Lunes, 07 Agosto 2017 17:57

Rubinskis, sin niñerías

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¿Por qué hacer recuento de una vida cuya historia se desarrolla en un contexto anterior al nuestro? La respuesta es sencilla, las vidas de los tipos verdaderamente duros no están organizadas cronológicamente, ni geográficamente. Revisar cómo le han hecho otros para superar sus problemas, para afrontar la vida y para aprender cómo hacer bien las cosas o en su defecto cuáles son las equivocaciones que hay que evitar, debería ser considerado parte de toda buena educación. Revisar vidas no tiene desperdicio.

La idea de tipo duro no refiere a la gente tosca, insensible o llena de fuerza bruta, mucho menos a las personas voluntariosas y necias. Un tipo duro es aquél que no se anda con niñerías como quejarse por un día caluroso o porque un profesor dejó demasiada tarea, un tipo duro toma la vida por los cuernos y persigue la realización personal sin contemplaciones. Un tipo duro combina determinación, inteligencia y perseverancia.

Wolf Rubinskis (o Wolf Rubinsky) es un personaje fundamental de la época de oro del cine mexicano, pero su vida se extendió más allá de la pantalla y comenzó a ser relevante también antes de ella. Wolf nació en 1921 y era originario de Letonia de donde tuvo que salir debido a la persecución judía de los nazis. Su padre de origen ruso y su madre letona, decidieron que era mejor emigrar a Estados Unidos con sus dos hijos y su hija, al no poder ingresar al norteamericano país, se dirigieron hacia Argentina. La tragedia se hizo presente cuando su padre muere en el trayecto debido a una tifoidea, su madre recién llegada a Argentina y sin hablar español, tuvo que dejar a Wolf y a su hermano Daniel en un orfanato de beneficencia mientras buscaba el modo de ganarse la vida, cuando los recogió eran muy pobres y la educación institucional de los Rubinskis comprendió sólo los estudios primarios.

Pero los hermanos Rubinskis no se sentaron a lamentar su amarga existencia, ni a esperar que del cielo llegara un milagro. Encontraron en el deporte la oportunidad para mejorar su situación, para mejorarse así mismos. Durante la adolescencia Wolf y Daniel incursionaron en la lucha grecorromana y en el boxeo respectivamente, recibiendo por sus peleas unos cuantos centavos, pero los hermanos Rubinskis se lo llevaban todo de calle en Argentina, así que salieron a participar en otros torneos. En Colombia, Wolf ganó un campeonato de lucha grecorromana dejando para el arrastre a los sudamericanos más aguerridos, allí también decidió quedarse a jugar como portero profesional del Santa Fe de Bogotá y el Millonarios de Medellín –dos de los equipos con más tradición en Colombia-. Así que el jefe de la policía colombiana al ver que el chico tenía un talento increíble, lo invitó para instruir a las fuerzas policiacas en el combate cuerpo a cuerpo, y Wolf a la par, seguía dedicándose al deporte. Allí en Colombia también incursionó por primera vez en el cine con un papel en “Bambucos y corazones” (1945). Participó en varios torneos de lucha en Perú, Ecuador y otros países demostrando que hacer que un chico besará su propio trasero retorciendo su columna era tan sencillo para Wolf como para un diputado dormirse en plena cámara.

En 1946 llega a México y ese mismo año debuta como luchador profesional en el bando de los rudos, invitación que llegó por el visionario empresario Salvador Lutteroth González. La lucha libre mexicana era famosa ya en ese entonces en todo el mundo por las coloridas máscaras y porque tipos llanamente gordos y flácidos realizan saltos y llaves tan impactantes que hacen ver a Steven Segal como una abuelita en silla de ruedas. A Lutteroth le parecía una desperdicio la lucha grecorromana y le dijo algo así a Wolf: “¿Por qué no dejas de luchar contras esas niñitas de leotardos apretados, y vienes a la verdadera lucha, la lucha de paga?” . Entonces mancuernó a Wolf con el “Cavernario” Galindo, un tipo tan feroz que al salir del cuadrilátero tenían que encerrarlo en jaula hasta la próxima pelea. Wolf demostró calidad tanto en lo físico como en lo intelectual, pues comprendió a la perfección y sin experiencia previa lo que significa ser rudo, pareciera que había leído a Roland Barthes y su análisis del catch francés, que era una especie de pelea espectáculo, donde cada peleador representaba distintos estereotipos de villano, héroe, víctima, etc.

Wolf, ganó gran fama -y odio- al usar sus capacidades naturales para caerle mal a la gente y de este modo conquistó un papel relevante en la lucha libre, se cuenta que un aficionado enterró a Rubinskis un bolígrafo de tinta china provocándole una severa infección en la pierna, pero algo tan tonto como la amenaza de perder una pierna, no iba a detener a un tipo que las ganaba de todas, todas.

Las cosas así, lo invitaron a participar en la película “No me defiendas compadre” (1949) haciendo de antagonista del “Pachuco de Oro; Tin-tan”. Aquí inició su participación destacadísima en la época de oro del cine mexicano, que en ese entonces era tan dominante en el séptimo arte que hacía ver a los demás países como unos escolares tratando de representar “Vaselina” con un presupuesto de coperacha. Demasiadas fueron sus participaciones en el cine, representando casi siempre el enemigo pedante cuyo físico intimidaba a los más atravesados. Actuó junto a “Tin-tan” mayormente, aunque también lo hizo con todos los demás actores importantes incluyendo a “Cantinflas” y a Pedro Infante con quien realizó una de las escenas de boxeo mejor hechas en la historia del cine mundial (Pepe el Toro de 1953). Es considerado un pionero del cine de lucha libre antes aún del gordo del Santo y del fornido Blue Demon.

Cuando se cansó de poner el ejemplo de cómo ser un malote en el ring y en las películas (porque a decir de muchos Wolf era un pan de dios en la vida real), decidió dedicarse al negocio de los restaurantes y a la magia.  Si repasamos todo lo que Wolf hizo aparecerán –en repartidas biografías-  oficios o profesiones como portero, actor de cine y teatro, empresario, cantante, declamador, cuenta chistes, instructor de judo, mago, jugador de rugby, etc. Y esta es otra de las características de los tipos duros; no se encasillan en sola actividad, son vérsatiles, adapatables y sienten interés genuino por un ábanico amplio de escenarios posibles.

En definitiva, Wolf Rubinskis es un digno ejemplo, pues pasó de pedir limosna en un pobre barrio de Córdoba a ser una de las más grandes personalidades de México. Se deduce entonces que su corazón era demasiado pequeño para tanto Wolf porque en 1999 murió de una insuficiencia cardíaca, ¡ojo! la insuficiencia fue del corazón y no de Wolf. Rubinskis no se andaba con niñerías, es en este sentido una vida de la que vale la pena aprender.

Modificado por última vez en Martes, 29 Agosto 2017 16:54
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.