Domingo, 24 Noviembre 2019 18:07

¿Necesita Chile una nueva Constitución?

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¿Necesita Chile una nueva Constitución?

Por Nicolás Maturana Muñoz

Este texto es una respuesta a la columna de opinión de Álvaro José Acuña, titulada “Sí, con esperanza y optimismo lograremos nuestras demandas

La situación que vivió Chile hace casi 50 años representa una realidad bastante cruda y disímil respecto a la que hoy en día se da. A más de 40 años del golpe de estado de Pinochet, hemos podido estudiar cómo el nivel de opresión al que estaba sometida la sociedad chilena, donde cualquier cosa que sucediera producto de su propia decisión tendría un impacto positivo o en el peor de los casos nulo, ya que tendrían que volver al campo y mantener su condición inicial, no tiene paragón a ningún evento de nuestra historia contemporánea chilena.

Hoy en día la situación es diametralmente distinta, basta con mirar a nuestros vecinos para darse cuenta que Chile goza de una situación privilegiada, no obstante, si quisiéramos hacer caso omiso a la realidad de nuestros pares, podríamos mirar los estudios publicados por el profesor de la PUC (Pontificia Universidad Católica de Chile) Claudio Sapelli o de la Comisión Nacional de Productividad del gobierno de Michelle Bachelet, donde se hace una comparación sobre la evolución que ha tenido Chile a lo largo de los últimos 30 años, en la cual la única duda que surge es dónde inicia este "milagro económico". Con esos datos en la mano podemos llegar a afirmar que, si bien los sentimientos son iguales, las causas de una lucha social y otra (con una distancia de 50 años) no son las mismas.

Si bien no estoy de acuerdo en los orígenes de la situación o en la "analogía" planteada entre dos movimientos sociales tan disímiles en el texto de Álvaro José Acuña, sí concuerdo con que la gente se moviliza debido a la esperanza y optimismo que tiene. Sin embargo, no podemos señalar que ese sentimiento de esperanza o el optimismo reinante sea algo nuevo, que acabe de surgir entre las masas, más bien lo novedoso es la oportunidad de manifestar aquello que siempre estuvo latente, oportunidad otorgada por un grupo de jóvenes cargados de rebeldía que decidieron confrontar al sistema y darle a la gente ese espacio para expresarse, para romper la rutina y salir a marchar para cambiar aquello que no funciona en una sociedad democrática.

Dice Acuña en su texto “¿Nos convertiremos en una especie de Venezuela o Cuba? No lo creo, hemos alcanzado una madurez suficiente para racionalizar nuestras solicitudes” y ciertamente tiene razón, pues de aquí a mañana no podríamos convertirnos en otro país, en otra economía, en otra sociedad, así como Venezuela y Cuba tampoco se transformaron de un día para otro en lo que hoy son, pero si a la fórmula le añadimos malas reformas prolongadas por un par de años, un malestar social creciente y las ansias de controlar la democracia, sí podríamos crear el campo fértil perfecto para obtener las consecuencias en Chile que sufren esos países citados y, si bien es difícil que lleguemos a tal extremo, sí podríamos acercarnos a lo que es Argentina hoy en día, un país donde su ex presidenta Cristina Kirchner cree que cuando falte el dinero hay que imprimir los billetes o su actual presidente, Alberto Fernández, cree que mediante el consumo se activa la economía y no importa el nivel de gasto público que se tenga. Aun así, sabemos que solo mediante la factibilidad social, política, económica y técnica es que se deben tomar las mejores decisiones para Chile.

Estamos totalmente de acuerdo en que los políticos no dieron el ancho para Chile, no fueron lo suficientemente fuertes para enfrentar un modelo que pudo ser el mejor, en lugar de eso lo corrompieron y es mediante el ejemplo de las AFP (Administradoras de Fondo de Pensiones) que se divisa fácilmente esto, pues aunque la esperanza de vida en Chile sea próxima a los 80 años de edad, en su lugar, el sistema que controla las AFP prefirió hacer cálculos basándose en una esperanza de vida de ¡110 años! No podemos afirmar que esto sea un "error" o que los estudios técnicos arrojaron esta cifra, aquí sólo podemos observar la sombra de la corrupción en la que se ha querido perjudicar intencionalmente a la población para aumentar el rendimiento de las AFP.

Solo un buen diagnóstico permite un buen resultado

¿A raíz de qué nace el descontento?

Hoy en día parece que todo fuese malo en Chile, que no hay peor situación que la que vivimos, que todos los datos y estadísticas no sirven de nada, que los diagnósticos técnicos están errados, que Chile clama un cambio radical en pos de buscar un modelo distinto que los lleve a una utopía, una utopía que es comparada con la realidad, como si fuera posible para la realidad competir contra la idealización de un modelo.

El diagnóstico que se hace en el artículo Sí, con esperanza y optimismo lograremos nuestras demandasno es tan distante con respecto a aquello que escuchamos día a día en las calles y redes sociales, a saber, que el capitalismo es malo, que Chile no podría estar peor, que producto del capitalismo estamos así de mal, entre otros comentarios carentes de análisis. En el ojo de la opinión pública es como si la situación de Chile hubiese sido muy buena antes de 1980 y desde ahí en adelante hubiésemos sufrido un declive en la calidad de vida, pero no hay nada más falso que esto. Es recién en la década de los 80s en que se empieza a combatir la pobreza, es bajo el modelo que tenemos ahora y una sólida Constitución que Chile vio un avance real, por ejemplo, la reducción de la pobreza en aproximadamente 40 puntos porcentuales, la disminución de la desigualdad se puede observar ya sea en el GINI o si se mide por cortes coetáneos. Se mantuvo un crecimiento económico envidiable en el contexto latinoamericano, y es la concertación la que tomó el modelo y le implementó fuertes medidas en el ámbito social.

Hoy en día Chile no lucha porque el modelo sea malo, sino porque se le ha hecho creer a la gente que si no fuera por este modelo estaríamos mucho mejor, que este cambio nos llevará a esa tierra prometida que ciertamente con los cambios que se proponen y los políticos que tenemos está más cerca de parecerse a Argentina o Brasil que Suecia, Suiza o Finlandia.

Hoy se habla de una Constitución nueva, los políticos hablan del cambio como si la actual tuviese la culpa de lo corruptos que han sido, pero solo quieren salvarse de perder su posición de poder. Si la historia fuese distinta, si durante estos casi 30 años ellos hubiesen hecho lo imposible por mejorar el país y la Carta Magna fuese el impedimento, podríamos estar de acuerdo en que cambiarla traería soluciones, pero no es así, ellos se han aprovechado infinitamente del sistema y son parte del problema, del porqué el país no ha funcionado como corresponde.

Los políticos que tenemos no creen en un libre mercado, no les conviene, ellos están aferrados a este capitalismo de amiguismos que tenemos (Crony Capitalism) y es bajo ese techo que se quieren quedar, un techo que no les hace rendir cuentas, que les permite desentenderse de la gente y buscar un beneficio propio junto al poder económico.

Es muy iluso creer que una nueva Constitución traerá estos grandes beneficios que se plantean y no porque no sean posibles, sino porque no hay voluntad alguna de querer realizarlos. ¿Cómo explicarle a una persona que gana 9 millones de pesos y que dice apenas llegar a fin de mes que el sueldo que le corresponde son solo 2? ¿O solo 4? ¿Podrá una persona que lleva 30 años sirviéndose del Estado servir al Estado con un cambio de Constitución? La verdad, no lo creo.

Y es a raíz de este último párrafo que podemos preguntarnos ¿dónde o a partir de qué nace este descontento? A mi parecer nace a partir de la excesiva ambición por parte de la élite política y un grupo minúsculo de poderosos, los cuales no les bastó con que el modelo no los castigara, sino que quisieron que les entregara facilidades para asegurar esa cuota de poder que el "libre mercado" no permite o no debería permitir. Aquí es donde se produce el "Crony Capitalism" o Capitalismo entre amigos, que tanto daño ha hecho a Chile, donde el tener dinero te otorga una cuota de poder «per se». Esto es lo que la gente debería querer cambiar, esta especie de "contrato" de beneficio mutuo entre el poder político y poder económico en Chile, y aunque no solo se produce en Chile es aquí donde deberíamos marcar la diferencia y centrar nuestras fuerzas en cambiar nuestra clase política para terminar con las malas prácticas.

¿Qué debería hacer Chile?

Chile debería cambiar a toda la clase política que lleva "apernada" en el Congreso, esa clase política "vieja", además de sacar a todos aquellos que no cumplen con una asistencia intachable, aquellos que han copiado informes o han pagado para que les hagan los informes; aquellos que hayan votado en favor de los grandes grupos empresariales para facilitar las cuotas de poder, deberíamos sacar a todos los que hayan hecho de la política un privilegio para sí mismos más que una representación de los ciudadanos en las decisiones del país.

Una vez sacada la basura deberíamos limitar los privilegios, la idea es que los parlamentarios representen a los ciudadanos y ciertamente alguien que vive en una burbuja no puede hacerlo.

El salario debería ser lo suficientemente alto para que no sea un impedimento al postularse, pero no tan alto como para que sea atractivo siendo evidente que no se pueden aumentar el sueldo ellos mismos. Si bien, la totalidad de las medidas son muchas como para poder escribirlas aquí, esta debería ser la línea a seguir.

Una vez cambiada la clase política, Chile debería buscar cobrar aquellos "favores" que se le han hecho a los grandes grupos económicos los cuales han eludido miles de millones en impuestos, debería dejar quebrar aquellas empresas que no son capaces de sostenerse, debería sentenciar la corrupción como corresponde y no con multas irrisorias, debería dejar de pensar que un estado más grande por si solo va a traer un progreso a la gente, debería enfocarse primero en tener un estado más eficiente, porque sólo si los recursos que se manejan son bien administrados podría valer la pena entregarle más recursos.

Una vez efectuados estos cambios, incluyendo las modificaciones necesarias a la constitución, es que podemos evaluar si Chile necesita más recursos para combatir los problemas sociales, solo si aquellos recursos que el sistema permite crear no son suficientes podríamos pensar en un cambio de Constitución, y sólo en una que nos asegure que los derechos de los ciudadanos del futuro no serán suprimidos en pos de las personas del presente.

Modificado por última vez en Domingo, 24 Noviembre 2019 19:34
Nicolás Maturana Muñoz

Nicolás Maturana (1994) nacido en Concepción Chile. Estudiante de Ingeniería Civil Mecánica en la Universidad del Bio-Bio. Amante de los Idiomas y de la filosofía liberal.