Sábado, 30 Septiembre 2017 22:48

Postal: Referéndum catalán

Presenciar un proceso de independencia en esta segunda década del siglo XXI ya no suena descabellado. Los efervescentes nacionalismos por aquí y por allá recuerdan sentimientos más bien gestados en la aurora del siglo pasado. No soy nacionalista. Tiendo a estar más bien de acuerdo con lo que recientemente Martín Caparrós ha dicho sobre el tema: "La patria es una idea paranoica –funciona en referencia a una amenaza externa– y la paranoia siempre vende bien. Es fácil entusiasmarse con la patria. Es fácil imaginarnos distintos de los otros; es fácil imaginarnos mejores que los otros. Es fácil suponer que todos los males vienen de los que están más lejos, los que no son nuestros parientes, nuestros vecinos, los nuestros. Es más cómodo, más tranquilizador: evita ciertos roces y evita, sobre todo, el esfuerzo de pensar". Caparrós lo dice en referencia al proceso independista de Cataluña.

La primera vez que escuché catalán fuera del salón de clases fue en una sala de espera. Mientras leía, un niño se sentó a mi lado; inmediatamente después se puso frente a mí una señora, su madre, que me dijo en perfecto catalañol: “perdona ¿te molestaría moverte un lugar para que pueda sentarme amb el meu fill?”.

Un ser como yo que, en cuanto a creencias como Pessoa, dejo abierta la posibilidad de la existencia de dios, pero descreo total y terminantemente de la Humanidad –así con mayúscula- y en consecuencia carezco de interés por los temas de política, por motivos personales he tomado gran interés en el proceso catalán. No podría, ni quiero, ofrecer un dictamen que sería más bien competencia de avezados sociólogos o politólogos, lo que aquí ofrezco es la más subjetiva postal de un país que está, o no, llegando a encontrarse con su forma administrativa ideal y largo tiempo anhelada: la de un estado.

Nacionalista o no, se acepta casi por descontado que a cada país, entendido éste como una extensión geopolítica con una lengua cohesionada e instituciones propias, le corresponde también un estado. Luego de llevar esta sentencia hasta sus últimas consecuencias, la cuestión parece más difícil de lo que se advierte en un principio; difícil, no sólo para estados como España que se reconoce a sí misma plurinacional. Pensemos en México ¿cuántos países-estado tendríamos que contar tan sólo en el sur? ¿Cuántas lenguas y cosmovisiones aglutinadas solamente en las entidades federativas de Oaxaca y Chiapas? O en Papúa Nueva Guinea en cuyos 462,840 km2 de extensión se hablan más de 700 lenguas actualmente.

Muy descreído de la humanidad y todo, han sido días de atestiguar la fuerza y la solidaridad de la que son capaces las sociedades organizadas. Pocas palabras podrían alcanzar la elocuencia del mar de fotografías y videos que han logrado enmudecer hasta a los más expertos opinólogos sobre el terrible segundo temblor del 19 de septiembre. Con la misma fuerza que la tierra puede moverse, la gente lo hace: para rescatar sobrevivientes de los escombros, organizar las campañas de acopio y distribución para ayudar a las zonas afectadas. También para ir a votar.

Hace años ya que las nuevas generaciones catalanas nacidas libres del estigma del franquismo dejaron de tener miedo, no así de tener rencor. Es verdad que las sociedades al verse amenazadas se repliegan sobre sí mismas y logran asombrar con su capacidad de respuesta. Ante la latente amenaza por parte del Gobierno de España de prohibir el voto a cualquier coste, asombra el ingenio y la determinación con la que los catalanes dan pacífica respuesta: anteponiendo claveles en los coches de los mossos d’esquadra –hecho con el que seguramente quieren rememorar la Revolução dos Cravos-, o trayendo del campo cientos de tractores a las avingudas, passeigs y carrers para impedir el paso a los vehículos de las fuerzas de policía. O quizá la más ingeniosa de todas: montando mega pijamadas en las escuelas de niños que están destinadas a ser centros de votación el próximo domingo 1 de octubre, con todo y que la orden judicial es que dichos centros sean cerrados para impedir el voto. Pienso que la última escena que el Gobierno Español quisiera regalar a los medios internacionales es la de unos policías enfrentando en las escuelas niños modorros en mameluco.

Amén las encuestas de la intensión de voto y los resultados previstos de la consulta, las multitudinarias manifestaciones que han tenido lugar durante el sábado 30 de septiembre, tanto en plazas públicas de Barcelona como de Madrid y con ambos bandos presentes, a favor y en contra del referéndum, me hacen pensar en ese grueso de la sociedad catalana que o está feliz o no se decide entre ser española o ser catalana, como la petición de la señora en el aeropuerto. Lo que es de preocupar, es que el nacionalismo catalán ha reforzado y hecho visible el nacionalismo español que no teme ocultar su rostro fascista; igual de preocupante que la entrada de Alternativa por Alemania al parlamento alemán.

Como he insistido, quizá más de lo necesario, no soy nacionalista y descreo de la democracia “este culto a la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una revivificación de los cultos antiguos, donde los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabeza de animales” (Pessoa, 2013 pág. 15). Con todo, me han conmovido profundamente estos versos de Els segadors, himno nacional catalán inspirado en un romance popular del siglo XVII:

(Com fem caure espigues d'or,

quan convé seguem cadenes.)

Como hacemos caer la espiga de oro

cuando conviene segamos cadenas.

Publicado en Análisis social

Año 2006. En el verano de este año, se efectuó una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia nacional. Andrés Manuel López Obrador estaba en el máximo de popularidad y encabezaba las encuestas; de cerca lo seguía el candidato oficial, el conservador Felipe Calderón Hinojosa. En una jornada electoral cargada de irregularidades y una campaña de desprestigio montada meses previos a la elección, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) no pudo dar un resultado claro de quién era el ganador debido a supuestos errores del sistema. De inmediato, y con el recuerdo todavía vivo del fraude del 88, la protesta de los simpatizantes del "Peje" no se hizo esperar.

Tan sólo unos días después de la elección, el escritor Fernando del Paso publicó en algunos periódicos un emotivo poema, que no daba muchos argumentos al movimiento, pero sirvió de alguna manera como empuje motivacional para el mismo. Así se expresaba Del Paso:

"Sí hubo fraude, porque el engaño es fraude.

Sí hubo fraude, porque la falacia es fraude.

Sí hubo fraude, porque el abuso de confianza es fraude.

Sí hubo fraude, porque la mentira es fraude.

No hay que buscar el fraude en un millón, dos o tres millones de votos perdidos.

No hay que buscarlo en mil, tres o cinco mil actas con errores deliberados.

El fraude, el gran fraude, ya estaba allí, entre nosotros, desde mucho antes del 2 de julio".

Tiempo después, en los momentos en que la protesta se exacerbaba por la opacidad informativa del instituto electoral, se organizó en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara un foro de reflexión que contaría con la participación de Julio Hernández, columnista de La Jornada, y el propio Del Paso, quien fue invitado a raíz de su publicación.

Un colega fue requerido para llevar al escritor al evento, que se realizó en el emblemático auditorio “Salvador Allende”, y me pidió que lo acompañara a recogerlo a su domicilio en la colonia La Calma. Debido a que no se nos dieron las debidas instrucciones para llegar al lugar, arribamos muy tarde. El escritor estaba furioso, pero se tranquilizó durante el trayecto.

El foro fue, hay que decirlo, más visceral que reflexivo. Hernández hizo atinados señalamientos, con ciertos datos precisos, que argumentaban la hipótesis del fraude. La intervención de Del Paso fue también crítica respecto de las instituciones gubernamentales, aunque con recursos poéticos apelaban más al pathos que al logos.

Pero el público, mayoritariamente integrado por incondicionales seguidores del candidato derrotado de la “izquierda”, AMLO, aprovechó la ocasión para dejar fluir su frustración y enojo a través de furibundas arengas contra el gobierno, expresando su total convicción de que el proceso elector había sido fraudulento. Incluso se escucharon acalorados llamados a tomar las armas. Un asistente del público retó a los invitados del foro a participar en las marchas y acciones de protesta, para probar su congruencia y su fidelidad a la causa. Hernández accedió, aunque Del Paso evadió como pudo el tema. Una vez concluido el evento, llevamos al poeta de nuevo a su hogar. Durante el recorrido, Del Paso nos confesó que ni de broma participaría en las movilizaciones, ya que ni su edad ni su salud se lo permitían.

Un año después, en el marco de la Feria Internacional del Libro, Del Paso recibió el Premio FIL de Literatura. El galardón fue entregado personalmente por Felipe Calderón, ya ungido oficialmente como presidente de la república. Cuando escuché la noticia por la radio, no pude evitar recordar el siguiente pasaje del poema de Del Paso, escrito casi año y medio atrás:

"Ese fraude es ya parte de nuestra historia. Y con él, la traición a la confianza de los electores por parte de nuestras más caras instituciones. Nos defraudó el presidente Fox al avalar y participar en la campaña contra Andrés Manuel López Obrador y en favor de Felipe Calderón".

Es comprensible la negativa de Fernando Del Paso en participar en el movimiento de protesta de aquel fatídico año. No obstante, el recibir un premio a manos del “presidente espurio” apenas al año posterior resultó muy desconcertante, pues el poeta jamás se explicó el extraño cambio de opinión. Sin duda, es respetable que una persona cambie de parecer, pero el no aclararlo y sobretodo, el no justificar por qué lo hizo es lo que desconcierta. Y claro, esto es lo que alimenta toda clase de especulaciones.

Publicado en Crítica
Domingo, 05 Junio 2016 08:48

El virus negacionista alcanzó a Mujica

 
No hay peor cosa en el mundo que un izquierdista resentido. Si la sociedad en que vive no le permite realizar su idea porque hay todavía garantías individuales, apoyará, exaltará y encubrirá las dictaduras de su signo. Hasta puede llegar a ver como revolucionarios a la Autoridad Palestina, que viene de los nazis, o al Hamás, que basa su carta fundacional en los Protocolos; mientras que ambas son lo más ultraderechista que existe. Los antisemitas de Podemos son otro ejemplo: el izquierdista de medio pelo quiere un poder que mate por él, no importa cuál.
 
El motivo por el que tantos intelectuales y artistas apoyaron ciegamente los populismos de Venezuela —líder de la región— y de Argentina es por desear, siguiendo el modelo cubano, ser los privilegiados de una nomenclatura sobre un país de millones de esclavos. Son fans de la servidumbre voluntaria y sobre todo si se pagan grandes sumas por recitales y obras que nadie va a presenciar, mientras en el conurbano y las provincias del Norte la gente vive en la miseria. Nunca se vio tal degradación de los seres que dé cuenta de por qué en los regímenes comunistas las personas superan todos los límites de abyección imaginable y se transforman en delatores de familiares y amigos, como lo muestra Juan Abreu en Cuba en su extraordinario libro Cinco Cervezas.
 
Quienes algún provecho obtuvieron por eso son quienes hoy más patalean, pese a que fueron cómplices de los hechos más aberrantes del terrorismo de estado de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) —ex mandatataria de Argentina—, como evidenció el caso Nisman. Criticarlos era arriesgarse a ser arrojado a una mítica derecha construida a la medida, descalificando inmediatamente el agumento mediante ideologías políticas para que la mafia obrara impunemente. Los que se tragaron el sapo de Milani como Jefe del Ejército ahora tratan de hacer pasar a Macri como un dictador. Dan risa.
Afirmo una hipótesis que tengo: la izquierda, en grandes líneas, y muy especialmente la que viene del marxismo leninismo —no la que lucha por las libertades sindicales— ha dejado de ser una posición política para transformarse en un virus letal y negacionista. 
 
Hasta hace poco pensaba que José Mujica era un hombre de la izquierda democrática, como el chileno Ricardo Lagos y su ex canciller Luis Almagro, hombre de izquierda del Frente Amplio.  
 
Mujica volvió a ser Pepito el Pistolero con la cabeza llena de pajaritos; y no se salvó de su crítica ni la Bolivia de Evo Morales, que fue populista y autoritaria pero tuvo responsabilidad fiscal y evitó caer en la hiperinflación de Venezuela; o la misma que casi se lleva puesta Argentina: repudió la "civilización de mercado" haciendo evidente su ignorancia, ante lo cual le aconsejo leer a un marxista, Cornelius Castoriadis, que en Ante la Guerra describe cómo la Unión Soviética se negó a construir una sociedad de consumo para controlar y militarizar a toda la sociedad. 
 
Las sociedades sin mercado se militarizan y reina arbitrariamente un solo partido, mismo que se eterniza en el poder en manos de una elite de millonarios y masas hambreadas y reprimidas. Algo que sucedió en Cuba y hoy sucede en Venezuela.
 
Es increíble que el virus haya alcanzado también a un hombre honesto como Mujica. ¿Se debe al poder sublime de la ideología? Para esta ideología las personas son “ideas” y, si no encajan en la teoría, no existen. Se las puede asesinar sin violar derechos humanos, pero ¿cuál es la teoría?
Mujica fue un revolucionario guevarista en los setenta. ¿Tiene algo que ver, Pepe, esto que pasa en Venezuela, con la revolución que querías hacer y por la que recibiste seis balazos?  
 
Si aquí, en Argentina, hubiera habido un gobierno montonero, habrían asesinado por lo menos a un millón de personas.  Así decían sus líderes quienes mataban civiles indefensos y entregaban a sus propios compañeros y que todavía ayer trabajaban para Massera y no hace poco pusieron a Milani como Jefe del Ejército, al que ahora algunos le piden que derroque al gobierno.
 
No creo que fuera tu caso, Pepe. Lo que sucedió fue que las ideas que querías llevar a la práctica estaban ya muertas. Parece que los "Testigos de Chevara" no aprenden más: ¿para esta mierda castrista y chavista se ensangrentó el continente? Esas ideas hoy son cadáveres que arrastran a la tumba. ¿No hablaste con ningún venezolano de a pie? ¿No te enteraste que el marxismo leninismo fue la teoría más genocida de la historia humana por no haber leído las críticas de Rosa Luxemburgo al partido de Lenin, quien proponía todo lo que fuera contrario a él, comenzando por otras facciones socialdemócratas y anarquistas, blancos aparte? Todavía están estancados en ese punto.
 
El gobierno de Maduro, si tanto te interesan las etiquetas, puede ser considerado fascista o estalinista. Cualquiera sea su color, roba y mata. No vacila en dispararle a sus propios ciudadanos ante la menor protesta.
 
Los “colectivos” chavistas equivalen a las camisas pardas de la SA Nazis y los barrios están bajo el control de la Guardia Nacional Bolivariana. La venta de productos regulados está prohibida, el control militar es abrumador y resulta imposible que la población pueda derrocar desarmada a los que disparan a mansalva. Las dos posibilidades que quedan son: una eventual rebelión del ejército y o el aislamiento del régimen por la aplicación de la Carta de la OEA, ante la total indiferencia de Obama. 
 
A esto se niegan Mujica y otros mandatarios de países latinoamericanos, quienes han respondido a la línea de la Habana. Si CFK hubiera mandado tropas de refuerzo, habría conmovido al país entero por cadena nacional al acusar al imperialismo yanqui por todos los problemas de su territorio y de América Latina. Hoy que la izquierda se ha vuelto un virus depredador y homicida, basta decirse “socialista” para hacer lo que se quiera como los neonazis de Podemos, quienes saquearon Venezuela antes de hacer lo propio en España.
 
Lo peor en este caso es que existe hambruna y la represión de los parapoliciales, como diariamente nos lo muestran las noticias internacionales en Venezuela. Pero tú, Pepe Mujica, que para colmo hiciste un gobierno aceptable siguiendo las líneas del gobierno anterior, que no expropiaste, que no dilapidaste el gasto público para hacer clientelismo y privilegiaste la inversión extranjera con esa seguridad jurídica que Kiciloff decía odiar, ahora te has convertido en otro. En suma, en casa tu política no tuvo nada de populista ni de un estado expropiador, según el programa liberal que anunciaste en Punta del Este: “sin empresarios, nos quedamos con las utopías”. ¿Entonces?
 
En Venezuela hay un solo empresario: el Estado. Y es un estado fallido. ¿Cuántos tienen que morir para que te des cuenta? 
 
Nunca vi a la izquierda condenar el régimen de los Castro pese a que tiene más de ciento cincuenta mil víctimas. Cada desaparecido, asesinado o ahogado es una “mala idea”. Peor, hasta fue recientemente exaltado como modelo ideal ¡para América Latina!. Querés expulsar del Frente Amplio a un hombre que quiere la libertad para Venezuela y que hasta hace poco defendías de la acusación de Maduro, que lo consideraba “ agente de la CIA”. El martes 10 se divulgó la carta de Almagro, en la que lamentó que el rechazo de Venezuela a la presencia de una misión de observadores de la OEA en las elecciones municipales de diciembre se fundara en posicionamiento político y no en los argumentos que hacen a la justicia y a las garantías necesarias para el desarrollo de un proceso electoral.
 
Haciendo historia, ¿por qué la comisión de la OEA pudo investigar las dictaduras de Pinochet y de Videla y nunca pudo entrar, nunca, en Cuba y hoy en Venezuela para observar lo que ocurre? A mí me parece que esa izquierda es criminal: repudia las instituciones liberales que dieron lugar a los derechos humanos, comete asesinatos y, cuando se le responde, es la primera que llora por los derechos humanos, siendo que es la primera en abolirlos cuando toma el poder. El virus también está entre nosotros: la izquierda, encubriendo el terrorismo de estado que practicó el kirchnerismo con el asesinato de Nisman y el tratado con Irán, donde en el colmo de la abyección se entregaron las víctimas por beneificos, trata de hacer pasar a Macri —actual mandatario argentino— por un dictador por un tema administrativo menor: es la única idea obsesiva que tienen.
 
El golpe de estado ya no puede venir de los militares, sino de los Espinosa y los D¨Elia y sus idiotas útiles. Los que justificaron o callaron la larga serie de crímenes del kirchnerismo, la desnutrición en el Chaco y Formosa y cientos de aberraciones, no tienen la menor autoridad moral para criticar a Cambiemos. Cambiemos es un partido de tipo radical de centro izquierda o socialdemócrata, con sus virtudes y defectos, ya que también la canciller Malcorra defiende al régimen de Maduro. 
 
Su vocero Marcos Peña salió a desmentir sus dichos recordando el valiente pronunciamiento inicial de Macri que pidió por los presos políticos. Pero la posición oficial de Argentina sigue siendo la de ella. Demasiado entrenada en la ONU: Malcorra  es el mismo virus. 
Espero que Uruguay defienda a Almagro, la Argentina cambie de posición y Macri se convierta en líder de un cambio democrático en la región que arroje al castro chavismo al basurero de la historia.
 
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Publicado en Análisis social

Hace algunos días platicaba con mis alumnos sobre las próximas elecciones, los beneficios que esto tendría y lo exorbitante de los costos de campaña. Les compartía el desencanto que siento por las instituciones, la rabia que me da la impunidad y el descaro con que los corruptos saquean al país. Les hablaba del terror que siento ante la inseguridad y la posibilidad de hallarme en el momento y lugar equivocados. Uno de ellos, indignado, aseguró que no iba a votar. Que no valía la pena, porque todos los políticos eran iguales y lo único que buscaban era robar. No pude estar más de acuerdo. Asentí y continuamos denostando contra ellos, contra la forma en la que gobiernan el país y lo mucho que roban. Nos burlamos de Peña Nieto y lamentamos la perdida de los 43 normalistas. La conversación continuó por esa línea. Aquí, probablemente el lector se sienta identificado y hasta de acuerdo. Yo lo estaría. Pero ahora, en retrospectiva, considero que lo importante de esto es que ni mis alumnos o yo nos cuestionamos el por qué estábamos tan de acuerdo, sin siquiera analizarlo o detenernos a pensar sobre ello. Considero que esto se debe a la forma en la que esto nos interpela. Los jóvenes con quienes charlaba son brillantes y combativos. No por nada aprendo de ellos. Pero ahí radica lo peligroso. Que nos encontramos en el nivel de la camaradería y juzgamos poco lo que uno u otro dice, ya que somos similares. La parte importante de esto, y lo que podría ser uno de los mecanismos perversos de control, lo encontramos en [lo que podríamos nombrar como] la empatía de clase. Con esto no me refiero a las distancias entre estratos sociales, sino a un lugar imaginario que se nos impone o en el que elegimos posicionarnos. Un algo ideal, que no sólo tiene que ver con el capital económico, sino también con el simbólico. El nivel en que nuestras conciencias se encuentran, por decirlo de alguna manera. Y este se encuentra por encima de las masas, de los Peñabots o los acarreados. Si bien nosotros, quienes tenemos acceso a información fidedigna y con pocos filtros, que sabemos dónde buscar y a quién o qué preguntarle, conocemos de la larga historia de represión, autoritarismo, enriquecimiento ilícito y todos los actos criminales habidos y por haber que han cometido los partidos políticos, no estamos dispuestos a permitir que sigan en el poder. El conocimiento es poder, pero también implica responsabilidad. Es por ello que tenemos que hacer algo. ¡Unirnos, ejercer presión, manifestarnos! Una solución que surgió desde lugares poco comunes, como la academia o sujetos carismáticos, fue la del voto nulo. Esto es importante, porque pareciera que es uno de los remedios que algunos grupos de personas conscientes se han apropiado y esgrimido como bandera, para evitar la continuidad del PRI, en el poder, apelando a la empatía de clase. Sin embargo, como sugiere Max Andrade, ( http://www.proyectodiez.mx/opinion/anulistas-ya-salgan-del-closet ) esa no es la solución para un problema que afecta a todo el país, ya que nos convierte en esclavos de los mismos amos, sólo con diferente cadena. Si miramos a esto de forma más aguda, daremos cuenta de que hay un elemento perverso, que a simple vista no alcanzamos a distinguir, pues es demasiado obvio. Cabe aquí parafrasear a Deleuze, quien nos dice que si queremos dar cuenta de la maquinaria desde donde se estructura la política en México, es necesario observar a quién beneficia. Es así que se torna importante contrastar el actuar de la gente que vive en pobreza, de quienes intentamos distanciarnos, pero que la venta de su voto y el aceptar son estrategias que les permiten sobrevivir. La inmediatez es su realidad. En cambio, desde nuestra óptica las cosas parecen cambiar, pero en un lugar se tocan, al igual que dos líneas rectas. Lo importante es señalar que lo único que cambia es el fondo y la respuesta que los grupos de poder emiten ante eso. Por ejemplo, nosotros nos debatimos entre desayunar o pagar el camión. Nos preocupa el alza del dólar, pero no el de la tortilla. Me molesta que mi conexión a la Internet sea lenta, no que no haya drenaje en mi colonia. Hay diferencias sustanciales, que no nos permiten ver las mismas problemáticas. A nosotros, las artimañas que usan los que se encuentran en el poder y buscan perpetuar su lugar, no nos interpelan. Una despensa, un paraguas, una lonchera o $3000.00 no pueden incidirán en mi decisión de votar. Sin embargo, si apelan a mi ego, la cosa se torna distinta. Si un académico o erudito me aseguran que soy diferente, que no soy parte de la masa y que como tal debo comportarme, me derrito como cualquier jovencito en su primera vez. Es en ese momento que ocupo ese lugar de intelectual(oide) al que me he referido tanto. El argumento de que estoy por encima me convence y me hace justificar que no votar es una solución bien pensada. Que no hacerlo redundará en que el PRI tiemble ante nuestro poderío, ante mi agencia, ante la posibilidad de que si cambio yo, todos cambiaran. ¡Castiguémoslo anulando nuestro voto! ¡Seguro así aprenderá! Porque somos ilustrados, porque somos inteligentes, porque somos el cambio. Suena bien. Desde luego. Pero, insisto: ¿A quién beneficia esto? Para responder a la pregunta, pensemos en qué significa votar o no hacerlo. Según entiendo, hay dos cosas que el Instituto Nacional Electoral toma en cuenta, para decidir quién nos gobierna: la votación nacional y la total. Según nos dice el buen Roberto Duque, (video al pie) la más importante, es la  nacional. ¿Qué significa esto? Que quienes no votaron, simplemente no importan. Una vez que se anula el voto, el número que se debe considerar, en cuestión de boletas, es menor. Imaginemos que la población en condiciones para votar es de un total de 100 personas. De esas, sólo 30 anularon su voto y 70 lo emitieron. Entonces, el 100% ya no es 100, sino 70. Y de ese 70, los votos duros, de los sindicatos, la cámara de comercio, empresas, monopolios y sobre todo sus militantes, esos votos que el PRI ya tiene asegurados, representan, digamos, el 30%. Es así que de esas 70 personas que votaron,  el partido en cuestión tiene aseguradas, sin hacer nada, más que existir, 21 lo hicieron por el partido en cuestión. ¿Qué pasa con los otros 49? Entre ellos se encuentran esas personas que necesitan las despensas, los frutsis y las tortas, para sobrevivir a la miseria en la que el mismo partido los tiene inmersos. Lamentablemente son mayoría. Estamos en condiciones de responder desde dónde se estructuran estas formas engañosas de interpelarnos. Vemos que los beneficiados por el voto nulo no son otros que los que están en el poder. Esos que buscan continuar bebiendo de las mieles de nuestro país, sin medida y con desfachatez, porque nosotros, los ilustrados, creemos que inventamos novedosos castigos que no les intimidan en lo más mínimo, pues la lógica de las elecciones en México está pensada para beneficiar a unos cuantos, no para ejercer una democracia representativa. Saben que llegan a las elecciones como el partido más repudiado, (http://www.sinembargo.mx/25-05-2015/1353192) por lo que urge hacer algo con esos con los que no funcionan los regalos, pero que sí representan una amenaza a su continuidad. En última instancia, lo que sugiero es que si de verdad se busca castigar a los partidos, la opción es votar por la que sea la mejor opción, aunque el panorama sea desolador. En lo personal, y a riesgo de que parezca que esto que escribo tiene un sesgo,  tengo el ojo puesto en lo que propone Kumamoto, quien en este momento lucha contra titanes, pues lo que ofrece no es tangible y requiere el compromiso de los que va a gobernar. Lamentablemente yo vivo en Zapopan, pero no en el distrito 10, que es por el que contiende, así que no puedo votar por él. Esperemos que si llega a su cometido, conserve la coherencia. En este momento particular y ante el desencanto, lo único que me queda es conservar la fe y la esperanza.

 

 
Publicado en Análisis social
Miércoles, 06 Mayo 2015 00:00

"Hypotheses non fingo" en narcobloqueos

Conjeturar es algo natural en el ser humano. Lanzar hipótesis es responde a la necesidad de dar posibles explicaciones a ciertos fenómenos. La conjetura es usual en la actividad científica, pero también en la vida cotidiana: aparece cuando indagamos acerca de la posible causa del mal funcionamiento del automóvil, del refrigerador o acerca de los motivos de las acciones de ciertas personas. Prácticamente en todas las actividades y ámbitos de la vida humana, las personas tienden a formular explicaciones hipotéticas para dar cuenta de situaciones o eventos que enfrentan.

Desde luego, hay muchas diferencias entre las especulaciones cotidianas y las conjeturas en la ciencia; tema que por ahora no pretendo abordar. Más bien me interesa realizar algunas observaciones sobre la producción de hipótesis en el campo político. No pretendo presentar aquí un estudio detallado, sino esbozar lo que podría ser una veta en la investigación social. Y en particular, me gustaría puntualizar acerca de los fallos que suelen darse en las explicaciones hipotéticas en esta área.  Aunque Isaac Newton decía que la física no debía especular y evitar la formulación de hipótesis –algo en lo que sin duda se equivocó-, probablemente su sugerencia podría aplicarse a ciertos casos.

Cuando ciertos acontecimientos sociales y políticos tienen un impacto directo sobre las personas, es normal que se generen toda clase de opiniones. Sin duda, los narcobloqueos del pasado 1 de mayo en Jalisco y otras entidades del Occidente de México parece ser parte de la tendencia de violencia que afecta al país desde el 2007; pero el hecho de haber ocurrido tan cerca produce efectos más fuertes en muchas personas. La incertidumbre de qué es lo que realmente ocurrió y el pensar que uno pudo ser afectado directamente o nuestros seres queridos, indudablemente provocan miedo y paranoia.

Mi interés no es analizar los hechos en sí, sino las opiniones vertidas en prensa y redes sociales. Muchos funcionarios, intelectuales, investigadores y usuarios de la red en general suelen interpretar los eventos según sus creencias. Esto es normal, pues nuestras creencias, como señala Luis Villoro, son enunciados que asumimos como verdaderos y que de alguna forma integran nuestra visión del mundo. En gran medida, las inferencias que realizamos para dar cuenta de un evento o justificar una postura parten de nuestras creencias. No obstante, el problema es que estas creencias bien pueden sesgar nuestros juicios.  Cuando un sujeto se aferra demasiado a sus creencias, puede llegar a distorsionar sus explicaciones o argumentar falazmente (y el dogmatismo, tanto religioso como ideológico, representa el peor ejemplo).

Así, en el caso de los narcobloqueos, unos tienden a interpretar los eventos como un avance en materia de seguridad y a partir de ello, justificar las estrategias actuales en contra el crimen organizado; otros culpan a los opositores políticos de crear un "clima de enrarecimiento" que polariza a la sociedad; algunos más señalan que es una táctica del propio "sistema" para controlar a las masas e inhibir la protesta social, etc. No faltan los que recurran al usual tu quoque y reprochar que la indignación de muchas personas por los eventos es contradictoria, considerando que dichas personas son conformistas en otros menesteres. Tenemos, pues, todo un repaso de lugares comunes e interpretaciones que podrían aplicarse a prácticamente cualquier evento de importancia política: los apologetas del gobierno encausarán sus posturas hacia una apología del gobierno; los detractores encontrarán cualquier problema como síntoma de la descomposición del “tejido social”, cuya responsabilidad cae en el gobierno. Las ideologías, en tanto creencias injustificadas centradas en la posición de un grupo social, pueden sesgar o incluso obstaculizar las descripciones objetivas.

Mas, independientemente de si sus posturas están justificadas y sus conclusiones son verdaderas, el punto es que se trata sólo de conjeturas. Tanto en la ciencia como en las actividades cotidianas, lo que decide si un enunciado es verdadero o falso es su correspondencia con los hechos. El problema con las conjeturas en política es que su contrastación no resulta sencilla, pues atañe a intereses e intenciones que son difíciles de conocer, dada la opacidad en el manejo de la información por parte del gobierno y los medios.

Esto es muy usual en las instituciones de gobierno y en algunas empresas. En los tiempos en que se dan los cambios de mandos, los funcionarios y trabajadores ubicados en los diferentes puestos según las jerarquías suelen especular acerca de quién será el nuevo secretario o ministro, qué política se impondrá en caso de que X o Y lleguen al puesto y así sucesivamente. Dado que la continuidad laboral de las personas está en juego, es natural que éstas se preocupen y, por ende, especulen. La cuestión es que las decisiones de quién ocupará una jefatura o secretaría dependen de jerarquías más altas, y la información difícilmente es accesible, por lo que las conjeturas de las personas de niveles inferiores jamás abandonan el reino de la posibilidad. Pero no deja de ser interesante cómo se interpretan ciertos acontecimientos, como nombramientos o remociones de personajes, como indicios de “ciertas líneas” o jugadas de los altos jerarcas.  Estamos ante especulaciones que no son muy diferentes de las metafísicas.

Sin embargo, es necesario puntualizar. No está mal especular, pero hay que ser conscientes de cuándo especulamos. Las conjeturas en política pueden ser útiles para tratar de comprender la situación de un país, de una región o  una institución. Para que se puedan contrastar nuestras hipótesis políticas es necesaria cierta información, que, como he señalado antes, muchas veces no es de acceso público. Lo difícil es, pues, disponer de datos concisos. Si podemos constatar las hipótesis, hemos avanzado un paso; el siguiente, implica la revisión de creencias si éstas no concuerdan con las descripciones verificadas.

En este sentido, me parece que, amén de las conjeturas y especulaciones que podamos hacer sobre acontecimientos políticos o sociales, lo más importante es exigir estos datos y someterlos a escrutinio detallado, para corroborar la información, detectar las inconsistencias y las falacias, y si es el caso, señalar que la información es falsa o incompleta. Mijaíl Gorbachov bautizó su política de apertura como Glásnost, que literalmente quiere decir ‘transparencia’. El camino de la Glásnost mexicana, de la apertura informativa, ha sido tortuoso y con retrocesos. Pero hay que continuarlo. 

Publicado en Comunicación
Viernes, 24 Abril 2015 00:00

El ciudadano de hoy y la buena vida

En esta época de elecciones es no sólo válido sino necesario ocuparse de preguntarnos si al margen de la imposición de candidatos que han vuelto a México una kakistocracia (el gobierno de los peores), ¿puede el ciudadano común sentir garantía de una buena vida? Una buena vida debe ser entendida como el acceso a la salud, a la educación, a una economía suficiente, al derecho de asociación y a la seguridad, entre otras cosas.

Sin embargo, a pesar de la gran e incumplida responsabilidad del Estado que ha fallado una y otra vez en cubrir estos aspectos básicos de la buena vida, el ciudadano debe de encontrar su buen vivir no sólo en una correcta elección para el sufragio, sino en su proyecto de vida mismo. O en otras palabras; no basta con acudir a las casillas y ejercer su derecho a elegir quien lo va a robar esta vez, o contabilizar qué partido le dio más tortilleras, playeras, gorras, o quién trajo a la mejor banda grupera en su campaña, para estampar su voto a favor del más dadivoso y fino candidato. Tampoco se trata de querer asegurar su futuro con las falsas promesas de empleo y puestos ofrecidos a cambio de apoyar una u otra campaña. Esto no deberíamos ni de decirlo pero: nada de esto asegura un buen vivir, ni constituye siquiera un atisbo de proyecto de vida.

No es sólo la elección de un candidato la participación a que está obligado el ciudadano, un ciudadano puede participar siendo precisamente eso, un ciudadano ejemplar (cuidadoso de su moral, su salud, su intelecto y su administración), razón por la cual Platón prefería la  aristocracia y la oligarquía (el gobierno de los filósofos o sabios y de los ricos respectivamente) a la democracia.  Aristóteles tampoco sugería la democracia y prefería sobre ella a la república (la combinación de la oligarquía y la democracia), porque un buen gobierno es posible sólo si cultivamos buenos gobernantes, y los buenos gobernantes solo son posibles si antes fueron buenos ciudadanos. Hobbes, por otro lado, dice que la diferencia en las formas de Gobierno depende de la diferencia de personas a las que se confía el poder soberano, y de la diferencia de los ciudadanos que conforman un pueblo. En resumen el buen Gobierno es también una cuestión de calidad individual, de calidad de ciudadanos.

Sin embargo, por penoso que sea Jalisco está muy lejano de que sus buenos ciudadanos abunden, prueba de ello es el promedio de escolaridad jalisciense  (segundo de secundaria). Somos un Estado ignorante y perezoso intelectualmente.  Otra prueba: Jalisco es uno de los primeros lugares en obesidad infantil y adulta. Somos un Estado perezoso físicamente, nuestra salud pende de un hilo. En este sentido ¿cómo podemos esperar acceder a la buena  vida? Si somos ciudadanos de baja estofa, y lo peor: somos así por gusto propio.

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Viernes, 17 Abril 2015 00:00

La anti-retórica o el lenguaje político

“Yo como digo una cosa, digo otra.

 ¿Tengo o no tengo razón?

¡Es que hay cosas que ni qué!"

La Chimoltrufia

 

Muy distante están nuestros políticos de poseer el arte de hablar y persuadir, porque hasta para hacerse pato y evadir preguntas incómodas hay que tener estilo. Es una lástima que artes como la retórica, la dialéctica y la erística cultivadas por los políticos y filósofos griegos y romanos principalmente, sean olímpicamente ignoradas por los políticos de hoy en día. Afirmo sin temor equivocarme que en estos tiempos de elecciones se ha evidenciado que la mayoría de los candidatos no hacen más que enlodar y desprestigiar el verbo “cantinflear”, regionalismo del que en nos hemos sentido  cómicamente orgullosos en otros ayeres.

Pero que se responda a una pregunta con algo que ni siquiera se acerca poquito a ser una respuesta no tiene ya nada de cómico. Y menos cómico si comenzamos a sospechar que; o no se tiene la capacidad mental para responder o nos creen de tan poca, que piensen que no nos damos cuenta de que no se responde en absoluto lo que se cuestiona, el lenguaje de los políticos es entonces una anti-retórica.

Parece que este mal no sólo afecta a nuestra casta política, porque faltar a los tres principios básicos de cualquier discurso más o menos decente como lo son la coherencia, la cohesión y la univocidad, es un mal hábito que se ha ido minando entre otros profesionistas que poco tienen que ver con la política, ¿quién no ha sentido esto al pedir el diagnóstico a un médico? Y que por ejemplo al final, uno no sabe si tiene cólera, crisis de ansiedad o conjuntivitis. No se niega en absoluto que hay excelentes profesionistas de todas las áreas en nuestro país, pero tampoco se puede decir que el negrito en el arroz no va siendo cada vez más abundante y que al arte de hablar correctamente, o al menos el de hacerse entender es una adquisición urgente de muchos, que digo muchos ¡muchísimos!

Que ajeno es a nuestros políticos aquel brevísimo texto de Schopenhauer en que sugería 38 estrategias para convencer al otro de que tenemos razón, sea que la tengamos o que no. Nuestros políticos ni la tienen, ni aparentan tenerla, y de convencernos de cualquier cosa, están más lejanos aún.

El asunto es que la elocuencia sin ser obligatoria para todos, sí lo es para nuestros políticos y la decencia también (no debería ser, pero ahora es necesario aclarar la obligatoriedad de la decencia). En este sentido siguen y seguirán siendo imprescindibles las asignaturas de corte filosófico no sólo en nuestros bachilleratos, sino desde la educación primaria. Disciplinas como la retórica, la ética y otras, no son menos importantes que la lengua española y las matemáticas, mismas que por cierto y ante la malísima interpretación de encuestas, también deberían ser contenidos de una actualización urgentísima para los dirigentes de nuestro país.

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Hablar de Peña nieto no es nada fácil. Asegurar que es un estúpido es simplista y no permite ver las posibilidades analíticas de éste personaje. Si bien su inglés no es fluido, cae en errores garrafales, es ignorante, tiene mal gusto, es corrupto, encubridor, vividor y hasta una marioneta, no podemos hacer a un lado que es el presidente de México. Su presidente.

Ahora, si queremos hablar del escenario de la “política mexicana”, es necesario observar con detenimiento la “carrera” de campaña y presidencial que ha tenido el susodicho, lo que me dará elementos para afirmar que de imbécil no tiene ni un pelo.

Primero que nada, recordemos su participación en la Feria Internacional del Libro (FIL), aquí en Guadalajara, Jalisco. Sí. Nos reímos del ridículo que hizo y no le vamos a permitir que se le olvide. Desde ahí comenzamos a ver su falta de cultura, de eso que llamamos “alta cultura” (Benjamin, 2008). Eso nos sirvió para hacer mofa de él. Y ni qué decir de la respuesta de su hija, llamándonos prole y envidiosos. Sin embargo, en su actuar hay algo que no cuadra ¿Cómo puede ser posible que no lo hayan preparado para que hablara sobre libros, si su visita iba a ser en el marco de la FIL? ¿Qué equipo de campaña tan terriblemente ineficiente debieron tener, para que eso sucediera? ¿Por qué exponer al escrutinio de los snobs e intelectual(oid)es que se reúnen en la FIL? Evidentemente fue un error imperdonable, ya que, por no leer, se puso en evidencia al candidato a presidente de la nación. En lo personal, jamás confiaría en alguien que no puede mencionar tres libros que hayan marcado su vida. Pero soy yo. Y esa es una de las muchísimas razones por las cuales no me identifico con Peña Nieto. Si por ser del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ya había perdido mi voto, con esa acción ni pensar en escuchar sus propuestas políticas. Sin embargo, si partimos del supuesto de que las personas que sí leen lo criticamos duramente, entonces, quienes no lo hacen, se sentirían interpelados. ¿Por qué digo esto? En un país como el nuestro, según la revista Proceso (http://www.proceso.com.mx/?p=339874 consultada el día 14 de abril de 2015), los mexicanos, en promedio, leemos 2.8 libros, al igual que Peña Nieto. Evidentemente hay quienes ni de broma se acercan a un libro. Es entonces que su acto no estaba dirigido a los intelectual(oid)es, que son una minoría. Estaba pensado específicamente para llegar a esas personas que “no les gusta leer”.

Lo anterior es medular, ya que la forma en la que un político puede adjudicarse el triunfo, al menos aquí en Jalisco, es a partir de si le cae bien o no, a los votantes, desde el hecho de si se identifican o no, con él o ella. Sus propuestas, si las tienen, pasan a segundo plano. No es gratuito que haya candidatos, en la coyuntura de las elecciones, grabando ridículos vídeos musicales (http://www.animalpolitico.com/2015/04/desde-happy-hasta-el-serrucho-candidatos-se-aduenan-de-canciones-famosas-para-sus-campanas/). Retomando, si Peña Nieto fue víctima de un cierto tipo de agresión por parte de los intelectual(oid)es, esta redundó en que, quienes no tienen este hábito, se sintieran por demás identificados. Pero la cosa no termina aquí. Los “aciertos” de Peña Nieto continúan. ¿Por qué nos escandalizó tanto su frase de “no soy la mujer de la casa”? Porque a nosotros personas racionales, positivistas, científicos, intelectual(oid)es, feministas, anti sistema y todo lo que la modernidad y “tolerancia” conllevan, nos causó un corto circuito: ¿Cómo es posible que en los albores del siglo XXI exista una persona tan retrograda y arcaica? ¡Y peor aún! ¡El candidato a la presidencia! De nuevo, nosotros, somos minoría. Los que leemos, nos informamos, sabemos de las condiciones del país y no nos deslumbra una pantalla, vales de despensa o tarjetas de Soriana, no alcanzamos a comprender cómo es que éste individuo emita juicios machistas y misóginos, sin consecuencias. Pero claro que las hay. Sin embargo no son las que nosotros esperamos. Si eso lo escucha un hombre-macho mexicano en Chiapas, por ejemplo, estará de acuerdo con Peña Nieto: “¡Las pinches viejas están pa’ servir! ¡¿Cómo chingados no?!” podrían ser sus palabras. Pero la peor parte es que hay mujeres que interiorizan esos discursos y creen que su lugar es en la cocina o cuidando a los niños. Y esto no sólo sucede en las fronteras del sur del país, sino en las grandes ciudades, donde los individuos confunden ser cosmopolita con el compartir enlaces en Facebook, sobre las 20 cosas que una mujer debe hacer antes de casarse, las nuevas tendencias de moda en Europa o la muerte de algún autor que apenas han leído o escuchado. E insisto. Esto no acaba aquí. Aún queda un largo tramo de momentos Peña Nieto.

Uno particular e importante, y para finalizar, fue cuando, en Tuxtla, afirmó que recibió una buena "cogida". Probablemente esto no fue más que un lapsus que permite inferir lo que preferiría estar haciendo. Eso es algo común entre las personas ya que, según Freud (1920), buena parte de nuestros impulsos están relacionados con las relaciones sexuales, lo cual minimiza ese error. Lo destacable e importante, lo que me sirve aquí, es lo que hizo después, al darse cuenta de su equívoco. Ante la impasividad del público, atinó a decir: “No. No fue albur. ¡No sean así!”, lo que detonó una ronda de aplausos, seguida por sonoras carcajadas. Es así que, de nuevo, muchos nos sentimos interpelados. Me incluyo. Porque, ¿Quién no ha albureado alguna vez? ¡Hasta el más disidente podría doblar las manos por la empatía que el mexicano tiene por los albures! Esto lo vemos en los comentarios del vídeo, 

 

donde la constante es la palabra pendejo, pero matizan diciendo que es uno tierno. Aquí un ejemplo: "Jejeje pobre Enrique Peña debo aceptar que ya hasta me cae bien xD !" (sic). Esto muestra que su estrategia es perversa. Aunque parece un ingenuo, eso mismo le permite posicionarse en lugares que los “iluminados” han perdido de visto. O si lo miran, lo hacen de reojo y con desprecio. Pero dejemos hasta aquí los lapsus de Peña Nieto. Pensemos en los demás actores políticos, esos que se mueven al interior de las instituciones.

Si ellos, quienes aseguran tener intenciones de trabajar en beneficio de la población, no logran cuajar sus proyectos, no sólo se debe a la corrupción que ejerce el partido en el poder, como lo escuchamos en palabras de Leonel Sandoval Figueroa, 

 

padre del gobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval: “es ilegal, pero no lo vamos a andar diciendo”, sino que hay cuestiones estructurales perversas que no permiten, a nosotros, los mexicanos, ver un poco más allá. A riesgo de parecer un #pejezombi, podemos ver una de las cosas que falla en la oposición. Se encuentran del lado del nosotros. Ese nosotros que parece ver desde arriba a las personas que consideramos incultas, a las que se “compra” con un Frutsi o una torta. A la que una televisión de plasma o  tarjeta de Soriana le bastan para votar por un partido que se ha caracterizado por ser represor, oligarca e inepto; que no produce soluciones estructurales, pero que sí propone la metafísica del uno mismo. La cuestión es que los partidos “tradicionales” juegan y se aprovechan de la miseria. La instauran, la reproducen, la legitiman y luego aparecen como salvadores. Es muy difícil que alguien, a quien la inmediatez determina, que vive al día, con carencias que rayan en lo inhumano, crea en un individuo que le promete, a largo plazo, que su nivel de vida mejorará. Y no sólo eso, sino que podrá ser más feliz y sus hijos tendrán futuro. No se equipara con recibir una despensa, ya, hoy, aquí. Eso que permitirá darle de comer frijoles a hijos desnutridos. No se pude poner en el mismo lugar los bienevales que los transvales. Los primero son gratis y los segundos cuestan $3.50. ¡Y sólo se pueden usar si uno estudia! ¿Y cómo va estudiar, si apenas le alcanza para pagar la renta y medio comer? Más bien, antes de pensar que estamos por encima y criticar o burlarnos, lo ideal sería preguntarnos ¿Qué haría yo en esa situación, en la que un Frutsi se vuelve la diferencia entre traer algo en el estomago o no?  

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Democracia.
1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.
2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político del estado. (RAE)

Durante las elecciones Federales de México, en el año de 2012, en las que se eligieron los cargos de Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales, aconteció un movimiento estudiantil denominado “#YoSoy132” -quienes a su vez llamaban este movimiento como “La primavera de México”, nombre derivado de la “Arab Spring” (Primavera Árabe)- de caracter revolucionario contra la imposición y represión del Estado hacia el pueblo, así como libertador de la censura de internet.

El movimiento “#YoSoy132” exigía la democratización de los medios de comunicación y el rechazo ante la imposición mediática favorable al entonces candidato del PRI (Partido Revolucionario Institucional), Enrique Peña Nieto. Este movimiento fue protagonista de múltiples protestas pacíficas, cuya primicia implícita era la manifestación de que el pueblo mexicano había “despertado” de su apatía, indiferencia y tolerancia ante los agravios, reprimendas y corrupción de la democracia mexicana.

Desde entonces, han existido muchos otro movimientos de protesta; muchas otros casos (algunos trágicos) que han llevado al pueblo mexicano a participar y exigir su “democracia”: Con pancartas con leyendas tales como “La democracia en México continúa secuestrada”, exhibidas en una protesta por nativos mexicanos y simpatizantes en la ciudad de New York el sábado 1 de septiembre de 2012, han demostrado su descontento. Otro ejemplo, del llamado al despertar ciudadano, fue visto la máxima casa de estudios de México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con la convocatoria a la conferencia: “Sin protesta no hay democracia. Libertad de expresión ante las fuerzas de seguridad” programada el día 7 y 8 de agosto del 2014 en la Casa Universitaria de Libro en UNAM.

Este tipo de manifestaciones y expresiones sobre la libertad y la democracia han sido en México, desde las pasadas elecciones Federales de 2012, un parteaguas de lo que hoy no es sino otra muestra más de la inmadurez cultural y política del pueblo mexicano, secuestrando ideologías políticas y teniéndolas como rehenes de sus berrinches pseudo-patrióticos ante la injusticia y la corrupción política gubernamental del Estado. Un movimiento, un acto que jamás entenderé, exige justicia a quien la ha parcializado; exige libertad a quien la ha robado; demanda derechos a quienes te los ha arrebatado. Según lo veo yo, es exigir al lobo que por favor, no se robe a los corderos, esperando que el lobo entre en razón y deje de actuar según su código natural, su instinto. Sin embargo, de mi opinión al respecto, este ideal de “protesta = libertad/democracia” es mucho mayor que cualquier argumento o razón que le contradiga, es pues, una mayoría aplastante.

En este año, 2015, se preparan y se llevan a cabo las pre-campañas electorales de comicios federales y estatales, motivo por el cual la hipocresía mexicana ya salió a lucir su vestido de gala: adornado de mediocridad e inmadurez.

El pasado 14 de febrero de 2014, fue promulgada la aprobación de la reforma electoral que “permite” y reconoce a las “Candidaturas cívicas (independientes)” a forma de garantizar lo estipulado en el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la cual dicta el derecho fundamental de todo ciudadano para votar y ser votado para un cargo de elección popular. Esto es, si acaso no se sobre-entiende, el derecho que todo mexicano tiene de ejercer su poder democrático. Sin embargo, la respuesta al efectivo uso de este derecho así como de la reforma electoral, ha sido de dimensiones sorprendentemente incongruentes a lo manifestado, a lo protestado hace 3 años encabezado con el movimiento “#YoSoy132”.

En Guadalajara, Jalisco, sucedió un estremecimiento social ante la noticia de la postulación, como candidato independiente a la presidencia municipal de la ciudad, del ciudadano Guillermo Cienfuegos, quien es mayormente conocido por su personaje “Lagrimita”, un payaso presentador de un programa de entretenimiento en Televisa Gdl.

La incredulidad, como respuesta sorpresiva ante este anuncio, fue avasalladoramente continuada por una suerte de indignación social mostrada en comentarios sobre la noticia en medios de difusión, como redes sociales y portales de noticias.

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Los “memes” y demás comentarios siguen surgiendo en estos medios, en los que se ridiculiza y se ironiza sobre la “condición” de la política del pueblo por la permisión que se le ha otorgado a este ciudadano de presentarse como candidato a la presidencia municipal. Pero el payaso “Lagrimita” sólo fue el primero de los candidatos civiles que se han lanzado por un cargo popular. Otros candidatos que figuran en los medios, son el exfutbolista Cuauhtémoc Blanco, quien habría de postularse a la presidencia municipal de Morelos por parte del Partido Social Demócrata; En Guerreo otro exfutbolista, Jorge Campos, apadrinado por el mismo partido (PSD), optaría ir a la contienda por el cargo de presidente municipal en Acapulco, Guerrero (aunque la segunda noticia no ha sido confirmada).

Los comentarios humoristas y burlescos se encuentran en todos lados, incluso encontramos comentarios en los que se reflexiona y se dice “Preferible a los lacras ya conocidos”; sin embargo, el motivo de este artículo es sólo para señalar la incongruencia del pueblo mexicano, exhibida en la respuesta social ante estas noticias. El humor es esta hoja de doble filo que exhibe la inmadurez del mexicano así como la apatía e indiferencia y, a su vez, es una forma de crítica no formal que permite al pueblo manifestar su inconformidad e indignación.

Sin embargo ¿realmente es motivo de indignación la postulación de estos personajes a un cargo público? El “argumento” más redundante en los comentarios, que muestran desagrado ante el suceso, asegura que un cargo público debe ser tomado por una persona “preparada”… que la falta de preparación de estos personajes es una burla al sistema y al pueblo.

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En el caso de “Lagrimita” se hizo viral un video en que el candidato, durante mitin público en una plaza de Guadalajara, es cuestionado sobre qué tipo de “políticas” presentaría en su campaña, a lo que el candidato responde pobremente (mostrando una falta de preparación para tales eventos) con una apócope al reportero, llamándole “pagado” disuadiendo así el encaramiento referente a los planes que su campaña supondría. Sobre este suceso, estoy de acuerdo y manifiesto la falla en la estrategia de “popularidad” que presentó el candidato, obviando que ésta le dimitiría de responder una duda fundamental en lo que respecta a una campaña política. Este error, sin embargo, fue seguido por múltiples comentarios en los que se cuestiona, ya no la campaña del candidato cívico, sino la persona moral: se cuestionan hechos y rumores de Cienfuegos sobre jóvenes menores de edad embarazadas; sobre tragedias acontecidas en el programa de televisión del candidato.

Es aquí que llamo a la reflexión, nuevamente. Es necesario investigar toda nota virtual relacionada con estos candidatos; investigar todo “meme” que encontremos entre nuestros contactos de redes sociales (o en su defecto en nuestro timeline); es aquí que llamo a la reflexión no de la noticia, sino de la repuesta que esta noticia genera.

Observemos los comentarios escritos por ciudadanos, como tú, como yo, como los candidatos de partidos políticos, como los candidatos de partidos independientes: ciudadanos. Comentarios que hacen gala de su intolerancia social, que ridiculizan a un sujeto por su anterior trabajo (payaso o futbolista); comentarios llenos de inmadurez e incongruencia política-cultural.

Hace 3 años, todo México se cimbró en las protestas y manifestaciones públicas, las cuales exigían democracia y libertad, justicia e igualdad. Muchos mexicanos, como su servidor, vimos en estas protestas y manifestaciones, exhibiciones burdas de ignorancia, de berrinches sociales erróneamente fundamentados en ideales político-culturales, de los cuales no comprendían la amplitud y extensión que abarcan en realidad: ¿Exigen democracia y presumen de tenerla y hacerla presente en el acto de la protesta, pero se indignan y se burlan de quienes, respaldados por las mismas garantías constitucionales, hacen efectivo su derecho a postularse en un cargo público? ¿Exigen candidatos “capacitados” y no son capaces (el pueblo mexicano) de respetar el ejercicio de un derecho constitucional por parte de un sujeto “del pueblo”? ¿Acaso el derecho a exigir el cumplimiento de alguna garantía constitucional, sólo es efectiva si quien lo exige se auto-condiciona “mártir” del gobierno?

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Yo no votaré por “Lagrimita", a decir verdad estas próximas elecciones, volveré a mi condición de “demócrata apartidista” (no votante) y dejaré que el pueblo, al cual pertenezco, del cual soy, elija lo que crea conveniente y favorable para el pueblo, estando de antemano de acuerdo con el resultado ya que si el pueblo lo eligió y yo soy del pueblo, así decida en último momento votar por algún candidato, el resultado y la aceptación de dicho resultado es parte de ser “demócrata”.

No por ello, ridiculizaré a un candidato, me burlaré de su persona o caeré en la patética incongruencia de ser un mexicano más que escribe pancartitas lindas con frases de gomita rosa y masticable, adornadas de ideales huecos y berrinchudos como “libertad, democracia, pueblo”, para luego dirigirme a humillar y ridiculizar un proceso y un ejercicio legal y fielmente constitucional, democrático.

Dicho lo anterior, termino con la reflexión de que quizá, para las siguiente elecciones municipales, aquí en mi pueblo, Chapala, inicie una candidatura independiente para alimentarme del odio, el repudio y la burla pública porque: No soy una persona apta para gobernar, sólo soy un payaso que escribe payasadas llenas de repudio social y, además, soy un cobarde que sólo lo hace en Facebook, en lugar de salir a la calle y armarme con mi manto sagrado.

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Lo dispuesto en nuestra Constitución Política, claramente avala la publicación acceso y difusión de la libertad de expresión de ideas y de información. Y, así como no debe existir ninguna duda de este derecho, tampoco debe existir tergiversación alguna sobre este derecho que, aquí en México, parece ser exigido como derecho divino más no así político, social y moralmente correcto. El caso Charlie Hebdo ha sido un detonante mayormente de hipocresía cultural más que de polémica y reflexión. ¿En qué grado debe de mesurarse la expresión pública de ideas e información? ¿Cómo establecer parámetros éticamente maduros y responsables tanto sobre las ideas expresadas así como las respuestas que éstas pudiesen ocasionar?

Cuando veo en Facebook las publicaciones que hacen referencia al trágico caso del semanario satírico francés, Charle Hebdo, no puedo sino recordar la patética condición del mexicano que muy orgullosamente es conocida como “la idiosincrasia mexicana”. Ese condicionamiento de la doble moral en la que la cultura mexicana (que bien podría existir en otras culturas) ha apadrinado o se ha adoptado como sello de distinción: La burla, el desdén y la ofensa son correctas si se enfocan a quien “se lo merece” o se hace presente en modo de “broma”.

No es una errata decir que en todo el mundo acontece esta situación en que “lo gracioso” se encuentra en la pena y tragedia ajena así como en la otredad (básicamente). Videos graciosos se pueden encontrar en la web abundantemente y, pese a que la mayoría de estos videos relatan un breve acontecimiento de un sujeto lastimándose accidentalmente o siendo agredidos en una "broma", pareciera que nadie se "indigna" por la humillante exhibición (voluntaria o no) del protagonista de este video.

¿Dónde está la doble moral expuesta en estos videos?, se preguntarán. La doble moral se hace presente, la idiosincrasia del mexicano, o quizá de la mayoría de la población mundial, se presenta en la determinada o premeditada intencionalidad de humillar y obtener satisfacción en la burla/humillación de estos videos: Un pueblo que exige respeto, no debería aplaudir ni encontrar divertimiento en tragedias ni accidentes, sin embargo, y por razones que merecen un estudio profundo del comportamiento y paradigmas socio-culturales, ver un video en la web donde un sujeto se golpea contra una pared, donde un sujeto tropieza con un obstáculo, etcétera, ocasiona gracia y risa. Charlie Hebdo no es héroe de la expresión, ni mucho menos un mártir de ésta. Charlie Hebdo es un “Youtube” orientado a la burla premeditada, a la ofensa directa, disfrazada de sátira moderna.

Algunos podrán argumentar que la sátira es una práctica no sólo tan usual como antigua, sino que se puede encontrar en obras de arte. Este argumento implica la noción de que la burla, la ofensa, la humillación como acto intrínseco de la cultura humana es “normal”, usual e improbablemente se le relaciona con la violencia (paradójico, que hoy en día todo lo que se le hace a una mujer, que no sea de su agrado, ya es “violencia”, pero ese tema será para otro artículo).

La libertad de expresión, como derecho y garantía en nuestra constitución, se ha manchado de esta ignorancia selectiva sobre su efectivo uso. En mi anterior artículo, señalé esta aberración que surge de la errada idea de participar este derecho en el caso de los manifestantes de la tragedia de Ayotzinapa, quienes protegiéndose de éste artículo así como del artículo 9no que trata de la libertad de asociación y reunión, creían (ellos, como así los simpatizantes “morales”) que su derecho a la expresión y manifestación de ideas estaba por encima de cualquier otro derecho de terceros. A la fecha, sigo manteniendo algunas discusiones en las que pretenden hacerme “recapacitar” sobre cómo la importancia de lo manifestado tiene el poder divino de arrollar los derechos de terceros, cual si la ley así lo estableciese.

Pero ¿a qué grado una idea o la expresión de ésta se encuentra tanto dentro de lo legal como de lo política y culturalmente correcto? Si la libertad de expresión es tan suprema y hegemónica como lo sostienen los simpatizantes de estas manifestaciones públicas, ¿eso me otorga a mí, como miembro de esta sociedad, el derecho de ir a pararme frente a ellos y muy mexicanamente mentarles la madre? Esta suposición no es un caso hipotético, sucede muy frecuentemente y, pese a que sí tengo “el derecho” de hacerlo, también tengo la responsabilidad social y moral de no hacerlo ya que, legalmente, estoy cometiendo un delito menor al ofender deliberadamente a terceros.

Pero ¿los manifestantes de Ayotzinapa, (o de cualquier otra manifestación) no me ofendían con sus mantitas mágico-poderosas, ni con sus cantos de paz y amor o sus representaciones dramáticas; Charle Hebdo tampoco me ofendía con sus peyorativas caricaturas sobre la religión; son manifestaciones pacíficas; por qué los juzgo injustamente? Muchos serán de la opinión que burlarse de un credo es un acto de rebeldía e intelectualismo, una crítica socio-cultural; muchos serán de la opinión de que impedir el paso, cerrar calles y el vandalismo de propiedad pública son igualmente actos de rebeldía social, de heroísmo patriótico. Yo soy de la opinión, de que los simpatizantes de estos actos, así como los actores mismos, son ejemplos de sujetos irresponsables, inmaduros e irreflexivos y creo que esta opinión me volverá a costar una buena cantidad de insultos como otras opiniones me han costado.

“El derecho al respeto ajeno es la paz” ah no..., lo siento, no es así el “dicho” (pues a eso se ha degradado esta máxima), digo, la frase célebre del expresidente de México, Benito Juárez. La frase célebre original es más hueca etiológicamente dicho: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”. Porque el respeto no está subscrito en ninguna ley, en ninguna constitución (y si lo está, lo ignoro y mi ignorancia no me priva de coherencia, ya que pragmáticamente permanecería inútil e inefectiva). El respeto, sin embargo, sí se encuentra subscrito en una ley moral, en una ética, en una conducta social y culturalmente correcta.

Y si tú, apreciable lector, estas en estos momentos reflexionando sobre mis palabras y encontrando ofensa en lo que he manifestado, ya sea en tu contra o en contra de los movimientos sociales que anteriormente se mencionan, es entonces, aquí, que debemos partir de la reflexión sobre la doble-moral. ¿Soy doble-moralista porque ofendo deliberadamente en mis señalamientos a los que, muy a mi parecer ético-moral, carecen de la responsabilidad social, cultural y ética-moral en la que yo mismo he caído? ¿Cómo entonces podemos establecer un parámetro ético y moral para evitar la ofensa en la manifestación de ideas? ¿En qué podemos basarnos para continuar haciendo uso efectivo de nuestro derecho de manifestación de ideas, de nuestra libertad de expresión, sin que ésta pueda ocasionar una ofensa a terceros?

Me han catalogado de misógino, de machista, de ignorante, de pobre intelecto, y estas adjetivaciones se derivan de comentarios, de opiniones, de un manifiesto personal que su servidor ha hecho, pública y privadamente. Quizá sea una que otra de estas adjetivaciones; quizá sea cierto que moralmente soy una persona de poco valor; quizá también he encontrado simpatizantes sobre mis ideas, ¿cómo me puedo justificar ante ti, paciente lector, ya sea como persona o como escritor? No puedo.

No puedo justificar mi repudio hacia los manifestantes ciclistas de la ciudad que exigen no sólo su derecho sino que, en su crítica a la sociedad y al modelo de transporte en la sociedad, se otorgan a ellos mismos una cualidad heroica y auto-martirizante, como modelos excepcionales de ciudadanos; no puedo justificar mi repudio hacia los movimientos pseudo-equitativos-de-género como el feminismo que exigen que sean tratadas no equitativamente sino sobre-favorecidamente no sólo por los organismos del gobierno sino por el sector masculino de la sociedad; no puedo, estimado lector, justificar mi repudio hacia Charlie Hebdo y sus simpatizantes quienes encuentran en la deliberada ofensa y burla de credo ajeno la auto-satisfacción onanista de un intelecto y moral superior. No puedo justificar mi repudio y mi pseudo-crítica porque innegablemente quienes no simpaticen con mis manifiestos encontrarán en mi persona (derivada de mis ideas) esa misma contrariedad que señalo: esa maldita doble-moral. Sólo podría justificarme si yo fuese una persona intachable, asquerosamente correcta (política y socio-culturalmente dicho) e inmaculado.

Al final de este artículo de opinión, he llegado a la reflexión sobre lo que es la verdadera “libertad de expresión” y es la misma reflexión que manifesté en el primer trabajo publicado en este medio: “No existe la libertad”. Estamos supeditados a este Deus Ex Homo que hemos llamado “Libertad”, cuando tal concepto, idea, utopía, no existe.

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