Lunes, 01 Noviembre 2021 14:18

¡Te tengo un gran chisme¡

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El chisme El chisme https://www.bacanika.com/seccion-historias/el-chisme-es-un-perro.html

Por Edson Javier Aguilera Zertuche

Ahora que tengo tu atención querido lector:

Cneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso conformaron una fuerte alianza en el 60 a. C., llamada por los historiadores el triunvirato, prácticamente se trataba del patrocinio de Craso para las conquistas de César en las Galias y de Pompeyo en Hispania, la Guerra siempre ha sido la inversión más jugosa. El ascenso meteórico de Julio César al conquistar lo que nadie había podido tenía preocupado a Pompeyo, Craso había muerto en batalla y no había quien domesticara el poder de César. Pompeyo no veía útil a sus intereses militares, políticos y económicos el empoderamiento[1] de Julio César y decidió ir de chismoso con el senado romano, culpando a César de hacer cosas que efectivamente eran ciertas, pero cosas al fin que habían acordado al inicio del triunvirato. El veneno de la lengua pompeyana era igual o más peligroso que su poder militar y logró que un senado receloso de Cayo Julio César, lo llamara a presentarse en la capital del imperio para ser juzgado de actos que todos los senadores y generales romanos cometían casi cada vez que respiraban. César por puesto no tenía un pelo de tonto y se presentó en Roma, pero no como un cordero al matadero, sino con sus legiones poderosas, bien armadas, experimentadas y sobre todo, dispuestas a morir por su general. César llegó exigiendo y tomando el respeto que merecía. No fue a aclarar, ni a explicar nada, sino como un señor de la guerra a tomar lo que quería tomar. ¿Por qué un general reputado como Pompeyo haría uso de la difamación como una vieja de vecindad, y no de las armas como correspondía a su hombría de sobra probada? Pues sencillo, César era mucha pieza para Pompeyo, a quien no se puede enfrentar; se intenta descalificar. El escarnio y desprecio público son armas también, rastreas sí, pero dañinas. Si un general romano, asolador de ciudades, conquistador y puto amo hacía uso del chisme ¿qué podemos esperar de simples mortales que somos casi todos?

El chisme es información no positiva y emitida con intención de afectar la imagen de alguien. Si la información emitida en el chisme fuera constructiva; por definición no sería ya un chisme. Aun cuando se nos invita al chisme amistosa y jocosamente, hay siempre “mala leche”; sea porque se quiere raspar la imagen de alguien o porque divertirse a costa del ausente no es un acto ético. Esta ausencia del que se habla es consustancial al chisme.

El chisme no se lanza al vacío, siempre está dirigido. En primer lugar el chisme se puede usar de manera xenófoba, contra alguien que recién se inserta en un contexto, ya sea un nuevo compañero de trabajo, un vecino apenas llegado, alguien que se ve como ajeno y que causa desconfianza por desconocido. En segundo lugar, se puede usar contra alguien que representa los valores y formas de ser opuestas a las de los murmuradores, alguien que viva de manera diferente y representa modos de vida alternativos que podrían poner en cuestión los modos propios. En tercer lugar se usa el chisme contra alguien a quien se envidia, o que se percibe como un competidor social que puede alterar el status quo, alguien con posibilidades acaparar protagonismo. En cuarto lugar el chisme se usa como un revanchismo no frontal, como una cobarde vendetta, contra alguien que nos impone ciertas condiciones que no somos capaces de aceptar aunque estas condiciones sean justas, por ejemplo un compañero que no nos pasó una tarea, un profesor que no nos dio oportunidad de entregar un trabajo extemporáneamente, una persona que nos vence a menudo en un juego de baraja o cualquier otra actividad que tomamos simbólicamente como una competición. En quinto lugar el chisme se puede usar como una manera de desviarnos de la autocrítica, resulta que en ocasiones la persona objeto del chisme tiene características que también posee el chismoso, defectos que el chismoso ve en otros para no ver en sí. Otro caso es que el chisme sea emitido como hábito arraigado y la persona objeto del chisme tuvo la mala fortuna de ser elegido aleatoriamente.

Varias de estas motivaciones al chisme se identifican muy bien en la acusación hecha a Sócrates por Ánito, Licón y Meleto. Ellos acusaron al Maestro de Platón de ser un corruptor de la juventud y de un inaceptable ateísmo, entre otros muchos cargos no menos graves, pero todos infundados a lo que se sabe hoy día. Sócrates fue llevado a juicio y condenado. Sus acusadores tenían viejos resquemores hacía él que alimentaron con años de murmuraciones y difamaciones. Por ejemplo, Ánito había preguntado a Sócrates años atrás si la virtud podía ser enseñada, Sócrates afirmó que no, y como evidencia presentó ejemplos de griegos ilustres cuyos hijos les eran inferiores en todo sentido, como Ánito era hijo del prominente Antemión cuyos logros veía difíciles de igualar, se siente aludido y amenaza a Sócrates sobre que esos comentarios le acarrearían problemas en el futuro. El tejido de la “Apología de Sócrates” muestra a detalle como sabrá el amable lector, que las acusaciones hechas fueron cayendo una a una, sin embargo las influencias de los acusadores sumadas a los muchos rencorcillos secretos y reptantes que personajes ilustres tenían contra Sócrates por hacerles ver en muchas discusiones que no eran tan pro como ellos creían, condujeron a lo inevitable; que la verdad de las cosas importara poco y las pasiones mucho.

El chisme obedece a dinámicas y funciones no siempre son conscientes. Por ejemplo, puede incidir en la regulación “del quién es quién” en un campo microsocial: si llegase un musulmán a un barrio profundamente católico no se puede permitir de ningún modo que este tenga una mejor reputación porque eso implicaría que la mayoría sigue y práctica valores que podrían ponerse en tela de juicio, entonces la función del chisme y las murmuraciones es mantener “a raya” a ese otro, a ese diferente, como bien representó Lyotard en su idea de “otredad”; lo común, siempre engulle a lo poco común, y, finalmente lo aniquila. Otra de las funciones que persigue el chisme es establecer o mantener liderazgos o principalías, es decir, si conviene grupalmente que una persona sea vista como líder, benefactor, patriarca o ejemplo a seguir porque sus valores concuerdan con el habitus, o con conveniencias más tangibles, todo otro aquel otro “buen ejemplo” puede ipso facto, ser objeto de chismes. Otro medio para regular u opacar su valía, es ignorar sus logros, mantener silencio sobre sus buenos actos cuando a otros se felicita vehementemente por actos menos complejos; callar sobre sus logros o virtudes, estar en silencio, interrumpir o cambiar de tema ante sus intervenciones comunicativas y sociales: hay que mantener en la sombra a “quien no debe” ser un alfa.

En las instituciones, en los centros laborales el chisme, la murmuración se usan como medios para desplazar, incomodar, deslegitimar a compañeros de trabajo que inciden en formas nuevas de trabajar, o en compañeros que objetivamente son malos elementos pero que no son castigados o puestos en su lugar por la autoridad, si la autoridad no los sanciona; el chisme se vuelve un modo de sanción, un modo de estigmatizar o etiquetar a su persona. Parece paradójico que en los lugares donde se concurre a hacer las actividades más esenciales de la sociedad, como trabajar, practicar la fe, gobernar un municipio o estado, convivir con la familia, etc., son los lugares donde el chisme nace y se esparce ¿una sociedad tradicionalista, cerrada y moralista es más propensa al chisme?

También por otro lado, el chisme tiene como función la sanción moral, dentro del chisme se interpretan los acontecimientos ajenos, “a quién le va mal, a quién le va bien” y más importante “por qué le va mal o por qué le va bien”, se asignan en el relato merecimientos de cosas buenas o malas, pero sin un criterio claro, sino dependiendo de qué tanto nos agrade esa forma de ser del individuo. Socialmente, el chisme es una forma fácil y engañosa de hacer un juicio sobre el modo de ser y hacer de las personas, aunque nadie ni nada nos dé derecho de ser jueces de las vidas ajenas, entre los chismosos existe el pacto no dicho de aprovechar las convivencias para juzgar. Así, si un individuo que ha sufrido un accidente y está dentro de los modos de vida “aceptables”, es sin duda un individuo al que dios le ha puesto una prueba, es aprendizaje y le exige la aceptación de su voluntad, “solo dios sabe por qué hace las cosas”, “las cosas pasan por algo” etc., en cambio si esa misma cosa le sucede a un individuo que no está dentro de los parámetros morales aceptables, entonces ese individuo “ha sufrido las consecuencias de sus propios actos”. Como se ve, un mismo acontecimiento es interpretado totalmente sesgado.

Es totalmente irrelevante si el contenido del chisme es verdadero o falso, el chismoso finge que le interesa la verdad porque es “su coartada moral”, la excusa de sus actos. Pero si realmente le interesara la verdad o la persona de la que se murmura, podría intentar un manejo ético de esa información y actuaría más o menos según la siguiente tipología: a) No participaría del chisme y solicitaría que no le hablen de personas ausentes, b) callaría, porque esa información no le incumbe, no tiene que ver con él, c) si le afectara el comportamiento de la persona objeto del chisme hablaría el asunto directamente con esa persona para aclarar puntos, d) si llegara en cambio, información a sus oídos y sintiera respeto o afecto por esa persona; le prevendría, le aconsejaría, escucharía su versión de las cosas no ya con el morbo de saber el chisme, sino para acompañarlo en la resolución de un problema.

Es irrelevante que el contenido de un chisme sea verdad, porque el chismoso ha tenido al menos las cuatro opciones anteriores, pero elige precisamente difundir esa información a espaldas, sabiendo que daña una imagen, y en ese sentido, con esa intención de dañar o esa indiferencia sobre el otro, es de esperarse que la información sea modificada por exageraciones, juicios de valor, tergiversaciones, añadiduras, connotaciones vehiculadas con el tono de voz, expresiones faciales que implican desaprobación, burla, morbosidad. Es decir, que el chisme va más allá de la información, porque la información compartida jamás es imparcial.

Autoadjudicarse autoridad o derecho para compartir información de otra persona sin su consentimiento es un acto ególatra porque asume una superioridad moral inexistente o autocalificada. Pero también es un acto de cobardía porque se hace desde la oscuridad, a espaldas del sujeto del chisme, maliciosamente. Todos sabemos que el chisme daña; sin embargo, es tan difícil de erradicar y se esconde entre conversaciones que se presentan con carátulas como la cordialidad, la reflexión o la noticia. La Biblia misma contiene al menos 48 versículos que rechazan fuertemente la murmuración, Jesús fue objeto de chismorreo, murmuraciones y acusaciones falsas. ¿cuántas horas de televisión, radio, spots digitales están dedicadas diariamente al chisme?, ¿cuántas personas en los medios comunicación viven exclusivamente de chismear?, ¿cuánta gente ve y escucha estos medios como rutina?

El chisme es, desde una óptica axiológica una invasión a la privacidad, una irrupción al derecho sobre la autodeterminación de la imagen. Señalar los agravios relacionados con el chisme, lo sé amable lector, parece aguafiestas ante algo que divierte tanto y que suele ser un plus en diversas reuniones, sin embargo, el hecho de que no haya más contenido en las charlas revela que no hay más contenido en las mentes. Debemos preguntarnos por el perfil del chismoso. ¿qué tipo de personas son más afectas al chisme? ¿qué tienen en común las personas adictas al chisme?, ¿qué característica comparten, por el contrario, las personas que no participan en los chismes?, ¿hay asociada a la costumbre del chisme un tipo de familia, una escolaridad, una ocupación, un género, una edad, una clase social, una nacionalidad? Parece que el chisme cumple funciones sociales muy enraizadas respecto a la moralidad, el status, los modelos de vida, pero, ¿qué pasaría si hiciéramos un pacto por ser menos chismosos?, ¿o será realmente poco probable que el chisme cese?, ¿estará el chisme en nuestras herencias filogenéticas?, ¿somos y seremos chismosos aunque no lo queramos?

He visto en “La Atalaya” imágenes de un mundo sin guerras ni posesiones, he visto en arte imágenes del cielo, en la películas representaciones de la vida sin muerte, de la vida son dolor, pero jamás, jamás he visto cómo serían un mundo sin chisme.

 


[1] Al hablar aquí de empoderamiento no se hace referencia a dejar de hablarle a ciertas personas porque se interpreta que son dañinas, tampoco a emprender la venta de algún tipo de producto, ir al gimnasio después de 15 o más años de abandono físico, o a retomar salidas después de terminar una relación, hacemos referencia con empoderamiento a 40,000 soldados bien entrenados, equipados con lo mejor de su tiempo, ordenados tácticamente, disciplinados, incondicionales, experimentados y dispuestos a enfrentar lo que sea con un chasquido de Cayo Julio César; eso es empoderamiento.

Modificado por última vez en Lunes, 01 Noviembre 2021 16:41
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara