Viernes, 08 Febrero 2019 03:45

Sin voto, ¿no hay dinero?

Sin voto, ¿no hay dinero?

Por: Rafael Curiel Estrada*

Hace unos días Pedro Kumamoto, -el primer diputado independiente en el Congreso del Estado de Jalisco- anunció su intención para fundar su propio partido político en la entidad. ¡Así es!, el chico que se dio a conocer en la escena política local y nacional proclamando el discurso de “los muros sí caen”, desafiando la lógica del sistema de partidos, ahora busca fincar su movimiento en el partidismo.

Pero, más allá de la sorpresa de la ciudadanía, la crítica de propios y extraños o el entusiasmo de los correligionarios y simpatizantes, destaca la posibilidad de acceder al financiamiento público para su partido.

Esa forma de obtener recursos, indudablemente, es objeto de crítica por parte de la opinión pública, sin embargo, es un derecho constitucional para todos los partidos políticos y también resulta que es uno de los temas socorridos por quienes buscan posicionarse en el agrado del elector.

Con ese tema y bajo el lema de “sin voto, no hay dinero”, Pedro Kumamoto se lanzó en su faceta de político independiente por la disminución del financiamiento público a los institutos políticos. La historia es por todos conocida y la reforma electoral aprobada en la pasada legislatura, consiste en la modificación de la fórmula para calcular el monto de recursos públicos en dos momentos: en años no electorales y en años electorales.

El financiamiento público a partidos políticos nacionales con registro estatal (1) se calcula de la siguiente manera:

.::. En años no electorales se multiplica el total del Padrón Electoral en Jalisco por el equivalente al 20 por ciento del valor diario de la Unidad de Medida y Actualización, es decir, 5,712,431 (2) por 16.89 (3), lo que da como resultado un total de 96,528,659 millones de pesos.

.::. En años electorales se multiplica la votación inmediata anterior en la elección de diputados locales por el equivalente al 65 por ciento del valor diario de la Unidad de Medida y Actualización, es decir, 3,462,499 (4) por 54.91 (5), lo que da como resultado un total de 190,125,820 millones de pesos.

El financiamiento público a partidos políticos locales (6) se calcula de la siguiente manera:

.::. Indistintamente del año, se multiplica el total del Padrón Electoral en Jalisco por el equivalente al 65 por ciento del valor del Salario Mínimo vigente, es decir, 5,712,431 (7) por 66.74 (8), lo que da como resultado un total de 381,259,070 millones de pesos.

De lo anterior, se puede advertir que, los partidos políticos locales tienen acceso a una fórmula que les garantiza más recursos públicos respecto a los partidos políticos nacionales con registro estatal. Es decir, los partidos locales que logren su registro en el estado de Jalisco, eventualmente, estarían recibiendo más recursos públicos que los partidos tradicionales.

Cabe aclarar que existen dos bolsas de recursos, siendo una para partidos políticos nacionales con registro estatal y otra para partidos locales.

De esta manera de acuerdo con la legislación vigente, hipotéticamente le aseguraría mayores recursos al posible partido de Pedro Kumamoto. Sí, el mismo chico que cuestionó las prerrogativas partidistas pero que hoy convenientemente traza como destino de su agrupación formar parte del catálogo de partidos en Jalisco.

La pregunta aquí sería ¿Pedro Kumamoto ignora que las disposiciones legales que le estarían favoreciendo? o ¿el interés de conformar a Wikipolítica como partido político obedece a un análisis de dichas ventajas? ¿De qué se habrá dado cuenta el político independiente que ahora quiere ser parte del sistema anticuado y ventajoso de partidos que antes desdeñaba? ¿Sin voto, no hay dinero?

Curioso es el caso de los partidos políticos en Jalisco, donde sin voto, ¡sí hay dinero!

*Rafael Curiel Estrada asesor legislativo en el Congreso de Jalisco

Referencias:

(1)Constitución Política del Estado de Jalisco, artículo 13, fracción IV, inciso a)

(2)Padrón Electoral de Jalisco, con fecha de actualización al 01 de febrero de 2019, en la página oficial de internet del Instituto Nacional Electoral.

(3)De conformidad a la información publicada en la página oficial de internet del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, fecha del 07 de febrero de 2019, el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización es de 84.49 pesos.

(4)Votación total emitida en la elección para Diputados Locales en el proceso electoral 2017-2018. Información disponible en la página oficial de internet del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco.

(5)De conformidad a la información publicada en la página oficial de internet del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, fecha del 07 de febrero de 2019, el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización es de 84.49 pesos.

(6)Ley General de Partidos Políticos, artículo 51.

(7)Padrón Electoral de Jalisco, con fecha de actualización al 01 de febrero de 2019, en la página oficial de internet del Instituto Nacional Electoral.

(8)De conformidad a la publicación del día 26 de diciembre de 2018 en el Diario Oficial de la Federación, el valor del Salario Mínimo General Diario para el año 2019 asciende a 102.68 pesos.

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Sábado, 30 Septiembre 2017 22:48

Postal: Referéndum catalán

Presenciar un proceso de independencia en esta segunda década del siglo XXI ya no suena descabellado. Los efervescentes nacionalismos por aquí y por allá recuerdan sentimientos más bien gestados en la aurora del siglo pasado. No soy nacionalista. Tiendo a estar más bien de acuerdo con lo que recientemente Martín Caparrós ha dicho sobre el tema: "La patria es una idea paranoica –funciona en referencia a una amenaza externa– y la paranoia siempre vende bien. Es fácil entusiasmarse con la patria. Es fácil imaginarnos distintos de los otros; es fácil imaginarnos mejores que los otros. Es fácil suponer que todos los males vienen de los que están más lejos, los que no son nuestros parientes, nuestros vecinos, los nuestros. Es más cómodo, más tranquilizador: evita ciertos roces y evita, sobre todo, el esfuerzo de pensar". Caparrós lo dice en referencia al proceso independista de Cataluña.

La primera vez que escuché catalán fuera del salón de clases fue en una sala de espera. Mientras leía, un niño se sentó a mi lado; inmediatamente después se puso frente a mí una señora, su madre, que me dijo en perfecto catalañol: “perdona ¿te molestaría moverte un lugar para que pueda sentarme amb el meu fill?”.

Un ser como yo que, en cuanto a creencias como Pessoa, dejo abierta la posibilidad de la existencia de dios, pero descreo total y terminantemente de la Humanidad –así con mayúscula- y en consecuencia carezco de interés por los temas de política, por motivos personales he tomado gran interés en el proceso catalán. No podría, ni quiero, ofrecer un dictamen que sería más bien competencia de avezados sociólogos o politólogos, lo que aquí ofrezco es la más subjetiva postal de un país que está, o no, llegando a encontrarse con su forma administrativa ideal y largo tiempo anhelada: la de un estado.

Nacionalista o no, se acepta casi por descontado que a cada país, entendido éste como una extensión geopolítica con una lengua cohesionada e instituciones propias, le corresponde también un estado. Luego de llevar esta sentencia hasta sus últimas consecuencias, la cuestión parece más difícil de lo que se advierte en un principio; difícil, no sólo para estados como España que se reconoce a sí misma plurinacional. Pensemos en México ¿cuántos países-estado tendríamos que contar tan sólo en el sur? ¿Cuántas lenguas y cosmovisiones aglutinadas solamente en las entidades federativas de Oaxaca y Chiapas? O en Papúa Nueva Guinea en cuyos 462,840 km2 de extensión se hablan más de 700 lenguas actualmente.

Muy descreído de la humanidad y todo, han sido días de atestiguar la fuerza y la solidaridad de la que son capaces las sociedades organizadas. Pocas palabras podrían alcanzar la elocuencia del mar de fotografías y videos que han logrado enmudecer hasta a los más expertos opinólogos sobre el terrible segundo temblor del 19 de septiembre. Con la misma fuerza que la tierra puede moverse, la gente lo hace: para rescatar sobrevivientes de los escombros, organizar las campañas de acopio y distribución para ayudar a las zonas afectadas. También para ir a votar.

Hace años ya que las nuevas generaciones catalanas nacidas libres del estigma del franquismo dejaron de tener miedo, no así de tener rencor. Es verdad que las sociedades al verse amenazadas se repliegan sobre sí mismas y logran asombrar con su capacidad de respuesta. Ante la latente amenaza por parte del Gobierno de España de prohibir el voto a cualquier coste, asombra el ingenio y la determinación con la que los catalanes dan pacífica respuesta: anteponiendo claveles en los coches de los mossos d’esquadra –hecho con el que seguramente quieren rememorar la Revolução dos Cravos-, o trayendo del campo cientos de tractores a las avingudas, passeigs y carrers para impedir el paso a los vehículos de las fuerzas de policía. O quizá la más ingeniosa de todas: montando mega pijamadas en las escuelas de niños que están destinadas a ser centros de votación el próximo domingo 1 de octubre, con todo y que la orden judicial es que dichos centros sean cerrados para impedir el voto. Pienso que la última escena que el Gobierno Español quisiera regalar a los medios internacionales es la de unos policías enfrentando en las escuelas niños modorros en mameluco.

Amén las encuestas de la intensión de voto y los resultados previstos de la consulta, las multitudinarias manifestaciones que han tenido lugar durante el sábado 30 de septiembre, tanto en plazas públicas de Barcelona como de Madrid y con ambos bandos presentes, a favor y en contra del referéndum, me hacen pensar en ese grueso de la sociedad catalana que o está feliz o no se decide entre ser española o ser catalana, como la petición de la señora en el aeropuerto. Lo que es de preocupar, es que el nacionalismo catalán ha reforzado y hecho visible el nacionalismo español que no teme ocultar su rostro fascista; igual de preocupante que la entrada de Alternativa por Alemania al parlamento alemán.

Como he insistido, quizá más de lo necesario, no soy nacionalista y descreo de la democracia “este culto a la Humanidad, con sus ritos de Libertad e Igualdad, me pareció siempre una revivificación de los cultos antiguos, donde los animales eran como dioses, o los dioses tenían cabeza de animales” (Pessoa, 2013 pág. 15). Con todo, me han conmovido profundamente estos versos de Els segadors, himno nacional catalán inspirado en un romance popular del siglo XVII:

(Com fem caure espigues d'or,

quan convé seguem cadenes.)

Como hacemos caer la espiga de oro

cuando conviene segamos cadenas.

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Hace algunos días platicaba con mis alumnos sobre las próximas elecciones, los beneficios que esto tendría y lo exorbitante de los costos de campaña. Les compartía el desencanto que siento por las instituciones, la rabia que me da la impunidad y el descaro con que los corruptos saquean al país. Les hablaba del terror que siento ante la inseguridad y la posibilidad de hallarme en el momento y lugar equivocados. Uno de ellos, indignado, aseguró que no iba a votar. Que no valía la pena, porque todos los políticos eran iguales y lo único que buscaban era robar. No pude estar más de acuerdo. Asentí y continuamos denostando contra ellos, contra la forma en la que gobiernan el país y lo mucho que roban. Nos burlamos de Peña Nieto y lamentamos la perdida de los 43 normalistas. La conversación continuó por esa línea. Aquí, probablemente el lector se sienta identificado y hasta de acuerdo. Yo lo estaría. Pero ahora, en retrospectiva, considero que lo importante de esto es que ni mis alumnos o yo nos cuestionamos el por qué estábamos tan de acuerdo, sin siquiera analizarlo o detenernos a pensar sobre ello. Considero que esto se debe a la forma en la que esto nos interpela. Los jóvenes con quienes charlaba son brillantes y combativos. No por nada aprendo de ellos. Pero ahí radica lo peligroso. Que nos encontramos en el nivel de la camaradería y juzgamos poco lo que uno u otro dice, ya que somos similares. La parte importante de esto, y lo que podría ser uno de los mecanismos perversos de control, lo encontramos en [lo que podríamos nombrar como] la empatía de clase. Con esto no me refiero a las distancias entre estratos sociales, sino a un lugar imaginario que se nos impone o en el que elegimos posicionarnos. Un algo ideal, que no sólo tiene que ver con el capital económico, sino también con el simbólico. El nivel en que nuestras conciencias se encuentran, por decirlo de alguna manera. Y este se encuentra por encima de las masas, de los Peñabots o los acarreados. Si bien nosotros, quienes tenemos acceso a información fidedigna y con pocos filtros, que sabemos dónde buscar y a quién o qué preguntarle, conocemos de la larga historia de represión, autoritarismo, enriquecimiento ilícito y todos los actos criminales habidos y por haber que han cometido los partidos políticos, no estamos dispuestos a permitir que sigan en el poder. El conocimiento es poder, pero también implica responsabilidad. Es por ello que tenemos que hacer algo. ¡Unirnos, ejercer presión, manifestarnos! Una solución que surgió desde lugares poco comunes, como la academia o sujetos carismáticos, fue la del voto nulo. Esto es importante, porque pareciera que es uno de los remedios que algunos grupos de personas conscientes se han apropiado y esgrimido como bandera, para evitar la continuidad del PRI, en el poder, apelando a la empatía de clase. Sin embargo, como sugiere Max Andrade, ( http://www.proyectodiez.mx/opinion/anulistas-ya-salgan-del-closet ) esa no es la solución para un problema que afecta a todo el país, ya que nos convierte en esclavos de los mismos amos, sólo con diferente cadena. Si miramos a esto de forma más aguda, daremos cuenta de que hay un elemento perverso, que a simple vista no alcanzamos a distinguir, pues es demasiado obvio. Cabe aquí parafrasear a Deleuze, quien nos dice que si queremos dar cuenta de la maquinaria desde donde se estructura la política en México, es necesario observar a quién beneficia. Es así que se torna importante contrastar el actuar de la gente que vive en pobreza, de quienes intentamos distanciarnos, pero que la venta de su voto y el aceptar son estrategias que les permiten sobrevivir. La inmediatez es su realidad. En cambio, desde nuestra óptica las cosas parecen cambiar, pero en un lugar se tocan, al igual que dos líneas rectas. Lo importante es señalar que lo único que cambia es el fondo y la respuesta que los grupos de poder emiten ante eso. Por ejemplo, nosotros nos debatimos entre desayunar o pagar el camión. Nos preocupa el alza del dólar, pero no el de la tortilla. Me molesta que mi conexión a la Internet sea lenta, no que no haya drenaje en mi colonia. Hay diferencias sustanciales, que no nos permiten ver las mismas problemáticas. A nosotros, las artimañas que usan los que se encuentran en el poder y buscan perpetuar su lugar, no nos interpelan. Una despensa, un paraguas, una lonchera o $3000.00 no pueden incidirán en mi decisión de votar. Sin embargo, si apelan a mi ego, la cosa se torna distinta. Si un académico o erudito me aseguran que soy diferente, que no soy parte de la masa y que como tal debo comportarme, me derrito como cualquier jovencito en su primera vez. Es en ese momento que ocupo ese lugar de intelectual(oide) al que me he referido tanto. El argumento de que estoy por encima me convence y me hace justificar que no votar es una solución bien pensada. Que no hacerlo redundará en que el PRI tiemble ante nuestro poderío, ante mi agencia, ante la posibilidad de que si cambio yo, todos cambiaran. ¡Castiguémoslo anulando nuestro voto! ¡Seguro así aprenderá! Porque somos ilustrados, porque somos inteligentes, porque somos el cambio. Suena bien. Desde luego. Pero, insisto: ¿A quién beneficia esto? Para responder a la pregunta, pensemos en qué significa votar o no hacerlo. Según entiendo, hay dos cosas que el Instituto Nacional Electoral toma en cuenta, para decidir quién nos gobierna: la votación nacional y la total. Según nos dice el buen Roberto Duque, (video al pie) la más importante, es la  nacional. ¿Qué significa esto? Que quienes no votaron, simplemente no importan. Una vez que se anula el voto, el número que se debe considerar, en cuestión de boletas, es menor. Imaginemos que la población en condiciones para votar es de un total de 100 personas. De esas, sólo 30 anularon su voto y 70 lo emitieron. Entonces, el 100% ya no es 100, sino 70. Y de ese 70, los votos duros, de los sindicatos, la cámara de comercio, empresas, monopolios y sobre todo sus militantes, esos votos que el PRI ya tiene asegurados, representan, digamos, el 30%. Es así que de esas 70 personas que votaron,  el partido en cuestión tiene aseguradas, sin hacer nada, más que existir, 21 lo hicieron por el partido en cuestión. ¿Qué pasa con los otros 49? Entre ellos se encuentran esas personas que necesitan las despensas, los frutsis y las tortas, para sobrevivir a la miseria en la que el mismo partido los tiene inmersos. Lamentablemente son mayoría. Estamos en condiciones de responder desde dónde se estructuran estas formas engañosas de interpelarnos. Vemos que los beneficiados por el voto nulo no son otros que los que están en el poder. Esos que buscan continuar bebiendo de las mieles de nuestro país, sin medida y con desfachatez, porque nosotros, los ilustrados, creemos que inventamos novedosos castigos que no les intimidan en lo más mínimo, pues la lógica de las elecciones en México está pensada para beneficiar a unos cuantos, no para ejercer una democracia representativa. Saben que llegan a las elecciones como el partido más repudiado, (http://www.sinembargo.mx/25-05-2015/1353192) por lo que urge hacer algo con esos con los que no funcionan los regalos, pero que sí representan una amenaza a su continuidad. En última instancia, lo que sugiero es que si de verdad se busca castigar a los partidos, la opción es votar por la que sea la mejor opción, aunque el panorama sea desolador. En lo personal, y a riesgo de que parezca que esto que escribo tiene un sesgo,  tengo el ojo puesto en lo que propone Kumamoto, quien en este momento lucha contra titanes, pues lo que ofrece no es tangible y requiere el compromiso de los que va a gobernar. Lamentablemente yo vivo en Zapopan, pero no en el distrito 10, que es por el que contiende, así que no puedo votar por él. Esperemos que si llega a su cometido, conserve la coherencia. En este momento particular y ante el desencanto, lo único que me queda es conservar la fe y la esperanza.

 

 
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Viernes, 24 Abril 2015 00:00

El ciudadano de hoy y la buena vida

En esta época de elecciones es no sólo válido sino necesario ocuparse de preguntarnos si al margen de la imposición de candidatos que han vuelto a México una kakistocracia (el gobierno de los peores), ¿puede el ciudadano común sentir garantía de una buena vida? Una buena vida debe ser entendida como el acceso a la salud, a la educación, a una economía suficiente, al derecho de asociación y a la seguridad, entre otras cosas.

Sin embargo, a pesar de la gran e incumplida responsabilidad del Estado que ha fallado una y otra vez en cubrir estos aspectos básicos de la buena vida, el ciudadano debe de encontrar su buen vivir no sólo en una correcta elección para el sufragio, sino en su proyecto de vida mismo. O en otras palabras; no basta con acudir a las casillas y ejercer su derecho a elegir quien lo va a robar esta vez, o contabilizar qué partido le dio más tortilleras, playeras, gorras, o quién trajo a la mejor banda grupera en su campaña, para estampar su voto a favor del más dadivoso y fino candidato. Tampoco se trata de querer asegurar su futuro con las falsas promesas de empleo y puestos ofrecidos a cambio de apoyar una u otra campaña. Esto no deberíamos ni de decirlo pero: nada de esto asegura un buen vivir, ni constituye siquiera un atisbo de proyecto de vida.

No es sólo la elección de un candidato la participación a que está obligado el ciudadano, un ciudadano puede participar siendo precisamente eso, un ciudadano ejemplar (cuidadoso de su moral, su salud, su intelecto y su administración), razón por la cual Platón prefería la  aristocracia y la oligarquía (el gobierno de los filósofos o sabios y de los ricos respectivamente) a la democracia.  Aristóteles tampoco sugería la democracia y prefería sobre ella a la república (la combinación de la oligarquía y la democracia), porque un buen gobierno es posible sólo si cultivamos buenos gobernantes, y los buenos gobernantes solo son posibles si antes fueron buenos ciudadanos. Hobbes, por otro lado, dice que la diferencia en las formas de Gobierno depende de la diferencia de personas a las que se confía el poder soberano, y de la diferencia de los ciudadanos que conforman un pueblo. En resumen el buen Gobierno es también una cuestión de calidad individual, de calidad de ciudadanos.

Sin embargo, por penoso que sea Jalisco está muy lejano de que sus buenos ciudadanos abunden, prueba de ello es el promedio de escolaridad jalisciense  (segundo de secundaria). Somos un Estado ignorante y perezoso intelectualmente.  Otra prueba: Jalisco es uno de los primeros lugares en obesidad infantil y adulta. Somos un Estado perezoso físicamente, nuestra salud pende de un hilo. En este sentido ¿cómo podemos esperar acceder a la buena  vida? Si somos ciudadanos de baja estofa, y lo peor: somos así por gusto propio.

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Miércoles, 10 Diciembre 2014 00:00

Las campañas anticipadas; un juego de partidos

No suelo contestar el teléfono. Números no registrados no me garantizan la seguridad necesaria de la palabra. Llamada entrante. Desde el D.F. La necesidad de comunicación con lejanos familiares suscita las más inverosímiles tragedias comunicativas.

El Partido Verde a la línea. A través de una máquina, el PVEM llama directamente a cada hogar de Guadalajara para hacer una breve encuesta para propuestas de campaña: “marque uno si usted vota por salud, marque dos si usted vota por educación, marque tres si usted (…), marque cinco si vota por seguridad”. Marqué cinco ¿qué no es la vida nuestro más amado bien? ¿Qué no sólo a través de la seguridad es como podemos garantizar esa vida que, pareciera, como mexicanos la tenemos prestada? Una voz humana al teléfono me agradece mis respuestas, dice llamarse Silvia del PVEM con el tono característico de un centro de telemarketing, no puedo esperar más y lanzó mi pregunta, mientras el ímpetu de periodista me hace encender la grabadora y pegarla a la bocina:

–        Hola Silvia, una pregunta ¿por qué me están marcando?

–        Para agradecer su votación dentro del PVEM (…)

–        ¿Qué no se supone que están fuera de periodo para realizar campañas electorales y…?

Del otro lado del teléfono, sólo el sonido que indica que mi interlocutor ha terminado la llamada. Muy breve. Mis preguntas quedan flotando en el aire, nadie las respondió aunque la respuesta no era necesaria ya que desde la formulación misma de la pregunta sabía que estaba siendo retórico.

Tal parece que el delegado del PVEM, con funciones de presidente, en Jalisco, Enrique Aubry de Castro Palomino, ha estado invirtiendo algo de dinero en campañas preelectorales, pagando a centros de marketing para que hostiguen la tranquilidad del hogar de los ciudadanos de nuestro estado.

No hay nada más molesto que las llamadas telefónicas de instituciones o empresas a las tres de la tarde. En la tranquilidad del hogar, mientras uno ve una película, juega con los niños, disfruta una buena comida con una suave música, resulta molesto el repique del teléfono, sonido que, contrario a lo que esperamos, nos llevará a platicar –unidireccionalmente– con una máquina, una señorita cargada de información sobre nuestras vidas o, en su defecto, un extorsionador, el primo “Juan” de Estados Unidos pidiendo auxilio desde el aeropuerto internacional.

Pero una línea ocupada, una mala respuesta, un gesto de evidente molestia, no detiene a este partido. A nivel nacional, el PVEM ha llevado incisivas campañas en los últimos dos meses con el fin de preparar votantes rumbo a 2018.

Prueba de ello es la ferocidad con la cual arremetieron contra el espectáculo circense, documentado en el Distrito Federal, donde los capitalinos recibieron llamadas telefónicas constantes, por parte de dicho partido, con el fin de hacerles ver la “criminalidad” del circo (La Jornada, junio 20, p. 34), ocasionando la persecución inmediata de aquellos “atroces actos contra la vida animal”.

Estas campañas telefónicas adelantadas, o dentro de periodo electoral, atentan contra la tranquilidad de las personas en sus hogares, además de que vulneran sus datos personales al requerir el interlocutor de tu nombre propio, sin que medie anuncio de privacidad en la conversación. ¿Qué busca el PVEM con esto? Evidentemente se trata de recordarles a los votantes de su existencia, ya que al ser un partido que generalmente va con alianzas para ganar su registro difícilmente está en nuestra memoria al realizar el sufragio.

El “reformado” Instituto Nacional Electoral (INE) debería tomar cartas en el asunto, y comenzar a girar recomendaciones a los partidos políticos que incumplan la norma. Ahora, con el uso de las redes sociales, enterarse de las mal llamadas “irregularidades” a la ley resulta más sencillo e inmediato, sólo es cosa de querer hacer algo al respecto antes de que otros grupos políticos comiencen a realizar las hasta ahora impunes actividades que lleva a cabo el Partido Verde

Ecologista de México, que, a manera de paréntesis, es el único partido verde en el mundo que está a favor de la práctica ecocida del recién aprobado fracking.

 

Nuevo embate

Hasta aquí mi disertación. Lo anterior lo escribí el 31 de julio pasado, y lo publiqué en el periódico Página 24 Jalisco, pero un nuevo suceso hace que retome el asunto. Apenas el día de ayer, 9 de diciembre de 2014, parece que algunos partidos políticos se percataron de las prácticas del PVEM, por lo que decidieron denunciar ante la autoridad “competente”; en este caso el INE.

Su demanda, que el partido Verde de México gastó más de 400 millones de dólares en campañas televisivas, a través de los llamados spots. Es común que este tipo de prácticas se den en México, ya que pareciera que la autoridad electoral, reformada o no, hace caso omiso ante las evidencias que se le presentan. Pero mi queja no es contra aquellos que ya sabemos cómo actúan, ni contra los partidos que hacen campaña anticipada –aunque nunca promueven la imagen de un candidato específico, la llamaré de esa manera-, mi queja es contra los partidos políticos de “izquierda” que viven fuera de la realidad de este país, reclamando ante las autoridades cosas que ellos mismos hacen. Si en verdad a alguien le importara, en la política, este tipo de situaciones, para eso se legisla con anticipación y se llegan a acuerdos, pero como siempre pueden guardar un as bajo la manga, mejor no decir nada.

Es evidente que el PVEM está excediendo sus gastos de “pre-campaña”, y no hace falta prender la televisión para darse cuenta de ello. Cuando uno sale a las calles en Jalisco se percata del exceso de espectaculares que anuncian que ellos –el PVEM- “sí cumplen”. Pregúntenle a cualquier niño, después del camino diario a su escuela, acerca de qué partido político “sí cumple” y sabrán mejor la respuesta que si les preguntaran acerca de la Revolución Mexicana.

Pero insisto, no se trata solamente de un partido, no se trata de un color, se trata de una clase política acostumbrada a los dimes y diretes, al juego con la prensa, al te acuso me acusas, para llevar a cabo todas sus ilegales acciones. ¿Y la ley? Bien, ahí sigue.

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