Miércoles, 23 Marzo 2016 00:00

La escritura enferma, ¿licencias poéticas o pedofilia?

Escrito por
Valora este artículo
(9 votos)
Detalle, Edgar Degas Detalle, Edgar Degas Detalle, Edgar Degas

La palabra tiene significado. El poder del lenguaje se hace presente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. No hay palabras gratuitas, decía una maestra en la facultad de letras de la UdeG. Nos rodeamos de discursos y los repetimos, creamos contenidos y los difundimos. El lenguaje moldea nuestra realidad o refleja nuestras pasiones del alma, el lenguaje nos brinda libertad o lucha por ella, pero ¿hasta qué punto es correcto utilizarlo?

La historia de la literatura ha presentado casos de escritores famosos que han sido acusados de filias sexuales que siguen preocupando a la sociedad. Alicia quedó desnuda ante la imaginación de Lewis Carroll en un intrincado juego de ajedrez literario, que de haber sido contemporáneo de Degas hubiera terminado inmortalizado en su denuncia pictórica.

La literatura funciona como espejo del que la escribe, difícilmente puede escapar de sus deseos cuando intenta plasmar en papel las ideas que pululan en su mente, entonces, ésta misma, puede servirnos para reconocer en las palabras del otro un deseo malsano hacia aquello que es prohibido, hacia el tabú.

De los distintos tipos de escritores es el poeta quien siempre ha encontrado una predisposición casi natural hacia la transgresión, es el poeta el que ha llevado la llama prometéica a los ojos del hombre, le ha brindado libertad a través de cánticos no perecederos y lo ha aliviado de la agonía de los enrejados del alma. Sin embargo, existen temas que no son fáciles de trabajar, temas que son considerados enfermos incluso en voz de aquellos que buscan revolucionar los discursos: la pederastia.

Recientemente el poeta Luis Eduardo García sufrió de las amenazas más bajas a las que puede exponerse un ser humano, la amenaza de ver violentada la integridad de su familia (hijos) por parte de un hombre que presume sus filias sexuales descaradamente, el también poeta Hugo Lázaro Aguilar.

1hugo

Una breve discusión en Facebook, como se muestra en la imagen, sirvió la polémica a los miles de usuarios que se apuraron a denostar los comentarios del potosino Lázaro Aguilar. Que si bien pudo haberse tratado de una broma entre enemigos, también podría ser preocupante la velocidad con la que el hombre encontró sus referencias para el insulto.

En un país acostumbrado a las peleas verbales, a las mentadas de madre, al escarnio social y a los escándalos de la vida privada, resulta difícil digerir que una persona encuentre como referente inmediato para el insulto el tema de la pedofilia, tema que ha desatado escándalos mediáticos tan fuertes como lo fue la protección que brindaron los Legionarios de Cristo para encubrir la pederastia de uno de sus sacerdotes.

Sensibles ante este uso del lenguaje en ocasiones buscamos justificarlo a partir de la llamada “licencia poética”, una forma de ir más allá del uso cotidiano para buscar la provocación del otro, del lector, pero ¿hasta que punto es permitido esto? ¿Hasta que punto no se trata de un reflejo de los deseos ocultos de una persona?

Hugo Lázaro Aguilar buscó defenderse de las acusaciones de pedofilia de los usuarios de la red social a través de argumentar que se trataba de una provocación profesional de su parte, una manera de aventar un “cubetazo” contra alguien que buscaba humillarlo y salir, así, bien parado de la situación.

2hugo

 

El problema sobrevino cuando el asunto no se quedó ahí, sino que los dichos del poeta fueron secundados por el encargado de publicaciones de la Secretaría de Cultura de SLP, Octavio César Mendoza, a quien más tarde le valdría el haber sido separado de su cargo por defender la “impulsividad” del escritor aconsejándole, incluso, que en lugar de meterse con menores de edad era más conveniente alburear a la “hermana, para evitar malentendidos”.

Este suceso llevó a los usuarios de Facebook a escrutar con lupa los poemas de Hugo Lázaro Aguilar, con el fin de encontrar alguna referencia que pudiera demostrar su inclinación hacia la pedofilia; la búsqueda no fue infructuosa.

Los referentes culturales nos hacen desenvolvernos en un ambiente más o menos común a todos, un ambiente de aquello que conocemos y en el que nos podemos encontrar a nosotros mismos como un reflejo en el lago. Nos entendemos en tanto los significados nos son propios, en tanto decodificamos versos, oraciones, párrafos, con el conocimiento de nuestro contexto social; pero ahí aparece la poesía.

Las licencias poéticas permiten la creación de nuevos significados, a partir de la construcción de imágenes novedosas que despierten en el lector nuevos referentes, sin embargo es muy probable que los límites de lo “legal-mentalizado” sean traspasados con ellas, además de que al ser creaciones de un autor en específico nos llevarían a conocer un poco más su manera de pensar.

Entonces, cuando alguien escribe un poema donde el principal referente es la violación de menores, como lo hace Lázaro Aguilar en “Poemas para novias enfermas”, ¿qué deberíamos pensar? ¿se trata acaso de una licencia poética o de un reflejo del inconsciente del escritor?

Transcribo a continuación el texto, con algunas correcciones de acentuación y ortografía de mi parte, además de un remarcado oportuno con negritas:

Poemas para novias enfermas

Por Hugo Lázaro Aguilar

Las rotundas mamadas de un poeta joven

ganan premios becas y dulces bajo las colchas

un ave anuda su garganta en mi pelo

semen en las sábanas sucias de la infancia

ruidos alrededor de un sinsentido

la poesía es una puta que todos cogen sin pagarle

drógala y sin rogarle te dará una mamada

en español en inglés en alemán en huichol

la poesía es una niña sin pechos

la más puta  poesía vive en el norte sin cobrar

la puta de babilonia es una cantina a donde va Carlos Rentería

la poesía es un puta animé

gargantas profundas de una niña en bricolaje

torné a venir a YouTube  antes de venirme en tus sábanas sucias

el porvenir de la poesía está en el sur

en el aire enrarecido de tu carne azul

la poesía es una puta sin cobrar sin azur sin Darío

inspirado por la muerte escribo : vivo en un basurero

mi cama es una palabra griega de añejos versos y calcitas

mi odio se acrecienta cuando palpo moscas en mi pierna

mi salud es un cerveza rubia de once años

mi corazón estalla de poesía por las niñas desnudas

mi corazón estalla en la noche de los versos atorados

en el marfil de su cuerpo sin pechos

amo las niñas blancas de Rusia

amo el resplandor una prieta que vende carnitas los domingos

la poesía es una niña violada por su tío

mi poema es una mancha en la sábanas sucias

mi odio es un cigarro Marlboro que se acaba

tendré un libro nuevo con el premio

tendré una niña puta en mi cama

el edredón de la mañana hace frío hace calor dentro de mi Pene

dos caídas de alternas avenidas suben a tu cuello

caigo sobre ti jugando a morderte

me vengo en tu pecho plano

la poesía es una niña en patines violada a los siete años

la poesía es una niña violada por su tío a los siete años

asesinan cuernos y elefantes que hablan en marfil como Rubén

sudan los sobacos los miembros de poemas ganadores

revientan presas y cartones de cerveza

ríen los trovadores

triviales quejas alrededor de tu pecho liso y blanco

te metí el poema entre las piernas

te metí el dedo negro de mi alma entre las nalgas

aguardiente de poetas, enfriando la noche de estrellas

aguardiente de caña, calentando el perfume de tu boca sin dientes

violar es mi derecho

es mi alto instinto de papel

la poesía es una niña violada por su tío

maldad del horizonte sin medida

quiero una virgen sucia en mi cama limpia.

En el poema el autor hace una comparación ociosa entre la violación de una menor de edad con el trabajo poético; hace referencia directa a un abuso sexual infantil por parte de un “tío”, dejando claro que se trata de una persona de 11 años. Las veces que en el poema se repite la palabra niña no es gratuita, es claro que quiere centrar la atención del lector en la imagen de un “pecho liso” y unas nalgas que han sido traspasadas por el “glorioso” dedo del poeta, una imagen por demás morbosa y llena de odio, dado por las palabras hoscas que acompañan el texto “asesinan”, “cuernos”, “sucia”, “muerte”, “mancha”, entre otras. Dejo al lector a cargo de su interpretación y su decodificación con el fin de no contaminar su juicio con mis palabras.

La construcción del poema puede alarmarnos, haciendo evidente la razón por la cual un ente sensible como Luis Eduardo García reconoció el peligro en las palabras de Lázaro Aguilar, prefiriendo acudir a las autoridades para que establezcan una averiguación al respecto.

La polémica sigue. Las palabras tienen un significado, no son usadas nunca de manera gratuita, y es en ellas donde en ocasiones vemos reflejados los instintos y deseos del ser humano, en su forma más sórdida.

Modificado por última vez en Jueves, 24 Marzo 2016 02:49
Omar Sánchez (Roberto Visantz)

Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información.

Web: https://robertovisantz.eldiacritico.com/