Jueves, 20 Noviembre 2014 00:00

El uso de la bicicleta y las nuevas construcciones ideológicas políticamente correctas Destacado

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El uso de la bicicleta y las nuevas construcciones ideológicas políticamente correctas Bernat Casero

Es verdad que para una mayor comodidad como individuos buscamos formas de pensar preconcebidas, mismas que nos facilitarán el acceso a los códigos y el mundo que nos rodea. De esta manera no requerimos usar, en cada esquina, todo nuestro pensamiento para resolver situaciones sencillas.

Es por ello que recurrimos a ese conjunto de ideas, de prejuicios, de oraciones preescritas, y las ensalzamos como una reacción fácil e, incluso, políticamente correcta ante cualquier situación ajena a nosotros mismos. Con las ideologías buscamos sentirnos parte de algo, ser radicales o bien conservadores, todo esto de acuerdo a un grupo social determinado al cual pertenecemos o deseamos pertenecer.

Lo que me resulta del todo curioso es la propagación de ciertas ideas, la aceptación de las mismas por un conjunto de sujetos sin que medie una reflexión acerca del porqué de dicha adopción conceptual.

El mundo actual, ese construido dentro de las redes sociales, se ha configurado desde una perspectiva maniqueísta, donde las acciones son buenas o son malas – no son dignas de la problematización y mucho menos del debate-, haciendo que nosotros tengamos solamente dos opciones: a favor o en contra.

Si yo estoy a favor, toda una carga ideológica viene a asumirme como persona, cambian mis tipos de publicaciones y no es necesario que tenga que explicar a alguien los motivos por los cuales estoy a favor, ya que se dan por entendidos. Pero si estoy en contra, además de estar en la postura incorrecta –sabemos que a nuestra mente le es más difícil aceptar esquemas negativos que positivos-, recaerá todo el peso de la explicación y de la argumentación sobre esa persona.

Pienso en casos concretos. El ciclismo. Cuando una persona, en Facebook, decide adherirse a una corriente en pro del uso de la bicicleta, no es necesario que medie la reflexión en esa decisión, ya que sabemos que “es lo correcto”, al mismo tiempo que nos lo demuestran ciertas falacias de autoridad: “los europeos usan más la bici que el coche” y, evidentemente, si los europeos lo hacen es porque están en lo correcto.

La bicicleta deja de ser un simple medio de transporte, se convierte en un vehículo por el cual se propagan nuevas ideas, mismas que traen en sí configuradas toda una carga ideológica a la que no todos pueden acceder, ya que el grupo impone ciertas condiciones sociales, económicas y educativas, a sus nuevos miembros.

El ciclista que ha acudido a su trabajo todas las mañanas, usando este transporte, en los últimos cincuenta años, no podrá formar parte de estas nuevas ideas de “liberación”, ya que no cumple con una de las condiciones primordiales: juventud.

Pero esto no resulta tan extraño. Es, hasta cierto punto, normal que adoptemos nuevas ideas y reclamemos el uso del espacio para poderlas ejecutar, lo extraño llega a resultar en el ámbito de la argumentación, cuando los sujetos que enarbolan nuevas ideas dejan de pensarse como individuos y se piensan como masa, generando respuestas casi automáticas para cualquier situación.

Cuando la ideología habla se anula cualquier posibilidad de razonamiento en el individuo, ya que sólo responderá a los estímulos externos – aquellos que atenten contra su forma de pensar- como un acto reflejo.

El ciclista, entonces, podrá ver todo el mal que hacen a la sociedad aquellos que no piensen como él, los que decidieron seguir usando sus coches – aunque tengan que moverse diariamente 100 kilómetros-, los que no quieren formar parte de una nueva “cultura vial”, los que no quieren ser sujetos “sanos” y, sobre todo, aquellos que dejaron de pensar y no se subieron a las dos ruedas.

Este tipo de ataques, lanzados a través de múltiples perfiles y justificados en “el bien común”, dan mucho que pensar, pues antes de promover una cultura de equidad o de responsabilidad social, es preferible la promoción de una visión violenta de aquellos que son “débiles”. Ese uso justificado de la violencia orilla a todo sujeto que no tenga las mismas concepciones ideológicas a guardar silencio, ante lo que pareciera uno de los nuevos tabús generados dentro de la red de redes.

Modificado por última vez en Sábado, 25 Junio 2016 22:05
Omar Sánchez (Roberto Visantz)

Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información.

Web: https://robertovisantz.eldiacritico.com/