Martes, 18 Noviembre 2014 00:00

Breves apuntes sobre la libertad

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Las cadenas de la libertad son más pesadas que las cadenas de la esclavitud. Dios no existe, existe el hombre… que es su propio Dios.

El hombre no es libre. Inicio con una declaración absoluta, injustificable e incomprobable. ¿Cuántas veces hemos escuchado discursos románticos sobre el ideal de la libertad, o sobre la terrible opresión en la que el hombre se encuentra? ¿Por qué existe ese deseo, esa meta u objetivo en el pensamiento y espíritu humano? ¿De dónde viene ese ideal? ¿Existe la libertad?

El hombre no es libre, estará siempre sujeto a la opresión inexistente de una divinidad más cruel y viciosa que la esclavitud contra la que se oponen los discursos de libertad; los ideales de libertad y justicia son la misma cadena que sujeta al hombre en una paradoja y le provee tanto de esperanza como de desesperación. Pero el hombre no es libre por efecto de una opresión ajena a sí mismo, esto es: no hay opresión externa, no hay un capataz azotando las espaldas del hombre ni ajustando sus grilletes.

Con lo anterior dicho, no se niega la existencia de situaciones lamentables que atentan en contra de la humanidad, situaciones como las injusticias sociales, perpetradas por la tiranía de éste o aquel gobierno; situaciones injustas acometidas por razones de credo e intereses económicos. No, no se niega la existencia de opresores y injusticias en la humanidad. El hombre no es libre, sin embargo, porque el hombre cree en la libertad y en la justicia y los fundamentos de estos ideales yacen en la arbitrariedad de la lógica.

Cuando alguien, un profesor, un amigo o un sujeto en sociedad, denuncia la opresión de un “Sistema” que le quita la libertad al hombre, incluso de tomar decisiones, sucede que me ocasiona un total desagrado y desconcierto acerca de la seguridad, de la certeza de ese sujeto sobre la existencia y proceder de este “Sistema”. Mi desagrado me surge al reflexionar sobre las incoherencias en que se sujeta este individuo y es allí que mi reflexión inicia: ¿Qué es la libertad?

A tu consideración ¿Cuál es el principal opresor del hombre? ¿El gobierno? ¿El credo? ¿La maldad (injusticias y vicios)? Hace unos días, en una conversación con un amigo, surgió el tema de la opresión de la mercadotecnia, de cómo este “Sistema” integrado en ella, le permite tener el control sobre el consumidor, desproveyéndole de toda capacidad de tomar decisiones por sí mismo. Mi amigo, argumentaba que la necesidad de venta surge de la necesidad de consumo del pueblo y que esto proveía las condiciones suficientes para implementar estrategias de enviciamiento: Convierte al consumidor casual en un consumidor enviciado.

Su alegato no se encuentra fuera de lo común, de lo que normalmente observamos y de lo que somos participantes en este “Sistema” de control. Sin embargo, es cuando menciona que estas corporaciones, este consumismo estratégico le quita voluntad y toma de decisión a la humanidad, que volví a escuchar, en palabras de mi amigo, ese canto, ese poema romántico sobre la libertad del hombre y su opresión por un “enemigo” maldito, satánico.

“Hoy, dentro de media hora, iniciará el programa de televisión de comentaristas deportivo… ese que es, en realidad, una mesa redonda en la que se debaten circunstancias y situaciones del deporte mexicano, del futbol. Es, sin duda alguna, la mesa redonda con más audiencia y la de mayor ‘rating’ en México… más que cualquier otra mesa redonda, sea de un programa televisivo o de un programa de radio ¿Qué te dice eso?” Fue la pregunta que le plantee a mi amigo frente a sus alegatos. Su respuesta, inmutable de su postura, e inmediata fue “Esa es otra forma de control. Los medios de comunicación saben que en México se consume más ‘El pan y circo’ que algo que pueda ayudarlos a mejorar, a crecer, a cultivarse”.

Es aquí, frente a la respuesta de mi amigo, que les invito, lectores, a reflexionar y hacer uso de su criterio: a tomar un paso atrás, a un lado o a donde sea y observar lo que se plantea así como sus repercusiones e implicaciones. El sistema no controla. El gobierno no controla. La opresión no viene de fuera del individuo. Los medios de comunicación y los programas (radiofónicos y televisivos) no ejercen una fuerza de oposición a la voluntad humana. Enciende el televisor y no estarás obligado, por ninguna fuerza, a ser parte de la audiencia de X o Y programa.

La réplica que le presente a mi amigo ante su respuesta del control fue la siguiente: “Los medios de comunicación no controlan, ni obligan al televidente a observar sus programas… las televisoras ofrecen y es el televidente quien muerde el anzuelo” Inmediatamente a mi réplica, me contra-argumentó que esa forma de pensar, ese modus operandi (de soltar el anzuelo) es precisamente la forma de control que ejerce “El sistema” ante el cual, estamos desarmados: indefensos a menos que nos cultivemos y podamos salir de su plan de ataque.

Su respuesta me dejó perplejo. Mayormente porque me hizo recordar que lo indefensos que estamos, lo vulnerables a ver un señuelo hermoso: “antojable”. Tomé unos segundos para reflexionar sobre el tema y después de cavilar unos momentos llegamos al acuerdo mutuo de que, en efecto, el hombre “común” (discurso elitista) no siente la necesidad de superación, por lo menos no tan fuerte como la necesidad de complacencia, de satisfacción. Fue en este punto que retomamos el punto de la libertad y de la cultivación intelectual como herramienta para alcanzar esta… turbia… libertad.

Fue entonces que en medio de nuestra discusión, le pedí un momento, un receso para ir a conseguir un cigarro suelto y fue entonces que respondió a mi petición de la forma más inesperada (puesto que no lo tenía contemplado así): Carcajeó en forma de burla, de ironía según lo que veníamos comentando sobre el “control” de las corporaciones sobre nosotros los consumidores.

Algo molesto y decepcionado le dije: “Estoy tomando mi (propia) decisión de ir a fumar. Estoy ejerciendo mi derecho a la libertad de elección”. Si alguien tan cultivado como mi amigo respondió con una insolente carcajada a un acto propio, no espero menos de alguno que otro de ustedes, lectores; en especial no espero menos de quienes consideran el consumo de tabaquismo “lo más estúpido” que un hombre puede hacer.

El mejor alegato, por lo pronto el más racional, contra nosotros los fumadores, se sustenta en que no se incrimina el derecho ejercido sobre el consumo del tabaco, sino que dicho acto, atenta contra el derecho de los no-fumadores, quienes optan por la salubridad de no auto-intoxicarse. Hasta la fecha, no existe contra-argumento a esto… es una verdad: los fumadores atentamos contra el derecho de los no-fumadores. Sin embargo y ya será para otra publicación, la injusticia que ha caído sobre nosotros los fumadores, nos ha vuelto blancos para la discriminación y la desvalorización de nuestra integridad como sujetos.

“El hombre no es libre” agregué en respuesta a la burla que recibí de mi amigo. El Dios primordial del hombre no es un Dios religioso, no es un Dios mítico y ritual que existe como una entidad extra-humana: que está fuera, más allá del hombre. Sino que el Dios primordial del hombre es él mismo. El hombre necesita estar sujeto a una autoridad, esta necesidad le provee de confianza y leyes a las que pueda acatar su existir y actuar; La autoridad es el principal Dios del hombre en tanto que la autoridad le otorga sentido, significado, a su propio existir.

Al estar sujeto el hombre a una forma de actuar, a una forma propia, correcta, de actuar, el hombre se esclaviza a sí mismo: se arrodilla ante este Dios creado de sí y por sí mismo. Es porque el hombre, la humanidad, desea encontrar un sentido, un significado a su vida que erige en él mismo, una autoridad superior, divina, ajena a él y a su razón. La libertad es este nuevo Dios, el primigenio.

La libertad es el dios de la represión. El hombre que busca la libertad se encuentra en la paradoja de imposibilitar la existencia de ese ideal de “libertad”. “Nosotros (los elitistas) quienes hablamos del pueblo (ignorante y mediocre) inculto y acusamos en su actuar las herramientas que el gobierno o “El sistema” utiliza en contra de ellos para tenerlos oprimidos, controlados, somos exactamente como el sistema: Le decimos al pueblo ‘lee esto, lee aquello, cultívate’. Dime ¿No estamos atentando contra el derecho de elección del mismo pueblo, al obligarle a leer lo que nosotros consideramos que es lo que necesitan para salir de su ‘opresión’?” fue la pregunta que le presenté a mi amigo.

“No. Porque nosotros les estamos dando herramientas para que ellos mismos tomen sus decisiones y vean que hay quienes no quieren que tomen decisiones, que obedezcan y sólo consuman lo que les dan” Fue la respuesta a mi pregunta por parte de mi amigo. ¿Cómo puede el hombre, la humanidad, juzgar lo bueno y lo malo sin ayuda de un concepto superior, máximo y universal sobre el bien y el mal? Esta pregunta se aplica a todo tipo de acción inmoral así como a las acciones “egoístas” del hombre (alusión a los fumadores)… ¿Es malo ser esclavo?

La discusión que mantuve con mi amigo quedó inconclusa… Mi declaración de que el hombre no es libre y que la libertad es una entidad, cuasi-divina, inexistente, quedaron sujetas a otra carcajada a manera de ironía mientras encendía mi cigarro: ejemplo paradójico de mi sujeción-esclavitud a un “algo” llamado “El sistema” llamado “Libertad” llamado “Dios” llamado “Bien y mal”… así mismo, dejaré inconcluso este comentario, lector, mientras poética y románticamente asevero mi declaración al momento que enciendo el último cigarrillo de mi cajetilla y repito: “El hombre no es libre… nunca lo será quizá.”

Modificado por última vez en Sábado, 25 Junio 2016 22:11
Mario Grana

2 de Mayo de 1986. Guadalajara, Jalisco. México. Egresado de la carrera de Letras Hispanoamericanas del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Profesor de Español como segunda lengua y Gramática del Español. Estudiante de literatura, investigador de Semiótica literaria.