Domingo, 18 Agosto 2019 20:57

Feministafobia: Instructivo de bolsillo para asistir a las marchas feministas (si se es hombre)

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De antemano sé que mi reflexión está sesgada y quizá tenga poco valor porque soy un hombre cisgénero; padre de familia; educado en un ambiente católico tradicional y (casi) ortodoxo. Sin embargo, esto no me impide ver la foto completa y dar cuenta de que el asunto va más allá de lo que se le está intentando imputar. (me restriego la cara y exclamo: a ver…)

¿Qué pasó en Procuraduría General de Justicia (PGJ) y posteriormente en la marcha feminista de la CDMX, ambas enmarcadas en el #NoMeCuidanMeViolan? “Agredieron” a Jesús Orta, con diamantina rosa, destruyeron las instalaciones de la procuraduría (particularmente una mujer de falda y blusa negra). Además, hubo actos violentos al interior de la marcha, lo que es lamentable. Asimismo, tuvo lugar el vandalismo a las paredes y monumentos. Desde ya debo decir que me da gusto que haya sucedido. Incluso sostengo que la nota que debería estar en boga es que una mujer estaba haciendo destrozos al interior de la procuraduría, enfrentando a granaderos y policías casi en soledad. ¡Celebro a la mujer que quiebra vidrios, que quema banderas, que raya monumentos, que rompe con el orden! Esa mujer debe estar harta. Esa mujer representa a todas las mujeres que ya no aguantan, pero no pueden decir basta. Esa mujer habla por las que no tienen voz, por quienes son violentadas, desaparecidas, muertas. Ella habla por mis hijas, por mi esposa, por mis primas, por mis tías, por mis amigas. Esa es la voz que se también se debe escuchar. Ese es el lugar que necesitamos ver. 

Sin duda alguien dirá: “¿Por qué con violencia? ¿Por qué deben salir a las calles? ¿Para qué pintar las paredes y los monumentos? Hay formas pacificas de protestar.” Hay dos cosas: la primera es que el argumento implica que hay caminos institucionalizados que deberían seguir, para ser escuchadas. Sin embargo, esos mismos caminos les han dado la espalda. Se han seguido y de poco han servido. Con el simple hecho de que se ventiló la información de la persona que hizo la denuncia contra los cuatro policías pone en evidencia la nula fiabilidad que se tiene.

En segundo lugar, si quieres la atención de la gente, ya no basta con tocarles el hombro. Más bien, hay que (metafóricamente) pegarles en la cabeza con un martillo, como sugería John Doe. Esto se traduce a que, en condiciones extremas, soluciones extremas. Si las manifestantes se hubieran sentado en un alejado callejón de alguna ciudad de CDMX a tejer, difícilmente habría tenido mucho impacto[1]y la nota sería más bien chusca “mujeres tejen por sus derechos”; “tejiendo por un sueño”. No sé. Muchos reporteros son bastante creativos para quitarle seriedad a los asuntos más solemnes. 

Parece entonces que lo importante en este caso es que, a raíz de las protestas y la marcha, hubo actos vandálicos y dos casos de violencia. Es lo que más ha estado sonando. Incluso personas que prefieren alejarse de esos temas, ahora opinan al respecto: en los grupos de WhatsApp de Pokémon, el de las tías que comparten la foto de Piolín, el de fotografía de figuras de acción, el doctorado, por mencionar algunos. Nichos desde los que jamás se comenta de la vida o la política traen a colación que le pegaron a un reportero, que se violentó a un repartidor de comida y que los monumentos fueron “mancillados”. Que la atención se centre en esos hechos es terrible, porque no se habla de la razón por la que ocurrieron las manifestaciones. Se presta especial cuidado a los hombres que estuvieron ahí, no a la manifestación y las razones de las cuales emerge. 

Hablar hasta el cansancio de lo que les sucedió a los hombres que estaban ahí se ha vuelto tendencia. Y es justo por ello que se pide, sugiere y ruega a los hombres que no asistan a las marchas de mujeres. No debemos perder de vista que en otras ediciones buena parte de las notas han sido para lo que hacen los hombres: el que llevaba un cartel que decía “estoy semidesnudo rodeado por el sexo opuesto…”, la pareja heterosexual que, en la marcha del orgullo LGBT de este año, llevaban un cartel que decía “Como pareja hetero, nunca hemos sido discriminados…”. La insistencia de los hombres de tomar parte activa en estas acciones colectivas habla del control, en última instancia. Que las cosas se deban hacer cómo nosotros queramos genera el encono. Por ello las reglas son claras: no asistas. Si asistes, ve a los lados o atrás. Jamás adelante. Esto no se dice porque sí, sino porque no es un movimiento en el que las mujeres (DE CUALQUIER TIPO) deben llevar las riendas, porque ellas se representan a sí mismas. Lo que se busca es escapara de las nociones paternalistas en las que se asume que ellas deben ser guiadas. Dudo mucho que la mujer que destruyó las instalaciones de la PGJ necesite tutela para llevar su vida. Es entonces que podemos explicar el por qué se agredió al repartidor. Era un hombre en medio de una marcha feminista, tomando fotos para el Facebook (o para justificar que no podía avanzar). No era ni un reportero ni mucho menos paramédico. Era alguien que fue a ver qué pasaba. Lo que parece que no queremos ver es que segundos antes el camarógrafo que registró el hecho a fuerza quiere sacar la toma de las personas que están golpeando y pintando una camioneta. Le pegan en el lente y le dicen, agresivamente, que se haga para atrás, pues pone en riesgo a las morras (sic). Le pintan el lente y comienzan a gritar: “¡Hombres atrás, hombres atrás!” Una persona, celular en mano, inteligentemente se aleja corriendo. El repartidor continúa tomando fotografías, quizá pensando que como él no es malono le tienen por qué hacer nada. Sin que lo espere, le pintan el celular con aerosol y luego golpean su bicicleta. Se indigna y comienza a alejarse. Se voltea, grita algo que no puedo descifrar y les enfurece. Enseguida van tras él y le pintan la cara y el casco, la rueda y la mochila. Casi al salir de la pantalla le dice a alguien: ¿Ves estas pinches locas? Termina el vídeo.[2]

Entonces, ¿Qué pasó? Un camarógrafo que estaba haciendo (mal) su trabajo provocó el enojo de las manifestantes, el repartidor no quiso prestar atención y le tocó pagar. ¿Se hubiera podido evitar? Por supuesto, si no hubiera estado ahí parado, si el camarógrafo hubiera atendido a las peticiones y si ningún hombre hubiera estado en ese lugar, haciendo algo que no le correspondía. 

Justo así le pasó a Juan Manuel Jiménez, de ADN40. Un mal reportero en un lugar equivocado, sin preparación y poco profesionalismo. Es por ello que las televisoras deberían tener personal calificado para cada momento y noticia. Los ánimos ya estaban caldeados pues en los medios aparecieron videos que “desmentían” la violación de cuatro policías a una menor de edad. Esto de por sí es horrible pues a pesar de que las pruebas de ello no son contundentes, que se perdieron expedientes, que se divulgó información sensible y que la labor de las autoridades deja mucho que desear virtualmente se cerró el caso. Para quien ha perdido familiares, han sido víctimas de violación o se sientan defraudadas por el sistema penal esto es una afrenta mayor, pues no sólo es que se desestime un caso de violación, sino que esto podría sentar precedentes para poner en duda las posteriores denuncias. Si a eso le sumamos la evidente inexperiencia del reportero y lo impresionante que es estar ante mujeres empoderadas, que le aventaran diamantina y le reclamaran, no a él, sino como representante de los medios, era lo menos que se podía esperar. Es claro que se puso nervioso y no supo contestar a los embistes. Su actitud se convirtió en paternalista: sí, pobrecitas, les creemos. Están enojadas y cosas por el estilo. Lo que le hicieron las mujeres era de esperarse. Insisto en que no debía estar ahí. Ahora, lo que realmente es preocupante del hecho son dos cosas en particular: la persona vestida de negro, que va encapuchada e intenta agredirle. Le lanza un par de golpes y luego se le abraza al cuello sin mayor problema. El reportero le sobrepasa en fuerza y altura. No tiene mayores repercusiones más que molestarle. Mientras que el segundo momento, cuando le ordenan al chico de gorra que golpeé al reportero, ese tiene mayor impacto y hace que las mujeres reaccionen ante la agresión y persigan, señalen e incluso pinten al perpetrador. Termina el video.[3]

Habría que analizar los videos para ver si es que son dos hechos aislados o son parte de una misma acción. Es importante señalarlos porque esto implica que hay intereses que se mueven tras bambalinas. La pregunta de nuevo sería: ¿Podría haberse evitado? La respuesta es la misma. Primero, si no hubieran ido esos hombres, no habría ocurrido. Segunda, si la cadena de noticias hubiera mandado a un periodista y un camarógrafo preparados, quizá la reacción hubiera sido distinta. Pero estos hechos tuvieron lugar y no puede negarse. Y eso está en las noticias. Y es lo que se está comentando. Sin embargo, eso es una contingencia, algo que pasó pero que no tiene mayor trascendencia. Más bien habría que ver a los motivos por los que esas mujeres estaban ahí. Ese es el meollo del asunto: ¿Por qué salieron esas mujeres enojadas (por decir lo menos) a las calles, a destruir la “propiedad privada”, a destrozar el bonito orden en el que estamos? Porque su realidad es distinta a las de los hombres. Porque si no lo hacen de esta manera, no importa, no llama la atención. Porque en realidad están solas. Porque incluso esos que se supone deben protegerlas, las violan, porque aquellas que se supone son aliadas les reprueban, porque aquellos servidores públicos que les deben el puesto posicionan las manifestaciones como golpeteo político. ¿Qué tendrán en la cabeza Elena, Epigmenio o Noroña para restar legitimidad a la violencia o afirmar que la marcha respondía a órdenes de lo que llaman fascismo? Este último va más allá, afirmando, partiendo de un mero supuesto que presenta una serie de videos, que la violación denunciada es falsa. 

Es por ello que insisto: las mujeres están solas en esto. Completamente solas. Por ello, si es hombre y se entera de alguna marcha feminista y no le convocan, como medios o asistente, no vaya. Las fotos que pueda subir a Facebook no apoyan al movimiento, solo le exotizan. Y si de todas formas piensa que NECESITA asistir, hágalo sabiendo que su lugar es atrás o a los lados. Que usted, como hombre, no tiene por qué ser protagonistas en una marcha de mujeres, que exigen equidad y respeto a sus derechos. Créame que ellas pueden hablar por ellas. Que no necesitan nuestro permiso. Usted, como hombre, quédese en casa, viendo los sucesos por la televisión. Ahí les sirve más. Ya ahí pregúntese: ¿Por qué se comenta más esos dos videos que la desestimación de una violación? ¿En verdad son tan poderosos esos dos videos como para restarle legitimidad a una marcha que exige se aclare una investigación, que pide por la seguridad de las mujeres?



[1]Esto no implica que manifestaciones como esa carezcan de valor o tengan incidencia en la vida política. A lo que apunto es que se está poniendo más énfasis en casos aislados. Se presta más atención en los daños colaterales que en los motivos de las manifestaciones. 

[2]https://www.facebook.com/LaEraMX/videos/1072338569823292/UzpfSTExNTMxNjM2NTM6MTAyMTkxNjA1NzE2NjI0ODE/

[3]https://twitter.com/adn40/status/1162527475349327873

Modificado por última vez en Miércoles, 21 Agosto 2019 15:56
Paris González Aguirre

Aficionado a la Filosofía, diseñador gráfico, Star Wars fan y gestor del Desarrollo alternativo.