Viernes, 20 Octubre 2017 04:26

¿Enseñar filosofía?... No lo creo

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

Presuponemos que para enseñar algo es condición necesaria “saber”, por lo menos, qué es ese algo que pretendemos enseñar (axioma I), puesto que cuando se sabe algo, se puede “definir” ese algo que se sabe y viceversa (axioma II), dando paso así, tras definir ese algo, a “interpretar”, de algún modo, ese algo que se definió (axioma III).

Partiendo de esto, presuponemos que cualquier docente de una asignatura en particular conoce, por lo menos, ese algo que integra su rama del conocimiento, por ejemplo un matemático conocería qué son las matemáticas, o podría por lo menos definirlas ampliamente; un químico sabría qué es la química y cómo interpretar el significado de la disciplina misma basándose en conocimientos muy básicos de su materia, pero, ¿qué pasa con la filosofía?

Una primera hipótesis podría ir encaminada a decir que se puede desarrollar una didáctica de la filosofía (hipótesis I).

Sin embargo, hablar de una didáctica de la filosofía implica saber qué es la filosofía (por el axioma I). ¿Qué es la filosofía?, pues, “…Wittgenstein nos ha advertido acerca del peligro de platear este tipo de pregunta esencialista (que comienza con las palabras Qué es…), por su tendencia a arrastrarnos a tratar de ofrecer una respuesta definitiva y cerrada a la cuestión, del tipo…” (Cabrera, 1999) la filosofía es…

Definir es limitar el objeto de estudio. Al decir lo que entendemos por filosofía estamos limitando el discurso en el que estamos. Pero no veo necesario, y pienso que no debe serlo, el que se dé una definición cerrada, fija. Por dicha razón, la definición se tomará como hipotética, tal es el caso de las definiciones que leemos en algunos libros o escuchamos en las aulas de clases: La filosofía es esencialmente cuestionar o elaborar preguntas (hipótesis II).

Ante esto me pregunto, ¿cómo podríamos definir la filosofía, sin dejar fuera alguno de los diversos y tan distintos tipos de discursos a los que llamamos filosóficos?

Siguiendo esta definición, dejaríamos fuera de la filosofía o del discurso filosófico a Spinoza en su Ética, porque lo que hace no es cuestionar, sino deducir de los axiomas las proposiciones, otro ejemplo es Wittgenstein en su Tractatus lógico-philosophicus, Nietzsche con su estilo en aforismos, etc., y la lista puede continuar extensamente.

De otra manera, no toda pregunta es una pregunta de relevancia filosófica, luego no se puede afirmar, sin sonar “antifilosófico” (si aceptamos la definición dada), que la filosofía es esencialmente cuestionar o elaborar preguntas. Pues se nos presenta como paradójico el que antepongamos la definición dada  -cuestionar o elaborar preguntas- como afirmativa sin que lleguemos a sonar antifilosóficos. Por dicha razón, rechazo la hipótesis II. Los discursos en sus diferentes manifestaciones -ya sean orales o escritos- son la manera en que se ha “hecho” o se ha interpretado, más frecuentemente, eso que llamamos filosofía (al menos en la tradición occidental).

Hablar de filosofía es hablar de discursos. Los discursos son conjuntos de signos (el lenguaje en el que se dan) puestos de tal forma que pueden ser interpretados y a la vez son una interpretación, de hecho, todo discurso es interpretación de algo. Definir a la filosofía es armar un discurso, que es en sí ya una interpretación de cómo o qué se entiende por filosofía (por el axioma III).

Desde esta visión la definición de la filosofía sea cual fuere sería una mera interpretación, que puede ser acogida, rechazada o pasar desapercibida en un periodo determinado. La definición que se nos presenta como necesaria para poder decir lo que es la filosofía, antes de hacer una didáctica, no es una definición univoca, con univocidad de significados. Realmente no podemos estar seguros de que cuando hablemos de filosofía estemos hablando de lo mismo, ni podemos llegar a ponernos de total acuerdo en la definición de filosofía.

Nos hemos quedado sin la hipótesis II, no tenemos una definición de filosofía, es decir, no sabemos o al menos no estamos seguros de lo que sea ese algo que llamamos filosofía.

Pero, ¿por qué no tenemos una definición de la filosofía? Una respuesta se pondrá en voz del argentino-brasileño Julio Cabrera, quien asegura que “…no sabemos qué es la Filosofía. No porque seamos ignorantes, o porque no hayamos ido bastantes veces a la biblioteca (…) sino por la naturaleza misma del asunto” (Cabrera, 1999).

De esta forma nos vemos limitados, truncados, en nuestro proyecto. Si no podemos definir la Filosofía por su naturaleza misma, nuestra hipótesis II se va abajo (por el axioma II y el axioma I). De ahí que nos vemos imposibilitados a desarrollar una didáctica de la filosofía (por lo menos de la filosofía descrita en la hipótesis II). Por ello, no se puede desarrollar una didáctica de la filosofía, partiendo de esta definición tan dudosa por sí misma, como las personas que pretenden que aceptemos dicha definición.

Juan García

30 de Marzo de 1983. Las Cruces, Cuquio, Jalisco. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara y Maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios, titulado con una tesis sobre Platón y las interpretaciones de su pensamiento. Está especializado en la Historia del Pensamiento Griego Antiguo. Ha participado en congresos internacionales sobre Platón. Es profesor del seminario sobre Platón y Aristóteles en el IFFIM, además de coolaborador ocasional en Radio Universidad de Guadalajara.

Lo último de Juan García