Miércoles, 09 Septiembre 2015 00:00

Europa y los refugiados sirios: ¿gesto de magnanimidad? Destacado

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En su columna aparecida ayer en El País, José Ramón Cossío, ministro de la Suprema Corte de la Nación (España), dice lo siguiente refiriéndose a los refugiados sirios: 

"En la construcción de la universalidad que tanto debe a la mejor Europa, a todos debe darse el mismo trato porque todos son iguales. La construcción fue hecha para un nosotros dotado ya con un sentido previo, determinado por linajes, guerras, historia común y posibilidades civilizatorias del mundo primitivo habitado por los otros. Hoy son esos otros los que llegan y reclaman un trato igualitario basado en la universalidad que le sirve de fundamento".

Lo cierto es que sólo pude sonreír al leerlo. ¿Qué habría dicho Immanuel Wallerstein a tal cosa? La "universalidad" a la que se refiere es, por supuesto, la que está anclada en aquellos ideales que todos conocemos de la Revolución Francesa. Y ése es justamente el punto: que una visión como la que nos presenta el señor Cossío, podríamos encontrarla sin problema en algún pensador dieciochesco. Sí, ese siglo XVIII europeo que produjo sus visiones sobre el carácter primitivo de los pueblos amerindios, por ejemplo, diciendo que algunos eran tan desmemoriados que por la mañana compraban una manta y por la noche ya no recordaban que lo habían hecho para cubrirse al dormir; ese siglo XVIII europeo que decía que los criollos novohispanos tenían estrechas facultades intelectuales porque de niños habían tenido nodrizas amerindias. Sonarán quizás extremos estos ejemplos, pero la idea a la que quiero llegar es bastante sencilla: esa noción de "universalidad", en el caso europeo, siempre ha estado acompañada de una u otra manera por una distinción precisa entre lo civilizado y lo primitivo.

Es, pues, un mecanismo ideológico (remontable a los inicios del colonialismo europeo) que sirve simultáneamente para la inclusión y la exclusión de los "otros". Para la España del XVI, esa "universalidad" se expresaba con un contenido religioso: "todos somos hijos de dios"; y en beneficio de tal idea inclusiva, se echó a andar la enorme campaña de evangelización en América, que articulaba su mecanismo de exclusión con un simple "pero ustedes no conocen bien a dios y nosotros sí". La Europa de hoy, donde se ha visto en los últimos años un ascenso notorio de grupos de extrema derecha, donde se ha observado con claridad cómo acecienta el recelo e incluso el odio contra migrantes, en suma, donde la exclusión se encuentra a cada paso, de pronto alza la voz diciendo que aceptará miles de refugiados y los incluirá en el mundo civilizado. No podía ser de otra manera. Mediante la exclusión se mantiene un statu quo de carácter político o económico; mediante la inclusión, se adquiere prestigio cultural. La lógica es clara: éste justifica y legitima a aquel otro.

No me malinterpreten. No hay aquí un juicio de valor sobre la pertinencia o no de recibir refugiados sirios. Seguramente vivirán mejor. Por ahora sólo me interesaba observar el mecanismo ideológico del cual rápidamente están echando mano los intelectuales europeos para salvar la apariencias y deshacer la gigantesca paradoja que hay contenida en una sencilla frase como "Europa recibe a miles de migrantes".

En fin, ¿qué nos dice el señor Cossío? Básicamente, "nosotros somos los civilizados y ustedes los primitivos, y si los ayudamos es porque tenemos una encomiable tradición igualitaria". Así, por obra de una continuidad ideológica sorprendente, se nos da un magnífico ejemplo de lo que importa invertir en prestigio cultural. Con esto, frente al cúmulo de prejuicios y maltratos hacia los migrantes, tenemos el gesto magnánimo de aceptar a tantos refugiados. Aquel cúmulo de exclusiones se fue apiñando poco a poco, caso por caso, muerte por muerte; ese gesto inclusivo, sin embargo, implica de golpe varios miles de casos. ¿Cuál creen ustedes que se recuerde más?

Modificado por última vez en Jueves, 10 Septiembre 2015 18:59
Joaquín Rodríguez

Profesor y traductor. Licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG y maestro en Letras Clásicas por la UNAM.