Domingo, 03 Abril 2016 00:04

Imposición feminista (Parte I)

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Imposición feminista (Parte I) Cortesía

Realicemos un pequeño ejercicio. Estando en el lugar en que se encuentre, señale usted con su índice o simplemente voltee su mirada hacia “arriba”.  Si usted realizó este pequeño ejercicio correctamente (no pretendo insultar su intelecto), usted miró hacia el cielo o apuntó hacia el techo de su habitación. Pero, ¿por qué usted no señaló o volteó su mirada hacia el suelo de su habitación?

Este ejercicio no es para insultar la inteligencia de nadie, ni para descubrir quién es más inteligente o quién es más bruto. No es un test. Es un ejercicio para presentarle a usted, de la manera más pragmática, el concepto de “perspectiva”. Cuando usted señaló o miró hacia el cielo o el techo de su habitación, usted, en relación al sujeto ficticio que llamaremos “Pei Pei”, situado en el extremo opuesto del mundo, miró hacia “abajo”.

Es el punto de referencia lo que determina la “perspectiva”.  Para nosotros, aquí en México, el punto de referencia es el mismo y está claro: arriba es lo que está por encima de nuestra cabeza y en oposición del suelo, que sentimos bajo nuestros pies. No hay confusión. Pero cuando relacionamos nuestra perspectiva, cuando comparamos nuestra referencia con aquella de “Pei Pei”, entonces nuestro mundo se viene abajo… o arriba… da igual: nace un conflicto.

La forma lógica y segura para resolver este conflicto de “perspectivas” es constituir un nuevo punto de referencia que nos permita entender sobre qué… o bajo qué… cómo sea, da igual… se está desarrollando nuestro intercambio de perspectivas.

Ahora, con este pequeño ejercicio fresco, cambiemos los conceptos. Cambiemos “arriba – abajo” por “violencia de género – afabilidad de género” (en tanto que es antítesis de lo violento). A primera apariencia, parece un conflicto fácil de resolver, un ejercicio sin complicaciones, tal como lo fue el ejercicio de “arriba-abajo”. Pero nada es tan sencillo y mucho menos en una sociedad en que la perspectiva se ha estado construyendo en referencias (al respecto) incorrectas, impuestas, excluyentes y llenas de intereses políticos.

Con todo el sentir y pésame de mi obeso y pobre ser, declaro que el video de Gerardo Ortiz no es una apología a la violencia de género. Lo siento y llego casi a repugnarme porque mis palabras puedan ser interpretadas como abogacía hacia el género musical que más odio… más, incluso, que el calor del sol (y quienes me conocen, saben mi eterno odio hacia el sol y su estúpido calor abrasante).

En algún momento, durante el inicio de la denuncia contra el video musical del cantante de narco-corridos (o lo que fuere, para el caso a mí toda esa cultura me resulta deleznable e igualmente asquerosa), un grupo o una persona, con una mediocre perspectiva sobre la “lucha de género”, divulgó la declaración acerca de que lo ocurrido en el video musical era una “apología” a la violencia de género. No podría estar más equivocada dicha persona o comunidad. Y si usted piensa argumentarme en la sección de comentarios que, precisamente, se trata de una apología de la violencia de género, con anticipación le informo que lo que usted pueda decir es parte de un discurso preconstruido, es decir, está “borregueando” ecos de lo que escuchó en algún lado y sin pensarlo imitó, así como un infante imita al adulto, sin pensarlo, sin dudarlo, sin reflexionarlo.

Una apología es, específicamente, un discurso (sea oral o escrito) en el cual se manifiesta explícitamente la simpatía y apoyo hacia una ideología, persona o acción. No busque una definición en Santa Wikipedia o en Santo Google y, si lo hace, hágalo para corroborar lo que le he comunicado, no para buscar una forma de contradecirme y alegar la existencia de una “apología implícita” o “apología subconsciente” o “apología subliminal”… No lo haga, por favor. Dichos conceptos requieren del desarrollo de una hipótesis cuyas variables teóricas me dan un ligero dolor de cabeza, y que difícilmente podrá sustentar con citas obtenidas del santo de su devoción (Google, Wikipedia).

Si, por otro lado, pretende iniciar la discusión sobre un discurso visual apológico, entonces le acepto su debate, pero sépase advertido que relatar lo sucedido en el video musical (hechos narrativos-visuales) no es un argumento del discurso visual. Pero no estoy aquí para debatir sobre el discurso visual, aunque reitero mi accesibilidad para discutirlo en la sección de comentarios. No, mi interés radica en hablar sobre la pobre perspectiva de este grupo de ideología feminista-clacisista-elitista, que acusa y asegura la existencia de una apología de la violencia de género y la misoginia.

Repito, el video musical del autor Gerardo Ortiz no es una apología a la violencia de género y mucho menos esta pobre y estúpida declaración debe ser considerada como un factor acreditable para la censura y la penalización. Lo anterior lo digo con un dolor en la boca de mi estómago: mientras escribo estas líneas no puedo no pensar que se presten para interpretarse como defensa de esa narco-banda-cultura que tanto aborrezco, pero debo hacerlo porque la imposición de estos “estándares morales”, pretendida por esta comunidad de personas (feministas y clasistas), no se encuentra en el mayor de los intereses de una ética social benéfica para el desarrollo de su cultura.

El compañero de este portal, periodista y escritor, Omar Sánchez, se ha manifestado en contra de esta imposición de estándares o paradigmas morales, tal como lo han hecho otros miembros de la comunidad “feisbuquera”. ¿Qué es lo censurable, de acuerdo al argumento de “apología de la violencia de género” dentro del amplio y variado mundo artístico? Es la hipótesis que Omar Sánchez, Gerardo Esparza (conocido columnista), Zul de la Cueva (polemista y articulista) y otros más han presentado. Si existe la representación gráfica o literaria de una mujer asesinada o agredida o violentada, ¿es una “apología de violencia de género” y debe ser censurada? Omar se pregunta si Leoncavallo debe ser censurado y su obra prohibida de presentarse en México; Gerardo se pregunta si Schoppenhauer, por igual, debería ser censurado y prohibida su lectura… Ambos cuestionamientos, la misma reflexión, me resultan acertados y la reflexión propia de una autocrítica, a la que como ciudadano debería estar obligado: ¿Quién y cómo se determina lo que debe o no ser censurado de acuerdo a los preceptos de una ética social que tenga como objetivo el desarrollo y progreso del individuo en la comunidad y como sociedad? En este caso, ese “quién” y ese “cómo” es claro, por lo menos para mí lo es: la comunidad pseudo-feminista de clase media/media-alta con educación media-superior/superior.

Ese feminismo aberrante que promueve la ideología de la victimización y la compensación social ante la auto-martirizante figura de la mujer. Ese feminismo que culpa a la sociedad y la cultura de un problema que sólo afecta a las mujeres, Ese mismo que las excluye de dicha sociedad porque son mujeres y, en su incongruente lógica, no sólo son víctimas, sino que también son salvadoras de la sociedad, promoviendo el repudio ante la equidad y exigiendo favoritismo y preferencialidad social-legal con argumentos de “igualdad”. Y gran evidencia de mi acusación se encontrará en el odio que despertará ésta misma: un estado fascista ideológico en que acusar a la mujer, de lo que fuere, es un acto de misoginia y “retrogradismo”… véase el caso de Schwebel quien, señalando el despreciable modus operandi de nuestra ideología de género, fue acusado de presentar un discurso “misógino” y tuvo la consecuencia de reprobación “ética” y hasta le cambiaron el nombre a las “edecanes” en Guadalajara, que ahora son “asistentes de protocolo” pero que, pese al nombre, siguen siendo un “trozo de carne” que ejerce la labor de presentar “buena imagen” y por la cual ganan dinero.

Gerardo Ortiz fue víctima del feminismo… quién lo va a creer. No señores, no, el video del susodicho no es una apología ni al crimen ni a la violencia de género. El video no deber ser censurado por ello, aunque al señor Ortiz sí se le debe investigar, así como a Fiscalía, por el uso indebido de recursos públicos. Pero eso es otra historia.

La perspectiva general ha sido trastocada y fuertemente influenciada por esta ideología feminista que quizá presente alegatos de que, en un país como México, donde existe una severa y lamentable problemática de seguridad pública que afecta al sector femenino, es un acto que fomenta y sugiere la perpetuación de dicho problema, fraguando así un silogismo que aboga al sentimiento del público para obtener simpatizantes, además de servirse como apoyo del no tan extenso pero existente repudio hacia dicha narco-banda-cultura por parte de un limitado pero existente sector clasista, en el cual me siento casi inmiscuido. Ese sector que delega el criterio del análisis social al prejuicio de clase social manifestado en diversos elementos culturales: lectura, cine, música, teatro, etc.

¿Por qué el video musical de Ortiz es una “apología de la violencia de género” y no lo es así el asesinato de la colombina Nedda, quien murió a manos de su esposo al descubrir su infidelidad, exactamente como sucede en el video musical del cantante Ortiz?. Les diré por qué: porque un grupo feminista en México se sintió ofendido. Punto. Finito. Fin. No busque otra explicación, no la hay; y si se la presentan le aseguro que será injustificable y argumentalmente incongruente.

La violencia de género es un problema real en México y el problema inicia al tergiversar la perspectiva de lo que es un problema de seguridad con la creación de una figura victimizada y mártir de una causa “noble”. ¿Cree usted que estoy siendo “machista” y que ataco a los movimientos feministas sin razón y con sugerente “misoginia”? Bueno, contésteme usted entonces una sencilla pregunta: si se presentase la denuncia contra mi persona por “machista y misógino” y se decretase mi censura en cualquier medio de comunicación, ¿la violencia de género disminuirá en México? Si el video de Ortiz, así como de cualquier otro exponente del género musical o de cualquier otro género o de cualquier otra forma de expresión artística, fuese censurado, prohibido su consumo, ¿la violencia de género disminuirá en México, porque ya no hay quien la “promueva” mediante “apologías”?

En mi opinión, es de ingenuos y estúpidos creer que así será. Ingenuos porque ignoran la intrincada raíz problemática de la enfermedad cultural-legal que México padece y de estúpidos porque se empecinan en que el cielo sólo está arriba de ellos. 

Modificado por última vez en Lunes, 04 Abril 2016 22:14
Mario Grana

2 de Mayo de 1986. Guadalajara, Jalisco. México. Egresado de la carrera de Letras Hispanoamericanas del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Profesor de Español como segunda lengua y Gramática del Español. Estudiante de literatura, investigador de Semiótica literaria.