Martes, 05 Julio 2016 04:11

La esperanza, el último de los vicios

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El mañana, el porvenir, la fe, el futuro; somos fanáticos de la esperanza y vivimos ligados a ella de una manera casi “romántica” (como todos sabemos, las relaciones “románticas” siempre son complicadas), vivimos sentados en el umbral de nuestra realidad con los ojos cerrados esperando que algún día todo cambie en un sentido positivo para nosotros y que todo aquello que nos ha generado un problema en nuestra vida sea resuelto… esta visión me intriga. O, mejor dicho, me preocupa, ¿por qué seguimos esperando cómodamente sentados en ese umbral con la vista bloqueada? Creo, ya es momento de dejar de culpar a los helenos y su mítica Pandora y darnos cuenta de que la culpa es una pesada loza en nuestra propia espalda.

Realmente somos los culpables de mantener con vida esa falsedad llamada esperanza. A lo largo de nuestra historia hemos logrado consolidar una cultura basada en este precepto, solemos tomar mano ciertos conceptos como fe, porvenir o futuro cuando las circunstancias no son tan favorables y con ellos generamos un marco de referencia para pretender conducir nuestras vidas de manera virtuosa; pensamos en el mañana como aquella segunda oportunidad de mejorar lo que hoy no salió bien o realizar aquellas hazañas que no se pudieron realizar en este día... lindo sentimiento sin lugar a dudas, pero no olvidemos que todos los días transcurren de la misma manera en su sucesión de segundos-minutos-horas, día y noche pasan sin que nada los detenga, ¿qué tendría mañana diferente a hoy?

Caso curioso son los “filósofos de la acción”, su vida está llena de la esperanza que un día los bosques y las calles se pintarán de los colores de la libertad y la igualdad, que ese porvenir ya predicho llegará trayéndonos el tan anhelado progreso que nos brindará el bienestar que por derecho nos corresponde. Entonces, ¿por qué estos “filósofos de la acción” siguen esperando anquilosados la caída de este sistema opresor desde sus trincheras teóricas?

No os preocupéis, hermanos míos, tengamos fe, fe en aquellas fuerzas que están por encima de nosotros, que nos proveerán de todo lo necesario para soportar una vida destinada al sufrimiento. Seamos buenos ciervos y aguardemos las buenas nuevas que algún día nos liberarán de las cadenas de lo mundano y nos permitirán llegar al reino prometido, tengamos fe en las malas interpretaciones de las enseñanzas que han dejado grandes maestros de la humanidad y esperemos ser partícipes de las grandes promesas que se nos darán al final de nuestros días, ¿por qué no seremos dignos de alcanzar las divinas promesas en vida?

Y, sin lugar a dudas, nuestra mayor esperanza es el futuro. Esa hermosa etapa espaciotemporal de la cual, en un sentido tácito, desconocemos absolutamente todo pero que hemos sido capaces de ir moldeando a nuestras necesidades y gustos; somos nuestros propios artífices, gracias a ello dominamos la realidad y somos capaces de estar un paso delante de las normas de la naturaleza, ¿de verdad olvidamos que el futuro no depende de nosotros, sino del devenir?

Como se dijo líneas arriba, basta ya de culpar a otros, somos nosotros los culpables de sostenernos en falsos pilares de esperanza y de cerrar nuestros ojos ante la realidad, ante nuestra endeble condición como seres humanos, somos ínfimos e insignificantes ante un universo con una bastedad incuantificable, no arropemos falsas esperanzas en una trascendencia que carece de significado, ya que las acciones que realicemos (o dejemos de hacer) no afectan para nada el funcionamiento de este sistema en el cuál habitamos. Basta ya de albergar esperanza en falsas teorías y constructos sociales que sólo tienen por finalidad la represión de nuestros instintos y darnos la falsa sensación de ser los seres dominantes en nuestra realidad, caigamos en cuenta de la deplorable condición biológica de la cual somos parte y de la que queremos escapar con nuestro grandilocuente invento llamado cultura.

Somos como “El extraño” de Lovecraft, tenemos esperanza en que algún día saldremos de nuestro confinamiento a observar la majestuosidad del mundo y disfrutar de él, pero cuando nos damos cuenta que el mundo es peor de lo que siempre hemos creído tenemos la esperanza de regresar a ese confinamiento que nos ha dado confort, pero ya no podemos regresar.

Dejo una última pregunta abierta para que los valientes se atrevan a responder: ¿la esperanza es virtud o desgracia del hombre?

Modificado por última vez en Miércoles, 06 Julio 2016 00:42