Lunes, 23 Marzo 2020 21:34

Dime lo que ves

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Fotograma "Calabacitas tiernas" (1949) Fotograma "Calabacitas tiernas" (1949) https://www.youtube.com/watch?v=Kpdj6TaosDg

El espejo nos convoca a diferentes cosas, pero en el cada día, para muchos es un medio que ayuda a regular el cuidado, la presentación para el trabajo, o bien para constituirnos en un objeto de deseo propio o de otros. La función objetiva del espejo es reflejar, pero esta función no es ni un mínimo de la cantidad de usanzas simbólicas asignadas al espejo. La magia consiste en poder ver – y hago énfasis en el poder-, multiplicar, decirnos algo acerca de nosotros que es mediado por una multitud de ideas, ¿puede más el autoconcepto que lo que se refleja realmente?, ¿quién o través de qué se valora, se tasa lo que se ve?, ¿es la cultura, la moda, la sociedad, o la misma persona quien dice “esto es bello”? Por eso el espejo no puede ser reducido a su función cotidiana, ver si estamos peinados regularmente es sólo la función de trámite del espejo y de seguro, la que le parece menos interesante.

Algo que aporta a la simbología del espejo es el marco, ya que este construye una personalidad al mismo, un status económico y social al reflejo, porque el marco enmarca no al espejo, sino lo que refleja; opulencia y poder un marco de oro, elegancia un marco ébano, incluso si no hay un marco, ¿un espejo pelón qué refleja?, ¿descuido, pobreza, indiferencia? El espejo es un objeto que resignifica el espacio en que se pone y por tanto, resignifica al dueño. Sin que pensemos en ello a menudo, el espejo es uno de los elementos más importantes de una vivienda, casi tan central como una estufa y una cama, ¿quién actualmente puede prescindir del espejo?, ¿quién puede pasar bastante tiempo sin ver su reflejo?

En el sentido físico el specullum o espejo es un lente que por su lisura refleja un conjunto de haz de luz paralelo, por esto es que la imagen del espejo es invertida, es decir, nunca hemos sido capaces de vernos en nuestro sentido natural, y por no existir una superficie total o perfectamente uniforme en el mundo, así como no existe círculo perfecto, la imagen del espejo no es completamente fidedigna. Esto resulta extraño si pensamos en que la imagen mental que construimos de nuestra apariencia siempre está determinada por el espejo, así sea una fotografía esta es el resultado de una conjunción de espejos o lentes, o la vista de otro que nos retrató ¿no es el ojo un lente en total sentido físico? También lo es.

Los primeros espejos seguramente fueron aguas cristalinas de ríos y arroyos, cuencos con agua. Y en la península de Anatolia hace unos seis mil años antes de Cristo aparecen espejos de metal o roca bruñida, -los primeros fabricados explícitamente para reflejar-, ya comunes en Egipto, Mesopotamia como trebejos domésticos por el cuatro mil antes de Cristo. Este antecedente indica la introducción del espejo, la capacidad técnica de cada cultura, pero sobre todo el interés antiquísimo por vernos a nosotros mismos, saber cómo somos. ¿Podríamos sin los espejos tener una imagen constante, duradera de cómo somos?, ¿el espejo configura no sólo el cómo somos, aún más, el quiénes somos? La pregunta se torna interesante si la planteamos de otro modo, ¿alguien puede construir su autoconcepto, saber quién es sin tener una idea de su imagen?, la multiplicación de los gimnasios y la adhesión a estos de ya todo tipo de población sin importar edad, género, condición social u ocupación es evidencia de una adoración al cuerpo no antes vista, pero también de la necesidad fehaciente de una imagen física y no psicológica para constituir una personalidad, como si no hubiera algún recurso o característica más valiosa para construir identidad como el talento en algún arte, la inteligencia en determinado campo, la habilidad en un oficio, las virtudes éticas, las relaciones que establecemos con los demás.

Luego, por otro lado, tenemos las asignaciones simbólicas de los espejos que son, como decía atrás su más interesante legado. El espejo nos ayuda a pensar la realidad de otro modo, y de hecho a concebir otra realidad si pudiéramos expresarlo así. Por ejemplo, en “Calabacitas tiernas” (1949) Tintán es engañado por los apoderados de un empresario de espectáculos arruinado, que había desaparecido tras intentar suicidarse varias ocasiones. Ellos atropellaron a Tintán buscando al empresario, al dejarlo vivo, pero en conmoción lo recogen en la casa del empresario, padeciendo amnesia, vieron modo de hacerlo pasar por el empresario para sacarle sus últimos pesos y a la vez librarse de los acreedores que los acosaban. Al despertar de la conmoción, en el espejo, Tintán ve a “su otro yo”, que le previene del engaño al que está expuesto. ¿Es el espejo un modo de acceder a una zona mucho más interna de nosotros, escondida a nuestra mente consciente? El espejo en “Calabacitas tiernas” es un elemento transversal en toda la cinta de suma importancia para el buen observador, porque es el termómetro del peligro a que se veía expuesto el falso empresario. En otros relatos el espejo es vidente del futuro, puerta a otra dimensión o realidad, escondite o refugio de almas que no han completado su camino al más allá, acceso a los más terribles peligros.

El espejo nos convoca diariamente a multitud de imágenes, y el espejo sirve para pensar en alternativas sobre la realidad, sobre el espacio y sus dimensiones, como objeto de culto a la propia imagen no va más allá, pero si pensamos en lo impresionante que es poder duplicar lo que hay frente a él, es un objeto prodigioso, por eso García Márquez relata en “Cien años de Soledad” cómo Arcadio Buendía había sido estafado por los gitanos al cambiar oro por un simple catalejo. La invitación es a pensar complejo desde lo cotidiano, el espejo es una de las muchas cosas que nos enseñan que nuestra forma de abordar lo simple nos define como cultura, si el abordaje pasa de interesarse por lo simple a concebirlo simplonamente no se puede decir mucho. Hay que preguntarnos y ocuparnos sobre la capacidad humana de asignar y crear simbologías, sentidos fabulosos de cosas simples, si son más los que ven en el espejo una simple extensión de sí mismos vamos por mal camino como cultura.

Modificado por última vez en Lunes, 23 Marzo 2020 21:50
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.