Jueves, 13 Noviembre 2014 00:00

¿El hermetismo del Estado prevalece con las manifestaciones sociales?

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Las marchas han demostrado su poder para muchos de los mexicanos en redes sociales, pero ¿hasta qué punto estas benefician a los gobiernos? Las marchas han demostrado su poder para muchos de los mexicanos en redes sociales, pero ¿hasta qué punto estas benefician a los gobiernos?

Soy de una generación donde la manifestación social ha sido vista como una opción de libertad de expresión, como una vía de comunicación para hacer notar a las autoridades su ineficacia al frente del Estado, como un medio para demandas loables y primordiales del ciudadano común, que se rebela al sistema en el que vive y decide salir a las calles, apropiárselas, clamando por sus derechos.

También soy de una generación donde la probabilidad de que se hagan efectivas las demandas, de la gente que manifiesta su malestar, son prácticamente nulas; pero que, sin embargo, dejan la sensación de ser el medio de lograr los cambios en ese sistema llamado Estado, mejor dicho, en esa estructura llamada Estado.

¿Por qué sucede que la manifestación se ha vuelto algo que las propias autoridades asumen como propio o inherente a su labor? ¿Por qué pasa que seguimos creyendo que es la manifestación la que va dar esos saltos de calidad que esperamos de la clase política que conforma el Estado?

Antes de entrar en tema, es pertinente tomar en cuenta que la manifestación como estrategia efectiva se basa en el hecho de ser un acto público que expone y exige respuesta a las demandas puntuales de la colectividad que la lleva a cabo, pero también es un llamado a los demás miembros de la sociedad para hacer conciencia sobre problemáticas reales y graves que les afectan; así como ser una petición de responsabilidad moral a todos los ciudadanos, exponiendo las razones de su actuar social.

Decía yo, al inicio de este texto, que soy de una generación en la que la manifestación es una herramienta de presión para demandar al Estado su ineptitud como director de las actividades propias del mismo. En ese sentido, he podido ver –en fechas recientes– un "clamor nacional" en México producto de varias circunstancias que a nuestras autoridades se les han ido de las manos –así lo relatan los medios de comunicación, así lo muestran los hechos–.

Ante lo anterior surgen manifestaciones aquí, allá y acullá y, de pronto, muchos toman las calles haciendo notar su indignación; otros hacen efectiva su molestia en las redes sociales –mismas que hoy parece representan al ciudadano promedio del país, pues así lo dejan ver muchos medios de comunicación–. Tal situación me trae a la mente el concepto de "estructura", aplicado al Estado mexicano para evidenciar el posible fracaso de las manifestaciones –sin negar que estoy de acuerdo con el descontento que impera actualmente–.

Concretamente, rescato lo siguiente que propone Piaget (1995) "una estructura es un sistema de transformaciones que está compuesto por leyes y que se conserva o se enriquece por el juego mismo de sus transformaciones, sin que éstas terminen fuera de sus fronteras. Una estructura comprende tres características: totalidad, transformaciones y autorregulación”.

Es decir, la estructura es un todo inteligible que se encuentra formalizado mediante un modelo en el que se muestran las relaciones -y transformaciones- del fenómeno intangible a partir de un principio de funcionamiento que engloba 3 características: totalidad, transformación y autorregulación. Las dos primeras características de la categoría son importantes y no podemos negar la presencia de las mismas en la estructura en cuestión que es el Estado mexicano.

Cuando hablamos de totalidad resulta claro que el Estado está compuesto por elementos independientes del todo –pienso de bote pronto en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial– y que están subordinados al mismo con leyes específicas. El caso de la transformación lo evidenciaré con base en el modelo democrático que tenemos; éste permite cambios –al menos de Partidos Políticos– en los puestos de representación popular que supondrían transformaciones en la vida política del país y, por tanto, en la sociedad misma.

Bien, de las tres partes que caracterizan el concepto de estructura, la que me parece más importante es la de autorregulación, pues ésta produce la conservación misma de la estructura. Trasladando esta categoría a la noción de estructura política podemos interpretar que las manifestaciones, la presencia de gente descontenta y que clama por sus demandas, pues no son otra cosas que "vicios o errores" permitidos por la misma estructura política. Es decir, son ejemplos de autorregulación de la misma estructura política para seguir conservándose intacta y totalmente hermética.

Modificado por última vez en Sábado, 25 Junio 2016 22:09