Martes, 12 Junio 2018 02:40

El académico burgués

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El académico burgués

 

Por: Enrique Casillas

 

La escuela, y el sistema educativo capitalista en general, ha sido estudiado repetidamente desde diversas posturas, pero con definiciones objetivas similares; varios autores de corrientes tan disímiles como el positivismo o el marxismo y sus derivados teóricos y metodológicos, coinciden en que la escuela es un medio de distribución y especialización en el trabajo, es un medio a través del cual se incorpora al niño a su lugar en el sistema de clases y a sus mecanismos de dominación o estratificación dentro de ese gran engranaje que la sociedad forma.

Dentro del subsistema hetero y autoestructurante que constituye la educación, uno de los elementos humanos que de él participan es el de los académicos universitarios, quienes tienen entre sus funciones la generación y difusión de conocimiento relacionado con su disciplina profesional y con los temas u objetos de estudio elegidos de manera individual o institucional. Estos miembros del sistema educativo tienen la tarea de construir las vías científicas y teóricas para el desarrollo de la vida económica, política y cultural, son quienes producen los conocimientos y productos tecnológicos que permiten y sostienen la vida social.

Su papel es de gran importancia más allá de su entorno educativo inmediato, ellos se convierten en piezas fundamentales en los actuales programas tecnócratas de gobierno que rigen a gran parte de los estados nacionales y subnacionales del mundo. Su labor es indispensable en dos vertientes: por un lado, su identidad como motor generador de innovaciones materiales y culturales que con ingente velocidad requiere y exige la sociedad; por otro lado, es indispensable por su labor como profesor, como transmisor de ese conocimiento derivado de sus investigaciones o reflexiones.

Son estos académicos que trabajan en universidades e institutos de investigación víctimas de la “violencia simbólica” referida por Pierre Bourdieu a través de la que se somete al sujeto a un sistema cultural arbitrario que tiene como meta la legitimación de las jerarquías sociales a través de las jerarquías escolares, esto de principio. Pero también son víctimas en el sentido de que su producción académica está atravesada permanentemente por indicativos y tasas que directa o indirectamente someten su producción intelectual.

La violencia directa es, tanto la que las autoridades de este sistema burocrático escolar ejercen, como la ejercida por aquellos que sostienen económicamente a la universidad, y que se manifiesta en la exigencia de tales o cuales investigaciones y/o contenidos de enseñanza, y que se refleja también en las prohibiciones impuestas sobre ciertos temas, conocimientos o investigaciones.

La violencia indirecta se traduce de manera más sutil pero no menos efectiva en el quehacer del académico. Me referiré a ella como dominación material positiva; en ella, a diferencia de la dominación material que se ejerce a través de la retención de los salarios o la pauperización de los sujetos, en este caso se da como una dominación inversa, es decir, se somete al académico a un proceso de aburguesamiento, de elevación de sus estándares materiales y necesidades de consumo. El académico, en muchos casos, atraviesa por la progresiva elevación de sus percepciones económicas, por la apertura de posibilidades, antes inexistentes, de viajar permanentemente a congresos, encuentros académicos y para recibir u ofrecer cursos; accede a un mundo de oportunidades propias de su “nivel” en la estructura académica vinculadas con el lujo o la exclusividad, es decir, con la diferenciación, seductora y aspiracional.

El académico, para mantenerse en ese lugar, tiene necesidad de cumplir con las requisiciones impuestas por los superiores; tiene necesidad de obedecer y de hacer obedecer, pues parte sustantiva de su labor es enseñar e incorporar nuevos miembros al sistema productivo y académico y por ello debe involucrarse en el esquema de premios y castigos y de jerarquización de los individuos. El acceso a un habitus burgués, lleno de viajes, exclusividades, reconocimientos públicos, lujos y satisfacción de deseos materiales e intelectuales gracias a una situación social especial que ofrece dichas comodidades, seduce al académico, quien somete no sólo su vida material sino también su vida intelectual a los dictados de la jerarquía que toma decisiones sobre él con la legitimidad de ser quien detenta el poder económico y lo distribuye.

La dominación material ejercida mediante la prodigalidad, permite mantener el sometimiento de los sujetos cuya labor es la de transmitir los conocimientos y formar para la incorporación en el sistema que sostiene a la sociedad como a los potentados les parece que debe sostenerse. El académico convertido en un burgués que ha ganado lo que tiene con el esfuerzo de su trabajo (permanente porque de otra manera pierde los privilegios), ahora ejercerá la dominación simbólica, la violencia simbólica que permite afianzar el modelo social dictado, consciente o inconscientemente, por ellos mismos y por sus superiores no necesariamente académicos.

Modificado por última vez en Miércoles, 13 Junio 2018 14:20
Enrique Casillas

Profesor de Literatura y de redacción desde la perspectiva sociocultural, porque todas las palabras están condicionadas por lo social y éstas modelan a la sociedad. Me encanta pensar la escritura académica y la educación, a eso me dedico.