Lunes, 07 Septiembre 2020 17:14

El lado b de las instituciones

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Dibujo de lobo disfrazado de cordero Dibujo de lobo disfrazado de cordero https://cristinabuenosaires.wordpress.com/2013/08/25/apoyamos-a-los-candidatos-del-frente-para-la-victoria/

Ron Kovic era un niño feliz, jugando a la guerra en los bosquecillos de Masspequa, Nueva York. Su familia tenía fuertes cimientos patriotas y Ronny creció siendo un ganador en los deportes como corresponde a un verdadero joven yanqui. La propaganda de la guerra de Vietnam iniciada por Kennedy era como una serie de Netflix para la familia Kovic, era como la hora del té en Reino Unido, era como un domingo con Chabelo en mi México. Así que Ronny apenas terminó el bachillerato se alistó en la marina para llevar libertad a esa nación olvidada de Dios. Al sufrir ciertas y lamentables vicisitudes en suelo vietnamita – relatadas en su libro “Nacido el 4 de julio” y desarrolladas en la película homónima de Oliver Stone-; Ron queda paralítico y conoce el lado b de las instituciones en el hospital militar: poco personal para un mundo de gentes dañadas, nula higiene, instalaciones más que precarias, etc. ¿Cómo podía ser que la nación más rica del mundo tratara así a sus héroes? El mismo Kennedy y luego Nixon dirían que son una generación privilegiada aquellos elegidos para defender la libertad, que son hijos preclaros de la patria quienes con sus vidas protegen la de los “americanos” y el mundo entero. Entonces, ¿cómo puede ser que Ron, un héroe condecorado con el corazón púrpura y la estrella de bronce pasara todo el día sin que hubiera modo o poder humano para que alguien le retirara el pañal lleno de mierda? Un país que nos ha educado a todos los demás países en la idea de que hay que ser competidores de la vida, merecedores, servidores de la patria para que esta nos cubra con su manto protector ¿puede tratar así a sus héroes? Si. Los servicios prestados y rapidamente olvidados son el lado b de las instituciones.

Robert Castel en “El ascenso de las incertidumbres” habla de una desregulación de las protecciones ganadas como derecho hace décadas junto con el trabajo asalariado, los Estados habíanse comprometido a obligar a los medios de producción a ofrecer ciertas condiciones que no solo eran plus del trabajo, sino derechos inalienables, pero los tiempos cambian y esa colectividades que antes garantizaban cierto mínimo, cierto suelo parejo, según el mismo Castel, empezaron ya una fase de precarización, individualización, una total reconfiguración de las relaciones. Esos colectivos que protegían a los individuos son flexibles ya para negociar las prerrogativas del trabajador, ahora como toda burocracia, su primer interés es mantenerse en el inter juego aunque el costo sea pagado por quienes dicen representar. Castel pugna por hacer de esta precarización y de este ascenso de las incertidumbres un estadio nada más, hay que trabajar por una recomposición de las protecciones sociales, no porque defienda un enfoque parasitario, sino porque todos somos parte de las sociedades, porque como cada individuo es la sociedad, cada individuo entonces debe ser protegido si la sociedad ha de ser protegida. El individuo desprotegido y el trabajo desregulado y sin protecciones es el lado b del Estado.

Joseph Stiglitz ganador del premio nobel de economía en 2001 por sus estudios sobre la desigualdad económica, entre los que destaca “El precio de la desigualdad”; demuestra que el 1% de la población mundial posee el 99% de la riqueza, además de disfrutar de los mejores niveles de educación, de servicios de salud, de espacios urbanos y de viviendas mejor dotadas. Su nivel de vida, afirma el mismo Stiglitz, no depende en sí de ser mejores competidores sino de las condiciones estructurales que impiden procesos de acumulación para el otro 99% de la población, es decir, su riqueza solo es posible cuando la de los otros es imposible. Él mismo afirma que los mercados no son eficientes y no premian, ni promueven verdaderamente la competencia, sino que las políticas de los gobiernos e instituciones acentúan ventajas para los ricos frente a los otros sectores económicos y sociales. Pese a los correlatos sobre personas que han logrado ascender económicamente desde 0 hasta niveles grandes de riqueza lo que cuenta no son estas excepciones hollywondenses, sino las estadísticas, el 99% de los que nacen pobres seguirán así en todo el mundo afirma Sitiglitz, ¿por qué afirma esto? Porque así ha sido según muestran estadísticas de hace años. La desigualdad del 1- 99% es el lado b del mercado.

Thomas Piketty en su libro “El capital en el Siglo XXI”, demuestra también que el binomio de trabajo duro y ahorro jamás podrá permitir la acumulación económica al nivel de quienes heredan grandes cantidades de dinero. Ahí están las estadísticas de Piketty para quienes son escépticos ante este hecho difícil de pasar por la garganta. Ya he analizado en otros textos como la idea de la meritocracia es en sí un motor motivacional que tiene muchas caras y que es muy útil para quien acumula dinero a costa del trabajo de otros. Una idea donde el más eficiente, el más madrugrador, el más trabajador, el más astuto, el más certificado, el más motivado, el más preparado tiene sus merecidas recompensas. En su momento usé la comparación entre un limpiaparabrisas de crucero y un heredero de la Duquesa de Alba ¿quién produce más?, ¿quién trabaja más?, ¿quién vive mejor? La imposibilidad de acumular riqueza trabajando y ahorrando es el lado b del capital.

Estas entradas del texto abren mucho, podríamos hablar de las regulaciones del mercado, del sistema industrial- capitalista, de la sociología del trabajo, de los derechos laborales, de la injerencia del estado en el mercado, de la relación de gobernantes y empresarios, del cambio de paradigma de un estado protector a un estado inversionista, de las connotaciones éticas de la economía capitalista, del abandono del individuo cuya salida ha sido hacer de su autoempleo una marca, de promocionarse como una figura pública- empresarial cuando es en realidad un desprotegido salarial, de las ideologías freelancers, que esconden ese “no queda de otra” y muchos temas más que por complejos, por profundos no se pueden agotar aquí.

Quiero preguntar en específico por la relación de las instituciones y los individuos, ¿cómo es esa relación?, ¿los individuos sirven a las instituciones, las respaldan con su trabajo, con su “mano de obra”, con su tiempo “invertido o regalado” ?, ¿las instituciones respaldan al individuo en sus vicisitudes de la vida, en sus etapas difíciles, le aseguran condiciones económicas óptimas para la vejez? ¿las instituciones garantizan a todos sus participantes o usuarios obtener beneficios de su propio esfuerzo o unos son sacrificados para que otros gocen estos beneficios? ¿los beneficios otorgados por las instituciones son justamente repartidos? ¿los individuos, al contrario, son parásitos de las instituciones, beben y comen de ellas sin merecerlo? ¿las instituciones sangran a los individuos o los individuos a las instituciones? ¿hay una relación ganar- ganar entre individuos e instituciones? Todas estas preguntas son perversas porque inducen a pensar que las instituciones son entes buenos o malos y se ve claramente que hay matices. Esta dicotomía ha sido voluntaria porque nos obliga a plantearnos a su vez otras que vuelven a la primera ¿cómo es la relación de las instituciones con los individuos? Y luego a unas más complejas ¿cuál es el fin último, la razón de existir de las instituciones?, ¿cumplen con ese fin verdaderamente? ¿a quiénes pertenecen las instituciones? ¿quiénes se benefician de ellas?

Son preguntas incómodas que parecen y son poco sensatas desde el punto de vista diplomático, estratégico, hay agentes que se llaman “institucionales” y no he podido notar en ellos más que el colmillo (¿o lengua?) de callar todo lo negativo y decir todo lo positivo sin que eso implique un aura ética alrededor de su ser. Estos temas son del tipo que no se pueden volver públicos, y que aducen a un descontento, a un resentimiento, que hacen referencia a personas que no han logrado colarse dentro de los sistemas institucionales o han salido de ellos con ciertos raspones. Estos leitmotiv, no tiene que ver con la validez de las preguntas porque las críticas ad hominem son falacias argumentativas, no se puede descalificar algo por ser Fulano o Mengano quien las formula, no hay que prestar atención a quién lo dice, sino a qué se dice. En secreto, ¿quién no se ha dado cuenta de algo que funciona mal o muy mal en las instituciones y para no meterse en problemas hace la mirada para otro lado?, ¿quién no ha acatado una indicación con la que no está de acuerdo y que rompe con lo que cree por conservar el empleo?, ¿quién no dicho con todas sus letras que está a favor de algo con lo que rotundamente esta en verdad desacuerdo?, ¿quién no ha adulado, obedecido, fingido, callado, dejado de apoyar a un compañero porque no conviene meterse en problemas? ¿quién no ha llevado el trabajo a casa o invadido sus horas libres para no inconformar al jefe, para “merecer”, “para ser tomado en cuenta”, para “ser etiquetado como responsable”? ¿quién no ha saludado no solo con respeto sino efusiva e interesadamente a quien no soporta “por si luego se ofrece” algo de esta persona? Todas estas cosas justificadas con máximas laborales, como “quien obedece no se equivoca”, “cada quien que se rasque con sus uñas”, “no es conmigo el problema”, y un largo etcétera que incluye “las éticas profesionales”, “el ponerse la camiseta”, “en dar el 100%”, son parte de un silencio poderoso que permite extraer la fuerza de trabajo de un individuo a niveles que van más allá de lo ético y más allá de lo legal, pero con la consigna de que el individuo lo hace porque quiere, se le presentan mil caminos y elige el de “la responsabilidad”, “el del éxito”, “el de hacer equipo”. La propia concepción del individuo en su “deber ser del trabajo” es el lado b del trabajador.

He nombrado lado b a este texto porque efectivamente no se puede negar el lado a, tan celebrado, tan tranquilizador, tan esperanzador. Existe el lado a, sin duda y hay quienes pueden, como en la iglesia, “dar su testimonio solemne” de que su vida ha mejorado gracias a su ingreso y ascenso en las instituciones, claro que si: esto también pasa. Pero creo que el lado b está haciendo una sombra cada vez más grande, ganando terreno sobre el lado a. Habría que revisar sin apasionamiento las cifras de subempleo, autoempleo, subcontratación, contratación temporal, contratación por proyectos, contratación interina, contratación por servicios, etc. Datos que nos harían responder el nivel de compromiso que las instituciones tienen verdaderamente con los individuos, solo así sabríamos si el lado a sigue siendo más grande que el b. Lo dudo y la tendencia, si no hacemos algo es el dominio absoluto del labo b, disfrazado cual lobo con piel de cordero como lado a.

Modificado por última vez en Lunes, 07 Septiembre 2020 17:32
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.

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