La edición 31 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) está por terminar, es por eso que en Diacrítico te dejamos una selección de 25 imágenes imperdibles de la joven fotógrafa tapatía Francesca Volpi para entender lo que sucede al interior de la Expo-Guadalajara, durante la semana dedicada a honrar y celebrar al libro como objeto cultural y de consumo.

 

1-2. Concierto Porter

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3. Concierto Xoel López

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4-6. Concierto Siddhartha

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7. Hombre con lentes abriendo un libro

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8. Joven español sosteniendo libros

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9. Hombre leyendo la contraportada de un libro

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10. Mujer sostiene a “Mamá”

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11. Recepcionistas

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12. Dos expositores en el área internacional FIL

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13. Hombre con sombrero y lentes tomando un libro

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14. Mujer frente a un librero en el área nacional de FIL

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15. Hombre con barba, libreta en mano en el área internacional de FIL

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16. Hombre asiático con anteojos en el pasillo del área internacional FIL

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17. La fila en “FIL Niños”

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18. Stand Fondo de Cultura Económica

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19. Mujer caminando frente a “Penguin”

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20. Stands de libros antiguos

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21. Hombre caminando con Hitchcock y Mishima de fondo

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22. “Salones planta alta”

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23. "Gracias por todo". Hombre camina frente a mural en memoria a Rius

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24. “Océano” de personas en los pasillos de la FIL

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25. Hombre y mujer, contrastados

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Síguela en Instagram: https://www.instagram.com/francescavolpi_foto

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Entonces Dios, en su eterna soledad, cansado de tanta oscuridad, aburrimiento y ausencia unidimensional, creó el Big Bang con un solo suspiro de sus pulmones de abismo. Pensó: “todo el universo, las estrellas, las supernovas, los mares, los anillos de Saturno, las galaxias, la antimateria, quedarán disminuidos e insignificantes porque le daré el soplo divino a los Poetas, cualquier cosa que no venga de ellos será vano y repulsivo”.

El poeta, o el artista en general, tiene como principal característica ver el mundo de una manera distinta, de forma introspectiva, crítica; debe fijarse en detalles que se escapan a la mirada de los otros y, por consecuencia, hacerlo desde el supuesto humanismo-sensible que le da su facultad artística.

Desde su perspectiva promueve la individualidad, sin embargo, de su ojo totalitario no escapa la igualdad de razas, la libertad de expresión, la búsqueda del respeto hacia los seres vivos; es enemigo del clasismo, el racismo y del egocentrismo, además, muestra, por medio de la expresión, la inconformidad hacia las violaciones e injusticas contra los derechos humanos.

A lo largo de la historia, el creador ha sido un catalizador de cambios, un gran inconforme de lo que no está bien en la sociedad; porque los libros de historia mienten, el arte no (o al menos así lo hemos llegado a creer). Éste usa artificios para contar la verdad que el poder y el gobierno no quieren que se sepa: García Lorca fue fusilado por el régimen durante la guerra civil española; el Marqués de Sade, con sus obras, señalaba las atrocidades que cometía el clero y el reinado en una época victoriana de asquerosa doble moral; Juan Rulfo, y sus pinturas literarias, mostraba la vida del campo y sus fantasmas perdidos en la desolada estepa del olvido; Agustín Yáñez, con sus relatos de vida, denunciaba las distinciones entre las clases sociales de la antigua Guadalajara; Buñuel constantemente criticaba los más oscuros crímenes de la humanidad, películas como El Perro Andaluz, Los Olvidados, Viridiana, El ángel exterminador, son ejemplos de ello.

En los poetas no hay excepción, siempre hay escritores que denuncian o recalcan los atropellos a los derechos humanos, la corrupción y ultra impunidad de los altos niveles de los mandos en todos los ámbitos sociales, también los hay conservadores, puristas y románticos de temas que no se comprometen con nada escabroso o polémico. El inframundo de los poetas es un gueto con reglas, dinámicas sociales, jerarquías y códigos implícitos que tienen que ser respetados cual dictadura. En las ciudades existen autores vivos, activos, de carne y hueso, de diversas ideologías y niveles en la pirámide. Pensar que el gremio literato es de las pocas cofradías exentas de prácticas corruptas, egocentristas, clasistas, nepotistas, influyentes, coludidas con el gobierno y el modo sobornado de nuestro país, es una ingenuidad.

Esta taberna poética se encuentra repleta de eventos, reuniones, becas gubernamentales y premios. Sin afán de decir que todos los personajes son iguales, la dinámica encaja en un show de circo y con un desfile de ficheras histriónicas que luchan por sobresalir por su narcicismo y pose. Un laberinto de petulantes semidioses donde caminas de la salida hacia el centro de la trampa para encontrar al Minotauro “Vaca Sagrada”, que dicta lo que se debe y lo que no se debe escribir.

También algunos supuestos “poetas de izquierda”, esos que están en contra de la corrupción y el gobierno, hacen concursos de poesía donde ganan amigos íntimos de los jueces y uno que otro prestador de favores sexuales. Entre reunión y reunión, evento y evento; los entes de las letras emergen llenos de helio, mirando debajo del hombro a los simples peones que alaban su maestría y, con servilismo, admiran el genio divino que emerge de la pluma de oro puro del POETA. Algunos tratan de seducir a otros con sus palabras para terminar pidiéndote dinero o venderte cualquier porquería de basurero al puro estilo de timador, asaltante de esquina oscura. Uno que otro revolucionario antigobierno ostenta su mayor acto en contra del sistema opresor fumando cinco capítulos de mariguana al día y empolvándose la nariz con cocaína, pasando antes por liarse a golpes contra sus propios amigos revolucionarios, tratando de sabotear las lecturas ajenas y decir: “no hay poetas, el único soy yo”, escupiendo alcohol y orina sin control.

Asimismo, existen varios grupos específicos que también se dedican a la poesía, solo que viven en una guerra civil encarnizada entre la gente de letras, rencillas personales. Cuestiones de ego y diferencia de ideologías son las que separan a los letrosos. La dialéctica de Hegel la han asesinado alevosamente, para ellos solo existe su tesis y su tesis, la antítesis es completamente descalificada e ignorada sin llegar a la posibilidad de una síntesis, constantemente tratan de descalificar a otros escritores, se burlan de su obra, porque claro, intentan atrapar a jóvenes aspirantes a vates, intentan formar un séquito de borregos literarios que obedecen para escribir al gusto de su grupo privilegiado.

Hay una pelea encarnada de verduleras entre los poetas puristas contra los poetas revolucionarios: los becados defienden su hueso porque reciben dinero del gobierno y descalifican la poesía que habla en contra del régimen ya que no les conviene lo que en ella se dice, están dentro de ese sistema corrupto del país, tienen un buen padrino que los apoya y da el dedazo para ganar el premio o la beca deseada.

Ahora bien, puntualizando en becas locales y nacionales, premios y concursos, como pasa en todos los ámbitos corruptos del país; ganan las influencias y amistades que se tiene con los jueces, y sí; algunos se pagan con moneda sexual, además que tienen una línea muy definida de contenido: no críticas al gobierno, a la iglesia, a la sociedad. Estos premios están controlados por la gente de poder político, con puestos públicos y claro está que defienden su chuleta. Tenemos como ejemplo un becado del FONCA que ganó el apoyo con un deplorable proyecto de poemas con emoticones de las redes sociales.  

Uno de los  fenómenos más peculiares ocurre  en la FIL Guadalajara (Feria Internacional del Libro), donde los escritores casi desconocidos y gente acreditada de la prensa local, desfilan por los pasillos mostrando sus gafetes como tiaras de divinas princesitas de cuento de hadas, gatas escandalosas arañándose la cara para ver cuál de todas es la más diva y ataviada y brillante y petulante. Una epidemia de presunción en las redes sociales inunda en esa fecha, el que vaya a dicho evento y sobre todo con credencial, significa que está en la aristocracia literaria nacional, los demás son plebeyos de ese submundo, de ese Edén de soberbia.

El circo no termina. En muchas ocasiones un escritor de renombre da talleres de creatividad para “pulir” el estilo y tener el derecho publicar, dando como resultado una manada de corderos que elevan al poeta en un estado divino, de “Vaca Sagrada”: salen en sus antologías y/o en los libros que éste publica, con un estilo casi igual, casi idéntico, casi copia al carbón, consecuencia de este “tallerear” a gusto del maestro. Esto genera más división y los alumnos utilizan en su currículo: “asistió al taller de X vaca sagrada”.

Los grandes poetas tienen un séquito de mascotas amaestradas que intentan escribir igual que su “Becerro de Oro”; al cromar los testículos de éste, tienen como beneficio: premios, recomendaciones, invitaciones, pertenecer a la crema y nata de la sociedad literaria. Sumémosle que son fieles como un sabueso a su dueño, aquel que ose criticar a su amo será atacado, aunque exista argumento para hacerlo, lo defenderá con sus colmillos como perrito chihuahua feroz, se arrastrará por complacerlo hasta recibir su buena dotación de croquetas y uno que otro paseo por el parque. Entre ellos se acicalan, se echan porras y pelean contra los otros grupos contrarios, su palabra es única al mismo estilo que las religiones, la suya es la única verdad.

El ser humano es ególatra por naturaleza, los poetas, en su mayoría, han creído que su genio es un don superior a la prole no letrada, mirando hacia abajo, subidos en un trono de oropel tan frágil como la vida misma, la gloria mundana y el sinsentido del hombre. Un poeta no es un ser superior a un panadero, fontanero, ingeniero, médico o barrendero. Porque el hombre es una especie parasitaria. La Tierra, en sentido utilitario para conservación de la vida del planeta, la existencia de un insecto tiene más valor que el de miles de seres humanos: “Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían”, Jonas Edward Salk -investigador médico y virólogo-.

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Año 2006. En el verano de este año, se efectuó una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia nacional. Andrés Manuel López Obrador estaba en el máximo de popularidad y encabezaba las encuestas; de cerca lo seguía el candidato oficial, el conservador Felipe Calderón Hinojosa. En una jornada electoral cargada de irregularidades y una campaña de desprestigio montada meses previos a la elección, el entonces Instituto Federal Electoral (IFE) no pudo dar un resultado claro de quién era el ganador debido a supuestos errores del sistema. De inmediato, y con el recuerdo todavía vivo del fraude del 88, la protesta de los simpatizantes del "Peje" no se hizo esperar.

Tan sólo unos días después de la elección, el escritor Fernando del Paso publicó en algunos periódicos un emotivo poema, que no daba muchos argumentos al movimiento, pero sirvió de alguna manera como empuje motivacional para el mismo. Así se expresaba Del Paso:

"Sí hubo fraude, porque el engaño es fraude.

Sí hubo fraude, porque la falacia es fraude.

Sí hubo fraude, porque el abuso de confianza es fraude.

Sí hubo fraude, porque la mentira es fraude.

No hay que buscar el fraude en un millón, dos o tres millones de votos perdidos.

No hay que buscarlo en mil, tres o cinco mil actas con errores deliberados.

El fraude, el gran fraude, ya estaba allí, entre nosotros, desde mucho antes del 2 de julio".

Tiempo después, en los momentos en que la protesta se exacerbaba por la opacidad informativa del instituto electoral, se organizó en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara un foro de reflexión que contaría con la participación de Julio Hernández, columnista de La Jornada, y el propio Del Paso, quien fue invitado a raíz de su publicación.

Un colega fue requerido para llevar al escritor al evento, que se realizó en el emblemático auditorio “Salvador Allende”, y me pidió que lo acompañara a recogerlo a su domicilio en la colonia La Calma. Debido a que no se nos dieron las debidas instrucciones para llegar al lugar, arribamos muy tarde. El escritor estaba furioso, pero se tranquilizó durante el trayecto.

El foro fue, hay que decirlo, más visceral que reflexivo. Hernández hizo atinados señalamientos, con ciertos datos precisos, que argumentaban la hipótesis del fraude. La intervención de Del Paso fue también crítica respecto de las instituciones gubernamentales, aunque con recursos poéticos apelaban más al pathos que al logos.

Pero el público, mayoritariamente integrado por incondicionales seguidores del candidato derrotado de la “izquierda”, AMLO, aprovechó la ocasión para dejar fluir su frustración y enojo a través de furibundas arengas contra el gobierno, expresando su total convicción de que el proceso elector había sido fraudulento. Incluso se escucharon acalorados llamados a tomar las armas. Un asistente del público retó a los invitados del foro a participar en las marchas y acciones de protesta, para probar su congruencia y su fidelidad a la causa. Hernández accedió, aunque Del Paso evadió como pudo el tema. Una vez concluido el evento, llevamos al poeta de nuevo a su hogar. Durante el recorrido, Del Paso nos confesó que ni de broma participaría en las movilizaciones, ya que ni su edad ni su salud se lo permitían.

Un año después, en el marco de la Feria Internacional del Libro, Del Paso recibió el Premio FIL de Literatura. El galardón fue entregado personalmente por Felipe Calderón, ya ungido oficialmente como presidente de la república. Cuando escuché la noticia por la radio, no pude evitar recordar el siguiente pasaje del poema de Del Paso, escrito casi año y medio atrás:

"Ese fraude es ya parte de nuestra historia. Y con él, la traición a la confianza de los electores por parte de nuestras más caras instituciones. Nos defraudó el presidente Fox al avalar y participar en la campaña contra Andrés Manuel López Obrador y en favor de Felipe Calderón".

Es comprensible la negativa de Fernando Del Paso en participar en el movimiento de protesta de aquel fatídico año. No obstante, el recibir un premio a manos del “presidente espurio” apenas al año posterior resultó muy desconcertante, pues el poeta jamás se explicó el extraño cambio de opinión. Sin duda, es respetable que una persona cambie de parecer, pero el no aclararlo y sobretodo, el no justificar por qué lo hizo es lo que desconcierta. Y claro, esto es lo que alimenta toda clase de especulaciones.

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Miércoles, 03 Diciembre 2014 00:00

FIL: El imperio de los números

Es, por lo menos, contradictorio que una feria de libros, donde la palabra es la apuesta principal, sea evaluada por la cantidad de cifras que produce. Lo primero que anuncia y presume la Feria Internacional de Libro de Guadalajara (FIL), con lo que abre y cierra cada año, es con números. Números de presentaciones, de visitantes, de actividades, de dinero, de premios, de escuelas y profesionales que la visitan, de editoriales y de muchas otras cosas. La FIL se distingue de otras ferias del país o de la ciudad de Guadalajara por el manejo de las cifras.

Para este año, en conferencia de prensa para hablar del país invitado, la pregunta que saltó de manera inmediata fue sobre el costo de hacer una feria patrocinada por la Universidad de Guadalajara. Y la respuesta va dando una idea de lo grande, que no grandiosa, que es este evento: 72 millones de pesos. Casi 7 millones de dólares gastados durante nueve días. Esto sólo refleja lo que aporta la Universidad de Guadalajara, pues la cantidad de dinero que desfila durante este tiempo alcanza cifras multimillonarias.

Y es que si algo presume la FIL cada año no son los encuentros entre escritores, ni mucho menos los debates o el nivel académico que se presenta dentro de la Expo Guadalajara. Mucho menos se anuncian intercambios de ideas, publicaciones que surgen de los encuentros entre pensadores y escritores, alguna antología con textos que broten de las actividades literarias; no, la FIL es, ante todo y por encima de todo, números. Y este año no es la excepción. Desde hace algunas semanas los autobuses de trasporte, en la publicidad que muestran al exterior, y los espectaculares anuncian números: 9 días, 44 países, más de 750 mil asistentes, más de 1,900 editoriales, más de 650 autores en vivo, 25 premios y homenajes, 550 presentaciones de libros, más de 20,000 profesionales del libros, 64 foros literarios, 34,000 metros cuadrados de exposición, 83 funciones de espectáculos en FIL Niños y más de 1,500 talleres. En la feria de la palabra el imperio es de los números.

El tiempo ha convertido esta feria en un lugar de proporciones enormes, y se recurre a los números para dar esa certeza, pues en su edición 28 la FIL ya no mira hacia dentro de sí, sino que ha puesto la mirada en el exterior, y ese espacio que se busca conquistar no responde al nivel de pensamiento y de ideas sino a la repetición de que ser la más grande de América Latina y la segunda mayor del mundo. Porque cualquier feria, o casi cualquiera, puede tener a Juan Villoro, pero sólo la FIL lo tiene en tres diferentes presentaciones en un solo día. Hay ferias de nicho, como la FILIJ en el Distrito Federal o del libro usado en Guadalajara, pero no todas pueden tener a metros de distancia a autores tan disímiles como Yordi Rosado y Mario Vargas Llosa mientras compiten por llenar los salones en los que se presentan. Además de que ésta feria le ha apostado a la parafernalia de lo famoso, al grado que desde hace dos años ha puesto en sus actividades una mesa para que los autores firmen ejemplares; los convierten de manera automática en una atracción, en un objeto tras la vitrina que no importa lo que piense, sino que pueda dejar una rúbrica sobre un libro recién desempacado.

Se podrá decir que si durante nueve días convergen tal cantidad de personas no se puede ser tan severo con el nivel de presentaciones o encuentros; sin embargo, el reducir la feria a un simple intercambio monetario muestra lo mal que se ha entendido la cultura en torno al libro, o al libro mismo, cuya misión esencial es la transmisión de conocimiento de manera masiva. Porque si en esta feria un candidato a presidente puede trastabillar al nombrar tres libros que hayan cambiado su vida, y autores como Carlos Cuauhtémoc Sánchez convocan a cientos de lectores es que algo se está haciendo mal, y por supuesto que no son las cuentas.

Para muestra basta un botón. Cada año la FIL organiza un evento que tiene como motivo reunir a un autor con una audiencia juvenil, con los chicos de las preparatorias adscritas a la Universidad de Guadalajara; el nombre resume la intención: “Mil jóvenes con…”. Aquí, volvemos, lo que importa es la cantidad de público para poder centrarse en eso, pues cada encuentro tiene como tiempo máximo cincuenta minutos, es decir, cada participante tendría tres segundos para poder preguntar algo, esto sin esperar respuesta del escritor. Nada.  

Finalmente, la FIL ofrece una posibilidad inagotable de actividades para que todo termine por perder importancia. Como se ha dicho arriba, las actividades están estandarizadas en cincuenta minutos, en salones repartidos por toda la Expo, por lo que el asistente debe jerarquizar qué es lo que más le interesa, para después constatar que todo se cruza en tiempo y en espacio. Y ya no mencionar la cantidad de libros a la venta, la gran mayoría de editoriales comerciales que bien se pueden encontrar en las librerías de la ciudad. Pocas novedades, pues en diciembre el mercado editorial ha lanzado ya sus apuestas más fuertes, pocos libros por lo que valga la pena sumergirse en los miles de metros cuadrados.

Es, pues, una feria que no busca generar lectores, ni propiciar un debate cultural, ni mucho menos dinamizar la alicaída industria editorial nacional, ya no se diga local. Es, eso sí, una feria que se admira por la cantidad de números que produce y que supera cada año. Una feria que claudicó a la palabra y que entronizó, quizá de manera irreversible, al número. 

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