Miércoles, 03 Agosto 2016 17:21

La realidad aumentada o los cerrojos de la percepción

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Enajenación GO Enajenación GO Édgar Beraud

 

-¿Y era bello el canto de las sirenas?

-El más bello que te puedas imaginar.

-¿Y por qué siendo tan bello, era tan peligroso?

-No lo sé Telémaco, quizás los dioses querían deshacerse

primero de aquellos que, sintiéndose libres de criterio,

representaban una amenaza.

 

Atendiendo a la ineludible ironía que representa hacer una crítica a los medios electrónicos de comunicación, mediante un medio electrónico de comunicación, me gustaría, en un primer momento, plantear algunas cuestiones iniciales para dar claridad a tan jocoso asunto, que lo queramos o no, nos atañe a todos.

Cabe reconocer, en primer lugar, que nos encontramos frente a uno de los fenómenos tecnológicos a nivel global, solamente comparable con las revoluciones industriales, por su impacto e influencia al grado que ni siquiera hemos terminado de comprender, pese a su uso cotidiano hasta en las aplicaciones mas resientes que se descargan para los usos más descabellados.

Los horizontes virtuales se han convertido en el salvoconducto que ha desplomado muchas de las limitaciones impuestas por las fronteras políticas, económicas e ideológicas en menos de una generación. Provée un recurso, prácticamente ilimitado, que está sujeto a la creatividad y potencialidad de los usuarios a partir de un tiempo de respuesta instantáneo con la creación de aplicaciones cada vez más ajustadas a las necesidades del individuo.

Y esto, a un solo click de la pc o incluso del mismo teléfono móvil. El problema, lejos de ser la capacidad tecnológica que en la actualidad de desborda como una cascada sobre nuestra obtusa capacidad para entender lo que acontece dentro del mundo virtual, es el uso o intencionalidad que pudiera tener en determinado momento la tecnología misma.

Vivimos el paraíso informático, el cual solamente era alcanzable mediante la más descabellada imaginación durante el siglo pasado, pero hoy en día es una realidad tanto o más concreta, que aquella que creemos palpar con nuestras propias  manos.

"El geniecillo maligno" hace los honores ante las nuevas tecnologías de la información. Nos presenta el dilema cartesiano ante la realidad virtual que pretende acercarnos, pero que en realidad nos aleja, incluso, de nosotros mismos.

Es curioso que, sobre este hito concreto, nos topemos con la concordancia reflexiva de dos grandes pensadores, cuyo vínculo, a simple vista, pareciera un concubinato filosófico.

Tanto Karl Marx como Martín Heidegger coinciden al unísono ante el tratamiento de la tecnología y su relación con el hombre.

El primero, estandarte de diversos movimientos políticos a favor del socialismo durante el siglo XIX; y  el otro, nazi declarado durante la segunda guerra mundial ¿quién lo diría?

Y es que a más de un lector de ambos autores puede llegar a sospechar que el mismo Heidegger negara sus fuertes influencias marxistas. Y es que no sorprende que pudiera hacerlo incluso, de manera voluntaria, considerando el hecho de que la SS constantemente tenía su aliento postrado sobre su nuca. Veamos a que me refiero.

Un nazi con nostalgia del Ser:

A partir del pensamiento de Heidegger, dentro de su tratamiento hermenéutico del Ser, la tecnología (y poe ende, las tecnologías de la comunicación) juegan un papel protagónico. Como todo modo de desvelamiento, la tecnología incluye un peculiar comportamiento hacia el Ser en su conjunto, del que depende la manera como el hombre se comprende a sí mismo y las cosas. La tecnología es provocativa.

Observamos que la manera humana de comportarse ante el mundo ha cambiado de raíz, ya no toma el carácter de representación sino de imposición. Y lo más importante de todo: así como lo describe Marx, en su noción de la fetichización-de-las-mercancías, el estatuto de las cosas en la relación del hombre con la propia objetivización  de su fuerza de trabajo, así como con los otros hombres, ha cambiado. 

Pareciera que actualmente la única razón de ser de las tecnologías de la comunicación es que sean vendidas y usadas. Tienen poca relevancia desde cualquier otro punto de vista que no sea el comercial, con lo que cada vez nos acostumbramos a que dichas mercancias sean cada vez de menos calidad en cuanto a su manufactura, lo que ocasiona que cada vez su tiempo de vida sea por de más, efímero. Los objetos en el mundo del capitalismo tardío son considerados simples mercancías de consumo, y su valor se refleja a partir de ciertas normas de oferta y demanda, por poner un ejemplo.

¿Un materialista inmerso en la metafísica?

Pero no sólo los “objetos” son transformados en mercancías dentro del proceso dialéctico del consumo, dentro del proceso de la fetichización-de-las-mercancías, nosotros mismos entramos en el proceso de evaluación mercantil dentro de este vórtice comercial. Es curioso que en las empresas se popularizara con gran orgullo el término “recursos humanos” en vez de personal o personas, ya ni siquiera de un “nosotros”, mucho más digno. El discurso empresarial sobrepasa poco a poco sus fronteras, para postrarse como el relator oficial en la consciencia de la sociedad, mediando los términos conceptuales y representacionales entre los individuos.

Así las cosas, consumimos para darnos valor como personas. Así como un Smartphone resulta más valioso si cuenta con más memoria o un procesador más rápido, las personas nos consideramos más valiosas entre mas accesorios materiales tengamos. Y tanto el comercio y como la mercadotecnia lo saben de maravilla.

No es de sorprender que existan marcas internacionales cuyo único fin sea el de ofrecer “prestigio” o “elegancia” a quienes adquieran sus productos. Quienes, lejos de vender una solución práctica mediante un producto o un servicio para la supervivencia básica, se dedican al establecimiento de normas tecnológicas para la interacción y jerarquización social.

Pero en fin, antes de que sufra un espasmo en la “glándula chairoide” por escribir estas cosas, retomemos el tema central.

Del "olvido-enajenante", al "desacimiento-autodeterminante" en las tecnologías de la comunicación:

Reiteradamente, Heidegger plantea que la historia es un constante y paulatino olvido del ser. En este mundo de fetichización-de-las-mercancías y el respectivo olvido del Ser, la tecnologia ocupa un lugar bien definido: representa el último drama de la metafísica en general.

Aparentemente Marx es un materialista que no se interesa en la metafísica en el sentido que lo plantea Heidegger (el de un católico de closet). Pero, en definitiva, atendió este asunto desde su propia ontología, y a pesar de no llegar a las mismas conclusiones metafísicas, podemos observar que el dilema del hombre ante la tecnología, debe tomar un rumbo hacia la liberación.

¿Tons qué? ¿Nos hacemos hippies y no usamos la tecnología?

Difícilmente podremos decir que negarnos a la tecnología es propiamente una liberación. Ya que es negar parte del patrimonio intelectual y cultural de la humanidad. Negarlo, equivale a limitar nuestras potencialidades en un contexto que es propicio para hacerlo. Y eso está muy lejos de ser nombrado "libertad".

No. El tema relevante se encuentra en la consciencia del ser humano. Su forma de categorizar y de interactuar con los otros entes en la realidad.

Marx, en los escritos económicos-filosóficos de 1844, plantea la cuestión de la enajenación como un problema fundamental al igual que Heidegger. En dichos escritos, propone un alejamiento, un estar si estar ante la realidad; un en-ajenamiento.

En su texto, Marx propone que el sujeto se desvincula de su propia fuerza de trabajo para perderse dentro de los cada vez más complejos sistemas de producción. En los cuales, el sujeto pierde de vista como su trabajo se materializa y construye el mundo que lo rodea. Pierde, por lo tanto, la capacidad de identificar su participación no sólo en la producción material, sino que, a su vez, se desconecta de las diferentes esferas que se interconectan con la objetivación de su trabajo. Es por ello que Marx menciona diferentes tipos de enajenación: de las relaciones sociales, de la política o de la religión como mediadores de aquella misma estructura que a su vez resulta mediadora para reforzar el muro que salvaguarde dicho auto-alejamiento.

Las herramientas son eso: recursos a la mano del hombre. Y darles una carga moral resulta tan eficiente como culpar a un martillo que romper un dedo y no de construir una casa.

Así pues, las tecnologías de la comunicación son por sí mismas, la acumulación del conocimiento racional con que contamos. La cuestión es, ¿para qué las vamos a usar? ¿En qué sentido podemos vernos beneficiados de su uso?

Pero, el desvelamiento del ser es siempre ambivalente. En él reside para el hombre, a la vez, la máxima posibilidad y el máximo peligro. La técnica participa de esta ambivalencia: como todo modo de desvelamiento oculta en su seno el peligro y la salvación.

"Pues donde está el peligro crece también la salvación". Hölderling.

Por ejemplo: Esto ocurre en cuando “La república galáctica” postra su confianza y seguridad en el ejército de Clones, abandonándose a su capacidad y desbordante crecimiento. Así pues, la tecnología nos atrapa ahora a nosotros.

En la disposición dialéctica entre el hombre y sus herramientas, las personas terminan siendo simples dispositivos; es salvación desde el momento en que el hombre escucha a través de ella la llamada del ser: en este caso, además, la misma técnica puede convertirse en preludio del acontecimiento ¿Y, por qué? Porque la auténtica actitud del hombre hacia la técnica se encuentra en Das-Gelassenheit: el desasimiento.

En la disposición dialéctica entre el hombre y sus tecnologías de la comunicación en tanto que "tecnica", las personas terminan siendo simples dispositivos; pero al mismo tiempo, representan una forma de salvación desde el momento en que el hombre escucha a través de ellas la llamada del Ser: en este caso, las tecnologías de la comunicación pueden convertirse en preludio del acontecimiento. ¿Y por qué? Porque la auténtica actitud del hombre hacia ellas se encuentra en Das-Gelassenheit: una invitación constante al alejamiento reflexivo y filosófico.

Sólo el hombre verdaderamente libre ante las cosas, precisamente porque está abierto a la llamada del ser” Heidegger.

En el mismo sentido en que podemos entender la auto-determinación para afrontar la enajenación marxista. Es decir: para evitar los peligros que actualmente representan las tecnologías de la comunicación de aquel malvado geniecillo cartesiano y abrirnos a sus beneficios debemos no sólo  utilizarlas, sino que debemos responsabilizarnos de nuestras propias creaciones, antes de que ellas lo hagan con nosotros. En un acto hermenéutico-dialéctico entre creador-creación: el reconocer que en ellas mismas nos topamos de frente ante  el misterio del desvelamiento existencial.

Si bien reconozco con suma frustración que tratar el tema a exhaustividad, sobrepasa los limites del presente ensayo,  dejo las presentes reflexiones para su deleite y pertinente tratamiento crítico.

Modificado por última vez en Martes, 09 Agosto 2016 01:19
Edgar Beraud

Psicólogo y filósofo de formación, humorista e ilustrador por devoción. Los temas centrales de reflexión versan principalmente sobre la dicotomía entre el individuo y la sociedad, así como la ciencia, epistemología, la política y cualquier asunto concerniente a generar las premisas que justifican la conducta humana en la vida cotidiana.