mandatario o amenaza con llevarlo a Juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Argentina, uno de los 193 Países que forman parte de la mayor institución Política, económica y social existente.

La Organización de las Naciones Unidas esta en todo su derecho de solicitar lo que a su derecho o interés convenga, pero una acusación tan seria como esta no se debería lanzar al aire sin argumentos. Estamos hablando de un delito por el que 14 funcionarios de diversos países ya han sido juzgados, precisamente ahora que nos encontramos frente a una brecha de derecho internacional en donde los derechos humanos han recargado su fuerza, resulta poco razonable la incitación a violentar algo que hasta el momento tanto se ha pregonado, en términos de lógica no tiene sentido', señaló ante dicha exigencia, el vocero presidencial Eduardo Sánchez Hernández.

La reciente desaparición de los 43 estudiantes guerrerenses, aparentemente perpetrada por mandato del que en su momento fuera Presidente Municipal de Iguala, Guerrero, José Luís Abarca Velázquez, parece haber sido el detonante que llevara a la ONU a tomar esta drástica medida. Por su parte, hasta el momento el primer mandatario no ha hecho mención alguna del oficio que el día de hoy (29 de octubre de 2014) exige formalmente su renuncia.”

Por supuesto, esta “noticia” es un spam que circula en redes sociales, que cientos de usuarios retomaron en sus perfiles o blogs. Esto jamás lo dijo el funcionario federal (del cual sí corresponde cargo y nombre), además de que no existe un conducto legal que la ONU pueda expedir para remover a un presidente de república (“democráticamente” electo) de su cargo, como a muchos ciudadanos les gustaría que la solución viniese de afuera... Cuando mucho, el organismo internacional condena hechos, realiza exhortos o hace llamamientos, pero no a tal grado. Y pese a su presunta importancia, la nota tampoco fue mencionada en medios nacionales o internacionales.

Esta reflexión se encamina a que el usuario coteje las fuentes de una noticia o hecho que se le presente, para que sea capaz de verificar si es veraz, antes de publicarlo al mundo; incluso si la información está falseada, matizarla o advertir de ello a posibles lectores. 

Publicado en Comunicación

Nadie sabe, salvo los suicidas, cuándo va a morir. Y cuando  alguna personalidad destacada fallece naturalmente, en medio de una crítica situación política y social, es mera coincidencia. Tal es el caso de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, cuya muerte ha generado múltiples reacciones, tanto en Internet como en espacios públicos y privados, en las que se han reflejado las actitudes y las posiciones que son resultado de nuestro contexto actual. Resulta interesante ver cómo estas reacciones difieren cuando se trata de conciudadanos o extranjeros. En las redes sociales, se evidencia una polarización entre los usuarios mexicanos: unos lamentan la muerte del cómico, otros lanzan toda clase de críticas e insultos. Pero en usuarios de otros países hispanoparlantes, prevalecen por lo general las alabanzas y expresiones de duelo. Esto podría deberse, amén de la particular crisis sociopolítica que se vive en México, a la recepción de Chespirito en las distintas regiones: aquí es un referente, para bien o para mal, de la historia de la televisión; en Centro y Sudamérica, casi una deidad del humorismo.

Quiero dedicar particularmente la atención a ciertos comentarios críticos de usuarios e intelectuales, que van desde acusarlo de tarar o enajenar al pueblo mexicano hasta menospreciar sus aportaciones humorísticas. En algunos casos, estas cuestiones se entremezclan, estableciendo injustificados vínculos entre su creatividad artística, los contenidos ideológicos de sus programas, su rol en Televisa en tanto figura importante de la empresa y hasta su vida personal. De esta manera, se producen, en algunos comentarios, toda una lluvia de non sequitur y pendientes resbaladizas.

La intención de este breve escrito es analizar si algunas de estas críticas se sostienen. Aclaro que algunos puntos de lo que plantearé son opiniones personales y sugiero que sean tomadas como tales. Desde luego, planteo también una serie de interrogantes que, aunque se suscitan a partir de un acontecimiento particular, atañen a problemas teóricos más generales.

En primera instancia, creo que es importante establecer las respectivas distinciones entre su obra y su vida personal, aclarando que no es de mi interés dedicarme a esta última. Y también es preciso distinguir, en lo que respecta a su obra, tres aspectos: 1) la forma de sus programas, películas y demás producciones que realizó; 2) el contenido de estas producciones; y 3) su efecto en el auditorio.

En cuanto a la forma de sus producciones, sus detractores afirman que su humorismo es simplista, mediocre y repetitivo. En esto último concedo razón, pues el guionista, director y actor se dedicó a reciclar ad nauseam frases, sketches y rutinas de sus antiguos programas –aunque, de vez en cuando, introducía alguna novedad dentro de lo rutinario, lo que le daba cierto factor de sorpresa a algunos de sus episodios-. Pero lo segundo depende de la perspectiva de cada televidente. En Chespirito se criticará la simplicidad, pero ésta se valoriza de  modo diferente tratándose de Charles Chaplin, el Gordo y el Flaco, Harold Lloyd o Jerry Lewis –comediantes del slapstick, que fueron parte de sus influencias-. Incluso cómicos internacionales actuales como Roberto Benigni o “Mr. Bean” utilizan los mismos recursos y no son objeto de críticas similares. Así, para el caso de algunos cómicos, la simplicidad es “minimalismo”, pero para el caso de Chespirito, es mediocridad. No hay congruencia en estas valoraciones. Pero no es del todo cierta la acusación de simplicidad, pues Chespirito integró diversos recursos humorísticos: el  propio slapstick, los juegos de lenguaje y la comedia situacional. Uno agradecería que en las producciones cómicas actuales se supiesen complementar estos recursos.

El problema de fondo es una cierta disonancia cognitiva que consiste en presentar juicios de valor como afirmaciones de hecho. “Mozart es mejor que Beethoven” o “Me gusta el hard rock” son ejemplos de enunciados valorativos que expresan gustos personales, y como tales, no poseen valores de verdad y son meramente expresivos –aun cuando sean compartidos por dos o más sujetos, cada juicio es una expresión de la sensibilidad de cada sujeto-. En cambio, “El agua hierve a 100 grados Celsius a nivel de mar” o “La fuerza ejercida entre dos cuerpos de masas M1y M2 separados una distancia r es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia” son enunciados fácticos o proposiciones, poseedoras de valores de verdad que pueden ser corroboradas objetivamente. El problema consiste, entonces, en tomar un enunciado valorativo como si fuese una proposición, que dicho en otros términos, es pretender dar un valor objetivo a un mero gusto personal. De este modo, si las producciones de Chespirito son buenas o malas, esto depende de las preferencias subjetivas de cada espectador.

Respecto al contenido de su humorismo, se han enfatizado sus aspectos negativos, calificándolo de discriminatorio y violento. Esto está abierto a la controversia, pues nos lleva a ciertos problemas éticos relativos al humorismo, por ejemplo, si la burla de las características de las personas es necesariamente discriminatoria o qué grado de violencia es admisible en los programas televisivos, pensando sobretodo en el público infantil. Aunque podría decirse en su descargo que, aunque el escarnio entre los personajes era muy común y extendido en sus programas –podría decirse que Chespirito prácticamente llevó la “carrilla” mexicana a la pantalla chica-, también se hacía burla de las actitudes discriminatorias –muestra de ello, la caricaturización de la prepotencia y los aires de falsa haute société de Doña Florinda-. Sin embargo, la parte menos defendible es el bullying. En lo que toca a la violencia, no pasa de los límites del slapstick y no es ni remotamente equiparable a la que se ve en las emisiones televisivas actuales.

Algunos de sus defensores han declarado, por el contrario, que El Chavo incorpora elementos de crítica social e incluso de destacar la lucha de clases. Esta opinión también me parece exagerada, pues aunque se muestre la crudeza de la pobreza, realmente no hay crítica de fondo a las condiciones sociales imperantes. Tal vez el mérito haya sido mostrar los efectos de la pobreza en la infancia de un modo humorístico; si esto es una justificación ideológica de la situación social del Tercer Mundo o si es una reivindicación de la lucha social, lo dejo para la discusión. Muchos dirán que la carencia de crítica social profunda en los programas de Chespirito lo convierte en intelectual orgánico. Pero estas inferencias son falaces, pues la falta de crítica social contundente no implica a fortiori considerarlo como ideólogo del régimen. Si Chespirito lo fue en su vida personal es otro asunto –es demás sabido que apoyó causas conservadoras e incluso hizo proselitismo a favor del PAN-; en todo caso, habría que demostrar que de sus producciones se pueden inferir esos contenidos ideológicos. Mas, como ya hemos visto, se pueden hacer lecturas en un sentido u otro (conservadores y marxistas pueden “hacer suyo” a el Chavo, según la interpretación que realicen).

En lo que respecta a los efectos en el auditorio, la opinión generalizada de los detractores es que Chespirito es responsable de “lavar el cerebro” a miles de generaciones. Es usual en el discurso de izquierda hablar reiteradamente de que los medios masivos manipulan a las masas. La gran pregunta es, de ser cierto esto, ¿cómo funciona? ¿Cuáles son los mecanismos o procesos mediante los cuales se reprograma el cerebro de las personas? Lamentablemente, la tesis de la manipulación, tal como se maneja en los discursos políticos, se da por sentada, sin estar sustentada con datos o bases teóricas de disciplinas como la psicología social y las neurociencias.

Y lo que estas disciplinas nos muestran es que los sujetos no son receptores pasivos de información externa –supuesto usual de la tesis de la manipulación mediática-. Los sujetos no reciben pasivamente datos externos: los procesan, juzgan y valorizan según sus marcos o esquemas cognitivos. Hay que considerar, además, la heterogeneidad del auditorio (género, edades, clases sociales, etnias, etc.) lo que sugiere una multiplicidad de esquemas. Por lo tanto, la receptividad es diversa porque en principio los sujetos son heterogéneos, y esto hace improbable que una fuente de información –en este caso, un programa de televisión- produzca los mismos efectos en todas las personas.

Ahora bien, dos hipótesis tentativas respecto de la manipulación podrían ser las siguientes: o bien  la información se acomoda a esos esquemas o la información los  modifica. Lo primero indicaría la presencia de esquemas en los sujetos previos al bombardeo informativo, lo cual sugiere que la causa de la enajenación no es la información mediática misma, sino otros factores. Lo segundo apuntaría a una reprogramación de los esquemas de los sujetos, siendo la causa de la enajenación el output. El problema es explicar cómo se dan estos procesos. Otro punto importante sería identificar qué aspectos o características de la información –en este caso, de las series televisivas, películas, etc.- funcionan como elementos manipuladores. Mientras no se explique lo anterior, sólo se puede especular.

Cabe aclarar que no cuestiono el rol de los medios en la defensa o mantenimiento de ciertos regímenes políticos. El control de la información o la presentación de verdades a medias son prácticas recurrentes, que responden a la complicidad entre empresarios de esta industria y los gobiernos. La cuestión que planteo es más bien respecto de los mecanismos de la información mediática, sea mediante contenidos explícitos o implícitos, que dan como resultado el control efectivo de la audiencia. Esclarecer estas cuestiones es de vital importancia para la crítica social y el análisis de medios.

No obstante, en el caso concreto que estamos abordando, dar por sentada la tesis de la manipulación mediática y acusar a ciertas figuras, como Gómez Bolaños, de ser su copartícipe no está del todo justificado. Los críticos tendrán que explicarnos con precisión cómo sus programas han enajenado a las personas.  Por otro lado, si los individuos en México u otras partes del continente no reaccionan ante las circunstancias políticas y sociales,  la causa no es necesariamente un programa televisivo, ya que podría tratarse de múltiples causas. Así pues, antes  de hablar del “daño” que el cómico ha provocado al pueblo mexicano o latinoamericano en general, conviene primero estudiar minuciosamente estas cuestiones.

De este modo, las críticas lanzadas contra Chespirito como parte de esta moda viral que se ha dado en columnas periodísticas, redes sociales y foros de Internet no se sostienen o requieren argumentos sólidos y precisiones. La confusión entre enunciados valorativos y fácticos provoca que muchos críticos presenten sus preferencias personales como objetivas. Los contenidos ideológicos de sus producciones ameritan un estudio más profundo, que en algunos casos, irremediablemente aparecen dilemas éticos, relativos a la burla y la violencia como recursos humorísticos. Y en lo que respecta a la manipulación o enajenación, también  es necesaria una fundamentación teórica más firme.

Para concluir, ¿qué podría decir acerca de sus aportaciones? A mi juicio, creó un humorismo efectivo, con chispas de originalidad, pero sin ser genial. Supo parodiar muchos aspectos de la vida social (El Chavo) o de la ciencia ficción (El Chapulín Colorado), sin que haya realizado críticas profundas –lo cual no demerita su trabajo-. Pero esto no es más que una opinión personal. Ciertamente, es cuestionable su participación en el emporio televisivo que gracias a él se convirtió en tal, sobretodo porque sus programas abrieron los mercados internacionales. Aquí concuerdo con los señalamientos críticos, pero estoy en desacuerdo juzgar a partir de lo anterior la calidad de sus programas.

En pocas palabras, su legado estará abierto a la controversia. Lo conveniente es sopesar pros y contras, antes de emitir juicios precipitados. Como dice el viejo y conocido refrán: “Ni tanto que queme al santo, que ciento volando”. Perdón, es: “Más vale santo en mano, que se quemen los pájaros…” No, quise decir “si no se alumbran los pájaros, es porque el santo se los llevó…” Bueno, la idea es ésa.

 

Publicado en Análisis social