Jueves, 27 Mayo 2021 18:53

Géneros sin extremos

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Autores: Edson Javier Aguilera- Paula Alejandra Barbosa Ramos

 

 

Este texto fue fruto de una reflexión conjunta a lo largo de varias semanas, cuya intención principal es entender de una manera amplia y desprejuiciada asuntos que atañen a la desigualdad de género. El diálogo abierto, pero crítico ayuda a desmontar creencias, suposiciones o posturas no conscientes que oscurecen el tratamiento del tema. En ese sentido tocamos varias temáticas sin agotarlas, esperando aportar a esa visión amplia. Algunas ideas que platicamos en un inicio y que sosteníamos como verdades, resultaron ser ideas erróneas que reformulamos en el camino. No pretende ser un texto tipo manifiesto, ni sostenemos que en este se expongan principios. Solo queremos aportar al diálogo conciliador que propicie formas de vida más tolerantes alejadas de los extremos, de los fundamentalismos.

Toda ideología conlleva facciones extremas que, tratándose del asunto, pueden o no ser peligrosas el gran riesgo al que siempre hay que estar atentos, es el fundamentalismo, por que es ahí donde las posibilidades de reflexionar, proponer y generar cambios se agotan. En el fundamentalismo las sociedades se estancan en sus propias luchas y las búsquedas por construir una mejor versión de la realidad simplemente se pudren. En el fundamentalismo solo hay una verdad y se hacen todos los trucos posibles por sostenerla, sin capacidad de diálogo, sin cuestionamiento, sin humildad.

Es cierto que las mujeres han sido históricamente víctimas del machismo, de los estados de corte patriarcal, y que delitos como la desaparición forzada, la trata de personas, la violación y la discriminación por género son asuntos muy graves, prioritarios de atender y nada comparables con las consecuencias desprendidas del feminismo. Que quede claro que condenamos cualquier tipo de violencia. Sin embargo, el hecho de condenarla no nos exime de hablar de ella, de sus orígenes diversos y las veces que buscando evadirla renovamos sus mecanismos.

Quiero dejar en claro esto y también quiero dejar en claro que un grupo que ha sufrido desventajas históricas, tampoco puede exigir que ahora se le otorguen ventajas simbólicas o prácticas sobre otro grupo contrario, porque la tendencia que queremos sostener como sociedades es la igualdad, la equidad, la justica, no la revancha, no la venganza, no la estigmatización del otro porque eso reproduciría el mismo canon de abuso del que fueron o siguen siendo objeto. La máquina del tiempo no puede echarse atrás, reconocemos que las faltas históricas existen y las denunciamos, pero también nos gusta mirar al presente para pensar qué sociedades diversas construiremos para que los errores del pasado no se repitan. La responsabilidad histórica no nos exime de equivocarnos, pero si nos obliga a que estos errores no sean los mismos: de forma y de fondo.

Por otro lado, tampoco una agenda de movilización y visibilización puede basarse en el descrédito sistemático del otro al punto de volverse irracional, porque de esto se desprendería que todo humano nacido varón es ya un violento macho opresor ya que eso discriminaría y estigmatizaría incluso a niños que no tienen vela en el entierro. Es necesario proponer agendas desde la inclusión de lo diverso, no queremos enfrentamientos entre grupos que se consideran opuestos y al final la desventaja de clase los une y los arroja a las mismas dificultades, sino ser en conjunto nuevos participantes de las luchas que como ciudadanos nos atañen. El feminismo es un tema que nos afecta a todos, hombres, mujeres, por que más allá de las marchas, concibe una forma de relacionarnos afectiva, racional y socialmente.

Es lógico, se acepta que tal como grupo que ha sido oprimido de muy diversos modos haya medidas concretas para equilibrar la situación de las mujeres y estos modos deben ser estratégicos, de acciones contundentes y no solo mercado simbólico de campañas o agendas políticas para congraciarse y obtener votos o aprobación ciudadana, no debe haber leyes para mujeres y otras para hombres, debe haber leyes que consideren sus particularidades como individuos y como grupos, así como para sexualidades y roles de género alternativos, pero todos somos ciudadanos, las leyes deben ser para todos los ciudadanos. Es necesario recordar que, aunque en este momento coyuntural la lucha feminista se ha visibilizado de una forma radical, forma parte de una lucha histórica de las mujeres, que antes de las marchas, muchas mujeres se rebelaron desde lo más íntimo del hogar para transformar los espacios públicos. Las luchas feministas se llevan a cabo todos los días de maneras impensables, pero están ahí como una resistencia que seguirá estando hasta que la igualdad de género ante el Estado sea un hecho en todas las dimensiones humanas. Hay mujeres que no se identifican ni se sienten representadas en algunas formas de manifestación y lucha, también hay que respetar eso.

No se da el caso de que haya un instituto contra la violencia ejercida a varones, no hay en lo social ni el legal el equivalente al feminicidio, no hay “hombrecidio”. Pero eso no quiere decir que el hombre no sea objeto de violencia e incluso por el estigma social ¿cuántas violencias ejercidas de mujeres hacía hombres no son tomadas en serio, no son indagadas sistemáticamente, no son siquiera visibilizadas?, y luego ¿una mujer no puede cometer feminicidio?, ¿una mujer no puede matar a otra mujer en razón de su género? Si revisan la ley se darán cuenta de que sí. Las mujeres también participan y han participado históricamente en la trata de personas, en la prostitución como proxenetas o matronas y en muchas otras actividades que perjudican a su género ¿recuerdan a las hermanas Poquianchis? Luego hay que reparar en que, en el plano sexual, las mujeres pueden ser agresoras, muchos varones han sufrido abuso de hermanas, primas, tías y etc., sin atreverse nunca a hablar del caso o a denunciar, no sabemos qué tan frecuente sucede porque es una punta del icerbeg debido al oprobio que sufriría quién lo denuncie, claro que las secuelas físicas de una violación perpetrada por un varón son lastimosas y más graves, no por eso lo otro deja de existir y también amerita visibilizarse. Hablar de la violencia que han sufrido las mujeres no nos exime de hablar de la violencia que ellas mismas han ejercido sobre sí mismas y sobre los otros. La responsabilidad de las mujeres en delitos también deber ser visibilizada y condenada como tal. Más allá del género debemos condenar cualquier forma de violencia sea ejercida por quien sea ejercida.

Creo que si había disparidad entre las concepciones de Rousseau y Hobbes cuando uno afirmaba que el hombre es bueno por naturaleza y el otro que es malo intrínsecamente, hoy debemos debatir si la cuota de maldad ya sea natural o adquirida en sociedad es igual entre hombre y mujeres. Porque algunas facciones feministas conciben que el varón es esencialmente malo, esto no es comprobable, sino un pensamiento de falsa generalización que acaba disgregando en la naturaleza o la cultura la responsabilidad que cada ser humano tiene sobre sus actos.

La pretendida igualdad tiene muchas implicaciones que no debemos dejar pasar, por ejemplo, respecto de las posturas de la ley referente a la crianza y patria potestad de los hijos, no debe existir ninguna preferencia hacia la madre, ¿por qué? Estamos preconizando igualdad absoluta, ninguna diferencia. Así mismo debe crearse una fuerte legislación en contra de la alienación parental y del chantaje económico ejercido por muchas madres hacia los padres alejados de los hijos por la mala voluntad de la otra parte. Esperamos que las leyes actúen con justicia siempre considerando el bien superior y preponderante del niño y que, para ello, evalúen por igual a los padres en su rol, para determinar bajo el cuidado de cuál el niño estará en un contexto más propicio para su desarrollo, independientemente del género del padre.

En otro rubro interesante y no menos importante, las supuestas medidas que buscan equilibrio como la paridad de género en cargos públicos tampoco funciona realmente y solo maquilla el trasfondo. Para empezar, he sostenido que muchos cargos públicos de diferentes instituciones se deben concursar con mecanismos limpios y transparentes (aunque esto nunca se puede garantizar totalmente por la gran corrupción que sufre nuestro país), para que llegue el más capaz, el que merece el lugar y el que tenga los mejores recursos para cumplir como servidor público. El hecho de que los cargos se otorguen deja fuera a mucha gente que merece tener una oportunidad para llegar ahí. Pero bueno, retornando a la paridad, esta es por sí misma discriminatoria y puede serlo en muchos casos hacía la mujer. Por ejemplo, en determinado espacio hay 6 puestos que serán ocupados por 3 hombres y 3 mujeres; pensándole un poco es obvio que, si hay 4 mujeres más capaces que los 3 hombres más capaces, la mujer número 4 está siendo discriminada, por otro lado, si hay 4 hombres más capaces que las primeras 3 mujeres, un varón está siendo discriminado.

La intervención que se necesita para una igualdad verdadera, para una equidad es que estructuralmente, contextualmente, socialmente no haya desventajas tales que las mujeres no puedan competir parejo con los varones. Ahora, la verdad es que hay una desigualdad más recia que las emanadas del género -que sí existen claro-; me refiero a la desigualdad entre clases sociales. Me explico, una persona que vive en estado de marginación sea hombre o mujer tiene una vida cuesta arriba muy pesada; vive una tremenda desventaja y desigualdad frente a una persona de clase alta sea esta hombre o mujer. Al intervenir en la desigualdad entre las clases se está también aliviando mucho de la desigualdad de género, por eso la primera es prioridad sobre la segunda en políticas públicas. Además, insistimos en la necesidad de mejorar los mecanismos de participación y elección de voces dentro de la política para que los ciudadanos realmente tengan participaciones influyentes y poderosas, no participaciones en asuntos marginales que al final acaban en mera simulación democrática.

El mercado se encuentra permanentemente buscando espacios de negocio, por ello, las luchas feministas actuales no podían quedar fuera de este. En una sociedad esmerada en “lo políticamente correcto” se raya en la censura y resulta contradictorio que observemos una explotación de la figura femenina para ser vendida desde otro discurso. Por ejemplo, el uso y abuso de las figuras heroínas que las industrias televisivas streaming, bien saben aprovechar para hacer dinero, incluso se dan casos que el basamento biográfico de una serie es la trayectoria vital real de un hombre y en la serie resulta que el personaje se vuelve mujer. Es una moda ideológica usufructuada el ser heroína más que héroe y si esto sigue así; el cine y la televisión no desaprovecharán para sacarle jugo. ¿Qué lleva a pensar todo esto? Pues que hay una polarización aguda entre lo qué significa ser mujer y ser hombre, polarización que no abona ideológicamente y culturalmente a la igualdad, en realidad se está haciendo énfasis a la maldad intrínseca del varón y propicia revanchismo, estigmatizaciones dañinas que lastimarán la vida cultural y social de niños nacidos varones. Leía recientemente como una bio serie sobre Marie Curie la presenta con desventajas tremendas por su género; cuando sus biografías más esmeradas demuestran que recibió muchísimo apoyo y que no fue discriminada ni opacada por su género, pero hay que sacarle dinero al tema de moda.

También es necesario hablar de la cuota de poder que pueden usar las mujeres en muchos contextos, desde el escolar, el personal o el institucional para escalar peldaños, beneficiarse de su apariencia para obtener beneficios, no hablo solo de la cuestión de los favores sexuales, algo de lo que es tabú hablar, pero sabemos que existe, sino de la hipersexualización y de la apariencia; que no existiría sin la complicidad de varones y mujeres. El principio de la igualdad no se cumple cuando un empleo o puesto se obtiene usando el físico como ventaja, aunque se le quiera disfrazar de “buena presentación”, ¿alguna mujer se ha dado cuenta de que ha obtenido una ventaja o trato especial por su físico y ha hecho algo para evitar que su contraparte que muchas veces es otra mujer sufra esa injusticia? Se disfraza este fenómeno bajo el lema del amor propio, del merecer, de estar siempre al cien por ciento en mente y cuerpo. Tema tabú ¿verdad? Lo que planteo es que en razón de su género las mujeres también ejercen cuotas de poder y ventajas que no están justificadas en una sociedad que pretende ser meritocrática, el que esto exista no niega que los varones ejerzan acoso sexual y de otros tipos, lo hacen en efecto, esto debe ser indagado sistemáticamente y castigado. No quiero decir que toda mujer que obtenga un cargo importante y que además sea bella lo ha obtenido siempre con el físico como ventaja tramposa. Lo que digo es que existen ventajas emanadas de la apariencia que no deben existir si se quiere una sociedad justa, e incluso existe lamentablemente por parte de los dos géneros biológicos y mientras nos neguemos a hablar de esto como sociedad, mientras no se quiera aceptar que estos fenómenos existen y son dañinos seguiremos reproduciendo patrones de desigualdad, si hay un patriarcado, si hay una kakistocracia, también hay entonces una bellocracia. No tiene nada de malo ser una persona hermosa, pero esto no debe jamás influir para otorgar y recibir ventajas, beneficios, tratos especiales porque eso termina siendo injusto para los otros, además que la belleza no tiene porque pesar cuando las habilidades que exige un puesto o trabajo no tienen que ver con la apariencia.

En otro nivel menos grave, pero que refleja la coexistencia de diferentes modelos están las acciones propias del flirteo o la convivencia entre parejas. Recientemente en España los hombres han manifestado en redes sociales ciertas prácticas de flirteo, romance, noviazgo y matrimonio que los ponen en condiciones desiguales con la excusa de la caballerosidad y el romanticismo. Por ejemplo, han salido reflexiones acerca de quién debe pagar el motel, quién debe reparar la llave de la regadera, quién debe abrirle la puerta del auto al otro, - “tú también puedes abrirme la puerta del auto o llevarme serenata”. En un sentido práctico, cuando hablamos de igualdad de género debemos discutirlo hondamente sin la excusa de que son costumbres o bajo la égida de la caballerosidad, puesto que la caballerosidad implica una concepción de la mujer como inferior, que debe ser protegida y que depende económicamente del varón. Tampoco es nuevo que el cuidado, crianza de los hijos, labores domésticas como cocinar, lavar trastes no es “una ayuda” que el varón proporciona a la mujer, son parte de sus obligaciones como integrante del grupo doméstico. Cierto es que el asunto de quién paga la cena no es comparable en importancia con los abusos tremendos de que han sido objeto las mujeres por parte de una sociedad patriarcal.

Sin embargo, si comenzamos a analizar la cuestión de género necesitamos un análisis completo que no solo voltee la tortilla para que se queme del otro lado, el chiste es que se caliente parejito. Que el desmenuzamiento de las formas que parecen incluso más inocentes respecto al género, se consideren importantes y dignos de temas de diálogo, porque si dejamos estas zonas oscuras serán zonas para que la maleza vaya creciendo desapercibidamente. Si es momento histórico- cultural de hablar de la igualdad de géneros debemos ir muy a fondo, no debe ser moda, ni berrinche, ni agenda política oportunista, ni negocio cultural, ni ser la base de proyectos personales oportunistas, ni producto gratuito con que comercian programas radio, televisión, cine. Debemos atender analíticamente, empíricamente y legislativamente la desigualdad de género en todas y cada una de sus dimensiones porque solo así es posible el diálogo, la transformación en un sentido social, pero también el respeto de nuestras interacciones cotidianas, el encuentro basado en la empatía, la comunicación sin prejuicios. Desmenuzar la desigualdad de género implica, sí cómo no, echar por borda los fundamentalismos que brotan del feminismo mal entendido.

Corolario:

Hay que dejar abiertos y no olvidar las diversas formas de cosificar a la mujer.

  • Por ejemplo, cuando en un bar o discoteca anuncian “viernes de mujeres 2 x 1” o “Cinco mujeres igual una botella gratis” ¿Quién es el producto con el que se comercia? ¿Estas dinámicas comerciales favorecen la igualdad entre hombres y mujeres?, ¿las mujeres que aceptan estas dinámicas se cosifican a sí mismas?
  • Los trabajos de modelo, edecán, etcétera ¿cosifican a la mujer?
  • Una mujer sale en una foto haciendo una investigación en la NASA, los comentarios de otras mujeres son “estoy orgullosa de ti hermosa” o cosas por estilo. ¿Qué de relevante tiene si la mujer es hermosa o no? ¡Es un genio, una eminencia de la física cuántica! ¿por qué los comentarios se centran en la belleza cuando el contexto de la foto es una actividad intelectual?

Agradecemos los comentarios de la psicóloga Alejandra Campos quien habla de las circunstancias históricas que desde el sistema colonial favorecen la introyección de ideas, posturas y sentimientos con los cuales los individuos viven el sometimiento como algo normal, no solo del sometimiento de mujeres hacia varones, sino de ciudadanos ante el estado, de empleados ante el patrón y todas otras asimetrías deleznables y no lógicas. También ha puesto énfasis en la imposibilidad, por tanto, de que en nuestras sociedades post- coloniales un individuo hable de sus virtudes sin ser considerado un petulante, presumido y sin que sea condenado socialmente de manera inmediata, esto se conecta según Alejandra, con el papel de sumisión de la mujer y sus funciones impuestas y autoimpuestas como madre abnegada, hija obediente, esposa incondicional, pregunta ¿qué pensamos con la palabra “mujer”? y denota las características antes mencionadas incluso al punto de que una mujer virtuosa no puede ser mejor personificada que en la Virgen María. Sociedades que fomentan la culpa, el autocastigo, no pueden sino implicar una humildad mal entendida.

También el Maestro en Estudios Filosóficos Ignacio García Solano aportó interesantes aclaraciones, por ejemplo, señala que es necesario hacer una distinción entre inclusión e integración, pues parece que se confunde actualmente. Lo que ha hecho Hollywood no es inclusión, comenta, es integrar a las culturas dentro de su arquetipo occidental (para Echeverria sería un blanqueamiento). Yo distingo ambos conceptos así: integrar es pedir al individuo adaptarse a la cultura, incluir es adaptar la cultura al individuo.

Quizá el proceso de modelaje sea excluyente. Pero, podría preguntarse si la censura de estos espectáculos sería una solución, porque sería violentar con algunas garantías individuales, el derecho a participar a organizar un evento, etc. Comenta sobre el caso de los concursos de belleza como cosificación, tema que habíamos comentado. En todo caso, las mujeres deciden participar en estos concursos, cuya historia es muy interesante revisar.

Hace mención del caso de Yalitza, un caso muy aplaudido por la supuesta inclusión social de una mujer indígena. Pero, retomando el blanqueamiento de Echeverria no sería más que un blanqueamiento. No presentan a una mujer indígena en su entorno, muestran a una mujer indígena tratando de ser una mujer occidental. El mensaje que dejan es que el “indio” si se esfuerza puede occidentalizarse. El ejemplo de Yalitza apoyaría la idea de la discriminación hacia la mujer fea. El intento de presentarla con maquillaje con prendas típicas de una cultura occidental, es despreciar una valoración de la belleza nativa para adaptarla al estereotipo de belleza occidental.

La Psicoanalista Isela Rodríguez aportó también muchas reflexiones y preguntas que nos llevaron a afinar algunas problematizaciones. Lo agradecemos enteramente también.

Modificado por última vez en Viernes, 28 Mayo 2021 13:35
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.