Martes, 02 Febrero 2021 04:42

De la política malbaratada o del voto a la imagen

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Kakistocracia Kakistocracia http://www.laprensa.com.ar/477923-No-hay-alternativas-estamos-condenados-a-ser-una-kakistocracia.note.aspx

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice que todos los ciudadanos tienen derecho a votar y ser votados para ocupar puestos de elección popular. El principio que sustenta esto es la igualdad y tiene la prerrogativa de que a ningún mexicano se le puede impedir ese derecho. Estoy de acuerdo, porque en el papel todos tenemos las mismas oportunidades. Sin embargo, hay varios fenómenos que hacen que esta igualdad sea sólo normativa y no real.

Sucede que, como los calcetines, el anverso tiene un reverso escondido, cuando por accidente nos ponemos los calcetines al revés se ven mal, causan incomodidad, el reverso es parte del calcetín, pero no va así. La Constitución indica que cualquier ciudadano tiene este derecho, y se desprende una consecuencia deleznable: no se da que se postulen y lleguen a ocupar esos puestos los “más aptos” cual, si fuera una especie de libre y pareja competencia, ni están según su perfil aquellos que pudiera desarrollar las actividades con más pericia y un mayor sentido ético. De modo que deviene en una kakistocracia, no porque haya ciudadanos de segunda, sino porque las casillas están ocupadas por figuras que no encajan. En algunas ocasiones son agentes que enquistados en las dinámicas de “lo político” se vuelven “hábiles jugadores” en el arte de “permanecer” aún sin que esto implique tácticas legales ni éticas, quizá nunca sean legítimos servidores públicos.

¿Qué posibilita que personas cuyo rubro sea la actuación, el deporte, el canto accedan a estos puestos? En primer lugar, la pregunta tiene sentido en tanto resulta insultantemente obvio que muchísimas personas podrían desempeñar mejor las actividades del puesto que una cantante o un luchador ¿cómo diablos es mucho más probable que un ex futbolista sin estudios formales sea diputado antes que lo sea un sociólogo o incluso un politólogo? En segundo lugar, la pregunta tiene sentido porque es a todas luces una actitud oportunista la que los tiene ahí, tanto de ellos mismos como de quienes los promueven, invitan, respaldan y dominan. En tercer lugar, porque muchos de estos personajes han reconocido públicamente que están ahí para que les digan qué hacer, que tienen buenas intenciones y que harán caso de asesores, aunque fuera cierta su bondad, tampoco alcanza para desempeñar un cargo. ¿Entonces qué cosa justifica que estén ahí cuando ellos mismos aceptan implícitamente que son un gasto público muerto? Nos queda claro que no deben ocupar esos puestos, pero entonces ¿cómo es posible desde un punto de vista sociológico que sí los ocupen?

Lo primero que viene a la mente es lo que dijo Salvador Dalí a Jacobo Zabludosky, es posible que esto y otras cosas más pasen en México, porque es un país más surrealista que sus propias obras. Luego retomamos el “todos los ciudadanos tienen derecho a votar y ser votados”. Después vienen siete aspectos que nos ayudan a entenderlo pero que requieren un análisis detallado que no haré de momento, mi intención es dejar abierta la discusión a través de algunas reflexiones. Nótese que entender algo no es justificarlo.

1. No todo se puede resolver diciendo “lo dice la ley”. La ley es ley, pero puede cambiar cuando es absurda o queda rebasada por la realidad. Hay por tanto que legislar comprendiendo cómo funciona la sociedad más allá del deber ser, considerando las realidades sociales, los fenómenos en su complejidad, muestra de que hay cada vez mayor conciencia de esto es que al que delinque ya no sólo se le impone la ley, sino que se pugna por un dictamen criminológico dónde se pregunta por las causas de sus actos, se determina su probabilidad de reincidir y su “peligrosidad”; esta perspectiva integral y multidisciplinaria se tiene que extender a muchos más aspectos de la ley. Por lo tanto, no se trata de una discusión técnica, ni se debe achacar a que simplemente el ciudadano de a pie no conozca la ley, el esclavo quizá no podía entender las leyes que lo hacían esclavo, pero no por esa ignorancia se justificaba entonces ni se justifica ahora la esclavitud, esa ley cambió porque estaba errada, era un flagelo para la humanidad. También es muy tramposo recurrir a la falacia ad hominem, diciendo que las mujeres exigen salarios igualitarios respecto a los varones porque están resentidas con el sistema de salarios, porque tienen una envidia a que el varón gane más por el mismo trabajo. No se trata aquí del vulgar “cada quien habla de cómo le fue en la feria”. Vamos siendo adultos.

2. Muchos de los cargos públicos en instituciones como secretarias, ayuntamientos, dependencias varias se ocupan por designación de los jefes, lo que se aprovecha para pagar o hacer favores, elegir a quienes tengan una filosofía de la obediencia, no generen cambios incómodos, tengan buena relación con quienes tienen esta potestad, pero muchos de estos no tienen un perfil adecuado, además es indispensable trabajar en leyes orgánicas más especializadas para que estos cargos se concursen y llegue el más apto por capacidad y perfil, además de trabar las posibilidades de que se elijan testaferros. El sistema de partidos disfraza este nepotismo en tanto se justifica mediante “el trabajo en equipo”, “¿quién podría comprender mejor una propuesta que quienes ayudaron a diseñarla en campaña?” Cierto que hay una línea muy delgada entre este hacer y seguir haciendo equipo y el amiguismo, pero justamente el sistema de partidos enturbia muchas posibilidades para quienes tienes perfiles aptos y méritos para participar, el no pertenecer a un partido implica una desventaja para quienes no se alineen a los partidos y esto redunda en una desigualdad de condiciones para participar.

3. Los ciudadanos votan por diversas razones a estos personajes, por ejemplo, como castigo político ante el hartazgo cuando ven que al elegir a perfiles políticos desarrollados obtienen peores resultados, aumentos de tenencias vehiculares, impuestos prediales, etc. Otra razón es la misma ignorancia : al conocer a estos personajes por su fama se asimila una admiración y empatía sin dimensionar el grado de poder que se les otorga, eligen con criterios que no tienen que ver con los cargos, por ejemplo, gente que votó por Aristóteles Sandoval o Enrique Peña Nieto porque les parecían guapos, no distinguen por más exagerado que parezca; la farándula de la política, ni la ficción de la realidad. Conciben todo lo público bajo el mismo costal. Esta imagen ha sido reforzada por las relaciones entre “artistas” y políticos en matrimonios, parentescos de varios tipos que se dan mucho en México. Donde todo lo público es preferencia, simpatía, carisma, más que apreciar capacidad, cumplimiento, legalidad.

Toca a la ciudadanía no votar a estos candidatos, hay que votar sin dudas, además de exigir a los que ocupen los puestos que cumplan sus obligaciones, estar atento a los todavía pocos mecanismos de participación y de transparencia. Pugnar por legislaciones que garanticen formas democráticas más participativas que superen los vicios ya enconados de la democracia representativa. Acudir a las urnas, “Ciudadanos a las urnas” diría Piketty, hay que votar y luego participar de otros modos, la exigencia y la crítica social serían primordiales. Además, hay que cultivarse todos los días para no ser crédulos.

4. Hay también una corresponsabilidad social de diversos grupos como la familia, las instituciones educativas y el compromiso siempre ausente en nuestro país de autoformarse de un modo integral, si los partidos emplean canciones pegajosas con trajes típicos, publicidad sin contenido de propuestas y en general modos de usar el discurso manipuladores dirigidos a un ciudadano de pobre criterio es porque lamentablemente funciona, el mismo sistema político no “educa” respecto a esto, pero tampoco lo hacen las instancias educativas, el medio familiar y social. Siempre estamos entretenidos, no leemos, creemos que todo se va a resolver con una actitud positiva. Sobre el uso del discurso político es interesante recordar los planteamientos de Geoge Lakoff, Noam Chomsky, Sartori, Van Dijk y muchos otros. Parece que limpiar el lenguaje con que se hace política debe ser parte de una agenda social.

5. La clase política no ve prejuicio en que personas del medio farandulesco ocupen esos cargos, sacan algún provecho, por esa misma razón no tienen interés en construir y aplicar leyes orgánicas que impliquen concursar estos puestos (en el caso de los que sean idóneos para concursarse), o en el caso de puestos por voto, el interés ausente es el de establecer orientaciones que obliguen al cumplimiento de ciertos perfiles para su ocupación y requisitos para su permanencia. Aquí entran en juego favores devueltos u otorgados, compromisos de campaña, elección de elementos por “lealtad”, docilidad y diligencia para recibir y ejecutar indicaciones. La clase política de un modo comodino, tiene conciencia plena de lo que está pasando y de lo que implica que una persona sin un perfil adecuado ocupe ciertos puestos, les conviene en la medida que son elementos moldeables que tienen gran posibilidad de ganar “por ser conocidos”, les conviene porque incluso invierten menos en publicidad para elementos muy a modo a sus intereses. Su responsabilidad es mayor incluso que la del ciudadano porque tienen mayor conocimiento técnico y por tanto conocen más profundamente esas implicaciones no favorables para la ciudadanía. Reitero que entender cómo funciona no implica justificar.

6. El acceso a estos cargos es más fácil y más beneficioso en términos económicos, y les implica menos obligaciones, menos capacitaciones, requisitos burocráticos, académicos e intelectuales que el acceso, por ejemplo, a tener una plaza en una universidad pública o un cargo directivo en el sector salud. Es como si estos puestos fueran a modo, y se concibe malamente que obtener puestos por “relaciones” es una virtud cuando en realidad es algo que debería relacionarse con el nepotismo, no sólo es ilegal y/o paralegal, no es un acto ético e implica un perjuicio público. De modo que hay personas y grupos de personas que en ciertos rubros se la pasan “rolando” en diversos puestos del mismo contexto tal cual explicaba Pareto con su modelo sobre la circulación de las élites. Exigir de acuerdo a sus beneficios no es negar su derecho a ser votados, así como nadie niega mi derecho a ser cirujano, pero no por mi sólo deseo lo seré, me tengo que formar de acuerdo a muchas normas y pasar muchísimas pruebas, demostrar mis conocimientos, hacer prácticas, servicio social, interinatos. Estos puestos de grandes beneficios deben implicar exigencias mayores, no es congruente que empleos de mucha menor paga y nulos privilegios tengan más requisitos, la exigencia y la vigilancia de su cumplimiento debe ser proporcional.

7. Hay que empezar a poner estos asuntos sobre la mesa de discusión, incluso aunque no se vaticine un cambio inmediato, asuntos que primero se discuten socialmente, asistemáticamente a través de expresiones de indignación y del sentido común llegan a ser con el tiempo temas en debate público, y luego de agendas legislativas. Es importante no quitar el dedo del renglón respecto a una visión crítica de los asuntos sociales, no es negativo ni en términos de energías, ni en términos karmicos tener una postura crítica, es una necesidad imperante ver las caras de la moneda y no caer en una fácil happycracia, de engaños, autoengaños y habilidades blandas ya tenemos suficiente.

Modificado por última vez en Martes, 02 Febrero 2021 04:59
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.