Todos los que vivimos en Guadalajara lo hemos notado: la violencia es cada vez más asfixiante. Incluso si alguien perteneciera a la anómala clase de tapatíos que no han sido asaltados, que no han tenido un familiar o conocido desaparecido, o que no han sabido de un cuerpo que amanece envuelto en una bolsa muy cerca de su casa, cuesta trabajo pensar que esa persona no se haya enterado de lo que sonó por todas partes este fin de semana: tres cuerpos colgando de un puente, por lo menos seis personas más asesinadas sin más en la noche del viernes y un grupo armado que se robó nada menos que cuarenta autos de una bodega.

La situación ya era preocupante, claro, desde hace mucho, pero el hecho de que la inseguridad y la violencia llegaran a los titulares de periódicos no amarillistas —algo que, dado lo habitual de eventos como éstos en los últimos años, parece ahora sólo lograrse por la casual acumulación de delitos en una sola noche— acaba de forzar al gobierno a hacer hoy una rueda de prensa para anunciar algo que equivale a echar pólvora a una ya enorme fogata: “vamos a cerrar filas”, dijo Pablo Lemus, presidente municipal de Zapopán y que estaba en calidad de representante del resto de alcaldes de la zona metropolitana. ¿Qué significa? Básicamente, que estemos preparados a más operativos de seguridad, más policía, más elementos del ejército en Guadalajara.

La verdad es que no sorprende que la única solución que les viniera a la mente es “más mano dura”. Es lo que se ha venido haciendo desde hace años en todo el país y renunciar a eso equivale a admitir que el camino no era el correcto y que lo que ocurre hoy es una fabulosa acumulación de errores pasados. En esta lógica, por supuesto, se piensa que si no se ha resuelto el problema es porque la mano no ha sido suficientemente dura. Cuando se gasta tiempo, enormes recursos e incluso vidas en un solo proyecto que a todas luces es un fracaso, la mente humana logra —por un acto de prestidigitación— negar lo palpable que es ese fracaso y sólo se empecina aún más en la dirección inicialmente elegida. Es que detenerse y rehacer el camino hacia atrás parece más difícil que seguir, a donde sea que se vaya.

Lo que me llamó la atención de la rueda de prensa, en todo caso, es que Pablo Salcedo, el portavoz de un Consejo que se autonombra “ciudadano”, sólo pensó en llamar una y otra vez a la ciudadanía a la denuncia. Les confieso que me dio una especie de risa nerviosa: ¡pero es que si en algo estamos todos de acuerdo es que la denuncia no sirve de nada para el común de la gente! La justicia en México la hemos ya hecho casi un privilegio de clase. La “palanca”, que parece actualmente el único medio de acceder a la justicia, es la forma en que el imaginario mexicano ha individualizado y por tanto explicado—“ah, bueno, es que él tiene palancas y tú no”— algo que en realidad tiene proporciones socioeconómicas muy concretas: una gran red de favores entre personas previamente favorecidas. Si no estás dentro de la red, eso por supuesto es sólo culpa de la “fatalidad” tuya de no tener los lazos familiares o amistosos correctos.

El portavoz en cuestión pidió también paciencia a la ciudadanía. Los resultados, dijo, no se van a ver pronto, pero si llegar un poco más tarde a casa por el tráfico que podría causar algún operativo significa al menos poder salir de casa, no está mal. Lo que da miedo es el único reproche que pudo imaginar ante la decisión de más operativos: “es que se van a ver terribles tantos policías o militares”. Claro, es que ante la oleada de asesinatos, a la ciudadanía le preocupa solamente lo bonita que se ve su chingada ciudad…

Pero volvamos al punto en verdad importante: ¿por qué no se mencionó en la rueda de prensa en absoluto lo que, según la mayoría de los especialistas, es realmente lo que suele reducir la violencia? ¿Acaso fue la “mano dura” lo que Medellín, Colombia, pasara de tener en los años 90 un índice terrorífico de 380 homicidios por cada 100,000 personas, a tener ahora uno de 20 por 100,000? No. Lo lograron con algo que llamaron “acupuntura urbana”, que básicamente transformó el espacio urbano para fomentar el desarrollo en los sitios más problemáticos. Es decir, lo lograron con objetivos a largo plazo basados en la prevención e involucrando a la sociedad civil, no a más sujetos armados en los que ésta no confía. Si toda la evidencia indica que lo que reduce la violencia es la prevención y tenemos un gobierno que omite toda mención de ella y sólo se enfoca en el castigo y en más armas de fuego, ¿no podemos concluir a secas que al gobierno no le interesa realmente reducir la violencia? Esta rueda de prensa fue una flagrante y espantosa confesión: “iremos contra toda evidencia”. Y si a la gente en el poder no le interesa cambiar algo —podemos deducir fácilmente—, es porque le beneficia tal como está, es decir, con una desigualdad que se ha abierto como una grieta tan profunda, que quien haya visto los dos lados habrá sin duda pensado que en México coexisten mundos absolutamente diferentes. 

Y en este contexto, precisamente aquí, hay que admitir que el gobierno la tiene fácil. Si a un fulano en una rueda de prensa le es posible retratar a la ciudadanía solamente como gente interesada en que la ciudad se “vea bonita”, es justo porque la ciudadanía no está organizada para pedir y exigir al gobierno que no haga lo que va contra toda evidencia, contra todo sentido común. Estamos tan hastiados de la política, que hemos hecho casi de cualquier forma de organización algo que necesariamente entraría en la lógica de los partidos, de los cuales estamos hartos por igual. Pero ése es el punto: mientras permanezcamos todos al margen, evidentemente con miedo, y sólo pidamos al gobierno que “rinda cuentas” y ajusticie, pero sin ningún tipo de organización o participación en políticas de prevención, las cosas seguirán igual.

¿Políticas de prevención? Aquí una organización internacional con un montón de propuestas: Instinto de Vida. En nuestro país, México Evalúa y Enjambre Digital también están haciendo valiosos llamados a la sociedad civil.

Publicado en Análisis social

No puedo negar la conmoción que tengo cada vez que vuelvo a ver el video que “La Mars” grabó al más puro estilo de una estrella de cine que, además, parece ser experta en la ciencia de la vida.

Conmoción que supongo, debe relacionarse, de alguna manera retorcida, con aquello de “lo bello y lo sublime en Kant”. Un espasmo comparable a la contemplación de un huracán a mar abierto o de aquella pintura de Saturno devorando a sus hijos de Goya, donde el horror y la fascinación encuentran su equilibrio para no dejar de mirar.

Y es que, al iniciar el video con la bomba argumental “tengo dieciséis años y tomé conscientemente la decisión de dejar el bachillerato”, no puede más que recordarnos, con una bofetada a aquellos que ya pasamos por aquel encantador torbellino de hormonas e ideologías, solamente superable por la satisfacción de que no volverá a repetirse, como era el mundo a esa edad.

Y es que en sentido general, uno no logra desentenderse del todo con la molestia que al parecer parapeta la renuncia a las instituciones, el sistema y a lo convencional en que se mira la vida desde ese enfoque. Al parecer, algo hay de verdad en ello. Pero bueno, habría que desmenuzar lo que pasa, cómo pasa, cómo no pasa y qué podemos hacer al respecto.

En primer lugar, el énfasis que hace desplegar todas aquellas críticas al sistema educativo: que son guarderías para entretener a los estudiantes, que te saturan de información inútil para la vida práctica, que te convierten en borregos, etc. En todas ellas, debo confesar, estoy tan de acuerdo  que me tatué su cara en el chamorro como símbolo de simpatía y buen gusto. Pero al notar que se parecía más a Aristegui, terminé por borrarlo. Lo sé, ha sido una semana muy intensa para un servidor.

Pero regresando al tema central, creo destacable acentuar algunas omisiones que detecto como profesor de bachillerato que he sido, y que desde la trinchera académica que he vivido puedo observar.

1. - El sistema educativo apesta

Es cierto, si lo comparamos con países de primer mundo, la distancia es larga y triste a la vez. Pero la comparación con 7-8 países de primer mundo durante los últimos 50 años, no creo que sea justo para la historia de la educación, es decir, excluir todos aquellos escenarios políticos-sociales-culturales que han generado educación en la humanidad, es no entender qué se busca entonces con la educación.  Y es que podemos hablar de las excelentes habilidades que logran las personas en modelos como en Japón, donde la disciplina y la excelencia son la carta fuerte de presentación. Excluyendo como he mencionado anteriormente el contexto al que pertenece.

Sería como pretender que si tomas a un montón de indígenas de la sierra tarahumara, meterlos a un colegio ingles durante tres años, para posteriormente regresarlos a su comunidad, con sus familias, su  economía y sus problemas tan específicos y que todo aquello se solucione por medio de la magia educativa. O al revés, esperar que un mirrey termine la escuela pública, regresa al seno materno como un sujeto nuevo, con consciencia social que le permite exigir la igualdad de condiciones desde su Iphone. Y pasa. Pero el sentido de la educación dista de esto.

Personalmente debo de confesar que uno de los momentos más difíciles de la actividad docente es entender que lo que se enseña, no es lo que se aprende, que lo que se aprende no va a tener el uso que uno espera por parte del estudiante, que a final de cuentas, el estudiante deberá descubrirse como un agente  libre y activo dentro de su vida.

Que debe encontrar dicha libertad en medio de un proceso conductista, estandarizador y en ocasiones muy poco alentador para dichos fines. Pero, entonces ¿para qué estamos educando? Sería la pregunta obligada.

Es verdad, el sistema educativo fue diseñado para generar modelos de conducta estandarizados. Que tragedia para la existencia humana. Eso, hasta que en el viaje que llamamos vida, comenzamos a conocer gente que en su escasa comprensión de los fenómenos del mundo, comienza a tomar esa libertad para ejercer acciones a diestra y siniestra para su beneficio inmediato. Corrupción, violencia, apatía, perjuicio involuntario, por mencionar las que se me vienen a la mente en este momento. Aquellas personas que en ocasiones hacen gala de su inconsciencia y que entonces sí, nos molesta muchísimo que incluso una persona no acate las normas de modales básicas, SON UNOS ANIMALES, nos grita la doble moral.

Es complicado entender esta extraña dialéctica entre la tradición y la vanguardia de las ideas, pues es verdad que la tradición estropea la creatividad de nuevas propuestas, pero también hay que decirlo, la vanguardia sin tradición termina siendo algo similar. Propuestas innovadoras que ya se plantearon mucho antes, errores que pudieron evitarse con conocimiento y experiencias pasadas.

2.- Sigue tus sueños y no seas una oveja del sistema

Es un llamado al amor propio por donde uno lo quiera ver, es, en esta ocasión, la dialéctica entre el individuo y la sociedad lo que está en juego. Ojalá todo fuera seguir tus sueños, en serio, OJALÁ. Pero resulta que hasta los sueños más pequeños requieren de esfuerzo y sacrifico para ser logrados. Sobre todo cuando tienes 16 años y tu vida es lo suficientemente estable, como para dejar la escuela de manera consciente. Es decir, todo el trabajo, planeación, sacrificio que por parte no solo de los padres, si no de los abuelos, familia y amigos que dan la estructura para tal solvencia moral.

Seguir los sueños individuales abandonando los compromisos con el entorno es una respuesta rápida de consecuencias lentas. Es en el reconocimiento del otro donde vemos los mejores frutos para los proyectos individuales. Y no sólo del otro como mi compa con el que voy a poner un bar en la playa para poder emborracharme mientras trabajo. En el reconocimiento de instituciones, clases sociales, empresas, procesos y complejidades del mundo actual que dan las herramientas necesarias para la concreción de dicho proyecto.

Pero, ¿dónde habrá un lugar para poder desarrollar dichas habilidades? Digo, un lugar donde los recién llegados pudieran experimentar en un ambiente controlado, las circunstancias más comunes de la vida. Un lugar donde pueda el sujeto experimentar la frustración, el desanimo, las fallas de un contexto mucho más complejo. Un lugar donde tenga un escenario para experimentar las propias potencialidades. Donde se pueda encontrar con personas que le den la desaprobación de sus iguales ante la iniciativa y donde al mismo tiempo pueda encontrar en quienes apoyarse. Un lugar a final de cuentas, donde pueda ir, poco a poco, discerniendo que hay gente que te apoya en ciertas circunstancias, que te entorpece en otras y que para todo ello hay una estrategia para salir adelante dentro de su propio contexto. Sería como un sueño hecho realidad. 

3- Las cartas sobre la mesa

Lo complejo es entender que todo está en el mismo paquete, que la vida en las escuelas no es color de rosa, pero afuera de ellas la cosa se pone un poco más verde caca. Que el estudiante toma las herramientas si quiere, si no, puede pasar de largo, pagando las colegiaturas como si se tratara de la mensualidad del gimnasio en enero, ¿si pagas, eso quiere decir que ya estas mamado no? Pos no.

Ante este escabroso tema sobre la educación hay que entender que cada contexto va a determinar la necesidad. Que “la necesidad” siempre surge en la práctica, no en la teoría, que “la teoría” siempre va a estar atrasada por ello mismo y que es responsabilidad única del individuo estar al pendiente de todo ello en su vida adulta.

Aplaudo la sinceridad y el entusiasmo con que se hizo el video. Me ha puesto de nueva cuenta frente a lo que amo de las redes sociales, el rostro de lo que está pasando allá afuera, lejos de los muros de mi personal imaginario donde todo tiene sentido.

Si bien el futuro de la educación es cada vez más incierto: nuevas tecnologías, recortes presupuestales, los millenians (…) todo ello es la constante de los tiempos actuales y al respecto solo me queda recordar las palabras del Mark Twain: El hombre es un experimento; el tiempo demostrará si valía la pena.

Publicado en Análisis social

Año 2006. En el verano de este año, se efectuó una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia nacional. Andrés Manuel López Obrador estaba en el máximo de popularidad y encabezaba las encuestas; de cerca lo seguía el candidato oficial, el conservador Felipe Calderón Hinojosa. En una jornada electoral cargada de irregularidades y una campaña de desprestigio montada meses previos a la elección, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) no pudo dar un resultado claro de quién era el ganador debido a supuestos errores del sistema. De inmediato, y con el recuerdo todavía vivo del fraude del 88, la protesta de los simpatizantes del "Peje" no se hizo esperar.

Tan sólo unos días después de la elección, el escritor Fernando del Paso publicó en algunos periódicos un emotivo poema, que no daba muchos argumentos al movimiento, pero sirvió de alguna manera como empuje motivacional para el mismo. Así se expresaba Del Paso:

"Sí hubo fraude, porque el engaño es fraude.

Sí hubo fraude, porque la falacia es fraude.

Sí hubo fraude, porque el abuso de confianza es fraude.

Sí hubo fraude, porque la mentira es fraude.

No hay que buscar el fraude en un millón, dos o tres millones de votos perdidos.

No hay que buscarlo en mil, tres o cinco mil actas con errores deliberados.

El fraude, el gran fraude, ya estaba allí, entre nosotros, desde mucho antes del 2 de julio".

Tiempo después, en los momentos en que la protesta se exacerbaba por la opacidad informativa del instituto electoral, se organizó en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara un foro de reflexión que contaría con la participación de Julio Hernández, columnista de La Jornada, y el propio Del Paso, quien fue invitado a raíz de su publicación.

Un colega fue requerido para llevar al escritor al evento, que se realizó en el emblemático auditorio “Salvador Allende”, y me pidió que lo acompañara a recogerlo a su domicilio en la colonia La Calma. Debido a que no se nos dieron las debidas instrucciones para llegar al lugar, arribamos muy tarde. El escritor estaba furioso, pero se tranquilizó durante el trayecto.

El foro fue, hay que decirlo, más visceral que reflexivo. Hernández hizo atinados señalamientos, con ciertos datos precisos, que argumentaban la hipótesis del fraude. La intervención de Del Paso fue también crítica respecto de las instituciones gubernamentales, aunque con recursos poéticos apelaban más al pathos que al logos.

Pero el público, mayoritariamente integrado por incondicionales seguidores del candidato derrotado de la “izquierda”, AMLO, aprovechó la ocasión para dejar fluir su frustración y enojo a través de furibundas arengas contra el gobierno, expresando su total convicción de que el proceso elector había sido fraudulento. Incluso se escucharon acalorados llamados a tomar las armas. Un asistente del público retó a los invitados del foro a participar en las marchas y acciones de protesta, para probar su congruencia y su fidelidad a la causa. Hernández accedió, aunque Del Paso evadió como pudo el tema. Una vez concluido el evento, llevamos al poeta de nuevo a su hogar. Durante el recorrido, Del Paso nos confesó que ni de broma participaría en las movilizaciones, ya que ni su edad ni su salud se lo permitían.

Un año después, en el marco de la Feria Internacional del Libro, Del Paso recibió el Premio FIL de Literatura. El galardón fue entregado personalmente por Felipe Calderón, ya ungido oficialmente como presidente de la república. Cuando escuché la noticia por la radio, no pude evitar recordar el siguiente pasaje del poema de Del Paso, escrito casi año y medio atrás:

"Ese fraude es ya parte de nuestra historia. Y con él, la traición a la confianza de los electores por parte de nuestras más caras instituciones. Nos defraudó el presidente Fox al avalar y participar en la campaña contra Andrés Manuel López Obrador y en favor de Felipe Calderón".

Es comprensible la negativa de Fernando Del Paso en participar en el movimiento de protesta de aquel fatídico año. No obstante, el recibir un premio a manos del “presidente espurio” apenas al año posterior resultó muy desconcertante, pues el poeta jamás se explicó el extraño cambio de opinión. Sin duda, es respetable que una persona cambie de parecer, pero el no aclararlo y sobretodo, el no justificar por qué lo hizo es lo que desconcierta. Y claro, esto es lo que alimenta toda clase de especulaciones.

Publicado en Crítica

Hay dos cosas que no podemos elegir; la primera es nuestra familia y, la segunda, es donde nacemos. De lo contrario ¿elegiríamos ser mexicanos? Más de alguno de nosotros lo pensaríamos dos veces, porque esto conlleva no sólo un registro civil, sino una carga ideológica y una llamada “Identidad nacional”, y no, esto no se reduce a un partido del tricolor (selección mexicana) reunidos en familia sentados frente al televisor con refresco en mano y nachos, como la mayoría de los mexicanos podríamos pensar.

En la actualidad contamos con un presidente cuyo papel protagónico es el de su ignorancia, donde para bien o para mal es síntoma de la enfermedad mexicana que es la falta de educación. Y no hablo de los edificios que alguna vez fueron cementerios y que ahora son reutilizados para aulas. Ni de una reforma educativa donde el trasfondo es político y económico. Hablemos de una verdadera educación, pero ¿cuál podría ser la verdadera?

En un mundo lleno de desinformación, donde todo se vuelve líquido y fugaz, donde lo que aprendo se desmorona por la mañana, la verdadera educación es la que nos hace ser libres. Por lo tanto, a lo que nos referimos con nacionalismo en tiempos modernos es a la representación de una ideología, cultura y raíces étnicas que nos diferencian de la mayoría de los seres vivos.

Dentro de nuestra cultura debemos abordar nuestra singular y preciada alimentación. Como los chiles rellenos, las ricas tortillas de maíz, las gorditas de masa y, por supuesto, nuestras salsas en todas sus presentaciones, desde la Tabasco (pese a no ser de origen nacional) hasta el chile verde. Claro, la comida y el folclor de nuestras tierras es algo que nos identifica, aunque a veces se nos olvide que fuimos conquistados por los árabes, españoles, ingleses y franceses. Por lo tanto, que nos queda sino una diversificación de diferentes culturas, religiones y razas. Somos el conglomerado de la raza azteca, caras de apaches, con nopal en mano y huaraches. Una síntesis de un país joven que trata de resurgir entre todas sus riquezas pero que constantemente es saqueado por sus mismos gobernantes. Somos lo que Octavio Paz temía, un lugar que por sus riquezas debe sufrir las peores desgracias.

Cómo somos capaces de encontramos o identificarnos a nosotros mismos de los demás seres del planeta, si no es solamente porque nos reconocemos a través del otro, de la otredad. Al observar las diferencias y/o similitudes entre los demás seres humanos, nos reconocemos. Hablando de razas, algunos son güeros, otros castaños, otros carecemos de heterocromía y otros somos un poco más altos que la media. Pero al final todos somos seres humanos y, aún más, nos llaman mexicanos. Algunos nos dicen corruptos, tranzas, indios. Y quisiera negarlo, pero ¿por qué negar que tengo, tal vez, alguna raíz indígena? De corruptos y tranzas, me atrevería afirmar que es más que una ideología, es nuestra filosofía mexicana, el chingar o esperar a que te chingue. Es lamentable, lo sé, que ahora que lees esto pensemos lo mismo. Pero ¿cómo negar 200 años de una misma carga educativa generacional, donde el medio más eficaz para escalar a un mejor puesto o conseguir mejor trabajo, es el de fregar al otro? Nos hemos caracterizados por ser personas que en vez de buscar al súper hombre del que nos habló Zaratustra, buscamos ser lo más retrógradas posibles, y entre más fácil y sencilla sea la salida, mejor. Si habláramos de razas inferiores, como Hitler lo afirmaba, siguiendo una línea schopenhaueriana, al igual que este mismo filósofo (Schopenhauer) negaría mi propia nacionalidad al verme entre abismos de incongruencia e ineptitud sobrehumana.

La calidez de la ignorancia gobierna el gozo de los más llanos deseos de los esclavos obreros, quienes apenas sobreviviendo con un salario mínimo que no alcanza ni para la canasta básica, y trabajando el doble que muchos países del primer mundo, se encuentran sometidos a una náusea, que vomita todo el glamour de pensamiento crítico, humanista y, ya no digamos de un verdadero pensamiento, filosófico.

Pero celebremos que somos mexicanos, aunque nuestros llamados héroes patrios en su mayoría sean historias fantasiosas o falsos ídolos. Que seguimos siendo un país tercermundista, gobernados por el presidente que más nos representa como sociedad. Celebremos que será puente y no trabajaremos, así podemos tirar flojera o emborracharnos hasta vomitar. Celebremos como niños en el zócalo con música y baile, adiestrados como animales de circo, agradeciendo a nuestros dueños por tan hermosa y singular fiesta. Celebremos y gritemos al aire que viva México cabrones, aunque no reconozcamos nuestra propia historia y mucho menos seamos cabrones, porque si lo fuéramos, buscaríamos, a toda costa, la libertad.

Publicado en Crítica

Bajo el hashtag de #Lady o de #Lord, usuarios de redes sociales en México han logrado etiquetar a todo aquel individuo que consideran reprobable en la sociedad, el cual, gracias al uso de las cámaras de los teléfonos, puede ser exhibido en el Ágora público virtual para entrar en el juego de la ironía y de la sátira, además de otorgarle la merecida fama negativa a manera de castigo internáutico inmediato.

Sin embargo, los alcances de este fenómeno comienzan a salirse de control y se vuelcan hacia el reflejo de una sociedad que no sólo busca mofarse de actos considerados como reprochables, sino que, a su vez, esos actos están siendo utilizados para denigrar a las personas que se vuelven protagonistas de los videos millones de veces compartidos.

El martes 14 de junio de 2016, el trending topic en Twitter lo alcanzó una menor de edad (adolescente), que, al parecer, bajo su permiso fue grabada y fotografiada realizando sexo oral a su novio en una escuela y con el uniforme de la institución, en presencia de los amigos del galán. Situación que ha llevado a catalogarla en las redes como una “Lady”.

Y sin afán de contribuir más al frenético morbo por ver las imágenes de esta chica bajo esta situación, escribo estas líneas con el único objetivo de cuestionar y reflexionar sobre diferentes situaciones que quisiera exponer, sin entrar en un aire moralista y de golpe pecho.

¿Qué es lo que está pasando con nuestros adolescentes que día con día se ven más inmersos en actos de violencia, delincuencia, drogadicción, violaciones, o falta de pudor? Pensando tan solo por citar algunos ejemplos, en los casos de los llamados “Porkys” de Veracruz, en el caso de Chihuahua en el que un grupo de adolescentes privó de la vida a un niño de 6 años en lo que ellos llamaron como un “juego”, y ahora en la exposición pública y en redes sociales de estos adolescentes en una escena que va más allá del morbo y del exhibicionismo.

¿Dónde están los padres de estos adolescentes y cuáles han sido las dinámicas familiares que han permitido que sus hijos se vean envueltos en casos así?

¿Hasta dónde, como sociedad, les estamos fallando a las futuras generaciones? Que al parecer de forma directa o indirecta incitamos, permitimos e incluso nos servimos de ellos para colocarnos en el centro de burlas y mofas.

En el caso específico de esta chica (a la cual no nombraré como ha sido denominada en redes, no sólo porque me parece denigrante, sino porque sería contribuir con el problema) y de los jóvenes involucrados en el caso específico, me queda claro que existe una total falta de madurez y consciencia sobre las dimensiones que sus actos han alcanzado y las consecuencias que los mismos traerán ante una sociedad que es catalogada todavía como machista y de doble moral; y aun cuando pudiese entender que esta falta de madurez, entre otras muchas cosas, sean las causantes de ponerlos en una situación así. Lo que no puedo entender es cómo, como sociedad, seguimos contribuyendo a que esto pase de forma diaria, a que se le dé difusión masiva a las imágenes y las mismas sirvan de burla ante frases y palabras que no sólo denigran a una menor de edad, sino que también la vulneran y contribuyen a pisotear más su dignidad.

Diría mi abuela: “Tan culpable es el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”. En este sentido, me parece que tan culpables de reproches son ellos, como nosotros que al centrarlos en medio del escrutinio, la mofa y el prejuicio social, nos hemos olvidado de que les hemos fallado al no haber generado un contexto social que les permita tener alternativas reales, que los aliente a ser mejores, a superarse y a crecer con valores y principios, a luchar por sus ideales valorando el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y no enalteciendo el camino fácil y la fama sin sentido.

Creo que es necesario detenernos un momento y reflexionar si nuestros actos en la vida real y cotidiana y en el mundo virtual de las redes sociales, son tendientes o suficientes para incidir y generar un mundo mejor para ellos, para nuestros hijos, para las generaciones futuras.

Si al pensar en esto la respuesta es “no”, entonces debemos empezar a cambiar lo que hacemos, debemos esforzarnos más por generar mejores condiciones, debemos comenzar a hacernos responsables de nuestras acciones y decisiones diarias sin pensar por un momento en lo que el de al lado no ha hecho o lo que el gobierno en turno (que, dicho sea de paso, nosotros escogimos directa o indirectamente) está haciendo o ha dejado de hacer.

La solución para muchos problemas que vivimos está en nuestras manos, por ello es hora de dejar de ser parte del problema y convertirnos en la solución, si no, el día de mañana no nos sorprendamos de que sean nuestros hijos o familiares las futuras “Ladies” o “Lords” de las redes sociales y sigamos inmersos en esta dinámica destructiva que como sociedad hemos alimentando. 

Publicado en Análisis social

Hace algunos días platicaba con mis alumnos sobre las próximas elecciones, los beneficios que esto tendría y lo exorbitante de los costos de campaña. Les compartía el desencanto que siento por las instituciones, la rabia que me da la impunidad y el descaro con que los corruptos saquean al país. Les hablaba del terror que siento ante la inseguridad y la posibilidad de hallarme en el momento y lugar equivocados. Uno de ellos, indignado, aseguró que no iba a votar. Que no valía la pena, porque todos los políticos eran iguales y lo único que buscaban era robar. No pude estar más de acuerdo. Asentí y continuamos denostando contra ellos, contra la forma en la que gobiernan el país y lo mucho que roban. Nos burlamos de Peña Nieto y lamentamos la perdida de los 43 normalistas. La conversación continuó por esa línea. Aquí, probablemente el lector se sienta identificado y hasta de acuerdo. Yo lo estaría. Pero ahora, en retrospectiva, considero que lo importante de esto es que ni mis alumnos o yo nos cuestionamos el por qué estábamos tan de acuerdo, sin siquiera analizarlo o detenernos a pensar sobre ello. Considero que esto se debe a la forma en la que esto nos interpela. Los jóvenes con quienes charlaba son brillantes y combativos. No por nada aprendo de ellos. Pero ahí radica lo peligroso. Que nos encontramos en el nivel de la camaradería y juzgamos poco lo que uno u otro dice, ya que somos similares. La parte importante de esto, y lo que podría ser uno de los mecanismos perversos de control, lo encontramos en [lo que podríamos nombrar como] la empatía de clase. Con esto no me refiero a las distancias entre estratos sociales, sino a un lugar imaginario que se nos impone o en el que elegimos posicionarnos. Un algo ideal, que no sólo tiene que ver con el capital económico, sino también con el simbólico. El nivel en que nuestras conciencias se encuentran, por decirlo de alguna manera. Y este se encuentra por encima de las masas, de los Peñabots o los acarreados. Si bien nosotros, quienes tenemos acceso a información fidedigna y con pocos filtros, que sabemos dónde buscar y a quién o qué preguntarle, conocemos de la larga historia de represión, autoritarismo, enriquecimiento ilícito y todos los actos criminales habidos y por haber que han cometido los partidos políticos, no estamos dispuestos a permitir que sigan en el poder. El conocimiento es poder, pero también implica responsabilidad. Es por ello que tenemos que hacer algo. ¡Unirnos, ejercer presión, manifestarnos! Una solución que surgió desde lugares poco comunes, como la academia o sujetos carismáticos, fue la del voto nulo. Esto es importante, porque pareciera que es uno de los remedios que algunos grupos de personas conscientes se han apropiado y esgrimido como bandera, para evitar la continuidad del PRI, en el poder, apelando a la empatía de clase. Sin embargo, como sugiere Max Andrade, ( http://www.proyectodiez.mx/opinion/anulistas-ya-salgan-del-closet ) esa no es la solución para un problema que afecta a todo el país, ya que nos convierte en esclavos de los mismos amos, sólo con diferente cadena. Si miramos a esto de forma más aguda, daremos cuenta de que hay un elemento perverso, que a simple vista no alcanzamos a distinguir, pues es demasiado obvio. Cabe aquí parafrasear a Deleuze, quien nos dice que si queremos dar cuenta de la maquinaria desde donde se estructura la política en México, es necesario observar a quién beneficia. Es así que se torna importante contrastar el actuar de la gente que vive en pobreza, de quienes intentamos distanciarnos, pero que la venta de su voto y el aceptar son estrategias que les permiten sobrevivir. La inmediatez es su realidad. En cambio, desde nuestra óptica las cosas parecen cambiar, pero en un lugar se tocan, al igual que dos líneas rectas. Lo importante es señalar que lo único que cambia es el fondo y la respuesta que los grupos de poder emiten ante eso. Por ejemplo, nosotros nos debatimos entre desayunar o pagar el camión. Nos preocupa el alza del dólar, pero no el de la tortilla. Me molesta que mi conexión a la Internet sea lenta, no que no haya drenaje en mi colonia. Hay diferencias sustanciales, que no nos permiten ver las mismas problemáticas. A nosotros, las artimañas que usan los que se encuentran en el poder y buscan perpetuar su lugar, no nos interpelan. Una despensa, un paraguas, una lonchera o $3000.00 no pueden incidirán en mi decisión de votar. Sin embargo, si apelan a mi ego, la cosa se torna distinta. Si un académico o erudito me aseguran que soy diferente, que no soy parte de la masa y que como tal debo comportarme, me derrito como cualquier jovencito en su primera vez. Es en ese momento que ocupo ese lugar de intelectual(oide) al que me he referido tanto. El argumento de que estoy por encima me convence y me hace justificar que no votar es una solución bien pensada. Que no hacerlo redundará en que el PRI tiemble ante nuestro poderío, ante mi agencia, ante la posibilidad de que si cambio yo, todos cambiaran. ¡Castiguémoslo anulando nuestro voto! ¡Seguro así aprenderá! Porque somos ilustrados, porque somos inteligentes, porque somos el cambio. Suena bien. Desde luego. Pero, insisto: ¿A quién beneficia esto? Para responder a la pregunta, pensemos en qué significa votar o no hacerlo. Según entiendo, hay dos cosas que el Instituto Nacional Electoral toma en cuenta, para decidir quién nos gobierna: la votación nacional y la total. Según nos dice el buen Roberto Duque, (video al pie) la más importante, es la  nacional. ¿Qué significa esto? Que quienes no votaron, simplemente no importan. Una vez que se anula el voto, el número que se debe considerar, en cuestión de boletas, es menor. Imaginemos que la población en condiciones para votar es de un total de 100 personas. De esas, sólo 30 anularon su voto y 70 lo emitieron. Entonces, el 100% ya no es 100, sino 70. Y de ese 70, los votos duros, de los sindicatos, la cámara de comercio, empresas, monopolios y sobre todo sus militantes, esos votos que el PRI ya tiene asegurados, representan, digamos, el 30%. Es así que de esas 70 personas que votaron,  el partido en cuestión tiene aseguradas, sin hacer nada, más que existir, 21 lo hicieron por el partido en cuestión. ¿Qué pasa con los otros 49? Entre ellos se encuentran esas personas que necesitan las despensas, los frutsis y las tortas, para sobrevivir a la miseria en la que el mismo partido los tiene inmersos. Lamentablemente son mayoría. Estamos en condiciones de responder desde dónde se estructuran estas formas engañosas de interpelarnos. Vemos que los beneficiados por el voto nulo no son otros que los que están en el poder. Esos que buscan continuar bebiendo de las mieles de nuestro país, sin medida y con desfachatez, porque nosotros, los ilustrados, creemos que inventamos novedosos castigos que no les intimidan en lo más mínimo, pues la lógica de las elecciones en México está pensada para beneficiar a unos cuantos, no para ejercer una democracia representativa. Saben que llegan a las elecciones como el partido más repudiado, (http://www.sinembargo.mx/25-05-2015/1353192) por lo que urge hacer algo con esos con los que no funcionan los regalos, pero que sí representan una amenaza a su continuidad. En última instancia, lo que sugiero es que si de verdad se busca castigar a los partidos, la opción es votar por la que sea la mejor opción, aunque el panorama sea desolador. En lo personal, y a riesgo de que parezca que esto que escribo tiene un sesgo,  tengo el ojo puesto en lo que propone Kumamoto, quien en este momento lucha contra titanes, pues lo que ofrece no es tangible y requiere el compromiso de los que va a gobernar. Lamentablemente yo vivo en Zapopan, pero no en el distrito 10, que es por el que contiende, así que no puedo votar por él. Esperemos que si llega a su cometido, conserve la coherencia. En este momento particular y ante el desencanto, lo único que me queda es conservar la fe y la esperanza.

 

 
Publicado en Análisis social

¿En qué reside el miedo que vive el mexicano?
¿Reside acaso en el temor de convertirse en una cifra estadística, de ser el número 44?
¿Reside en la incertidumbre de saber si serás “navajeado” por resistirte a entregar tu Smartphone, por el que trabajaste varias quincenas, a un patán que te lo exige cuchillo en mano?
¿Reside en la ambigüedad de saberte protegido por quienes perpetran tu bienestar, pese a su “juramento” de servir y salvaguardar tu seguridad?

No. El día de hoy, los narco bloqueos que sufrió el estado de Jalisco y su capital (mayormente), activaron el verdadero temor de México: saber que si así lo quieren, los sicarios del crimen organizado, no hay nada que pueda el gobierno hacer para defendernos, para protegernos de su acometida.

¿Qué mensaje se encuentra en las acciones criminales y de terror que acontecieron el día de hoy? El mensaje fue para nuestros gobernantes: “Mira lo que podemos hacer si nos traicionas”.

El gobernador del estado, Aristóteles Sandoval, dio parte de lo sucedido: contando un total de 39 “narco-bloqueos” y 7 muertos. El anuncio no fue para rendir cuentas a la ciudadanía, en su lugar, fue una humillante y desvergonzada declaración de derrota e incapacidad.

Las llamas y los humos que cubrieron la ciudad no son si no el eco del terror del que somos rehenes todos los mexicanos. Los 43 estudiantes asesinados también lo son. Asimismo, los miles o cientos de miles de asesinatos (sean narcos o civiles) que la “guerra de guerrillas” ha dejado arrojado como cifras rojas en la historia.

El miedo del mexicano viene en el silencio de la verdad que pocos anuncian y que por nuestra salud mental, bienestar de nuestra calidad de vida, pocos aceptan: “El narco puede más que el gobierno”.

Los noticieros y la vox pópuli le llaman “inseguridad” y no es incorrecta la utilización de dicho término: tenemos miedo de la inseguridad. Pero al ocultar tras ese término, meramente político, se corre el riesgo de que sea utilizado como arma de doble filo, sobre todo en tiempos como éste (elecciones) para acusar y ganar el favor de simpatizantes al decir “El PRI es el culpable… Peña Nieto es el culpable” etc.

El utilizar y postergar el término de “inseguridad”, México está solventando el horror en que es presa todo mexicano honesto, toda su sociedad. Al utilizar el término “inseguridad” se aminora el verdadero temor del mexicano, pues ciertamente yo como mexicano, así como muchos, tengo miedo a la inseguridad en la que vivo. Pero el origen de tal temor no es en sí la inseguridad, sino aquello que lo promociona, que lo ejecuta, que, como el día de hoy, lo expone como el verdadero temor: el miedo a una fuerza relativamente contenida, suciamente ocultada pero evidentemente enmarañada en el Estado mexicano, ese miedo de saber y no querer reconocer que México ha sido derrotado ya hace mucho tiempo por el narco.

No nos equivoquemos, el día de hoy no vivimos el pánico y el caos, el miedo a las flamas y el humo violento que cubrió la ciudad y todo el estado de Jalisco en general. El día de hoy vivimos el miedo de saber que 39 bloqueos y un vehículo militar (el helicóptero de la Sedena) sucedieron en una perfecta ejecución, sin impedimento, sin obstrucción, sin oposición, sin respuesta efectiva, con sólo un humillante y vergonzoso anuncio oficial de nuestro gobernador: Sucedió y no hizo nada para evitarlo.

Sistemas de seguridad e inteligencia civil y militar fueron opacados, violentados y arrebatados de su “autoridad” como niños a los que se les quita un dulce sin que ellos puedan siquiera hacer algo; sólo llorarle a su madre.

Durante los hechos, sostuve una conversación con un amigo, el cual recuperó de pláticas anteriores el asunto de llamar y declarar un “Estado bélico” y permitir al ejército nacional actuar en territorio nacional. “No se les está permitido, es anticonstitucional” le respondí con dolor. “Y aún si el máximo general del ejército, el presidente de la república (nótese la falta de capitales), declarase estado bélico y el ejército y la marina y las fuerzas especiales actuaran en una verdadera guerra contra el narco, no es sino un sueño húmedo de muchos mexicanos hartos de la “inseguridad” en que viven. Ya una vez, un presidente (también sin capital) intentó utilizar todas las fuerzas del ejército sin encontrar apoyo del senado, ni apoyo de la ciudadanía y los resultados de esa “guerra” bueno... pueden consultarla en cualquier hemeroteca virtual: Llena de cifras rojas y sin ningún efectivo resultado.

Ya pasó el miedo por hoy (eso esperamos todos) y confiamos en que pronto esa “certidumbre” de paz y tranquilidad se restablezca, aunque sea momentáneamente; como estamos acostumbrados.

Publicado en Divulgación
Viernes, 17 Abril 2015 00:00

La anti-retórica o el lenguaje político

“Yo como digo una cosa, digo otra.

 ¿Tengo o no tengo razón?

¡Es que hay cosas que ni qué!"

La Chimoltrufia

 

Muy distante están nuestros políticos de poseer el arte de hablar y persuadir, porque hasta para hacerse pato y evadir preguntas incómodas hay que tener estilo. Es una lástima que artes como la retórica, la dialéctica y la erística cultivadas por los políticos y filósofos griegos y romanos principalmente, sean olímpicamente ignoradas por los políticos de hoy en día. Afirmo sin temor equivocarme que en estos tiempos de elecciones se ha evidenciado que la mayoría de los candidatos no hacen más que enlodar y desprestigiar el verbo “cantinflear”, regionalismo del que en nos hemos sentido  cómicamente orgullosos en otros ayeres.

Pero que se responda a una pregunta con algo que ni siquiera se acerca poquito a ser una respuesta no tiene ya nada de cómico. Y menos cómico si comenzamos a sospechar que; o no se tiene la capacidad mental para responder o nos creen de tan poca, que piensen que no nos damos cuenta de que no se responde en absoluto lo que se cuestiona, el lenguaje de los políticos es entonces una anti-retórica.

Parece que este mal no sólo afecta a nuestra casta política, porque faltar a los tres principios básicos de cualquier discurso más o menos decente como lo son la coherencia, la cohesión y la univocidad, es un mal hábito que se ha ido minando entre otros profesionistas que poco tienen que ver con la política, ¿quién no ha sentido esto al pedir el diagnóstico a un médico? Y que por ejemplo al final, uno no sabe si tiene cólera, crisis de ansiedad o conjuntivitis. No se niega en absoluto que hay excelentes profesionistas de todas las áreas en nuestro país, pero tampoco se puede decir que el negrito en el arroz no va siendo cada vez más abundante y que al arte de hablar correctamente, o al menos el de hacerse entender es una adquisición urgente de muchos, que digo muchos ¡muchísimos!

Que ajeno es a nuestros políticos aquel brevísimo texto de Schopenhauer en que sugería 38 estrategias para convencer al otro de que tenemos razón, sea que la tengamos o que no. Nuestros políticos ni la tienen, ni aparentan tenerla, y de convencernos de cualquier cosa, están más lejanos aún.

El asunto es que la elocuencia sin ser obligatoria para todos, sí lo es para nuestros políticos y la decencia también (no debería ser, pero ahora es necesario aclarar la obligatoriedad de la decencia). En este sentido siguen y seguirán siendo imprescindibles las asignaturas de corte filosófico no sólo en nuestros bachilleratos, sino desde la educación primaria. Disciplinas como la retórica, la ética y otras, no son menos importantes que la lengua española y las matemáticas, mismas que por cierto y ante la malísima interpretación de encuestas, también deberían ser contenidos de una actualización urgentísima para los dirigentes de nuestro país.

Publicado en Análisis social
Viernes, 10 Abril 2015 00:00

Estás hasta la Calzada

“De la Calzada para allá” o “estás hasta la Calzada” son expresiones tapatías muy conocidas y que representan una verdad conocida y vivida, pero no comentada, es decir; normalizada. La ciudad de Guadalajara es una ciudad dividida como dijera el investigador estadounidense John Walton en un texto de 1976 que se volvió clásico del tema de la segregación espacial, “Guadalajara: creating the divided city”.

La ciudad de Guadalajara, no es por supuesto el único caso de una ciudad dividida, ni se cuentan pocas ciudades que han transitado y transitan procesos de segregación espacial. Pero es, sin dudas, una ciudad donde este fenómeno tiene mucho arraigo, mucha historia y  muchas consecuencias visibles. La fundación de la ciudad, como muchas ciudades coloniales fue una traza ortogonal, es decir; una traza cuadricular partiendo del centro, donde se fundaba la plaza de armas, el palacio municipal, el templo principal y algún otro edificio de importancia. La repartición de los lotes según su cercanía a este centro  territorial, político y administrativo se hacía según la jerarquía social; se estaba más cercano a esta primera cuadricula mientras más jerarquía se tuviera.

Al otro lado del río San Juan de Dios (después paseo Porfirio Díaz y hoy Calzada Independencia), se encontraba Analco lugar asignado a la población indígena. Con el paso del tiempo la ciudad fue creciendo y el límite simbólico y físico del río no fue suficiente, con la creciente población de clase baja y la “tugurización” del centro la clase alta pintó su raya nuevamente en varias ocasiones cruzando primero la Avenida Alcalde, Avenida del Federalismo, Avenida Tolsá (hoy Enrique Díaz de León), y más allá cruzando los límites de Zapopan. La ciudad catrina, siempre con la intensión de alejarse primero usando avenidas, hoy usando muros y seguridad privada tal como representan los cotos, se ha negado a la integración con la excusa de la seguridad.

Hablar de segregación espacial en Guadalajara, es referirse primero a una separación étnica y luego económica, pero sobre todo simbólica. El quién es quién de los tapatíos está ahora íntimamente ligado al status de vida, al modo de vivir la ciudad, a las condiciones diferenciadas del espacio público, tamaños de servidumbre, plazas, servicios, condiciones de áreas verdes, tamaños de viviendas, trebejos domésticos y modelos de automóviles. Guadalajara hoy y siempre, quiere decir “dos Guadalajaras” o Guadalajara, la ciudad dividida. “De la Calzada para allá” habla de una lejanía donde esos otros son algo ajeno, algo fuera de, algo desconocido, algo sub, algo medio tapatío, ¿tú de qué lado vives?

Publicado en Análisis social

Democracia.
1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.
2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político del estado. (RAE)

Durante las elecciones Federales de México, en el año de 2012, en las que se eligieron los cargos de Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales, aconteció un movimiento estudiantil denominado “#YoSoy132” -quienes a su vez llamaban este movimiento como “La primavera de México”, nombre derivado de la “Arab Spring” (Primavera Árabe)- de caracter revolucionario contra la imposición y represión del Estado hacia el pueblo, así como libertador de la censura de internet.

El movimiento “#YoSoy132” exigía la democratización de los medios de comunicación y el rechazo ante la imposición mediática favorable al entonces candidato del PRI (Partido Revolucionario Institucional), Enrique Peña Nieto. Este movimiento fue protagonista de múltiples protestas pacíficas, cuya primicia implícita era la manifestación de que el pueblo mexicano había “despertado” de su apatía, indiferencia y tolerancia ante los agravios, reprimendas y corrupción de la democracia mexicana.

Desde entonces, han existido muchos otro movimientos de protesta; muchas otros casos (algunos trágicos) que han llevado al pueblo mexicano a participar y exigir su “democracia”: Con pancartas con leyendas tales como “La democracia en México continúa secuestrada”, exhibidas en una protesta por nativos mexicanos y simpatizantes en la ciudad de New York el sábado 1 de septiembre de 2012, han demostrado su descontento. Otro ejemplo, del llamado al despertar ciudadano, fue visto la máxima casa de estudios de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la convocatoria a la conferencia: “Sin protesta no hay democracia. Libertad de expresión ante las fuerzas de seguridad” programada el día 7 y 8 de agosto del 2014 en la Casa Universitaria de Libro en UNAM.

Este tipo de manifestaciones y expresiones sobre la libertad y la democracia han sido en México, desde las pasadas elecciones Federales de 2012, un parteaguas de lo que hoy no es sino otra muestra más de la inmadurez cultural y política del pueblo mexicano, secuestrando ideologías políticas y teniéndolas como rehenes de sus berrinches pseudo-patrióticos ante la injusticia y la corrupción política gubernamental del Estado. Un movimiento, un acto que jamás entenderé, exige justicia a quien la ha parcializado; exige libertad a quien la ha robado; demanda derechos a quienes te los ha arrebatado. Según lo veo yo, es exigir al lobo que por favor, no se robe a los corderos, esperando que el lobo entre en razón y deje de actuar según su código natural, su instinto. Sin embargo, de mi opinión al respecto, este ideal de “protesta = libertad/democracia” es mucho mayor que cualquier argumento o razón que le contradiga, es pues, una mayoría aplastante.

En este año, 2015, se preparan y se llevan a cabo las pre-campañas electorales de comicios federales y estatales, motivo por el cual la hipocresía mexicana ya salió a lucir su vestido de gala: adornado de mediocridad e inmadurez.

El pasado 14 de febrero de 2014, fue promulgada la aprobación de la reforma electoral que “permite” y reconoce a las “Candidaturas cívicas (independientes)” a forma de garantizar lo estipulado en el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual dicta el derecho fundamental de todo ciudadano para votar y ser votado para un cargo de elección popular. Esto es, si acaso no se sobre-entiende, el derecho que todo mexicano tiene de ejercer su poder democrático. Sin embargo, la respuesta al efectivo uso de este derecho así como de la reforma electoral, ha sido de dimensiones sorprendentemente incongruentes a lo manifestado, a lo protestado hace 3 años encabezado con el movimiento “#YoSoy132”.

En Guadalajara, Jalisco, sucedió un estremecimiento social ante la noticia de la postulación, como candidato independiente a la presidencia municipal de la ciudad, del ciudadano Guillermo Cienfuegos, quien es mayormente conocido por su personaje “Lagrimita”, un payaso presentador de un programa de entretenimiento en Televisa Gdl.

La incredulidad, como respuesta sorpresiva ante este anuncio, fue avasalladoramente continuada por una suerte de indignación social mostrada en comentarios sobre la noticia en medios de difusión, como redes sociales y portales de noticias.

lagri

Los “memes” y demás comentarios siguen surgiendo en estos medios, en los que se ridiculiza y se ironiza sobre la “condición” de la política del pueblo por la permisión que se le ha otorgado a este ciudadano de presentarse como candidato a la presidencia municipal. Pero el payaso “Lagrimita” sólo fue el primero de los candidatos civiles que se han lanzado por un cargo popular. Otros candidatos que figuran en los medios, son el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, quien habría de postularse a la presidencia municipal de Morelos por parte del Partido Social Demócrata; En Guerreo otro exfutbolista, Jorge Campos, apadrinado por el mismo partido (PSD), optaría ir a la contienda por el cargo de presidente municipal en Acapulco, Guerrero (aunque la segunda noticia no ha sido confirmada).

Los comentarios humoristas y burlescos se encuentran en todos lados, incluso encontramos comentarios en los que se reflexiona y se dice “Preferible a los lacras ya conocidos”; sin embargo, el motivo de este artículo es sólo para señalar la incongruencia del pueblo mexicano, exhibida en la respuesta social ante estas noticias. El humor es esta hoja de doble filo que exhibe la inmadurez del mexicano así como la apatía e indiferencia y, a su vez, es una forma de crítica no formal que permite al pueblo manifestar su inconformidad e indignación.

Sin embargo ¿realmente es motivo de indignación la postulación de estos personajes a un cargo público? El “argumento” más redundante en los comentarios, que muestran desagrado ante el suceso, asegura que un cargo público debe ser tomado por una persona “preparada”… que la falta de preparación de estos personajes es una burla al sistema y al pueblo.

0005

En el caso de “Lagrimita” se hizo viral un video en que el candidato, durante mitin público en una plaza de Guadalajara, es cuestionado sobre qué tipo de “políticas” presentaría en su campaña, a lo que el candidato responde pobremente (mostrando una falta de preparación para tales eventos) con una apócope al reportero, llamándole “pagado” disuadiendo así el encaramiento referente a los planes que su campaña supondría. Sobre este suceso, estoy de acuerdo y manifiesto la falla en la estrategia de “popularidad” que presentó el candidato, obviando que ésta le dimitiría de responder una duda fundamental en lo que respecta a una campaña política. Este error, sin embargo, fue seguido por múltiples comentarios en los que se cuestiona, ya no la campaña del candidato cívico, sino la persona moral: se cuestionan hechos y rumores de Cienfuegos sobre jóvenes menores de edad embarazadas; sobre tragedias acontecidas en el programa de televisión del candidato.

Es aquí que llamo a la reflexión, nuevamente. Es necesario investigar toda nota virtual relacionada con estos candidatos; investigar todo “meme” que encontremos entre nuestros contactos de redes sociales (o en su defecto en nuestro timeline); es aquí que llamo a la reflexión no de la noticia, sino de la repuesta que esta noticia genera.

Observemos los comentarios escritos por ciudadanos, como tú, como yo, como los candidatos de partidos políticos, como los candidatos de partidos independientes: ciudadanos. Comentarios que hacen gala de su intolerancia social, que ridiculizan a un sujeto por su anterior trabajo (payaso o futbolista); comentarios llenos de inmadurez e incongruencia política-cultural.

Hace 3 años, todo México se cimbró en las protestas y manifestaciones públicas, las cuales exigían democracia y libertad, justicia e igualdad. Muchos mexicanos, como su servidor, vimos en estas protestas y manifestaciones, exhibiciones burdas de ignorancia, de berrinches sociales erróneamente fundamentados en ideales político-culturales, de los cuales no comprendían la amplitud y extensión que abarcan en realidad: ¿Exigen democracia y presumen de tenerla y hacerla presente en el acto de la protesta, pero se indignan y se burlan de quienes, respaldados por las mismas garantías constitucionales, hacen efectivo su derecho a postularse en un cargo público? ¿Exigen candidatos “capacitados” y no son capaces (el pueblo mexicano) de respetar el ejercicio de un derecho constitucional por parte de un sujeto “del pueblo”? ¿Acaso el derecho a exigir el cumplimiento de alguna garantía constitucional, sólo es efectiva si quien lo exige se auto-condiciona “mártir” del gobierno?

0004

Yo no votaré por “Lagrimita", a decir verdad estas próximas elecciones, volveré a mi condición de “demócrata apartidista” (no votante) y dejaré que el pueblo, al cual pertenezco, del cual soy, elija lo que crea conveniente y favorable para el pueblo, estando de antemano de acuerdo con el resultado ya que si el pueblo lo eligió y yo soy del pueblo, así decida en último momento votar por algún candidato, el resultado y la aceptación de dicho resultado es parte de ser “demócrata”.

No por ello, ridiculizaré a un candidato, me burlaré de su persona o caeré en la patética incongruencia de ser un mexicano más que escribe pancartitas lindas con frases de gomita rosa y masticable, adornadas de ideales huecos y berrinchudos como “libertad, democracia, pueblo”, para luego dirigirme a humillar y ridiculizar un proceso y un ejercicio legal y fielmente constitucional, democrático.

Dicho lo anterior, termino con la reflexión de que quizá, para las siguiente elecciones municipales, aquí en mi pueblo, Chapala, inicie una candidatura independiente para alimentarme del odio, el repudio y la burla pública porque: No soy una persona apta para gobernar, sólo soy un payaso que escribe payasadas llenas de repudio social y, además, soy un cobarde que sólo lo hace en Facebook, en lugar de salir a la calle y armarme con mi manto sagrado.

Publicado en Análisis social
Página 1 de 2