Viernes, 14 Octubre 2016 22:21

Un día con el diablo o de los trámites infinitos

Escrito por
Valora este artículo
(3 votos)

Para obtener un documento se necesitan varios, ¿quién no ha experimentado el desencanto y la desesperación de solicitar algo tan sencillo y tener que presentar “hasta las perlas de virgen”? Mario Moreno “Cantinflas” protagonizó en 1945 ”Un día con el diablo” donde compartió cámaras con Andrés Soler y Oscar Pulido entre otros iconos del cine de oro mexicano. Aunque esta cinta no fue en su momento ni lo es ahora, una de las más reconocidas o siquiera conocidas “del pelado”, representa un crítica aguda y más o menos velada a la burocracia y a los asegunes institucionales del país – quizá lo juzgará el lector; de otros países también -.

Cantinflas representa un paupérrimo voceador en tiempos de la Segunda Guerra Mundial que al perderse en una borrachera despierta vestido de soldado, se las habían ingeniado para hacerlo tomar involuntariamente el lugar de otro que debía expiar ciertas culpas y que temía ser llamado a batalla. Este personaje sin nombre representa la primera analogía porque el no tener nombre niega la identidad y cualquier peso ante lo institucional, por si fuera poco suplanta -sin querer- a un tal Juan Pérez nombre que el argot se usa para designar un cualquiera, un mexicano genérico.

En la corte marcial se acusa a Juan Pérez, pero al no acreditar que Cantinflas es o no Juan Pérez “regresa” provisionalmente a sus funciones militares. Este es otro momento donde el individuo es insignificante y de un valor meramente conceptual ante la ley, no había un sólo testigo que reconociera que efectivamente él era el susodicho “ante la duda pierde el individuo”. Como era de esperarse enlistan a Juan Pérez y muere en batalla, al llegar al cielo San Pedro le dice que es el número 24 769. Como San Pedro conoce el caso “del sin nombre” decide dejarlo en cielo pero sólo como aspirante, debía trapear, barrer y sacudir “de a gratis”. Dando un paseo encuentra el letrero que invita a conocer las delicias del infierno y decide probar, al llegar se da cuenta de que no es para nada un lugar de espanto, el pobre Diablo no asusta ni a los niños, lo que quiere decir que el concepto del mal no genera ya ninguna culpa y por otro lado el infierno es un lugar tan vacío porque sencillamente nadie quiere expiar sus culpas y hacerse responsable de lo que hace. El diablo sin embargo, es el único ser mortal o inmortal que sabe que Cantinflas no es Juan Pérez, a Dios ni se le ve, ¿cómo ver al jefe de la oficina? Ese nunca está.

Cuando el guardia despierta a Cantinflas, este se da cuenta de que todo ha sido un sueño, después de la tremenda borrachera no supo ni dónde quedó, pero por suerte pudo ir libre a su casa, todo el engorro de acreditar que no era Juan Pérez, desempeñarse como soldado cuando no lo era, morir sin deberla ni temerla,  hacer una fila infinita para un lugar al que ni siquiera tenía que ir, trabajar gratis para evitar la fila a ver si merecía o no el cielo; es decir que se libró de los trámites. Entre el sin nombre y uno mismo sólo hay una diferencia: él se despertó y nosotros seguimos en la fila.

Modificado por última vez en Martes, 18 Octubre 2016 02:13
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.