Viernes, 16 Octubre 2020 05:31

La Gran Compañía Almogávar o de las múltiples caras del poder

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Roger de Flor al frente de los almogávares de la Gran Compañía Catalana desfilando en Constantinopla delante de Andrónico II en 1.303. Autor José Moreno Carbonero. Palaciodel Senado Madrid Roger de Flor al frente de los almogávares de la Gran Compañía Catalana desfilando en Constantinopla delante de Andrónico II en 1.303. Autor José Moreno Carbonero. Palaciodel Senado Madrid https://arrecaballo.es/edad-media/el-imperio-bizantino/la-dinastia-de-los-paleologos-1-260-1-453/

Decía el Doctor Jorge Alonso que la silla del poder te sazona, te deglute y finalmente te defeca. Es decir, que el poder no es un modo de estar, el poder es un sitio, un lugar, una posición. En tanto posición es temporal, efímera, dice el dicho: “A rey muerto, rey puesto”.

Cuando los musulmanes formaron califatos y pequeños reinos de taifas en lo que ahora es España, -país que en ese entonces no existía como tal ni siquiera geográficamente-, muchos campesinos tuvieron que retirarse a las serranías y bosques, desposeídos de sus tierras, enfurecidos e impotentes al principio. Luego empezaron a juntarse para hacer actos de rapiña con el único fin de sobrevivir, y poco a poco conformaron grupos guerrilleros más organizados y numerosos, que, la Corona de Aragón contrataba para debilitar las zonas fronterizas musulmanas, pagando en moneda y en especie, con el usufructo de las razzias o botines de sus incursiones. El origen étnico de estas agrupaciones se sospecha visigodo, por las zonas de sus primeras incursiones, pero no sabe a ciencia cierta. Lo que sí es seguro es que la denominación catalana venía a ser muy romántica, pues había en realidad gran parte de navarros, aragoneses, gascones y provenzales. En todo caso hay evidencia histórica -y no es broma- de que no se bañaban, no se rasuraban, ni se cepillaban los dientes, lo que convertía sus ataques en físicos y biológicos.

Ya para el siglo XIV, Roger de Flor un antiguo caballero templario, era el líder máximo de la Gran Compañía Catalana o de Almogávares, la esencia de la compañía era el trabajo mercenario en que habían ganado fama de invencibles. Después de trabajos para la Corona aragonesa y para el Reino de Sicilia, donde al resolver sus respectivos conflictos, fueron vistos como héroes incómodos, ofrecieron sus servicios al emperador bizantino Andrónico II Paleólogo, que tenía encima a los turcos otomanos quienes prácticamente habían reducido el territorio bizantino a una casita para perros chihuahua. Andrónico tenía oro, plata y princesas disponibles; los almogávares ya estaban siendo la visita incómoda en Sicilia, y en la península no los querían de vuelta, era un trato perfecto para todos.

De Flor, fue recibido en Constantinopla en 1303 por el mismísimo Andrónico como un salvador y redentor del mundo occidental. Y es que lastimeramente habían pasado varios cientos años en que los imperios musulmanes tuvieron a los diferentes reinos europeos como un caballo de carretón. Roger de Flor desbloqueó varios niveles y dio una paliza a los turcos en la Batalla de Aulax, los almogávares eran como el Mike Tyson del siglo XIV.

Para Andrónico llegaba el momento de pagar lo que le puso a sudar frío, no creía que el altercado durara sólo el primer round y no había apartado de su quincena para el pago; además es sabido que el bizantino era más codo que los mexicanos ricos y siempre se hacía el que no traía dinero, aunque todos sabían que sí. De tal modo que Andrónico II dijo a su hijo Miguel IX Paleólogo algo así como “estos cien pesos que traigo aquí son tu herencia, pero se los debo a Roger, tu sabrás si quieres algo”. Miguel IX organizó un banquete para la Compañía Catalana y ofreció bebidas espirituosas y adulaciones a Roger de Flor, cuando De Flor y sus principales generales ya estaban a medios chiles, aparecieron unos mercenarios alanos para acuchillar por la espalda a los almogávares y los mandaron al otro barrio. Por cierto, tampoco les pagaron a los alanos, práctica que fue copiada luego por ayuntamientos varios e instituciones de muchos gobiernos de tercer mundo, esto de no pagar y de que un no pagado se deshiciera del otro no pagado es un acto que ni Judas.

El caso es que otro tipo rudo apellidado Berenguer asumió el mando de la Gran Compañía e hizo estragos en Bizancio, de modo que al final, a los Paleólogos les salió más caro el caldo que las albóndigas ya que tuvieron que ceder el ducado de Atenas y el de Neopatría a los almogávares; luego, como el tiempo todo lo acaba y siempre hay un gallo para otro gallo, otros mercenarios, La Compañía Navarra compuesta paradójicamente por genoveses, expulsaron a lo restante de la Compañía Almogávar, así como unos partidos políticos expulsan a otros sin que se note un puto cambio en la vida de las gentes de a pie.

De modo que los círculos de poder siempre son viciosos y la historia almogávar nos sirve para analizar cuatro caras del poder. Primero que por más que Roger de Flor haya sido el tipo más rudo entre los rudos, cometió el error de confiarse y engolosinarse con el poder, al final no hay que confiarse ni creerse los halagos, porque son instrumentos de poder, y un halago o festejo revela más de quién lo envía que de quien lo recibe, el poder no siempre es terrible; se esconde entre palabras bonitas. Segundo, que cuando se adquiere poder y renombre como lo hizo la Gran Compañía de Almogávares esto no cae bien a los demás, podrán servirse, usar, rentar y requerir de vuestro servicio, pero incomoda ese poder, al final la salida lógica es deshacerse de quien está creciendo aceleradamente. Tercero, los poderosos quieren todo para sí, Andrónico II había resuelto su problema ante la amenaza otomana, pero luego pensó ¿por qué no ahorrarme ese dinerito?, hay gente que lo tiene todo, pero quiere más, esa enfermedad se llama poder. Cuarto, en el poder se juega el todo o el nada, por eso los poderosos no conocen el equilibrio, La Gran Compañía Catalana lo fue todo y luego fue nada, Andrónico y Bizancio lo fueron todo, luego fueron nada, el Imperio Turco otomano fue todo, luego fue nada.

Los boxeadores, los futbolistas, los toreros y los actores nunca saben retirarse a tiempo, en condiciones de disfrutar lo que lograron, no se retiran porque la notoriedad, el dinero y la fama son otras formas de poder, algo que nunca se sacia; son como la manzana que Tántalo nunca alcanzó. Los profesores querríamos retirarnos, estamos hechos para vidas contemplativas, pero el dinero no nos alcanza, y por eso, seguimos escribiendo.

Modificado por última vez en Viernes, 16 Octubre 2020 05:48
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.

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