Domingo, 22 Abril 2018 00:57

David Páramo. La racionalidad servida con medias verdades

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David Páramo. La racionalidad servida con medias verdades

El día de hoy veía una capsula de Ciro, de su Facebook oficial.[1]En ella aparece David Páramo. El periodista y comentarista financiero que se la carga contra (quienes él afirma que son) chairos. De antemano debo decir que no soy su fan. Quizá por ignorancia, pues desconozco el total de su trabajo. Sin embargo, lo que hace con Ciro me parece de muy, MUY mal gusto. Además de que está tatuado y, evidentemente, “no podemos confiar en él”, por eso.[2]El tema que abordaron, en esta ocasión, fue el nuevo aeropuerto, ese que tanta polémica ha causado. Hasta yo caí en el trolleo, por los afores. La cuestión que quiero traer a colación es la retórica que utiliza para sustentar sus argumentos, usada generalmente para crear fake newso dirigir la opinión. Es importante dar cuenta de ello, porque muchos, incluso yo, damos por cierto, a veces acríticamente, lo que encontramos en Facebook o Twitter. Para comenzar prestemos atención a la frase que emite el susodicho, justo antes de afirmar que Carlos es patriota, comprometido, inteligente: “El salario es lo que acaba la pobreza. No los programas de ayuda social.” Esto no es menor ni carece de intencionalidad. Y no me refiero a la intencionalidad de una “mafia del poder”, como la de Andrés, sino a algo mucho más profundo y que se cuela en nuestra misma esencia, como sugieren Marcuse, en tanto industria cultural y el control demencial de Huntington. Esos lugares que nos dicen qué desear y cómo desear eso que deseamos. Con lo anterior, afirmo que lo dicho por David no es inocente, ni azaroso. Nos encontramos en el marco coyuntural de unas elecciones muy poco legítimas y los candidatos son muy pobres, poco confiables o casi refritos de otras épocas. La parte positiva (o negativa) es que, en este momento, en 2018, tenemos un mayor acceso a la información. Aunque en muchos casos, no sea enteramente fidedigna y corresponde al receptor discernir y discriminar entre lo acertado y lo (demasiado) tendencioso. Ello sesga nuestras decisiones, como por quién votar. En este caso, afirmar que el salario es lo que acaba la pobreza es acertado, pero incompleto. Un salario digno, por supuesto que me hará dejar de ser pobre. Sin embargo, David sólo habla de eso, del salario, pero parece olvidarse de todas las condiciones estructurales que el concepto implica. Si bien, un buen salario es lo más eficaz para combatir la pobreza es verdad, no es una verdad completa. Pareciera como si el salario se generara de la nada y fuera igual para todos. No menciona que las condiciones laborales de la mayoría de los mexicanos son deplorables y rayan en la miseria. Y ni qué decir de la casi nula generación de empleos bien remunerados.[3]La forma en la que él lleva su línea argumentativa es bastante meticulosa, por no llamarle engañosa, puesto que exclusivamente señala las partes positivas de la construcción del aeropuerto, afirmando que es “un gran polo de desarrollo”. Y quien diga lo contrario, actúa de mala fe, porque “todo mundo razonable” sabe el beneficio que esto implica. Su aseveración posiciona al espectador, que no coincide con lo que el sustenta, como ignorante. La parte más importante de esto es que, quienes vemos estas noticias y decidimos, como él mismo menciona, con poca información, podemos prendernos a discursos similares y creer, sin conocer la fotografía completa. Mas estoy de acuerdo con él: negar que el aeropuerto implica desarrollo, es insostenible. Sin embargo, habría que ver ¿Desarrollo para quién? Sí, por supuesto que se generan empleos. Sí, claro que se activa la zona. Empero, los beneficios no son en su totalidad para los residentes o locatarios, sino para los inversionistas. La derrama económica no es la misma, para todos. No es el mismo “salario” para el empleado del Starbuckso el mesero del Sandy’s, que el del empresario que recibió una concesión y con ella aportó capital para la construcción del aeropuerto. Ahí radica el problema: que personas como él defienden que una macroeconomía “sana” deviene NECESARIAMENTE una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, lo que está alejado de la realidad, nuestra realidad, la de las personas de a pie, por decirlo de alguna manera. Para David y sus símiles, si las empresas y negocios de Carlos generan buenos dividendos, nosotros, los demás que no somos ases financieros, estaríamos recibiendo, por un cierto tipo de filtración, los beneficios de ello. No por nada afirma que 400 mil mexicanos viven DIRECTAMENTE de Carlos, como si sus empleados no hicieran más que mamar lo que sus empresas, junto con sus trabajadores producen. Lo que David dice es que la sola presencia de Carlos genera riqueza, no todo el entramado de personas que laboran con él. Eso lo vemos en su afirmación de que quienes generan riqueza son los empresarios. Según él, ellos son los que salvan este país de la catástrofe financiera. Inclusive afirma que los impuestos que ellos aportan son los que mantienen funcionando al país, más allá de la administración buena o mala, como dice, por parte de las instituciones gubernamentales. Como si el I.V.A o el I.S.R. de lo que consumimos quienes no somos empresarios, no se sumaran al mismo erario o fueran simples minucias. David omite las concesiones que les dan a las multinacionales, exentándoles de pagar impuestos, con tal de que “inviertan” acá. Pareciera que, en última instancia, nosotros, los ciudadanos no contamos para la economía. David posiciona a los empresarios casi como mesías, quienes son los encargados de salvarnos de las peripecias del mundo moderno, de la ineficacia de los políticos y las instituciones. ¡Incluso afirma que Carlos hace más, en una semana, que lo que TODOS los programas que pueda haber para combatir con la pobreza! Es entonces que debemos preguntarnos: ¿La mafia del poderle está pagando, para afirmar tales cosas y denostar contra Andrés? Quizá. Pero, más allá del sueldo que recibe de la empresa a la que está afiliado, probablemente esté convencido de lo que dice, pues él simplemente habla como economista. Y desde ese lugar es que emite sus juicios. Sin embargo, sus palabras buscan legitimar la línea que, a riesgo de sonar comunista trasnochado, el neoliberalismo impone, la que los empresarios rapaces buscan mantener: la acumulación y el “libre” mercado. Esa en la que la ilusión de equidad es el argumento falaz para que todos aspiremos a ser como Carlos. Pero no hay que perder de vista las relaciones que cada cual tiene, que son las que en verdad determinan mi éxito financiero, más allá de lo que dicen los gurús de los emprendedores. Si bien es posible, uno en un billón podría lograrlo. Sin embargo, si como Carlos, tuviéramos todos nosotros amigos ricos y poderosos que nos den las mismas facilidades para comprar empresas como Telmex, seguramente sería mucho más fácil accesar al salario que terminará con la pobreza, como dice David. Como dije antes, él tiene razón. A medias. La otra parte, la parte que representa el 42% de trabajadores mexicanos casi en miseria, habla desde lugares distintos: desde donde desayunas o te vas en camión, desde el taxi colectivo, desde los bonos y como se cuenta con ellos, desde soportar al jefe, desde las 12 horas laborales, desde las pocas o nulas prestaciones, desde las jornadas extenuantes. Desde ahí hablamos la mayoría a los que un salario no nos representa el éxito financiero, sino la pura supervivencia. Por ello, es necesario tener la mayor cantidad de información, sobre los temas que nos interpelan, puesto de que otra manera, los “líderes” de opinión, como David, o los “influencers”, como Callodehacha pueden hacernos pensar como ellos, con argumentos (medio) verdaderos.

Y aquí, mi invitación: en última instancia, en un momento coyuntural como este, habría que preguntarse qué tanto de lo que creemos sobre los candidatos es basado en información fidedigna, pura opinión o meros prejuicios. Ahí es donde habría que poner especial atención, más allá de la pura militancia o el desprecio por cualquier partido, de cualquier color. Ahí es donde el ejercicio de la ciudadanía cobra relevancia, en tanto que es informada y razonada, no porque lo leí en Facebook…

[1]https://www.facebook.com/CiroGomezLeyva/videos/1969867419931069/UzpfSTU3MzQxOTczMjc0OTE3OToxNzI2Mzc0MDI0MTIwNDA1/

[2]Ojo: esto es sarcasmo, que alude a un prejuicio y es completamente ad hominem. Yo tengo tatuajes.

[3]https://www.animalpolitico.com/2017/12/trabajadores-mexicanos-salario-minimo/

Modificado por última vez en Martes, 24 Abril 2018 04:15
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.