Bajo el hashtag de #Lady o de #Lord, usuarios de redes sociales en México han logrado etiquetar a todo aquel individuo que consideran reprobable en la sociedad, el cual, gracias al uso de las cámaras de los teléfonos, puede ser exhibido en el Ágora público virtual para entrar en el juego de la ironía y de la sátira, además de otorgarle la merecida fama negativa a manera de castigo internáutico inmediato.

Sin embargo, los alcances de este fenómeno comienzan a salirse de control y se vuelcan hacia el reflejo de una sociedad que no sólo busca mofarse de actos considerados como reprochables, sino que, a su vez, esos actos están siendo utilizados para denigrar a las personas que se vuelven protagonistas de los videos millones de veces compartidos.

El martes 14 de junio de 2016, el trending topic en Twitter lo alcanzó una menor de edad (adolescente), que, al parecer, bajo su permiso fue grabada y fotografiada realizando sexo oral a su novio en una escuela y con el uniforme de la institución, en presencia de los amigos del galán. Situación que ha llevado a catalogarla en las redes como una “Lady”.

Y sin afán de contribuir más al frenético morbo por ver las imágenes de esta chica bajo esta situación, escribo estas líneas con el único objetivo de cuestionar y reflexionar sobre diferentes situaciones que quisiera exponer, sin entrar en un aire moralista y de golpe pecho.

¿Qué es lo que está pasando con nuestros adolescentes que día con día se ven más inmersos en actos de violencia, delincuencia, drogadicción, violaciones, o falta de pudor? Pensando tan solo por citar algunos ejemplos, en los casos de los llamados “Porkys” de Veracruz, en el caso de Chihuahua en el que un grupo de adolescentes privó de la vida a un niño de 6 años en lo que ellos llamaron como un “juego”, y ahora en la exposición pública y en redes sociales de estos adolescentes en una escena que va más allá del morbo y del exhibicionismo.

¿Dónde están los padres de estos adolescentes y cuáles han sido las dinámicas familiares que han permitido que sus hijos se vean envueltos en casos así?

¿Hasta dónde, como sociedad, les estamos fallando a las futuras generaciones? Que al parecer de forma directa o indirecta incitamos, permitimos e incluso nos servimos de ellos para colocarnos en el centro de burlas y mofas.

En el caso específico de esta chica (a la cual no nombraré como ha sido denominada en redes, no sólo porque me parece denigrante, sino porque sería contribuir con el problema) y de los jóvenes involucrados en el caso específico, me queda claro que existe una total falta de madurez y consciencia sobre las dimensiones que sus actos han alcanzado y las consecuencias que los mismos traerán ante una sociedad que es catalogada todavía como machista y de doble moral; y aun cuando pudiese entender que esta falta de madurez, entre otras muchas cosas, sean las causantes de ponerlos en una situación así. Lo que no puedo entender es cómo, como sociedad, seguimos contribuyendo a que esto pase de forma diaria, a que se le dé difusión masiva a las imágenes y las mismas sirvan de burla ante frases y palabras que no sólo denigran a una menor de edad, sino que también la vulneran y contribuyen a pisotear más su dignidad.

Diría mi abuela: “Tan culpable es el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”. En este sentido, me parece que tan culpables de reproches son ellos, como nosotros que al centrarlos en medio del escrutinio, la mofa y el prejuicio social, nos hemos olvidado de que les hemos fallado al no haber generado un contexto social que les permita tener alternativas reales, que los aliente a ser mejores, a superarse y a crecer con valores y principios, a luchar por sus ideales valorando el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y no enalteciendo el camino fácil y la fama sin sentido.

Creo que es necesario detenernos un momento y reflexionar si nuestros actos en la vida real y cotidiana y en el mundo virtual de las redes sociales, son tendientes o suficientes para incidir y generar un mundo mejor para ellos, para nuestros hijos, para las generaciones futuras.

Si al pensar en esto la respuesta es “no”, entonces debemos empezar a cambiar lo que hacemos, debemos esforzarnos más por generar mejores condiciones, debemos comenzar a hacernos responsables de nuestras acciones y decisiones diarias sin pensar por un momento en lo que el de al lado no ha hecho o lo que el gobierno en turno (que, dicho sea de paso, nosotros escogimos directa o indirectamente) está haciendo o ha dejado de hacer.

La solución para muchos problemas que vivimos está en nuestras manos, por ello es hora de dejar de ser parte del problema y convertirnos en la solución, si no, el día de mañana no nos sorprendamos de que sean nuestros hijos o familiares las futuras “Ladies” o “Lords” de las redes sociales y sigamos inmersos en esta dinámica destructiva que como sociedad hemos alimentando. 

Publicado en Análisis social

La palabra tiene significado. El poder del lenguaje se hace presente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. No hay palabras gratuitas, decía una maestra en la facultad de letras de la UdeG. Nos rodeamos de discursos y los repetimos, creamos contenidos y los difundimos. El lenguaje moldea nuestra realidad o refleja nuestras pasiones del alma, el lenguaje nos brinda libertad o lucha por ella, pero ¿hasta qué punto es correcto utilizarlo?

La historia de la literatura ha presentado casos de escritores famosos que han sido acusados de filias sexuales que siguen preocupando a la sociedad. Alicia quedó desnuda ante la imaginación de Lewis Carroll en un intrincado juego de ajedrez literario, que de haber sido contemporáneo de Degas hubiera terminado inmortalizado en su denuncia pictórica.

La literatura funciona como espejo del que la escribe, difícilmente puede escapar de sus deseos cuando intenta plasmar en papel las ideas que pululan en su mente, entonces, ésta misma, puede servirnos para reconocer en las palabras del otro un deseo malsano hacia aquello que es prohibido, hacia el tabú.

De los distintos tipos de escritores es el poeta quien siempre ha encontrado una predisposición casi natural hacia la transgresión, es el poeta el que ha llevado la llama prometéica a los ojos del hombre, le ha brindado libertad a través de cánticos no perecederos y lo ha aliviado de la agonía de los enrejados del alma. Sin embargo, existen temas que no son fáciles de trabajar, temas que son considerados enfermos incluso en voz de aquellos que buscan revolucionar los discursos: la pederastia.

Recientemente el poeta Luis Eduardo García sufrió de las amenazas más bajas a las que puede exponerse un ser humano, la amenaza de ver violentada la integridad de su familia (hijos) por parte de un hombre que presume sus filias sexuales descaradamente, el también poeta Hugo Lázaro Aguilar.

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Una breve discusión en Facebook, como se muestra en la imagen, sirvió la polémica a los miles de usuarios que se apuraron a denostar los comentarios del potosino Lázaro Aguilar. Que si bien pudo haberse tratado de una broma entre enemigos, también podría ser preocupante la velocidad con la que el hombre encontró sus referencias para el insulto.

En un país acostumbrado a las peleas verbales, a las mentadas de madre, al escarnio social y a los escándalos de la vida privada, resulta difícil digerir que una persona encuentre como referente inmediato para el insulto el tema de la pedofilia, tema que ha desatado escándalos mediáticos tan fuertes como lo fue la protección que brindaron los Legionarios de Cristo para encubrir la pederastia de uno de sus sacerdotes.

Sensibles ante este uso del lenguaje en ocasiones buscamos justificarlo a partir de la llamada “licencia poética”, una forma de ir más allá del uso cotidiano para buscar la provocación del otro, del lector, pero ¿hasta que punto es permitido esto? ¿Hasta que punto no se trata de un reflejo de los deseos ocultos de una persona?

Hugo Lázaro Aguilar buscó defenderse de las acusaciones de pedofilia de los usuarios de la red social a través de argumentar que se trataba de una provocación profesional de su parte, una manera de aventar un “cubetazo” contra alguien que buscaba humillarlo y salir, así, bien parado de la situación.

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El problema sobrevino cuando el asunto no se quedó ahí, sino que los dichos del poeta fueron secundados por el encargado de publicaciones de la Secretaría de Cultura de SLP, Octavio César Mendoza, a quien más tarde le valdría el haber sido separado de su cargo por defender la “impulsividad” del escritor aconsejándole, incluso, que en lugar de meterse con menores de edad era más conveniente alburear a la “hermana, para evitar malentendidos”.

Este suceso llevó a los usuarios de Facebook a escrutar con lupa los poemas de Hugo Lázaro Aguilar, con el fin de encontrar alguna referencia que pudiera demostrar su inclinación hacia la pedofilia; la búsqueda no fue infructuosa.

Los referentes culturales nos hacen desenvolvernos en un ambiente más o menos común a todos, un ambiente de aquello que conocemos y en el que nos podemos encontrar a nosotros mismos como un reflejo en el lago. Nos entendemos en tanto los significados nos son propios, en tanto decodificamos versos, oraciones, párrafos, con el conocimiento de nuestro contexto social; pero ahí aparece la poesía.

Las licencias poéticas permiten la creación de nuevos significados, a partir de la construcción de imágenes novedosas que despierten en el lector nuevos referentes, sin embargo es muy probable que los límites de lo “legal-mentalizado” sean traspasados con ellas, además de que al ser creaciones de un autor en específico nos llevarían a conocer un poco más su manera de pensar.

Entonces, cuando alguien escribe un poema donde el principal referente es la violación de menores, como lo hace Lázaro Aguilar en “Poemas para novias enfermas”, ¿qué deberíamos pensar? ¿se trata acaso de una licencia poética o de un reflejo del inconsciente del escritor?

Transcribo a continuación el texto, con algunas correcciones de acentuación y ortografía de mi parte, además de un remarcado oportuno con negritas:

Poemas para novias enfermas

Por Hugo Lázaro Aguilar

Las rotundas mamadas de un poeta joven

ganan premios becas y dulces bajo las colchas

un ave anuda su garganta en mi pelo

semen en las sábanas sucias de la infancia

ruidos alrededor de un sinsentido

la poesía es una puta que todos cogen sin pagarle

drógala y sin rogarle te dará una mamada

en español en inglés en alemán en huichol

la poesía es una niña sin pechos

la más puta  poesía vive en el norte sin cobrar

la puta de babilonia es una cantina a donde va Carlos Rentería

la poesía es un puta animé

gargantas profundas de una niña en bricolaje

torné a venir a YouTube  antes de venirme en tus sábanas sucias

el porvenir de la poesía está en el sur

en el aire enrarecido de tu carne azul

la poesía es una puta sin cobrar sin azur sin Darío

inspirado por la muerte escribo : vivo en un basurero

mi cama es una palabra griega de añejos versos y calcitas

mi odio se acrecienta cuando palpo moscas en mi pierna

mi salud es un cerveza rubia de once años

mi corazón estalla de poesía por las niñas desnudas

mi corazón estalla en la noche de los versos atorados

en el marfil de su cuerpo sin pechos

amo las niñas blancas de Rusia

amo el resplandor una prieta que vende carnitas los domingos

la poesía es una niña violada por su tío

mi poema es una mancha en la sábanas sucias

mi odio es un cigarro Marlboro que se acaba

tendré un libro nuevo con el premio

tendré una niña puta en mi cama

el edredón de la mañana hace frío hace calor dentro de mi Pene

dos caídas de alternas avenidas suben a tu cuello

caigo sobre ti jugando a morderte

me vengo en tu pecho plano

la poesía es una niña en patines violada a los siete años

la poesía es una niña violada por su tío a los siete años

asesinan cuernos y elefantes que hablan en marfil como Rubén

sudan los sobacos los miembros de poemas ganadores

revientan presas y cartones de cerveza

ríen los trovadores

triviales quejas alrededor de tu pecho liso y blanco

te metí el poema entre las piernas

te metí el dedo negro de mi alma entre las nalgas

aguardiente de poetas, enfriando la noche de estrellas

aguardiente de caña, calentando el perfume de tu boca sin dientes

violar es mi derecho

es mi alto instinto de papel

la poesía es una niña violada por su tío

maldad del horizonte sin medida

quiero una virgen sucia en mi cama limpia.

En el poema el autor hace una comparación ociosa entre la violación de una menor de edad con el trabajo poético; hace referencia directa a un abuso sexual infantil por parte de un “tío”, dejando claro que se trata de una persona de 11 años. Las veces que en el poema se repite la palabra niña no es gratuita, es claro que quiere centrar la atención del lector en la imagen de un “pecho liso” y unas nalgas que han sido traspasadas por el “glorioso” dedo del poeta, una imagen por demás morbosa y llena de odio, dado por las palabras hoscas que acompañan el texto “asesinan”, “cuernos”, “sucia”, “muerte”, “mancha”, entre otras. Dejo al lector a cargo de su interpretación y su decodificación con el fin de no contaminar su juicio con mis palabras.

La construcción del poema puede alarmarnos, haciendo evidente la razón por la cual un ente sensible como Luis Eduardo García reconoció el peligro en las palabras de Lázaro Aguilar, prefiriendo acudir a las autoridades para que establezcan una averiguación al respecto.

La polémica sigue. Las palabras tienen un significado, no son usadas nunca de manera gratuita, y es en ellas donde en ocasiones vemos reflejados los instintos y deseos del ser humano, en su forma más sórdida.

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Al ser un ente gregario, el ser humano busca, generalmente, la aprobación de los demás en cada uno de sus actos. La satisfacción que le brinda el visto bueno de la sociedad actúa a un nivel inconsciente, al grado que pareciera que nuestros actos altruistas son sólo eso, una ayuda aportada a la sociedad sin ánimos de retribución.

No confío en las buenas voluntades ni en el altruismo social, siempre me ha parecido que ayudar al otro es un acto en extremo vertical –muy alejado de la supuesta horizontalidad que presuponemos- donde las relaciones de poder se dejan ver casi de inmediato: yo ayudo al otro al estar en una situación favorecida para ayudar.

Los juicios del “pobrecito”, “que mala onda”, en apariencia inocentes suelen pedir cuentas tras ejercerse, es decir, cuando terminamos con nuestra ayuda queremos que ésta tenga buen fin, que ésta se refleje en aquel que ayudamos de la manera en que nosotros quisiéramos –deseamos que en el otro se cumpla nuestra voluntad otorgada por el poder de nuestro dinero o nuestra ayuda prestada-.

Cuando compartimos una imagen de una persona desaparecida en redes sociales, tan de moda actualmente en México por la alza de secuestros de hombres y mujeres, además de bebés y niños, pareciera que esperamos que esa persona sea reencontrada sin el menor rasguño, que de buena voluntad deseamos que eso no le pase a nadie y así sentirnos seguros en sociedad. Nuestra solidaridad aflora por los breves instantes de un click, sin recordar, a veces, si la foto que compartimos de la persona desaparecida ya la habíamos compartido un día antes, o unas horas antes, debido a que difícilmente nos tomamos la molestia de analizar los rasgos y nombre de la víctima.

En un país donde los secuestros están a la orden del día tenemos una sobresaturación de información que lentamente nos va volviendo insensibles a tales. La normalización de la inseguridad suele ir acompañada de argumentos, difundidos en ocasiones por los propios gobiernos, del tipo: “de seguro andaba en malos pasos”, “algo debió hacer para merecer eso”, “no están desaparecidos, han de andar de borrachos” o, en el caso de las mujeres, “de seguro se fueron con el novio”. Este tipo de argumentos nos brinda cierta satisfacción y lejanía del problema, como si se tratara de un mecanismo de autodefensa, para así poder sobrellevar nuestra vida diaria y ya no preocuparnos por esas personas cuyas fotos compartimos en una imagen mancillada en rojo por un “DESAPARECIDO”.

El problema viene cuando nuestro altruismo del “compartir” y del “like”, cuando nuestro “trendyactivismo” se topa de frente con la realidad: Encontraron a una de las mujeres desaparecidas en el Estado. Lejos de brindarnos la satisfacción merecida por el suceso, en nosotros comienza la duda y comenzamos a sentirnos engañados, ya que si estaba desaparecida presuponíamos que no deberían haberla encontrado.

Es el momento en que nos transformamos de usuarios preocupados por su sociedad en entes morbosos que piden el escarnio público y la obligatoriedad de rendir cuentas a Facebook –y todos sus usuarios- a la persona que fue encontrada. Nuestro deseo morboso de saber que no nos equivocamos al compartir la imagen de un presunto secuestro nos lleva a proferir comentarios que difícilmente pueden evidenciar la supuesta empatía que sentíamos por la víctima, que ya no lo es desde el momento en el que fue encontrada: "dónde andaban, de seguro con el novio", "pinches viejas, se fueron solas", "y qué le pasó? Ahora que diga", "andaba de fiesta...", entre otros.

No porque una persona fuera localizada quiere decir que ésta se encontró en ese lapso pasándola de lo lindo por ahí. Al exigirle cuentas a la víctima lo único que hacemos es revictimizarla, hacerle sentir toda la culpa social por haberse “perdido”, o más bien, por haber regresado.

La verticalidad con la cual ejercemos nuestras trendy acciones para ayudar a los demás, con tal de vernos bien ante los ojos de los otros, deriva en un deseo de rendición morboso de cuentas, un sentimiento de superioridad ante las víctimas para que se muestren en el escenario público, en Facebook, y nos aclaren el por qué de su desaparición, el por qué nos molestaron tres segundos en los que le dimos click a una imagen y le pusimos “compartir”.

Quizá sea momento de aprender a callar, de guardarnos mucha de nuestra palabrería y comenzara construir una verdadera cohesión social, desde la horizontalidad, sin el mórbido deseo de que el otro me reconozca como su superior cuando le doy “like” o le aviento unas monedas desde la ventanilla del auto.

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¿Cómo podríamos explicar que a tantos jóvenes les interese entrar al Crimen Organizado? ¿A partir de qué elementos les interpela? ¿Cuáles son las formas en que esos discursos pasan a ser parte de su vida diaria? Sabemos que en México entramos y salimos de la modernidad, mientras que, por su parte, la tradición sigue incrustada en el imaginario colectivo, haciendo de las suyas, lo que significa que vivimos una muy particular postmodernidad. Vemos el mismo agotamiento de los grandes discursos, la erosión de los metarrelatos y el mismo sinsentido. Sin embargo, nuestra postmodernidad es específica del contexto en el que estamos inmersos. Nociones como VerdadSujetoEstadoFamiliaReligión, no dejan de funcionar, sólo que ya no ocupan un lugar hegemónico en la estructuración de la subjetividad. Si alguien nos preguntara “¿Qué eres?”, la respuesta no será sencilla. Si nunca lo fue, hoy se hace más difícil por las características que como sujetos nos atraviesan. Soy católico, hijo de familia, ciudadano y hasta consumidor. Pero no soy sólo eso. Siempre hay algo más. Existe algo que me rebasa.

Si para Descartes somos Razón (2003) y según Heidegger (2009) somos seres para la muerte, también podemos sugerir que nuestra característica es ser sujetos-proceso. ¿A qué me refiero con esto? Para poder responder es necesario hablar de lo que sucede a la entrada de nuestra postmodernidad, la muy particular postmodernidad que vivimos. En ella ¿qué le queda al sujeto? Evidentemente se encuentra desamparado, sin un asidero estable al cual anclarse. Ya no hay nada sólido que le permita sustanciarse.  Desde aquí podemos hablar del sujeto como proceso, como posibilidad y no como potencia. Puede ser todo y es nada a la vez. Todo depende de él mismo. Es esto lo que le permite ser creativo sobre sí. Es claro que al igual que Ortega y Gasset (2012), considero que soy Yo y mi circunstancia. Pero ella no me determina por completo, sino que me impela a construirme de una forma(s) siempre-ya distinta(s), de aludir a lugares poco ortodoxos, como lo son la televisión, el cine o las mal llamadas “redes sociales”, cuyo nombre adecuado es Plataformas Virtuales de Socialización (González, 2013). ¿Cómo es que estas Plataformas Virtuales de Socialización (PVS) pueden incidir en la estructuración de la subjetividad? Desde ahí se presentan ciertos discursos que pueden sustanciar al individuo, un cierto tipo de Significante amo (S1, según Lacan) que se encarga de aglutinar los significantes sueltos. Esas PVS se convierten en lugares que muestran estilos de vida, que les interpelan, que les permiten construirse puesto que, como decía, ya no hay nada estable que dé una cierta seguridad ontológica, como le nombra Giddens (1993).

Un ejemplo de lo anterior lo podemos encontrar en el Movimiento Alterado, que en YouTube y Facebook encontró plataformas para su visibilidad. Desde ahí podemos localizar el ideal de dicho movimiento musical/cultural. Y no sólo eso, sino que también nos permite mostrar nuestra adición a ello, pues añadir un vídeo, dar like o un Re-Tweet (RT) no son gestos vacíos, sino que en ellos se vuelca parte de la subjetividad, mostrando el agrado o rechazo a cosas específicas. Eso que se comparte en Facebook, o lo que se le da RT, no es azaroso, sino que responde a una serie de posicionamientos simbólicos y reales ante la vida. Se muestran las formas de abordar el mundo. Entonces, si partimos del supuesto de que esos likes o RTs no son gratuitos y que permiten mostrar eso que uno es, además de asumir que el sujeto es un sujeto-proceso, de que es vacío y puro dinamismo, nos encontramos en posibilidades de inferir que el Movimiento Alterado interpela a los jóvenes, no sólo por estar asociado al exceso y los lujos, sino que les permite contestar a una de las preguntas medulares por las que interroga la filosofía y la humanidad en general: “¿Quién soy?”

Este movimiento les confiere un lugar desde el cual se perciben como amables ante sí y los otros, sus otros, esos otros que son parte de su red de relaciones sociales, pues esos otros son los que se les presentan como importantes. Esto, más que un género musical, sirve como un proceso identitario que les permite ser alguien, pertenecer a algo. No sólo en ideales, sino en formas de vida y su abordaje. Les da la oportunidad de mostrar diversas cosas, como su ser-en-el-mundo, o eso que Lacan llama éxtimio (2001); lo completamente interior, volcado al exterior. No es gratuito que exista toda una estética en torno a dicha música, puesto que ello permite localizar, de manera objetiva, sus adeptos. Si bien, la violencia extrema, cruda y dura es parte intrínseca, es el precio que deben pagar por tener sustancia. Debo aclarar que mi intención no es minimizarla, sino que se presenta como parte de la economía de la estructuración de la subjetividad, vista desde el Movimiento Alterado. ¿Cómo puede uno aparecer amable y hasta deseable para con quienes se encuentran en la propia red intersubjetiva? Siendo una persona que sobresale de lo común. ¿Cómo se hace esto? Partiendo de la circunstancia en la que uno se encuentra. ¿Cuál es esta? Un país en el que las oportunidades para los jóvenes son poco atractivas y limitadas. Muy limitadas. Incluso nos encontramos en un momento histórico, en el que ser joven es (casi) un delito, pues hemos sido testigos de la persecución, incluso de la ejecución de jóvenes que pensaban que era posible un mejor mundo. Por lo tanto si vivir o no depende enteramente de terceras personas, como joven, intentaran tomar las riendas de su vida y aceptar una de las ofertas que se encuentran ahí afuera, que les permite aglutinar sus significantes sueltos, bajo el S1 qu, en este caso, es el de sumarse a las filas del Crimen Organizado, en cualquiera de sus facetas.

 Unirse a las filas del crimen organizado no solamente se hace por tener una mejora económica, sino que también responde a la necesidad de ser algo, de ser alguien, ya que es importante ser reconocidos y sentirnos amados, apreciados. No por nada, muchas de las personas que se encuentran inmersos en el crimen organizado muestran eso que son, en las PVS, como Instagram o Facebook. Ya no basta el reconocimiento de los pares, sino que ahora se vuelca hacia el exterior, hacia el mundo, con la intención de mostrar estilos por demás atractivos, sin esconderse. Y en estas acciones se cuela un mandato simbólico que se encuentra en el imaginario mexicano, al cual muchos se ven sometidos: El ser Hombre.

Eulalio González, conocido como el Piporro, nos habla de esto en en su canción “El terror de la frontera”: los cobardes viven toda la vida. Los valientes mueren donde sea. El mandato simbólico al que me refiero más arriba, tiene que ver justamente con eso. Con la deontología del Hombre, en las formas de vida (post)modernas/tradicionales, que dictan cómo deben comportarse. Pero hay una característica particular que debe tener. Si se ve privada de ella, no sería un Hombre en toda la extensión de la palabra. Este elemento es la valentía. La presión social que los estereotipos imprimen al hombre, desde la industria cultural, para que replique ciertos comportamientos emitidos desde un gran Otro arcaico y sexista, les lleva incluso a ofrecer su vida, con tal de llegar a ser "sujetos completos".

¿Por qué aventurarme a  afirmar esto? Un análisis de las encuestas de población del año 2010, que fueron realizadas por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática) nos permite encontrar un posible sustento para mi argumento. En dicho año nacieron 5,346,943 hombres. Mientras que mujeres fueron 5, 181, 379. Para el momento en que llegaron al rango etario de 20 a 24 años, la cantidad de hombres disminuyó a un total de 4,813, 204 y las mujeres mantuvieron una constante de 5,079,067. Hay una diferencia aproximada de 533, 739. Debemos preguntar ¿Dónde quedan esas personas? Si dirigimos la mirada solamente al índice de mortandad en México, a partir de los 14 años, los accidentes automovilísticos relacionados con el alcohol aumentan de manera exponencial. Por ejemplo, a los 14 años, se registraron 13 en los que se vieron involucrados hombres, contra 1 de mujeres. A los 15 aumenta a 34 de hombres y 5 de mujeres. Por su parte, la población de 15 aumenta considerablemente, donde los hombres tienen 125 accidentes contra 9 de mujeres. A la edad de 17, se generan 248 accidentes involucrando hombres y 18 a mujeres. Así, hasta llegar a la cantidad más alta, 975 involucrando hombres mientras que hubo 95 involucrando mujeres. Esto es importante, ya que nos habla del “desvanecimiento” de más de 500,000 jóvenes, de sexo masculino. Esto es significativo, debido a que justo en ese rango etario los jóvenes tienden a "desaparecer", lo cual podría ser un indicador de la violencia que estos viven. Si bien la Encuesta Nacional de Juventud del 2010 nos dice que el comportamiento de las mujeres, en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas tuvo un incremento, las estadísticas también nos hablan de que ellas no se ven inmersas en accidentes o peleas que pudieran derivar en decesos. También se sabe que las mujeres ocupan lugares clave en el crimen organizado, pero eso es material para otro análisis. Lo que me interesa aquí es encontrar una posible respuesta al creciente interés de los jóvenes por formar parte de las filas del crimen organizado.

 Entonces ¿por qué afirmar que lo que motiva a esto, a los jóvenes del sexo masculino, no sólo es por estatus económico, sino también por la posibilidad de reafirmarse como personas, de asir la subjetividad a algo más allá de la pobre oferta del Estado? Porque podemos ver la otra cara de la moneda, la encomiable, la que permite hablar de mundos posibles. Esa la encontramos en las escuelas rurales que siguen produciendo personas críticas y comprometidas con el Desarrollo y la Justicia Social, cuyas formas de vida "escapan" a esas formas determinadas por la acumulación voraz, fundamentales en el argumento de que lo económico es la única razón por la cual alguien decide sumarse a las filas del Crimen Organizado. Un caso ejemplar es lo sucedido en Guerrero, con los normalistas de Ayotzinapa. Si bien la desaparición de los 43 estudiantes (aparentemente) calcinados en el basurero de Cocula es terrible y no debió haber sucedido, también nos muestra formas de vida distintas, que apuntan a lógicas que van más allá de lo banal y mundano, intentando edificar al ser humano a partir de la austeridad y el compromiso con el otro, en las que se les va la vida misma. No es gratuito que hayan sido violentados ya que su postura está necesariamente cargada de valentía, ya que su oposición a los estructuras de poder fue frontal, con plena conciencia de lo que podría suceder. Y aun así decidieron continuar. Es por ello que insisto en que la violencia, ejercerla o estar dispuesto a recibirla, no se establece solamente por elementos económicos, sino que también les permite legitimar al individuo que la practica, permitiéndole dignificarse y sentirse amado por los otros. Esto deriva en una particular construcción de subjetividad, como lo proponía al principio. Pero la violencia, por sí misma no lo que debemos condenar, sino su normalización, la desensibilización que tenemos ante situaciones violentas. Aquí es necesario preguntarnos ¿sabemos cuántos muertos hay, hasta el día de hoy, con referencia al Crimen Organizado? Según la revista Proceso, fueron más de 121,000,[1] en 2013. Eso nos parece alarmante, pero común. Sin embargo, si preguntamos por Ricardo Esparza Villegas, pocos podrían, hoy, decirnos quién fue o por qué lo menciono en este lugar. Fue un estudiante de mecatrónica, de CULagos (Centro Universitario de los Lagos), que fue al Festival Cervantino y no regresó. Esto es importante porque era una persona regular, como cualquiera de nosotros, pero fue tocado por la violencia, ya que, aparentemente, la policía de Guanajuato es la culpable de su muerte. ¿Qué nos queda, si la desconfianza para con los “cuerpos del orden” crece sin medida? Si ya no nos sentimos seguros, ¿Cuál es la (posible) solución?

La cuestión principal, y lo que me lleva a hablar de la violencia es el hecho de que en lugares como Ayotzinapa, en general y no sólo por los 42 desparecidos, podemos ver ópticas distintas en las que se apuesta por el futuro y la vida, desde la completa austeridad, intentando ser autosustentables. Esto lo hacen poniendo todo de su parte. Incluso, como vimos, ponen en juego su vida misma. Muchos hemos escuchado como desde lo institucional se critica[2] o denigra[3] lo referente a Ayotzinapa. Esto es así, porque se pone en jaque la credibilidad de las instituciones, lo que afecta a los intereses de las “personas” que insisten en mantener su comodidad económica, que no se preocupan por el otro, más que en momentos electoreros. Esa “gente” que está alejada de la realidad en la que estamos inmersos buena parte de la población. Insisto en esto, a riesgo de que se me acuse de “colgarme del hashtag de moda”, porque tiene posibilidades de apagarse. Debo recalcar que, en última instancia, lo particular de los desparecidos no es algo distinto a lo que nos sucede. Sus características son muy similares a las de muchos jóvenes mexicanos. Tiene las mismas condiciones y (supuestas) oportunidades que cualquiera. La única diferencia es que ellos están desaparecidos y tú, hipotético lector, no. Aún.

 

Bibliografía:

Ortega y Gasset, José. Obra Selecta, Comps. Lasaga, José y Gomá Javier, Biblioteca de Grandes Pensadores, Editorial Gredos, Madrid, 2012.

Heidegger, Martin. El Ser y el Tiempo, F.C.E., Decimotercera edición, México, 2007.

Descartes, René. Discurso del Método, Ediciones Mestas, 3ª Edición, España, 2005.

Giddens, Anthony, Consecuencias de la Modernidad. Traducción de Ana Lizón Ramón. Madrid: Alianza, 1993.

Lacan, Jacques. El Seminario de Jacques Lacan, Libro XI, Paidós, Argentina, 2001.

[1] http://www.proceso.com.mx/?p=348816

[2]http://aristeguinoticias.com/0212/mexico/que-ni-se-me-aparezcan-los-normalistas-que-los-vuelvo-a-matar-funcionario-municipal-de-leon/

Publicado en Análisis social

Sin duda, internet como la herramienta del futuro significa en nuestros días un parteaguas para la generación actual; implica una forma de conocer los hechos históricos, o el acontecer diario, de primera mano como nunca antes en la historia del hombre.

No obstante, su poder tiene un peligroso doble filo, arraigado en la añeja creencia de que lo escrito -lo que ves y se presenta a tus ojos, en este caso entre pestañas- es cierto/verdadero. Por eso a unos años de que el invento de Gutemberg cobrara popularidad por el mundo (hace medio milenio), ya había quien dijera que no todo lo que aparecía entre pastas tenía necesariamente que ser objetivo (científico, apegado a los hechos), o verídico.

En esta era de la información, sucede lo mismo aunque de una manera más contundente, primero por la facilidad con que se reciben los mensajes desde la red, luego por cómo están construidos y finalmente por la forma en que son esparcidos como pólvora, de monitor en monitor.

Por una parte, es relativamente sencillo ensamblar una opinión o un comentario (siempre subjetivo) acerca de un tema de actualidad y colgarlo a la red de redes para generar cientos -acaso miles- de likes o shares. En segunda, también es fácil incluir una imagen de apoyo en el texto, e incluso manipular una fotografía para robustecer el dicho y hacerlo pasar como “real”.

Lo anterior, sumado a direcciones de internet (links) que tienen forma de medios existentes (http://www.eldeforma.com, http://www.eluniversal.com.mx.tus-noticias.info/, entre otros), hacen que el surfista de internet preocupado por su realidad, haga partícipe del hecho falso a más personas...

Hasta que caemos en el engaño. Luego, es revisar más fuentes o sitios confiables, quizá bajar la publicación o comentar que el hecho manifestado no era cierto.

Aquí tres ejemplos que circularon en torno a la desaparición de los 43 normalistas de la rural de Ayotzinapa, en Guerrero, el pasado 26 de septiembre.

 

Policías sometiendo a los 43 normalistas

A sólo días de que ocurriera el crimen de Estado perpetrado por autoridades de Iguala, Guerrero, contra un grupo de estudiantes, se difundió una imagen donde aparecen decenas de jóvenes desnudos acostados boca abajo y sometidos por sujetos uniformados.

Al pie de la imagen se lee:

“FOTO PROHIBIDA REPLIQUEN RAPIDO

UN POCO ANTES DE MATARLOS A TODOS, VEAN COMO TENÍAN A ESTUDIANTES NORMALISTAS CON DESEOS DE SUPERACIÓN Y UN MÉXICO MEJOR PARA SUS FAMILIAS.

ESTO NO PUEDE SEGUIR ASI

COMPARTELA YA! PARA QUE TODO MUNDO VEA QUIEN LOS MATÓ”

Aunque se sabe que policías de Iguala efectivamente entregaron al grupo criminal Guerreros Unidos a los 43 normalistas, pero estos no fueron llevados a ningún lugar techado sino al basurero municipal de Cocula (según versión oficial), donde fueron (presuntamente) calcinados; del hecho sólo hay imágenes de la escena, cuando fueron asesinados tres de los estudiantes, y de los camiones baleados de donde fueron “levantados” por los policías, así como de las declaraciones y fotografías a manera de “evidencia” presentadas por el procurador de la República más de un mes después del hecho. 

Lo cierto es que esta imagen no se corresponde con los hechos de los normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, sino que en realidad ilustra el momento después de un motín ocurrido en un Consejo Tutelar de San Luis Potosí en el año 2011.

Aún más, cabe destacar que este mismo gráfico (con otro pie de imagen) ya había sido utilizado para promover de igual manera un caso similar de represión en Michoacán, hace dos años.

 

“Bring back our 43”

Otro engaño. Esta vez se tomó la imagen de Michelle Obama, primera dama de EU, sosteniendo una supuesta exigencia a las autoridades mexicanas en torno a los 43 normalistas de la rural de Ayotzinapa, escrita de su puño y letra.

En realidad, la foto corresponde a la misma esposa de Obama con un mensaje entre las manos, pero señalando: “Bring back our girls”, en relación al secuestro de casi 300 niñas ocurrido en un internado de Chibok, al noreste de Nigeria, el pasado 14 de abril de 2014, a manos del grupo terrorista Boko Haram (varias de las víctimas lograron escapar, pero más de 200 quedaron cautivas desde entonces, sin que se sepa de ellas).

Este gesto de Michelle Obama -no replicado pero sí retocado para el caso de los normalistas mexicanos- se dio luego de que miles de usuarios pusieran la etiqueta “Bring back our girls” como trending topic; la ola de indignacioń generó que incluso en diversos eventos, celebridades y figuras públicas alzaran la voz con este grito en torno al violento hecho ocurrido en África.

Lo mismo ha ocurrido en el caso de México, donde miles de personas y actores se han sumado a la exigencia de que regresen vivos a los normalistas.

 

La ONU exige renuncia de EPN

(textual, como circula tomado de http://leppir.com/2014/10/29/onu-exige-la-renuncia-de-pena-nieto-por-crimenes-de-lesa-humanidad-por-favor-comparte/http://leppir.com/2014/10/29/onu-exige-la-renuncia-de-pena-nieto-por-crimenes-de-lesa-humanidad-por-favor-comparte/#)

“Luego de la creciente ola de violencia desatada en México durante lo que va del sexenio del primer mandatario Enrique Peña Nieto, la Organización de las Naciones Unidas ha Solicitado la renuncia de presidente de México, mediante conducto legal.

La Organización de las Naciones Unidas, giro un oficio al Estado Mayor, en donde solicita la renuncia del primer mandatario o amenaza con llevarlo a Juicio ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Argentina, uno de los 193 Países que forman parte de la mayor institución Política, económica y social existente.

La Organización de las Naciones Unidas esta en todo su derecho de solicitar lo que a su derecho o interés convenga, pero una acusación tan seria como esta no se debería lanzar al aire sin argumentos. Estamos hablando de un delito por el que 14 funcionarios de diversos países ya han sido juzgados, precisamente ahora que nos encontramos frente a una brecha de derecho internacional en donde los derechos humanos han recargado su fuerza, resulta poco razonable la incitación a violentar algo que hasta el momento tanto se ha pregonado, en términos de lógica no tiene sentido', señaló ante dicha exigencia, el vocero presidencial Eduardo Sánchez Hernández.

La reciente desaparición de los 43 estudiantes guerrerenses, aparentemente perpetrada por mandato del que en su momento fuera Presidente Municipal de Iguala, Guerrero, José Luís Abarca Velázquez, parece haber sido el detonante que llevara a la ONU a tomar esta drástica medida. Por su parte, hasta el momento el primer mandatario no ha hecho mención alguna del oficio que el día de hoy (29 de octubre de 2014) exige formalmente su renuncia.”

Por supuesto, esta “noticia” es un spam que circula en redes sociales, que cientos de usuarios retomaron en sus perfiles o blogs. Esto jamás lo dijo el funcionario federal (del cual sí corresponde cargo y nombre), además de que no existe un conducto legal que la ONU pueda expedir para remover a un presidente de república (“democráticamente” electo) de su cargo, como a muchos ciudadanos les gustaría que la solución viniese de afuera... Cuando mucho, el organismo internacional condena hechos, realiza exhortos o hace llamamientos, pero no a tal grado. Y pese a su presunta importancia, la nota tampoco fue mencionada en medios nacionales o internacionales.

Esta reflexión se encamina a que el usuario coteje las fuentes de una noticia o hecho que se le presente, para que sea capaz de verificar si es veraz, antes de publicarlo al mundo; incluso si la información está falseada, matizarla o advertir de ello a posibles lectores. 

Publicado en Comunicación

Nadie sabe, salvo los suicidas, cuándo va a morir. Y cuando  alguna personalidad destacada fallece naturalmente, en medio de una crítica situación política y social, es mera coincidencia. Tal es el caso de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, cuya muerte ha generado múltiples reacciones, tanto en Internet como en espacios públicos y privados, en las que se han reflejado las actitudes y las posiciones que son resultado de nuestro contexto actual. Resulta interesante ver cómo estas reacciones difieren cuando se trata de conciudadanos o extranjeros. En las redes sociales, se evidencia una polarización entre los usuarios mexicanos: unos lamentan la muerte del cómico, otros lanzan toda clase de críticas e insultos. Pero en usuarios de otros países hispanoparlantes, prevalecen por lo general las alabanzas y expresiones de duelo. Esto podría deberse, amén de la particular crisis sociopolítica que se vive en México, a la recepción de Chespirito en las distintas regiones: aquí es un referente, para bien o para mal, de la historia de la televisión; en Centro y Sudamérica, casi una deidad del humorismo.

Quiero dedicar particularmente la atención a ciertos comentarios críticos de usuarios e intelectuales, que van desde acusarlo de tarar o enajenar al pueblo mexicano hasta menospreciar sus aportaciones humorísticas. En algunos casos, estas cuestiones se entremezclan, estableciendo injustificados vínculos entre su creatividad artística, los contenidos ideológicos de sus programas, su rol en Televisa en tanto figura importante de la empresa y hasta su vida personal. De esta manera, se producen, en algunos comentarios, toda una lluvia de non sequitur y pendientes resbaladizas.

La intención de este breve escrito es analizar si algunas de estas críticas se sostienen. Aclaro que algunos puntos de lo que plantearé son opiniones personales y sugiero que sean tomadas como tales. Desde luego, planteo también una serie de interrogantes que, aunque se suscitan a partir de un acontecimiento particular, atañen a problemas teóricos más generales.

En primera instancia, creo que es importante establecer las respectivas distinciones entre su obra y su vida personal, aclarando que no es de mi interés dedicarme a esta última. Y también es preciso distinguir, en lo que respecta a su obra, tres aspectos: 1) la forma de sus programas, películas y demás producciones que realizó; 2) el contenido de estas producciones; y 3) su efecto en el auditorio.

En cuanto a la forma de sus producciones, sus detractores afirman que su humorismo es simplista, mediocre y repetitivo. En esto último concedo razón, pues el guionista, director y actor se dedicó a reciclar ad nauseam frases, sketches y rutinas de sus antiguos programas –aunque, de vez en cuando, introducía alguna novedad dentro de lo rutinario, lo que le daba cierto factor de sorpresa a algunos de sus episodios-. Pero lo segundo depende de la perspectiva de cada televidente. En Chespirito se criticará la simplicidad, pero ésta se valoriza de  modo diferente tratándose de Charles Chaplin, el Gordo y el Flaco, Harold Lloyd o Jerry Lewis –comediantes del slapstick, que fueron parte de sus influencias-. Incluso cómicos internacionales actuales como Roberto Benigni o “Mr. Bean” utilizan los mismos recursos y no son objeto de críticas similares. Así, para el caso de algunos cómicos, la simplicidad es “minimalismo”, pero para el caso de Chespirito, es mediocridad. No hay congruencia en estas valoraciones. Pero no es del todo cierta la acusación de simplicidad, pues Chespirito integró diversos recursos humorísticos: el  propio slapstick, los juegos de lenguaje y la comedia situacional. Uno agradecería que en las producciones cómicas actuales se supiesen complementar estos recursos.

El problema de fondo es una cierta disonancia cognitiva que consiste en presentar juicios de valor como afirmaciones de hecho. “Mozart es mejor que Beethoven” o “Me gusta el hard rock” son ejemplos de enunciados valorativos que expresan gustos personales, y como tales, no poseen valores de verdad y son meramente expresivos –aun cuando sean compartidos por dos o más sujetos, cada juicio es una expresión de la sensibilidad de cada sujeto-. En cambio, “El agua hierve a 100 grados Celsius a nivel de mar” o “La fuerza ejercida entre dos cuerpos de masas M1y M2 separados una distancia r es proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia” son enunciados fácticos o proposiciones, poseedoras de valores de verdad que pueden ser corroboradas objetivamente. El problema consiste, entonces, en tomar un enunciado valorativo como si fuese una proposición, que dicho en otros términos, es pretender dar un valor objetivo a un mero gusto personal. De este modo, si las producciones de Chespirito son buenas o malas, esto depende de las preferencias subjetivas de cada espectador.

Respecto al contenido de su humorismo, se han enfatizado sus aspectos negativos, calificándolo de discriminatorio y violento. Esto está abierto a la controversia, pues nos lleva a ciertos problemas éticos relativos al humorismo, por ejemplo, si la burla de las características de las personas es necesariamente discriminatoria o qué grado de violencia es admisible en los programas televisivos, pensando sobretodo en el público infantil. Aunque podría decirse en su descargo que, aunque el escarnio entre los personajes era muy común y extendido en sus programas –podría decirse que Chespirito prácticamente llevó la “carrilla” mexicana a la pantalla chica-, también se hacía burla de las actitudes discriminatorias –muestra de ello, la caricaturización de la prepotencia y los aires de falsa haute société de Doña Florinda-. Sin embargo, la parte menos defendible es el bullying. En lo que toca a la violencia, no pasa de los límites del slapstick y no es ni remotamente equiparable a la que se ve en las emisiones televisivas actuales.

Algunos de sus defensores han declarado, por el contrario, que El Chavo incorpora elementos de crítica social e incluso de destacar la lucha de clases. Esta opinión también me parece exagerada, pues aunque se muestre la crudeza de la pobreza, realmente no hay crítica de fondo a las condiciones sociales imperantes. Tal vez el mérito haya sido mostrar los efectos de la pobreza en la infancia de un modo humorístico; si esto es una justificación ideológica de la situación social del Tercer Mundo o si es una reivindicación de la lucha social, lo dejo para la discusión. Muchos dirán que la carencia de crítica social profunda en los programas de Chespirito lo convierte en intelectual orgánico. Pero estas inferencias son falaces, pues la falta de crítica social contundente no implica a fortiori considerarlo como ideólogo del régimen. Si Chespirito lo fue en su vida personal es otro asunto –es demás sabido que apoyó causas conservadoras e incluso hizo proselitismo a favor del PAN-; en todo caso, habría que demostrar que de sus producciones se pueden inferir esos contenidos ideológicos. Mas, como ya hemos visto, se pueden hacer lecturas en un sentido u otro (conservadores y marxistas pueden “hacer suyo” a el Chavo, según la interpretación que realicen).

En lo que respecta a los efectos en el auditorio, la opinión generalizada de los detractores es que Chespirito es responsable de “lavar el cerebro” a miles de generaciones. Es usual en el discurso de izquierda hablar reiteradamente de que los medios masivos manipulan a las masas. La gran pregunta es, de ser cierto esto, ¿cómo funciona? ¿Cuáles son los mecanismos o procesos mediante los cuales se reprograma el cerebro de las personas? Lamentablemente, la tesis de la manipulación, tal como se maneja en los discursos políticos, se da por sentada, sin estar sustentada con datos o bases teóricas de disciplinas como la psicología social y las neurociencias.

Y lo que estas disciplinas nos muestran es que los sujetos no son receptores pasivos de información externa –supuesto usual de la tesis de la manipulación mediática-. Los sujetos no reciben pasivamente datos externos: los procesan, juzgan y valorizan según sus marcos o esquemas cognitivos. Hay que considerar, además, la heterogeneidad del auditorio (género, edades, clases sociales, etnias, etc.) lo que sugiere una multiplicidad de esquemas. Por lo tanto, la receptividad es diversa porque en principio los sujetos son heterogéneos, y esto hace improbable que una fuente de información –en este caso, un programa de televisión- produzca los mismos efectos en todas las personas.

Ahora bien, dos hipótesis tentativas respecto de la manipulación podrían ser las siguientes: o bien  la información se acomoda a esos esquemas o la información los  modifica. Lo primero indicaría la presencia de esquemas en los sujetos previos al bombardeo informativo, lo cual sugiere que la causa de la enajenación no es la información mediática misma, sino otros factores. Lo segundo apuntaría a una reprogramación de los esquemas de los sujetos, siendo la causa de la enajenación el output. El problema es explicar cómo se dan estos procesos. Otro punto importante sería identificar qué aspectos o características de la información –en este caso, de las series televisivas, películas, etc.- funcionan como elementos manipuladores. Mientras no se explique lo anterior, sólo se puede especular.

Cabe aclarar que no cuestiono el rol de los medios en la defensa o mantenimiento de ciertos regímenes políticos. El control de la información o la presentación de verdades a medias son prácticas recurrentes, que responden a la complicidad entre empresarios de esta industria y los gobiernos. La cuestión que planteo es más bien respecto de los mecanismos de la información mediática, sea mediante contenidos explícitos o implícitos, que dan como resultado el control efectivo de la audiencia. Esclarecer estas cuestiones es de vital importancia para la crítica social y el análisis de medios.

No obstante, en el caso concreto que estamos abordando, dar por sentada la tesis de la manipulación mediática y acusar a ciertas figuras, como Gómez Bolaños, de ser su copartícipe no está del todo justificado. Los críticos tendrán que explicarnos con precisión cómo sus programas han enajenado a las personas.  Por otro lado, si los individuos en México u otras partes del continente no reaccionan ante las circunstancias políticas y sociales,  la causa no es necesariamente un programa televisivo, ya que podría tratarse de múltiples causas. Así pues, antes  de hablar del “daño” que el cómico ha provocado al pueblo mexicano o latinoamericano en general, conviene primero estudiar minuciosamente estas cuestiones.

De este modo, las críticas lanzadas contra Chespirito como parte de esta moda viral que se ha dado en columnas periodísticas, redes sociales y foros de Internet no se sostienen o requieren argumentos sólidos y precisiones. La confusión entre enunciados valorativos y fácticos provoca que muchos críticos presenten sus preferencias personales como objetivas. Los contenidos ideológicos de sus producciones ameritan un estudio más profundo, que en algunos casos, irremediablemente aparecen dilemas éticos, relativos a la burla y la violencia como recursos humorísticos. Y en lo que respecta a la manipulación o enajenación, también  es necesaria una fundamentación teórica más firme.

Para concluir, ¿qué podría decir acerca de sus aportaciones? A mi juicio, creó un humorismo efectivo, con chispas de originalidad, pero sin ser genial. Supo parodiar muchos aspectos de la vida social (El Chavo) o de la ciencia ficción (El Chapulín Colorado), sin que haya realizado críticas profundas –lo cual no demerita su trabajo-. Pero esto no es más que una opinión personal. Ciertamente, es cuestionable su participación en el emporio televisivo que gracias a él se convirtió en tal, sobretodo porque sus programas abrieron los mercados internacionales. Aquí concuerdo con los señalamientos críticos, pero estoy en desacuerdo juzgar a partir de lo anterior la calidad de sus programas.

En pocas palabras, su legado estará abierto a la controversia. Lo conveniente es sopesar pros y contras, antes de emitir juicios precipitados. Como dice el viejo y conocido refrán: “Ni tanto que queme al santo, que ciento volando”. Perdón, es: “Más vale santo en mano, que se quemen los pájaros…” No, quise decir “si no se alumbran los pájaros, es porque el santo se los llevó…” Bueno, la idea es ésa.

 

Publicado en Análisis social