Martes, 10 Noviembre 2020 03:51

En las redes no se juega

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Quiero comenzar señalando cosas que el lector debiera poner en duda, me gustaría que no desechara al vapor lo que se dice aquí, sino que destruyera argumentativamente hablando lo que se dice: En las redes no se juega. Con esta expresión quiero decir lo contrario a lo que se afirma actualmente: que las redes sociales son espacios para bromear que no implican la expresión de verdaderas opiniones o posturas en referencia a temas éticos, políticos, sociológicos, religiosos o culturales. Toda expresión de una idea tiene su origen en que esa idea existe fácticamente, si no, ¿cómo pudiera expresarse?, es decir no puede existir una expresión o representación vacía. Esta debe tener un objeto.

Segundamente que llamo chiste a cualquier modalidad de broma, meme, video o cualquier otra forma de expresión que se elige, crea o comparte, pido que se recuerde esto durante todo el texto. Y que si tenemos ciertos temas u objetos de burla y divertimento ¿por qué se eligen esos específicamente, por qué son recurrentes unas temáticas y no otras?, ¿esta elección puede ser fruto de la casualidad? Por ejemplo, las personas que han disfrutado o padecido los noviazgos o la ausencia de ellos, a quienes les han parecido una relación compleja, contradictoria o etcétera, expresan que es un tema que les ocupa cuando sus contenidos hablan de tal objeto, de nuevo ¿por qué precisamente ese tema? tomarlo por el lado amable y reír de la situación expresa imaginación y una actitud no dañina ante tal cuestión, pero si no se pasa de la broma al nivel de la reflexión, de la consulta documental o empírica, al de la conversación, una verdadera conversación, no se comprende profundamente el qué de la cuestión. Se queda todo en una capa superficial, se vuelve un fruto que nunca madura.

Me explico con otro ejemplo, un profesor que “busca” (entrecomillo busca porque las plataformas digitales acercan contenido de acuerdo a nuestras búsquedas, likes y compartir anteriores, es decir de acuerdo a nuestro historial digital), sólo memes de las cosas disparatadas que podrían hacer algunos alumnos en relación a las clases, no mejorará su práctica docente hasta que investigue y se acerque al fenómeno de otro modo. Esto nos regresa al punto primero: ese profesor sólo quería tomar con humor las cosas que pasan en tal relación social. De acuerdo hasta ahí. Sin embargo, se debe aceptar que el tema le ocupa, hay un lugar en su mente, en su rutina y tiempo diario que dedica a tal objeto de la realidad. Ese objeto tiene que ver con su profesión, en el caso del o la joven con el tema del noviazgo, establece sin quererlo una relación entre el objeto de sus bromas y su vida personal. Regresando al profesor, este invierte tal o cual cantidad de tiempo, pensamiento y por ende energía para señalar lo divertidas y disparatadas que pueden resultar las cosas en los contextos escolares como en cualquiera otro contexto, pero entonces ¿por qué no aprovecha para a la par de la broma, abordarlo seriamente?

Tercero, ¿cómo es que socialmente sea muy aceptable y recomendable llegar al nivel de la broma en el abordaje o acercamiento a un tema? Digo que lo es, porque se invierte tiempo en ello (y si hacen el cálculo de cuánto tiempo, les parecerá increíble), pero no se premia ni motiva socialmente para que estos abordajes tiendan a ser más profundos y serios. No es que se necesite decir explícitamente que bromear es mejor que profundizar, es que, al hacer una cosa, pero no la otra “se está diciendo” tácita y contundentemente que lo es, porque en las prácticas comunicativas un tipo de abordaje ocupa tanto espacio y la otra no. Cuando yo elijo un aceite comestible de tal marca siempre o casi siempre estoy “votando por él” lo estoy “recomendando”, aunque no lo diga explícitamente.

La aclamación pública acerca del chiste tiene que ver con aquello que es primeramente comprensible por todos, ¿cómo se podría aceptar lo que no se entiende?, todos están intelectualmente al nivel del chiste. Segundamente la aclamación pública tiene que ver con aquello que me dé un rendimiento superior en sensación, me hace reír, es un momento agradable, el chiste es casi siempre infalible. Terceramente la aclamación tiene que ver con aquello que aparentemente no me exija un esfuerzo, una inversión de energía, el chiste llega y no pide nada de mí, como las calificaciones aprobatorias en educación básica.

Cuartamente que los amantes de lo sencillo van creando un desprestigio hacia los abordajes profundos de los objetos y asuntos de la vida cotidiana tildándolos de aburridos, retrincados, fruto de la amargura y de las caracteres arcaicos, anticuados, negativos y polvosos. Pero tal como lo decía hace unas líneas, no se puede apreciar ni disfrutar lo que no se comprende. Es obvio por eso, que el chiste goce de un mayor aprecio social que la reflexión, su divisa es que es accesible para todos los grados de inteligencia y sagacidad, no requiere disciplina y la sensación que prodiga es agradable e inmediata; en cambio la ciencia, el arte, los oficios, las técnicas y los deportes en niveles de alto rendimiento requieren precisamente eso que el chiste no. Por sí mismo el chiste nos convoca a tomarnos la ligera cosas que nos parecen complejas de tramitar, es socialmente dinámico cuando incita a la crítica y a la reflexión. La cosa cambia cuando queda el chiste sin la reflexión, cuando este se vuelve una compulsión individual y social que desplaza modos de pensamiento más profundos. Los avances en las técnicas, artes, ciencias y disciplinas se deben a personas o grupos de personas que se han tomado muy en serio lo que hacen y además lo disfrutan.

El advenimiento del chiste en cualquiera de sus modalidades, cuando invade el espacio social-virtual y el tiempo, de modo que desplace todo lo demás, es una invitación a dejar de pensar, a dejar de ver aquellas cosas que son también fundamentales. Aquí hay una paradoja interesante, porque el espacio social- digital es ilimitado, no podemos llenar “todo el espacio” por más chistes que se compartan, pero en cambio el día tiene sólo 24 horas, el tiempo curiosamente que aparece como infinito en una concepción física, sí se puede saturar, y por esa misma razón no se deja lugar para lo demás, lo desplaza. Es otra modalidad del “pan y circo” romano, pero mucho más eficiente puesto que el circo romano y los espectáculos del coliseo eran una inversión de tiempo y dinero de la clase dominante, el advenimiento del chiste lo reproduce la misma sociedad, no le cuesta a la clase dominante, sino al contrario le deja ganancias.

Es muy válido que cada cual use su espacio cómo quiera y pueda, e incluso es válido que sea un modo alternativo de personalidad e intereses, es que no se trata de un sermón. La suma de elecciones o tendencias “individuales” en redes termina representando una preferencia social. Verbigracia, otras generaciones elegían “individualmente” hacerse piercings o usar pantalones acampanados y verlo al paso del tiempo nos revela que realmente nunca fueron “preferencias personales”, sino características generacionales ¿dónde quedó ese “yo elegí”? De tal modo que esta es una generación o cohorte caracterizada por el uso del tatuaje o por su afición al sentido cómico de la vida, por un sentido común del “todo vale” y del “¿y qué?” Asuntos que desmenuzaremos luego. Léase igual que el ejemplo de la generación de pantalones acampanados: no son elecciones “individuales”.

El uso del espacio digital o de las redes aún para la configuración de vidas o personalidades alternativas es totalmente válido en tanto actividad lúdica, pero que aún con la única y genuina voluntad de ser eso, una actividad lúdica; revela algo que se nos cuela por la ventana. Se cuelan primeramente las preferencias por determinadas temáticas del chiste, aun pudiendo acontecer que de vez en cuando se elija algo “solo porque es gracioso”, es precisamente ese contraste que se necesita para entrever que hay mucho de algo y poco de otro algo. Hay campos semánticos asociados a los chistes y temas clásicos que sólo cambian de modalidad al paso del tiempo, variaciones también de aquello con lo que ya no se puede bromear y aquello con lo que sí. Luego también es claro: la expresión del tema tiene como código y canal un chiste, porque este permite plantear cosas que no se pueden sostener como reflexiones serias o preguntas detonadoras. Freud diría que se plasma mediante el chiste lo que no se puede decir con todas sus letras.

Es interesante preguntarse cómo se han relacionado las distintas culturas y generaciones con el fenómeno de lo gracioso, creo que del examen resultaría que ahora más que nunca el chiste ocupa un lugar social inusitado, su presencia tan avasalladora se debe revisar cómo un fenómeno social, como una característica generacional que no es casualidad. ¿Por qué el chiste ocupa tanto espacio y tiempo en nuestro entorno social?, ¿Cuál es su causa, qué consecuencias vendrán con esto, qué actitud ante el mundo revela? ¿Qué nos dice de las personas su preferencia del chiste sobre otros muchos modos de expresiones? Por eso afirmaba al inicio que en las redes no se juega, y aún jugando en sentido pleno, el psicólogo ve que el niño juega de determinados modos, a determinados juegos que expresan temas, contenidos, locuciones que revelan de los niños cosas que van más allá de su jugar.

Sería interesante hacer una pausa, un silencio después del chiste, esto nos obligaría a preguntarnos qué del chiste nos causa gracia; se dirá “pues el chiste mismo” cuando la gracia no está en el chiste mismo porque en tanto mensaje necesita un destinatario para complementar el circuito de la comunicación: comunicar es poner en común, para eso se necesitan cuando menos dos elementos. Tan cierto es que la gracia no está en el chiste que no comprenderíamos un chiste del Egipto de Cleopatra VII.

Diría como conclusión que algo en nosotros como cultura nos inclina al chiste, pero no es cierto. Algo en nosotros como cultura nos arrastra al chiste, a los tatuajes, a los disfraces, a los festejos de todo y por todo, a los subjetivismos ligth, y en este ser arrastrados nos alejamos de aquello cuyo valor, utilidad y beneficio sería mejor. Debemos buscar una cadena que nos amarre para no convertirnos en perros correteando una salchicha. Es obvio que habremos de celebrar la vida en sí, debemos cultivar el deleite y el gozo profundo, hay que burlarnos de nuestros errores, de las cosas cómicas y ridículas que nos ofrece la existencia, pero tampoco hay que ser adictos a las pendejadas. De otro modo, ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre.

Modificado por última vez en Martes, 10 Noviembre 2020 03:53
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.