Viernes, 21 Septiembre 2018 22:45

The 300. La oferta y demanda de la muerte en GDL

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The 300. La oferta y demanda de la muerte en GDL

Por: Paris González Aguirre

Uno de los casos que más revuelo ha tenido en los últimos días es el de los 300 cuerpos que se encuentran deambulando por la ciudad de Guadalajara, Jalisco.[1]Mucho se ha hablado de la necesidad de imputar responsabilidades. ¿Quién es el culpable de que estos cuerpos se encuentren a la deriva? ¿Aristóteles Sandoval sabía o no de su existencia? ¿Fue, como afirman los medios, ineficiencia o descuido del entonces titular del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF)? ¿Se les está dando un trato humano? ¿Hay un protocolo para ello? ¿Quién es el encargado de dichos cuerpos, la Fiscalía o el Instituto? ¿Bastó con destituir a Cotero Bernal? Estas y muchas otras preguntas surgen ante la indignación de los ciudadanos. Y, con razón. Esto es un ejemplo de la forma en la que buena parte de las instituciones funcionan: encubiertas, ocultas, paliativas, sin el menor dejo de humanidad. Sin embargo, más allá de cómo trabajan, uno debe observar con detenimiento el hecho, pues de fondo, hay una cuestión mucho más importante y evidente, que algunos preferimos obviar, ya que es tan horrorosa y espantosa, que nombrarla, puede cimbrar el andamiaje de nuestras seguridades ontológicas, estrellando la realidad en nuestra cara. Mas, la pregunta continua en el aire, pesando, corroyendo la certidumbre de que las cosas son cómo deben ser. Por eso se está buscando responsabilizar a alguien, a un sujeto de carne y hueso, que tenga rostro y una historia, que sirva para humanizar lo sucedido, en el sentido de que una persona fue quien tuvo el error, no las instituciones. Una vez encontrado el, la, los o las culpables, las cosas seguirán como normalmente se supone que son, como pensamos que son. Lo importante no es nada más imputar culpa a los sujetos, pues esto permite la continuidad de las instituciones, sino que es preciso cuestionar, de manera directa y en su justa dimensión, ¿Por qué un órgano como el IJCF se vio en la necesidad de poner en una bodega de Tlaquepaque, estos muertos? Esto se hizo sin permisos, en un predio que dista mucho de tener el giro de contenedor de cuerpos, sin licencia para construir, bajo condiciones que para nada se ciñen al protocolo y donde tarde o temprano iban a ser descubiertos. Esto, para un neófito como yo, se hizo fuera de la ley. Llanamente se perpetró una falta administrativa, al menos. Entonces, ¿Cuál fue la razón que llevo, a quien haya sido, a cometer estos actos desesperados? Esto no fue realizado solamente por un individuo, con un horario de trabajo y responsabilidades familiares. Hay algo más detrás de esto. Podemos llamarlo estructura estructurante, presión social, habitus, el gran Otro o lo que sea. Lo importante es averiguar los motivos trascendentales (valga la expresión) que devinieron en las escenas de terror que vimos en los medios de comunicación, en días pasados. La respuesta inmediata es que se debe a la sobrepoblación en el IJCF. Hay demasiados cadáveres, muchísima demanda de espacio y un constante ingreso de fallecidos. Eso podría ser satisfactorio, porque habla de cuestiones materiales, que se solucionan con un poco más de presupuesto. Empero, mucho más importante es que el instituto se vio rebasado. Pero no sólo es el Instituto el que se fue desbordado por las oleadas de cadáveres. No, pues no es nada más una cuestión de ocupación, como si fuera un hotel, sino que se pone en evidencia que una parte del sistema se ha vuelto ineficiente para otorgar seguridad a la mayor parte de los individuos. Y, a pesar de correr el riesgo de sonar a comunista trasnochado, es menester llamar la atención sobre el hecho de que nuestras instituciones, en general, se han erosionado y no ofrecen lo que se supone que dice el contrato social. La labor que se suponía debían realizar, se ha pervertido, dejado de hacer o simplemente se lleva a cabo a medias. A esto se puede dar una respuesta simplista, como lo hizo el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador,[2]quien aseguró que, debido al fraude del 2006, 300 cuerpos terminaron abandonados en Tlaquepaque y Tlajomulco. Eso y señalar la supuesta[3]ineptitud de Cotero Bernal es y sirve para lo mismo. Si bien existe la posibilidad de que el entonces titular del IJCF fuera incapaz de solucionar la sobrepoblación o que la guerra contra el narcotráfico llevada a cabo por Felipe Calderón fueran causas del vagabundeo de esos cuerpos, no son razones suficientes para aseverar que una de ellas es LA (sí, con mayúscula) razón primigenia de la existencia de estos tráileres. Decir eso es un acto miope, que sólo ve lo que quiere ver. La mirada puede y debe ser más fina. Uno puede observar que hay otros factores que podrían ser puestos sobre la mesa, que permitirían ver la cuestión de manera más completa. En este caso en particular hay dos aristas que me interesa destacar: la violencia como práctica común y discurso legitimador y como es que ello puede generar certidumbre a los sujetos.

La violencia como práctica común se muestra en medios formales, como las noticias periodísticas, por ejemplo. En algunas portadas de periódicos los encabezados señalan que hay una oleada de violencia, que ha sobrepasado a las mismas autoridades. No sólo con el narcotráfico, sino en general: niños secuestrados, abusados sexualmente, brutalmente asesinados, feminicidios, asesinatos al interior de universidades de renombre, maltrato policial, impunidad. La violencia se ha convertido en una práctica común, que se ha naturalizado y poco nos sorprende. Los asesinatos, las violaciones y masacres están a la orden del día. Parece mucho más fácil enfrascarse en una pelea que dialogar. Y nos convertimos, sin querer, en espectadores pasivos, pues se piensa que son problemas ajenos, como si el mundo estuviera muy lejano. Justo ahí se encuentra el problema, en que nos convencemos de que, si no nos metemos con nadie, vamos a estar bien. Sin embargo, la bala incrustada en mi pierna, que según los médicos se va a quedar conmigo para toda la vida, dice lo contrario. Y ese es el verdadero terror, que nosotros, los de a pie, nos encontramos a merced de la delincuencia organizada. Que no podemos escapar a sus efectos negativos, que se notan al interior de la sociedad, particularmente por la comodidad con la que ellos se mueven, a la luz del día o incluso en lugares concurridos. Esto se pone en evidencia con los actos violentos en Av. Chapultepec,[4]donde hubo al menos cuatro heridos o en la plaza comercial Punto Sao Paulo, de lo cual se supo poco, siendo que la información vino principalmente de usuarios de la Internet. Estos casos nos hablan de la comodidad con la que los delincuentes se mueven en la ciudad y lo poco seguros que los demás estamos. Insisto pues, que la violencia se ha vuelto una práctica común. Lo que se pasa por alto es que no estamos exentos de ser víctimas, aun cuando no se tenga nada que ver con nadie. Esa es la parte terrorífica. Estar en el lugar y momento equivocado cobra un nuevo significado, porque se ha vuelto una constante, toca a todos y todas. Volver a casa, sano y salvo se está convirtiendo en una cuestión de suerte. Es pues que la violencia práctica, esa que es visible, debería causar temor, horror y desasosiego. Que debería poner a los individuos en constante alerta. Sin embargo, no es así completamente. Esto puede deberse a que es usada como discurso legitimador, esa que es el nivel más acabado y refinado, que suele utilizarse como recurso valido, que funciona como herramienta para descalificar o legitimar al otro, sin más argumentos que algunas cuantas frases o calificativos. Por ejemplo, lo que encontramos en la página sipse.com,[5]donde se afirma que “estos cuerpos presuntamente fueron víctimas de hechos violentos vinculados a la delincuencia organizada”, lo que significa que, como se dice comúnmente, ellos se lo buscaron, por ende, no es algo que deba preocupar al ciudadano de a pie. Si eligieron ese tipo de vida, era algo que fatalmente se dirigía hacia ellos. Y listo. Las cosas siguen siendo como pensamos (o nos dicen) que son. Dirigir la mirada hacia eso que se nos dice es lo importante. En ese reportaje en particular, la palabra presuntamente es la más significativa. No se sabe si es verdad que su muerte tuvo que ver o no con la delincuencia organizada. Pero suponerlo les resta calidad humana. Si bien es cierto que pudieron ser asesinados, más de alguna de las muertes pudo deberse a otros motivos. Incluso puede haber víctimas de feminicidio que, al ser colocadas en relación con el crimen organizado, pierden importancia. Y esto lo digo de primera mano, pues alguien cercano, a quien quise mucho, fue víctima de feminicidio. A pesar de los esfuerzos que se realizaron por que se calificara como tal, fue minimizado por las autoridades debido a las “personas con quien ella se relacionaba”. Esto muestra que, mientras se use la violencia como discurso legitimador, los problemas que con ella se relacionan, se tornan homogéneos y unívocos, lo que facilita en cierta medida el trabajo de los encargados de ejercer justicia, dejando en el limbo situaciones como esta, a la que se responde de maneras distintas. Una muy interesante y creativa, la encontramos en los memes, que no se hicieron esperar. Si bien alguien podría afirmar que esto es un agravio hacia las víctimas, los cadáveres e incluso a la dignidad humana, dicha postura pierde de vista la carga simbólica y el contenido semántico de las imágenes y deja de observar que esos actos buscan integrar a la red simbólica hechos que son demasiado brutales como para que se incluyan de manera tersa. Hay quien hace poemas, ensayos, pinturas o murales, mientras que existimos otros que solamente hacemos memes. Reducirlos a la simple diversión o a la burla, muestra pereza y desdén por las prácticas populares, ya que se han vuelto un lugar común en la comunicación actual. Si ponemos atención, por ejemplo, en la siguiente imagen,[6]es posible argumentar en torno a la directriz de este escrito.

 

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En el primer cuadro encontramos una frase, una estrofa de la canción “Que me entierren con la banda”, interpretada por varios artistas, que nos remite a una forma de vida presentada como alternativa a los modos tradicionales de ser, y ser joven particularmente. Habla de metas, de lo que se estima que es el éxito[7]y de la posibilidad de alcanzarlo. La promesa que el crimen organizado hace a los jóvenes es que se puede lograr sin mucho esfuerzo (aparente) y en un lapso relativamente corto, apelando a la vorágine que implica vivir en una época en la que impera la mentalidad del microondas.

En el segundo cuadro, se hace latente ese regreso a la seguridad ontológica, eso que nos hace creer que las cosas son como son, pues implica que los cadáveres que están en los tráileres son exclusivamente de personas relacionadas con el crimen organizado. No es gratuito que se esté compartiendo en Facebook, puesto que, como decía más arriba, muestra una visión maniquea, en donde sólo hay buenos y malos. Hace una marcada distinción entre ellos, quienes están en las filas del crimen organizado y el nosotros, los ciudadanos honrados y rectos. La imagen habla del supuesto de que esos problemas jamás tocan a los honestos, que la violencia sólo afecta a quienes deciden engrosar las filas de la delincuencia. Asimismo, el segundo cuadro señala que si bien hay algo que el crimen organizado ofrece, que se considera valioso, inexorablemente habrá un castigo para quien obre mal, que no habrá canto épicos que alaben sus peripecias, que no serán recordados. La intención de este escrito es señalar que no es así. Al menos, no siempre. Mi insistencia es que todo eso no es más que un engaño autoimpuesto. No hay una garantía real de que regresemos a casa el día de hoy. En realidad, los aparatos institucionales que afirman que velan por nuestra seguridad no tienen la misma injerencia que las decisiones que tome algún integrante de la delincuencia organizada (o no tan organizada). ¿Qué pasaría si hoy, aquí, estuviera alguna o alguno de los enemigos de algún cartel? ¿Qué tal si decidieran que es hora de acabarlo? ¿Qué sucedería si se organizan y lo balean? ¿Qué tan posible es que ellos o ellas se tomen e tiempo para no afectar a personas aledañas a dicho individuo? ¿El actuar de los cuerpos policiacos sería tan eficiente como para evitar ese supuesto caso? ¿Es verdad que es un supuesto?

Es pues que la insistencia de este escrito gira en torno a la necesidad de ver no sólo el aumento de la violencia, sino de poner de relieve las terribles posibilidades que existen de que cualquiera de nosotros, honestos o no, nos encontremos en algún tráiler, que, sin quererlo, nos hallemos en medio de alguna balacera, que pasemos donde hay un enfrentamiento, que se equivoquen en un ajuste de cuentas y que un periodista o funcionario afirmen que morimos por “presumiblemente” estar relacionados con el crimen organizado y, con eso, se zanje la cuestión y todo lo que hicimos en nuestra vida se reduzca a un tipo caminando sobre nosotros, mientras poco a poco nos descomponemos. A pesar de que este escenario postapocalíptico suene bastante gore, no nos es nada extraño o lejano, pues está sucediendo, en estos momentos, en este país, en este Estado, en estos municipios. Por ende, ¿Qué tan seguros estamos, de que seguiremos vivos el día de mañana?



[1]https://www.excelsior.com.mx/nacional/no-es-uno-son-dos-camiones-que-trasladan-unos-300-cadaveres-en-jalisco/1265887

[2]https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1500981.cuerpos-en-traileres-resultado-del-fraude-del-2006-amlo.html

[3]Digo supuesta porque no es gratuito que tantos colectivos y personas defiendan su entereza y compromiso.

[4]http://www.yucatan.com.mx/mexico/balacera-en-avenida-chapultepec-guadalajara-reportan-4-heridos

[5]https://sipse.com/mexico/dos-trailer-trescientos-cadaveres-guadalajara-jalisco-circulaban-310929.html

[6]https://m.facebook.com/SrCulero/photos/a.1604097613168228/2210290642548919/?type=3&source=57&ref=m_notif&notif_t=feedback_reaction_generic

[7]Heteronormado, por supuesto. Ese que es caracterizado por los excesos. Es un discurso que interpela a los hombres, casi exclusivamente.

Modificado por última vez en Martes, 02 Octubre 2018 12:57
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.