Sábado, 15 Noviembre 2014 00:00

Mitos sobre la ortografía

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La mala ortografía se ha convertido en un recurso para denostar contrincantes, tanto así que podríamos hablar de la falacia ad ortographicam, como una variante de la falacia ad hominem La mala ortografía se ha convertido en un recurso para denostar contrincantes, tanto así que podríamos hablar de la falacia ad ortographicam, como una variante de la falacia ad hominem Cortesía

Tiempo ha que he visto distintos carteles electrónicos, memes y comentarios de usuarios, donde se difunden una serie de ideas muy ingenuas acerca de la ortografía. A saber:
1) La ortografía muestra que el redactor es una persona culta e inteligente.
2) Las faltas de ortografía evidencian que una persona no sabe escribir, e incluso que se trata de un ignorante o inculto.
Estas consideraciones llegan convertirse en recursos para denostar a los contrincantes en las discusiones, tanto así que podríamos hablar de la falacia ad ortographicam, como una variante de la falacia ad hominem. De ahí que cuestionar la inteligencia de un sujeto partiendo de sus errores ortográficos puede convertirse en discriminación.
Sin embargo, un poco de conocimiento sobre las funciones de la lengua hablada y la lengua escrita, así como de la lingüística histórica y los estudios cognitivos, demuestran la ingenuidad de tales opiniones.
En primer lugar, el sistema de escritura y la ortografía, su conjunto de normas, son completamente convencionales, como decir "salud" cuando alguien estornuda o reprobar con un gesto a alguien cuando eructa. La clave está en la historia de la lengua: el español heredó el sistema de escritura del latín. Ambas lenguas, aunque emparentadas, han seguido desarrollos históricos diferentes; y muchos problemas radican en que la ortografía ha permanecido fija, sin adaptarse a los cambios en el habla. Ejemplo de ello, son los grafemas <b> y <v>, que representaban diferentes fonemas en latín, en tanto que en español sólo codifican el fonema /b/.
Esto nos lleva al segundo punto. La ortografía española trata de representar, hasta donde sea posible, el sistema fonológico de la lengua. Mas en los hablantes, que tienen en mente al habla primordialmente (pese a lo que sostienen los deconstructivistas, que poco o nada saben de adquisición de la lengua), se generan múltiples confusiones cognitivas por esos desfases entre habla y escritura. Si nos fijamos un poco, la mayor parte de las faltas de ortografía se derivan de grafemas que representan múltiples fonemas -caso de <j> y <g>-, además del caso ya mencionado las <b> y <v>, grafemas que no representan ningún fonema -caso de <h>-, sin mencionar el confuso y abigarrado reglamento para la colocación de las tildes (y empeorado con las recientes "reformas" de la RAE). Muchas reglas ortográficas son contrarias, en términos cognitivos, a las intuiciones de los hablantes.
Esto nos hace pensar si necesariamente una persona que comete tales faltas es ignorante o iletrada. Ahí están los casos de literatos como Juan Ramón Jiménez o Gabriel García Márquez, que abiertamente admiten sus errores ortográficos y se oponen a la corrección de sus obras por los editores.
Así las cosas, nos debemos preguntar qué es lo que está mal: los hablantes, por no seguir reglas contrarias a sus intuiciones, que se tienen que memorizar mecánicamente, o el sistema ortográfico, que presenta varios desfases con el sistema fonológico. Y esto último, nos motiva a pensar qué es lo más óptimo: mantener la ortografía tal como está, respetando la tradición, o modificarla acorde a los cambios en el habla.
Más importantes me resultan los problemas de redacción relativos a la cohesión y coherencia de los textos. En una investigación que efectúe hace unos años, analicé algunos de estos problemas en textos elaborados por estudiantes de licenciatura, y descubrí errores que van desde el nivel oracional –concordancia gramatical, oraciones truncadas, manejo inadecuado de los signos de puntuación- hasta el textual –exposición del tema desordenada, excesivas redundancias, carencia de recursos de cohesión, etc.-. Aunque las faltas ortográficas eran recurrentes, éstas eran tan solo una pequeña parte ante los problemas antes mencionados. A mi juicio, el meollo del asunto se halla en la falta de ciertas habilidades básicas de redacción, que impide que los redactores puedan elaborar textos claros y ordenados. Sospecho que su causa es la precaria formación escolar –lo cual incluye los niveles básicos, en primera instancia- y la ausencia total de una cultura de la lectura.  
Lo que planteo ciertamente no es nuevo. Las deficiencias de la educación y el reducido número de mexicanos que leen no son factores desconocidos para nadie. Pero sí me parece necesario que se efectúen más investigaciones que nos proporcionen un diagnóstico más detallado de los problemas de redacción, que no se limitan a la cuestión ortográfica. Por lo pronto, hay que empezar por cuestionar el excesivo peso que le concedemos a la ortografía, pero sobretodo cuestionar los prejuicios discriminatorios que surgen de esto.

Modificado por última vez en Sábado, 25 Junio 2016 22:10
Luis Enrique Ortiz

(Oaxaca de Juárez, Oax./ 1979) es licenciado en filosofía y maestro en lingüística aplicada. Actualmente es profesor de tiempo completo asistente C del Departamento de Filosofía de la Universidad de Guadalajara, con reconocimiento de Perfil PROMEP, y miembro del Cuerpo Académico de Retórica, Lógica y Teoría de la Argumentación. Sus líneas de investigación son epistemología, filosofía del lenguaje, argumentación y lingüística.

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