Miércoles, 06 Mayo 2015 00:00

"Hypotheses non fingo" en narcobloqueos

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)
"Hypotheses non fingo" en narcobloqueos Virgencita te pido que..... via photopin (license)

Conjeturar es algo natural en el ser humano. Lanzar hipótesis es responde a la necesidad de dar posibles explicaciones a ciertos fenómenos. La conjetura es usual en la actividad científica, pero también en la vida cotidiana: aparece cuando indagamos acerca de la posible causa del mal funcionamiento del automóvil, del refrigerador o acerca de los motivos de las acciones de ciertas personas. Prácticamente en todas las actividades y ámbitos de la vida humana, las personas tienden a formular explicaciones hipotéticas para dar cuenta de situaciones o eventos que enfrentan.

Desde luego, hay muchas diferencias entre las especulaciones cotidianas y las conjeturas en la ciencia; tema que por ahora no pretendo abordar. Más bien me interesa realizar algunas observaciones sobre la producción de hipótesis en el campo político. No pretendo presentar aquí un estudio detallado, sino esbozar lo que podría ser una veta en la investigación social. Y en particular, me gustaría puntualizar acerca de los fallos que suelen darse en las explicaciones hipotéticas en esta área.  Aunque Isaac Newton decía que la física no debía especular y evitar la formulación de hipótesis –algo en lo que sin duda se equivocó-, probablemente su sugerencia podría aplicarse a ciertos casos.

Cuando ciertos acontecimientos sociales y políticos tienen un impacto directo sobre las personas, es normal que se generen toda clase de opiniones. Sin duda, los narcobloqueos del pasado 1 de mayo en Jalisco y otras entidades del Occidente de México parece ser parte de la tendencia de violencia que afecta al país desde el 2007; pero el hecho de haber ocurrido tan cerca produce efectos más fuertes en muchas personas. La incertidumbre de qué es lo que realmente ocurrió y el pensar que uno pudo ser afectado directamente o nuestros seres queridos, indudablemente provocan miedo y paranoia.

Mi interés no es analizar los hechos en sí, sino las opiniones vertidas en prensa y redes sociales. Muchos funcionarios, intelectuales, investigadores y usuarios de la red en general suelen interpretar los eventos según sus creencias. Esto es normal, pues nuestras creencias, como señala Luis Villoro, son enunciados que asumimos como verdaderos y que de alguna forma integran nuestra visión del mundo. En gran medida, las inferencias que realizamos para dar cuenta de un evento o justificar una postura parten de nuestras creencias. No obstante, el problema es que estas creencias bien pueden sesgar nuestros juicios.  Cuando un sujeto se aferra demasiado a sus creencias, puede llegar a distorsionar sus explicaciones o argumentar falazmente (y el dogmatismo, tanto religioso como ideológico, representa el peor ejemplo).

Así, en el caso de los narcobloqueos, unos tienden a interpretar los eventos como un avance en materia de seguridad y a partir de ello, justificar las estrategias actuales en contra el crimen organizado; otros culpan a los opositores políticos de crear un "clima de enrarecimiento" que polariza a la sociedad; algunos más señalan que es una táctica del propio "sistema" para controlar a las masas e inhibir la protesta social, etc. No faltan los que recurran al usual tu quoque y reprochar que la indignación de muchas personas por los eventos es contradictoria, considerando que dichas personas son conformistas en otros menesteres. Tenemos, pues, todo un repaso de lugares comunes e interpretaciones que podrían aplicarse a prácticamente cualquier evento de importancia política: los apologetas del gobierno encausarán sus posturas hacia una apología del gobierno; los detractores encontrarán cualquier problema como síntoma de la descomposición del “tejido social”, cuya responsabilidad cae en el gobierno. Las ideologías, en tanto creencias injustificadas centradas en la posición de un grupo social, pueden sesgar o incluso obstaculizar las descripciones objetivas.

Mas, independientemente de si sus posturas están justificadas y sus conclusiones son verdaderas, el punto es que se trata sólo de conjeturas. Tanto en la ciencia como en las actividades cotidianas, lo que decide si un enunciado es verdadero o falso es su correspondencia con los hechos. El problema con las conjeturas en política es que su contrastación no resulta sencilla, pues atañe a intereses e intenciones que son difíciles de conocer, dada la opacidad en el manejo de la información por parte del gobierno y los medios.

Esto es muy usual en las instituciones de gobierno y en algunas empresas. En los tiempos en que se dan los cambios de mandos, los funcionarios y trabajadores ubicados en los diferentes puestos según las jerarquías suelen especular acerca de quién será el nuevo secretario o ministro, qué política se impondrá en caso de que X o Y lleguen al puesto y así sucesivamente. Dado que la continuidad laboral de las personas está en juego, es natural que éstas se preocupen y, por ende, especulen. La cuestión es que las decisiones de quién ocupará una jefatura o secretaría dependen de jerarquías más altas, y la información difícilmente es accesible, por lo que las conjeturas de las personas de niveles inferiores jamás abandonan el reino de la posibilidad. Pero no deja de ser interesante cómo se interpretan ciertos acontecimientos, como nombramientos o remociones de personajes, como indicios de “ciertas líneas” o jugadas de los altos jerarcas.  Estamos ante especulaciones que no son muy diferentes de las metafísicas.

Sin embargo, es necesario puntualizar. No está mal especular, pero hay que ser conscientes de cuándo especulamos. Las conjeturas en política pueden ser útiles para tratar de comprender la situación de un país, de una región o  una institución. Para que se puedan contrastar nuestras hipótesis políticas es necesaria cierta información, que, como he señalado antes, muchas veces no es de acceso público. Lo difícil es, pues, disponer de datos concisos. Si podemos constatar las hipótesis, hemos avanzado un paso; el siguiente, implica la revisión de creencias si éstas no concuerdan con las descripciones verificadas.

En este sentido, me parece que, amén de las conjeturas y especulaciones que podamos hacer sobre acontecimientos políticos o sociales, lo más importante es exigir estos datos y someterlos a escrutinio detallado, para corroborar la información, detectar las inconsistencias y las falacias, y si es el caso, señalar que la información es falsa o incompleta. Mijaíl Gorbachov bautizó su política de apertura como Glásnost, que literalmente quiere decir ‘transparencia’. El camino de la Glásnost mexicana, de la apertura informativa, ha sido tortuoso y con retrocesos. Pero hay que continuarlo. 

Luis Enrique Ortiz

(Oaxaca de Juárez, Oax./ 1979) es licenciado en filosofía y maestro en lingüística aplicada. Actualmente es profesor de tiempo completo asistente C del Departamento de Filosofía de la Universidad de Guadalajara, con reconocimiento de Perfil PROMEP, y miembro del Cuerpo Académico de Retórica, Lógica y Teoría de la Argumentación. Sus líneas de investigación son epistemología, filosofía del lenguaje, argumentación y lingüística.