Viernes, 21 Septiembre 2018 22:45

The 300. La oferta y demanda de la muerte en GDL

The 300. La oferta y demanda de la muerte en GDL

Por: Paris González Aguirre

Uno de los casos que más revuelo ha tenido en los últimos días es el de los 300 cuerpos que se encuentran deambulando por la ciudad de Guadalajara, Jalisco.[1]Mucho se ha hablado de la necesidad de imputar responsabilidades. ¿Quién es el culpable de que estos cuerpos se encuentren a la deriva? ¿Aristóteles Sandoval sabía o no de su existencia? ¿Fue, como afirman los medios, ineficiencia o descuido del entonces titular del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF)? ¿Se les está dando un trato humano? ¿Hay un protocolo para ello? ¿Quién es el encargado de dichos cuerpos, la Fiscalía o el Instituto? ¿Bastó con destituir a Cotero Bernal? Estas y muchas otras preguntas surgen ante la indignación de los ciudadanos. Y, con razón. Esto es un ejemplo de la forma en la que buena parte de las instituciones funcionan: encubiertas, ocultas, paliativas, sin el menor dejo de humanidad. Sin embargo, más allá de cómo trabajan, uno debe observar con detenimiento el hecho, pues de fondo, hay una cuestión mucho más importante y evidente, que algunos preferimos obviar, ya que es tan horrorosa y espantosa, que nombrarla, puede cimbrar el andamiaje de nuestras seguridades ontológicas, estrellando la realidad en nuestra cara. Mas, la pregunta continua en el aire, pesando, corroyendo la certidumbre de que las cosas son cómo deben ser. Por eso se está buscando responsabilizar a alguien, a un sujeto de carne y hueso, que tenga rostro y una historia, que sirva para humanizar lo sucedido, en el sentido de que una persona fue quien tuvo el error, no las instituciones. Una vez encontrado el, la, los o las culpables, las cosas seguirán como normalmente se supone que son, como pensamos que son. Lo importante no es nada más imputar culpa a los sujetos, pues esto permite la continuidad de las instituciones, sino que es preciso cuestionar, de manera directa y en su justa dimensión, ¿Por qué un órgano como el IJCF se vio en la necesidad de poner en una bodega de Tlaquepaque, estos muertos? Esto se hizo sin permisos, en un predio que dista mucho de tener el giro de contenedor de cuerpos, sin licencia para construir, bajo condiciones que para nada se ciñen al protocolo y donde tarde o temprano iban a ser descubiertos. Esto, para un neófito como yo, se hizo fuera de la ley. Llanamente se perpetró una falta administrativa, al menos. Entonces, ¿Cuál fue la razón que llevo, a quien haya sido, a cometer estos actos desesperados? Esto no fue realizado solamente por un individuo, con un horario de trabajo y responsabilidades familiares. Hay algo más detrás de esto. Podemos llamarlo estructura estructurante, presión social, habitus, el gran Otro o lo que sea. Lo importante es averiguar los motivos trascendentales (valga la expresión) que devinieron en las escenas de terror que vimos en los medios de comunicación, en días pasados. La respuesta inmediata es que se debe a la sobrepoblación en el IJCF. Hay demasiados cadáveres, muchísima demanda de espacio y un constante ingreso de fallecidos. Eso podría ser satisfactorio, porque habla de cuestiones materiales, que se solucionan con un poco más de presupuesto. Empero, mucho más importante es que el instituto se vio rebasado. Pero no sólo es el Instituto el que se fue desbordado por las oleadas de cadáveres. No, pues no es nada más una cuestión de ocupación, como si fuera un hotel, sino que se pone en evidencia que una parte del sistema se ha vuelto ineficiente para otorgar seguridad a la mayor parte de los individuos. Y, a pesar de correr el riesgo de sonar a comunista trasnochado, es menester llamar la atención sobre el hecho de que nuestras instituciones, en general, se han erosionado y no ofrecen lo que se supone que dice el contrato social. La labor que se suponía debían realizar, se ha pervertido, dejado de hacer o simplemente se lleva a cabo a medias. A esto se puede dar una respuesta simplista, como lo hizo el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador,[2]quien aseguró que, debido al fraude del 2006, 300 cuerpos terminaron abandonados en Tlaquepaque y Tlajomulco. Eso y señalar la supuesta[3]ineptitud de Cotero Bernal es y sirve para lo mismo. Si bien existe la posibilidad de que el entonces titular del IJCF fuera incapaz de solucionar la sobrepoblación o que la guerra contra el narcotráfico llevada a cabo por Felipe Calderón fueran causas del vagabundeo de esos cuerpos, no son razones suficientes para aseverar que una de ellas es LA (sí, con mayúscula) razón primigenia de la existencia de estos tráileres. Decir eso es un acto miope, que sólo ve lo que quiere ver. La mirada puede y debe ser más fina. Uno puede observar que hay otros factores que podrían ser puestos sobre la mesa, que permitirían ver la cuestión de manera más completa. En este caso en particular hay dos aristas que me interesa destacar: la violencia como práctica común y discurso legitimador y como es que ello puede generar certidumbre a los sujetos.

La violencia como práctica común se muestra en medios formales, como las noticias periodísticas, por ejemplo. En algunas portadas de periódicos los encabezados señalan que hay una oleada de violencia, que ha sobrepasado a las mismas autoridades. No sólo con el narcotráfico, sino en general: niños secuestrados, abusados sexualmente, brutalmente asesinados, feminicidios, asesinatos al interior de universidades de renombre, maltrato policial, impunidad. La violencia se ha convertido en una práctica común, que se ha naturalizado y poco nos sorprende. Los asesinatos, las violaciones y masacres están a la orden del día. Parece mucho más fácil enfrascarse en una pelea que dialogar. Y nos convertimos, sin querer, en espectadores pasivos, pues se piensa que son problemas ajenos, como si el mundo estuviera muy lejano. Justo ahí se encuentra el problema, en que nos convencemos de que, si no nos metemos con nadie, vamos a estar bien. Sin embargo, la bala incrustada en mi pierna, que según los médicos se va a quedar conmigo para toda la vida, dice lo contrario. Y ese es el verdadero terror, que nosotros, los de a pie, nos encontramos a merced de la delincuencia organizada. Que no podemos escapar a sus efectos negativos, que se notan al interior de la sociedad, particularmente por la comodidad con la que ellos se mueven, a la luz del día o incluso en lugares concurridos. Esto se pone en evidencia con los actos violentos en Av. Chapultepec,[4]donde hubo al menos cuatro heridos o en la plaza comercial Punto Sao Paulo, de lo cual se supo poco, siendo que la información vino principalmente de usuarios de la Internet. Estos casos nos hablan de la comodidad con la que los delincuentes se mueven en la ciudad y lo poco seguros que los demás estamos. Insisto pues, que la violencia se ha vuelto una práctica común. Lo que se pasa por alto es que no estamos exentos de ser víctimas, aun cuando no se tenga nada que ver con nadie. Esa es la parte terrorífica. Estar en el lugar y momento equivocado cobra un nuevo significado, porque se ha vuelto una constante, toca a todos y todas. Volver a casa, sano y salvo se está convirtiendo en una cuestión de suerte. Es pues que la violencia práctica, esa que es visible, debería causar temor, horror y desasosiego. Que debería poner a los individuos en constante alerta. Sin embargo, no es así completamente. Esto puede deberse a que es usada como discurso legitimador, esa que es el nivel más acabado y refinado, que suele utilizarse como recurso valido, que funciona como herramienta para descalificar o legitimar al otro, sin más argumentos que algunas cuantas frases o calificativos. Por ejemplo, lo que encontramos en la página sipse.com,[5]donde se afirma que “estos cuerpos presuntamente fueron víctimas de hechos violentos vinculados a la delincuencia organizada”, lo que significa que, como se dice comúnmente, ellos se lo buscaron, por ende, no es algo que deba preocupar al ciudadano de a pie. Si eligieron ese tipo de vida, era algo que fatalmente se dirigía hacia ellos. Y listo. Las cosas siguen siendo como pensamos (o nos dicen) que son. Dirigir la mirada hacia eso que se nos dice es lo importante. En ese reportaje en particular, la palabra presuntamente es la más significativa. No se sabe si es verdad que su muerte tuvo que ver o no con la delincuencia organizada. Pero suponerlo les resta calidad humana. Si bien es cierto que pudieron ser asesinados, más de alguna de las muertes pudo deberse a otros motivos. Incluso puede haber víctimas de feminicidio que, al ser colocadas en relación con el crimen organizado, pierden importancia. Y esto lo digo de primera mano, pues alguien cercano, a quien quise mucho, fue víctima de feminicidio. A pesar de los esfuerzos que se realizaron por que se calificara como tal, fue minimizado por las autoridades debido a las “personas con quien ella se relacionaba”. Esto muestra que, mientras se use la violencia como discurso legitimador, los problemas que con ella se relacionan, se tornan homogéneos y unívocos, lo que facilita en cierta medida el trabajo de los encargados de ejercer justicia, dejando en el limbo situaciones como esta, a la que se responde de maneras distintas. Una muy interesante y creativa, la encontramos en los memes, que no se hicieron esperar. Si bien alguien podría afirmar que esto es un agravio hacia las víctimas, los cadáveres e incluso a la dignidad humana, dicha postura pierde de vista la carga simbólica y el contenido semántico de las imágenes y deja de observar que esos actos buscan integrar a la red simbólica hechos que son demasiado brutales como para que se incluyan de manera tersa. Hay quien hace poemas, ensayos, pinturas o murales, mientras que existimos otros que solamente hacemos memes. Reducirlos a la simple diversión o a la burla, muestra pereza y desdén por las prácticas populares, ya que se han vuelto un lugar común en la comunicación actual. Si ponemos atención, por ejemplo, en la siguiente imagen,[6]es posible argumentar en torno a la directriz de este escrito.

 

oferta paris

En el primer cuadro encontramos una frase, una estrofa de la canción “Que me entierren con la banda”, interpretada por varios artistas, que nos remite a una forma de vida presentada como alternativa a los modos tradicionales de ser, y ser joven particularmente. Habla de metas, de lo que se estima que es el éxito[7]y de la posibilidad de alcanzarlo. La promesa que el crimen organizado hace a los jóvenes es que se puede lograr sin mucho esfuerzo (aparente) y en un lapso relativamente corto, apelando a la vorágine que implica vivir en una época en la que impera la mentalidad del microondas.

En el segundo cuadro, se hace latente ese regreso a la seguridad ontológica, eso que nos hace creer que las cosas son como son, pues implica que los cadáveres que están en los tráileres son exclusivamente de personas relacionadas con el crimen organizado. No es gratuito que se esté compartiendo en Facebook, puesto que, como decía más arriba, muestra una visión maniquea, en donde sólo hay buenos y malos. Hace una marcada distinción entre ellos, quienes están en las filas del crimen organizado y el nosotros, los ciudadanos honrados y rectos. La imagen habla del supuesto de que esos problemas jamás tocan a los honestos, que la violencia sólo afecta a quienes deciden engrosar las filas de la delincuencia. Asimismo, el segundo cuadro señala que si bien hay algo que el crimen organizado ofrece, que se considera valioso, inexorablemente habrá un castigo para quien obre mal, que no habrá canto épicos que alaben sus peripecias, que no serán recordados. La intención de este escrito es señalar que no es así. Al menos, no siempre. Mi insistencia es que todo eso no es más que un engaño autoimpuesto. No hay una garantía real de que regresemos a casa el día de hoy. En realidad, los aparatos institucionales que afirman que velan por nuestra seguridad no tienen la misma injerencia que las decisiones que tome algún integrante de la delincuencia organizada (o no tan organizada). ¿Qué pasaría si hoy, aquí, estuviera alguna o alguno de los enemigos de algún cartel? ¿Qué tal si decidieran que es hora de acabarlo? ¿Qué sucedería si se organizan y lo balean? ¿Qué tan posible es que ellos o ellas se tomen e tiempo para no afectar a personas aledañas a dicho individuo? ¿El actuar de los cuerpos policiacos sería tan eficiente como para evitar ese supuesto caso? ¿Es verdad que es un supuesto?

Es pues que la insistencia de este escrito gira en torno a la necesidad de ver no sólo el aumento de la violencia, sino de poner de relieve las terribles posibilidades que existen de que cualquiera de nosotros, honestos o no, nos encontremos en algún tráiler, que, sin quererlo, nos hallemos en medio de alguna balacera, que pasemos donde hay un enfrentamiento, que se equivoquen en un ajuste de cuentas y que un periodista o funcionario afirmen que morimos por “presumiblemente” estar relacionados con el crimen organizado y, con eso, se zanje la cuestión y todo lo que hicimos en nuestra vida se reduzca a un tipo caminando sobre nosotros, mientras poco a poco nos descomponemos. A pesar de que este escenario postapocalíptico suene bastante gore, no nos es nada extraño o lejano, pues está sucediendo, en estos momentos, en este país, en este Estado, en estos municipios. Por ende, ¿Qué tan seguros estamos, de que seguiremos vivos el día de mañana?



[1]https://www.excelsior.com.mx/nacional/no-es-uno-son-dos-camiones-que-trasladan-unos-300-cadaveres-en-jalisco/1265887

[2]https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1500981.cuerpos-en-traileres-resultado-del-fraude-del-2006-amlo.html

[3]Digo supuesta porque no es gratuito que tantos colectivos y personas defiendan su entereza y compromiso.

[4]http://www.yucatan.com.mx/mexico/balacera-en-avenida-chapultepec-guadalajara-reportan-4-heridos

[5]https://sipse.com/mexico/dos-trailer-trescientos-cadaveres-guadalajara-jalisco-circulaban-310929.html

[6]https://m.facebook.com/SrCulero/photos/a.1604097613168228/2210290642548919/?type=3&source=57&ref=m_notif&notif_t=feedback_reaction_generic

[7]Heteronormado, por supuesto. Ese que es caracterizado por los excesos. Es un discurso que interpela a los hombres, casi exclusivamente.

Publicado en Análisis social

La edición 31 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) está por terminar, es por eso que en Diacrítico te dejamos una selección de 25 imágenes imperdibles de la joven fotógrafa tapatía Francesca Volpi para entender lo que sucede al interior de la Expo-Guadalajara, durante la semana dedicada a honrar y celebrar al libro como objeto cultural y de consumo.

 

1-2. Concierto Porter

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3. Concierto Xoel López

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4-6. Concierto Siddhartha

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7. Hombre con lentes abriendo un libro

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8. Joven español sosteniendo libros

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9. Hombre leyendo la contraportada de un libro

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10. Mujer sostiene a “Mamá”

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11. Recepcionistas

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12. Dos expositores en el área internacional FIL

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13. Hombre con sombrero y lentes tomando un libro

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14. Mujer frente a un librero en el área nacional de FIL

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15. Hombre con barba, libreta en mano en el área internacional de FIL

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16. Hombre asiático con anteojos en el pasillo del área internacional FIL

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17. La fila en “FIL Niños”

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18. Stand Fondo de Cultura Económica

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19. Mujer caminando frente a “Penguin”

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20. Stands de libros antiguos

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21. Hombre caminando con Hitchcock y Mishima de fondo

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22. “Salones planta alta”

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23. "Gracias por todo". Hombre camina frente a mural en memoria a Rius

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24. “Océano” de personas en los pasillos de la FIL

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25. Hombre y mujer, contrastados

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Síguela en Instagram: https://www.instagram.com/francescavolpi_foto

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Guadalajara, como todas las ciudades de mundo, tiene su propia historia de conflictos y polémicas relacionadas con la intervención del espacio público: el trazo de calles que ha destruido parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad, como se hizo con parte del ex convento de El Carmen para la ampliación de la avenida Juárez o la destrucción de fincas de las antiguas calles de Moro y Escobedo, en los años 70, para construir Federalismo; lo mismo que sucedió con el diseño ¡cristianísimo! de una cruz de plazas que debemos al arquitecto Díaz Morales, bajo el gobierno de Jesús González Gallo, que trajo consigo la destrucción de fincas patrimoniales que "estorbaban" al proyecto y que dieron paso a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (Acosta Rico, 2013) y la Plaza de la Liberación, lo que en su momento causó protestas que criticaron la "crucifixión de Guadalajara" por parte de Díaz Morales; los carísimos Arcos del Milenio, de Enrique Carbajal González "Sebastián", que siguen inconclusos, sólo hay cuatro de los seis previstos, dada la intensa politización del asunto y un largo etcétera. Y también cuentan algunas partes del patrimonio por las que nadie ha levantado la voz, como la puerta de cantera de la cara de avenida Hidalgo del antiguo Mercado Corona, que prometieron regresar pieza por pieza a su lugar luego de la renovación que requirió el edificio que se incendió en 2014 y que nunca nos devolvieron a los habitantes de la ciudad; valdría la pena preguntarnos dónde quedó.

El espacio que es de todos, ese que se encuentra más allá de las puertas de nuestras casas y demás espacios privados debe ser y es necesariamente susceptible de polémica, de discusión y sacudida; está expuesto a la mirada pública y por tanto a su escrutinio y a su discusión en los corrillos de cantinas y cafés, de salones de clase y redes sociales. Ahora lo está sobre todo en las redes sociales y el mundo digital, en general, a donde se ha mudado la opinión pública profesional y la profana, pero voluntariosa, con la que todos podemos juzgar con la ligereza de nuestros dedos, pero no necesariamente con el reposo de la reflexión, dando vigencia a la idea de Umberto Eco acerca de la sobrevaloración de la opinión personal en redes sociales, donde legiones encuentran en ellas un espacio de catarsis y no de diálogo.

La ultima discusión sobre la intervención del espacio público en Guadalajara está centrada en el programa Arte Público, del Ayuntamiento de Guadalajara, que, según sus propias palabras "representa una visión de ciudad que va más allá de los periodos de gobierno y colores políticos. Esta política se suma a nuestra agenda de recuperación y dignificación de espacios públicos. Queremos dejarle a nuestra ciudad un legado que trascienda por generaciones y que nuestros hijos se sientan orgullosos de vivir en su ciudad." (Ayuntamiento de Guadalajara, 2017). Es un programa que está constituido de cinco proyectos distintos como restauración de patrimonio existente, murales urbanos, el premio de escultura Juan Soriano y el proyecto de escultura pública que es la que ha generado polémica y a la que se han sumado lo mismo voces autorizadas como Roberto Castelán, Juan José Doñán, Avelina Lésper o Avelino Sordo Vilchis, que voces oportunistas como la de Juan Sandoval y la de partidos políticos que lo mismo hablan con mesura y racionalidad o deciden aliarse con grupos de ultraderecha como Citizengo.

El proyecto de arte público se planteó invitar a 10 escultores radicados en la ciudad para crear "colosos urbanos", como ellos los llaman, que servirán para "darle dignidad a la ciudad", como afirma en su delirio retórico el alcalde-candidato a gobernador-señor feudal plenipotenciario de MC. Sin embargo, la discrecionalidad y la falta de transparencia ha llenado con sus sombras el proyecto, como ya se ha vuelto costumbre en el gobierno de Enrique Alfaro, el que de un manotazo tumba jueces, el que manda a rudos negociadores a doblegar locatarios de mercados, el que siente que los "medios basura" le están "friegue y friegue", el que tiene el don de convertir activistas en burócratas a las que les da flojera atender a los medios y transparentar gastos, el que hace carnes asadas en los balcones del Palacio Municipal, el que tiene operadores para manipular por medio de apoyos sociales a estudiantes de bachillerato para que obliguen a sus padres a votar por el sí en su gris y conveniente proceso de ratificación al más puro estilo de las elecciones como la de la constituyente venezolana o la del fraude electoral de 1988 donde los gobiernos son juez y parte.

La discusión pública del proyecto de esculturas públicas comenzó con la polémica decisión de elegir a José Fors como uno de los escultores, sospechoso porque fue una de las imágenes centrales de su campaña a la alcaldía, a quien, el Ayuntamiento ya le otorgó un adelanto de 900 mil pesos para la obra, como quien se ve urgido de pagar un favor, aunque el INAH ya ha rechazado que su "macetota" pueda ser instalada en el parque de San Francisco. Así, a la falta de transparencia y la sospechosa elección de un artista más concentrado en la pintura y en la música, se suma también la calidad de la pieza, su valor artístico limitado, su falta de armonía con el espacio público y su obvia imitación de ideas originales de macetas antropomorfas, sólo que ahora de tamaño gigante.

Y si la polémica comenzó con la obra fea y acromegálica de José Fors, el programa de arte público arrancó con Pluma de Pedro Escapa, artista catalán naturalizado mexicano, que en su página de internet personal presenta otra obra llamada igual Pluma, pero de nogal y acero y que es sospechosamente similar a la que se instaló en Av. Américas y Pablo Neruda, lo que hace pensar en un cómodo autoplagio que le permitió "acelerar" el proceso creativo.

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Foto: NTR Guadalajara   

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Foto: pedroescapa.mx

Por otro lado, está la obra de Ismael Vargas, un gran artista tapatío, soberbio como muchos artistas sin que eso sea del todo un defecto, quien afirma que, por su trayectoria, una raya sobre un lienzo puede venderla en millones de pesos. La sospecha y el halo de dudas crecen hasta llenar de bruma a su obra Sincretismo cuando se compara el precio de la pieza Maíz del mismo artista que se instaló en Zapopan.

Mientras Maíz fue donada por la iniciativa privada y costó 600 mil pesos, Sincretismo costó 5.2 millones, lo cual, a vista de cualquiera genera muchas dudas sobre el uso del erario y las maneras de gastarlo.

La pieza, según los dichos del alcalde Enrique Alfaro busca convertirse en un punto de referencia del barrio, pero eso es muy pretencioso, pues como dijera Juan José Doñán, para eso ya está el templo de El Refugio que se encuentra en el mismo camellón (Doñán, 2017), a sólo tres cuadras.

Es una pieza que no tendrá la trascendencia pretendida y que tampoco justifica el precio de más de cinco millones –un robo descarado sí se compara con la otra obra de Vargas en Zapopan–, pero que no es un estorbo visual para los conductores, como dijera Avelino Sordo Vilchis (El tour de las 'estramancias', 2017), al menos no un estorbo permanente, la fuerza de la costumbre la hará invisible, como una pieza de papel picado en la calle de un barrio enfiestado.

El conflicto principal en relación con Sincretismo se ha suscitado con los dichos del cardenal emérito de Guadalajara, Juan Sandoval, quien, para no perder su costumbre, ha lanzado afirmaciones estridentes, como cohete de feria, para despabilar a los actores públicos a quienes ataca y para despertar también a hordas que responder a sus gritos para llevar a las calles y reproducir en la palestra reaccionaria sus dichos.

Ha sido convocada para el próximo sábado 26 de agosto una manifestación pública y acto de desagravio para pedir perdón a Dios por lo que el cardenal ha considerado como una ofensa al pueblo y un atentado contra los sentimientos religiosos de los tapatíos e incluso la organización de adoradores nocturnos de la arquidiócesis, que aglutina a miles de miembros, ha llamado a rogar por el perdón divino por la ofensa que los católicos tapatíos han recibido por parte de Enrique Alfaro y su gobierno.

El riesgo latente de que la concentración de católicos a tres cuadras de Sincretismo, en el templo de El Refugio traiga consigo actos de vandalismo contra la escultura, ahí está.

El proyecto de arte público es legítimo y nunca la inversión en arte será un gasto innecesario, aunque los gastos excesivos y los pagos elevados, que de manera sospechosa  han sido otorgados, pueden considerarse pago de favores, empañan este proyecto. Lo mismo que piezas como Pluma de Pedro Escapa, que además de sugerir un autoplagio, son financiadas por un gobierno que ha despreciado y ha buscado manipular y reprimir periodistas en su derecho y obligación de informar y de cuestionar las acciones de gobierno; también obras que, aún no ejecutadas, como la de José Fors, no pueden dejar de generar dudas por la relación propagandística del artista y el alcalde y por la limitada originalidad de la pieza. Finalmente, sobre Sincretismo, ni hablar sobre el proceso cultural que le da nombre a la escultura, es un tema que no vale la pena polemizar mucho si no es desde el dogma, pues es condición permanente en el arte y en la religión, pésele al prelado y a la religión que le pese.

 

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Referencias

Acosta Rico, F. (8 de marzo de 2013). Derrumbe del templo de La Soledad y construcción de La Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Obtenido de www.arquidiocesisgdl.org: http://www.arquidiocesisgdl.org/2013-3-8.php

Ayuntamiento de Guadalajara. (28 de julio de 2017). Conoce el programa Arte Público. Obtenido de https://guadalajara.gob.mx/: https://guadalajara.gob.mx/noticias/conoce-el-programa-arte-publico

Doñán, J. J. (24 de agosto de 2017). Despotismo iletrado. Obtenido de okupo.mx: http://okupo.mx/despotismo-iletrado

Sordo Vilchis, A. (24 de agosto de 2017). El tour de las 'estramancias'. Obtenido de http://okupo.mx: http://okupo.mx/tour-las-estramancias

Publicado en Análisis social

Todos los que vivimos en Guadalajara lo hemos notado: la violencia es cada vez más asfixiante. Incluso si alguien perteneciera a la anómala clase de tapatíos que no han sido asaltados, que no han tenido un familiar o conocido desaparecido, o que no han sabido de un cuerpo que amanece envuelto en una bolsa muy cerca de su casa, cuesta trabajo pensar que esa persona no se haya enterado de lo que sonó por todas partes este fin de semana: tres cuerpos colgando de un puente, por lo menos seis personas más asesinadas sin más en la noche del viernes y un grupo armado que se robó nada menos que cuarenta autos de una bodega.

La situación ya era preocupante, claro, desde hace mucho, pero el hecho de que la inseguridad y la violencia llegaran a los titulares de periódicos no amarillistas —algo que, dado lo habitual de eventos como éstos en los últimos años, parece ahora sólo lograrse por la casual acumulación de delitos en una sola noche— acaba de forzar al gobierno a hacer hoy una rueda de prensa para anunciar algo que equivale a echar pólvora a una ya enorme fogata: “vamos a cerrar filas”, dijo Pablo Lemus, presidente municipal de Zapopán y que estaba en calidad de representante del resto de alcaldes de la zona metropolitana. ¿Qué significa? Básicamente, que estemos preparados a más operativos de seguridad, más policía, más elementos del ejército en Guadalajara.

La verdad es que no sorprende que la única solución que les viniera a la mente es “más mano dura”. Es lo que se ha venido haciendo desde hace años en todo el país y renunciar a eso equivale a admitir que el camino no era el correcto y que lo que ocurre hoy es una fabulosa acumulación de errores pasados. En esta lógica, por supuesto, se piensa que si no se ha resuelto el problema es porque la mano no ha sido suficientemente dura. Cuando se gasta tiempo, enormes recursos e incluso vidas en un solo proyecto que a todas luces es un fracaso, la mente humana logra —por un acto de prestidigitación— negar lo palpable que es ese fracaso y sólo se empecina aún más en la dirección inicialmente elegida. Es que detenerse y rehacer el camino hacia atrás parece más difícil que seguir, a donde sea que se vaya.

Lo que me llamó la atención de la rueda de prensa, en todo caso, es que Pablo Salcedo, el portavoz de un Consejo que se autonombra “ciudadano”, sólo pensó en llamar una y otra vez a la ciudadanía a la denuncia. Les confieso que me dio una especie de risa nerviosa: ¡pero es que si en algo estamos todos de acuerdo es que la denuncia no sirve de nada para el común de la gente! La justicia en México la hemos ya hecho casi un privilegio de clase. La “palanca”, que parece actualmente el único medio de acceder a la justicia, es la forma en que el imaginario mexicano ha individualizado y por tanto explicado—“ah, bueno, es que él tiene palancas y tú no”— algo que en realidad tiene proporciones socioeconómicas muy concretas: una gran red de favores entre personas previamente favorecidas. Si no estás dentro de la red, eso por supuesto es sólo culpa de la “fatalidad” tuya de no tener los lazos familiares o amistosos correctos.

El portavoz en cuestión pidió también paciencia a la ciudadanía. Los resultados, dijo, no se van a ver pronto, pero si llegar un poco más tarde a casa por el tráfico que podría causar algún operativo significa al menos poder salir de casa, no está mal. Lo que da miedo es el único reproche que pudo imaginar ante la decisión de más operativos: “es que se van a ver terribles tantos policías o militares”. Claro, es que ante la oleada de asesinatos, a la ciudadanía le preocupa solamente lo bonita que se ve su chingada ciudad…

Pero volvamos al punto en verdad importante: ¿por qué no se mencionó en la rueda de prensa en absoluto lo que, según la mayoría de los especialistas, es realmente lo que suele reducir la violencia? ¿Acaso fue la “mano dura” lo que Medellín, Colombia, pasara de tener en los años 90 un índice terrorífico de 380 homicidios por cada 100,000 personas, a tener ahora uno de 20 por 100,000? No. Lo lograron con algo que llamaron “acupuntura urbana”, que básicamente transformó el espacio urbano para fomentar el desarrollo en los sitios más problemáticos. Es decir, lo lograron con objetivos a largo plazo basados en la prevención e involucrando a la sociedad civil, no a más sujetos armados en los que ésta no confía. Si toda la evidencia indica que lo que reduce la violencia es la prevención y tenemos un gobierno que omite toda mención de ella y sólo se enfoca en el castigo y en más armas de fuego, ¿no podemos concluir a secas que al gobierno no le interesa realmente reducir la violencia? Esta rueda de prensa fue una flagrante y espantosa confesión: “iremos contra toda evidencia”. Y si a la gente en el poder no le interesa cambiar algo —podemos deducir fácilmente—, es porque le beneficia tal como está, es decir, con una desigualdad que se ha abierto como una grieta tan profunda, que quien haya visto los dos lados habrá sin duda pensado que en México coexisten mundos absolutamente diferentes. 

Y en este contexto, precisamente aquí, hay que admitir que el gobierno la tiene fácil. Si a un fulano en una rueda de prensa le es posible retratar a la ciudadanía solamente como gente interesada en que la ciudad se “vea bonita”, es justo porque la ciudadanía no está organizada para pedir y exigir al gobierno que no haga lo que va contra toda evidencia, contra todo sentido común. Estamos tan hastiados de la política, que hemos hecho casi de cualquier forma de organización algo que necesariamente entraría en la lógica de los partidos, de los cuales estamos hartos por igual. Pero ése es el punto: mientras permanezcamos todos al margen, evidentemente con miedo, y sólo pidamos al gobierno que “rinda cuentas” y ajusticie, pero sin ningún tipo de organización o participación en políticas de prevención, las cosas seguirán igual.

¿Políticas de prevención? Aquí una organización internacional con un montón de propuestas: Instinto de Vida. En nuestro país, México Evalúa y Enjambre Digital también están haciendo valiosos llamados a la sociedad civil.

Publicado en Análisis social

Entonces Dios, en su eterna soledad, cansado de tanta oscuridad, aburrimiento y ausencia unidimensional, creó el Big Bang con un solo suspiro de sus pulmones de abismo. Pensó: “todo el universo, las estrellas, las supernovas, los mares, los anillos de Saturno, las galaxias, la antimateria, quedarán disminuidos e insignificantes porque le daré el soplo divino a los Poetas, cualquier cosa que no venga de ellos será vano y repulsivo”.

El poeta, o el artista en general, tiene como principal característica ver el mundo de una manera distinta, de forma introspectiva, crítica; debe fijarse en detalles que se escapan a la mirada de los otros y, por consecuencia, hacerlo desde el supuesto humanismo-sensible que le da su facultad artística.

Desde su perspectiva promueve la individualidad, sin embargo, de su ojo totalitario no escapa la igualdad de razas, la libertad de expresión, la búsqueda del respeto hacia los seres vivos; es enemigo del clasismo, el racismo y del egocentrismo, además, muestra, por medio de la expresión, la inconformidad hacia las violaciones e injusticas contra los derechos humanos.

A lo largo de la historia, el creador ha sido un catalizador de cambios, un gran inconforme de lo que no está bien en la sociedad; porque los libros de historia mienten, el arte no (o al menos así lo hemos llegado a creer). Éste usa artificios para contar la verdad que el poder y el gobierno no quieren que se sepa: García Lorca fue fusilado por el régimen durante la guerra civil española; el Marqués de Sade, con sus obras, señalaba las atrocidades que cometía el clero y el reinado en una época victoriana de asquerosa doble moral; Juan Rulfo, y sus pinturas literarias, mostraba la vida del campo y sus fantasmas perdidos en la desolada estepa del olvido; Agustín Yáñez, con sus relatos de vida, denunciaba las distinciones entre las clases sociales de la antigua Guadalajara; Buñuel constantemente criticaba los más oscuros crímenes de la humanidad, películas como El Perro Andaluz, Los Olvidados, Viridiana, El ángel exterminador, son ejemplos de ello.

En los poetas no hay excepción, siempre hay escritores que denuncian o recalcan los atropellos a los derechos humanos, la corrupción y ultra impunidad de los altos niveles de los mandos en todos los ámbitos sociales, también los hay conservadores, puristas y románticos de temas que no se comprometen con nada escabroso o polémico. El inframundo de los poetas es un gueto con reglas, dinámicas sociales, jerarquías y códigos implícitos que tienen que ser respetados cual dictadura. En las ciudades existen autores vivos, activos, de carne y hueso, de diversas ideologías y niveles en la pirámide. Pensar que el gremio literato es de las pocas cofradías exentas de prácticas corruptas, egocentristas, clasistas, nepotistas, influyentes, coludidas con el gobierno y el modo sobornado de nuestro país, es una ingenuidad.

Esta taberna poética se encuentra repleta de eventos, reuniones, becas gubernamentales y premios. Sin afán de decir que todos los personajes son iguales, la dinámica encaja en un show de circo y con un desfile de ficheras histriónicas que luchan por sobresalir por su narcicismo y pose. Un laberinto de petulantes semidioses donde caminas de la salida hacia el centro de la trampa para encontrar al Minotauro “Vaca Sagrada”, que dicta lo que se debe y lo que no se debe escribir.

También algunos supuestos “poetas de izquierda”, esos que están en contra de la corrupción y el gobierno, hacen concursos de poesía donde ganan amigos íntimos de los jueces y uno que otro prestador de favores sexuales. Entre reunión y reunión, evento y evento; los entes de las letras emergen llenos de helio, mirando debajo del hombro a los simples peones que alaban su maestría y, con servilismo, admiran el genio divino que emerge de la pluma de oro puro del POETA. Algunos tratan de seducir a otros con sus palabras para terminar pidiéndote dinero o venderte cualquier porquería de basurero al puro estilo de timador, asaltante de esquina oscura. Uno que otro revolucionario antigobierno ostenta su mayor acto en contra del sistema opresor fumando cinco capítulos de mariguana al día y empolvándose la nariz con cocaína, pasando antes por liarse a golpes contra sus propios amigos revolucionarios, tratando de sabotear las lecturas ajenas y decir: “no hay poetas, el único soy yo”, escupiendo alcohol y orina sin control.

Asimismo, existen varios grupos específicos que también se dedican a la poesía, solo que viven en una guerra civil encarnizada entre la gente de letras, rencillas personales. Cuestiones de ego y diferencia de ideologías son las que separan a los letrosos. La dialéctica de Hegel la han asesinado alevosamente, para ellos solo existe su tesis y su tesis, la antítesis es completamente descalificada e ignorada sin llegar a la posibilidad de una síntesis, constantemente tratan de descalificar a otros escritores, se burlan de su obra, porque claro, intentan atrapar a jóvenes aspirantes a vates, intentan formar un séquito de borregos literarios que obedecen para escribir al gusto de su grupo privilegiado.

Hay una pelea encarnada de verduleras entre los poetas puristas contra los poetas revolucionarios: los becados defienden su hueso porque reciben dinero del gobierno y descalifican la poesía que habla en contra del régimen ya que no les conviene lo que en ella se dice, están dentro de ese sistema corrupto del país, tienen un buen padrino que los apoya y da el dedazo para ganar el premio o la beca deseada.

Ahora bien, puntualizando en becas locales y nacionales, premios y concursos, como pasa en todos los ámbitos corruptos del país; ganan las influencias y amistades que se tiene con los jueces, y sí; algunos se pagan con moneda sexual, además que tienen una línea muy definida de contenido: no críticas al gobierno, a la iglesia, a la sociedad. Estos premios están controlados por la gente de poder político, con puestos públicos y claro está que defienden su chuleta. Tenemos como ejemplo un becado del FONCA que ganó el apoyo con un deplorable proyecto de poemas con emoticones de las redes sociales.  

Uno de los  fenómenos más peculiares ocurre  en la FIL Guadalajara (Feria Internacional del Libro), donde los escritores casi desconocidos y gente acreditada de la prensa local, desfilan por los pasillos mostrando sus gafetes como tiaras de divinas princesitas de cuento de hadas, gatas escandalosas arañándose la cara para ver cuál de todas es la más diva y ataviada y brillante y petulante. Una epidemia de presunción en las redes sociales inunda en esa fecha, el que vaya a dicho evento y sobre todo con credencial, significa que está en la aristocracia literaria nacional, los demás son plebeyos de ese submundo, de ese Edén de soberbia.

El circo no termina. En muchas ocasiones un escritor de renombre da talleres de creatividad para “pulir” el estilo y tener el derecho publicar, dando como resultado una manada de corderos que elevan al poeta en un estado divino, de “Vaca Sagrada”: salen en sus antologías y/o en los libros que éste publica, con un estilo casi igual, casi idéntico, casi copia al carbón, consecuencia de este “tallerear” a gusto del maestro. Esto genera más división y los alumnos utilizan en su currículo: “asistió al taller de X vaca sagrada”.

Los grandes poetas tienen un séquito de mascotas amaestradas que intentan escribir igual que su “Becerro de Oro”; al cromar los testículos de éste, tienen como beneficio: premios, recomendaciones, invitaciones, pertenecer a la crema y nata de la sociedad literaria. Sumémosle que son fieles como un sabueso a su dueño, aquel que ose criticar a su amo será atacado, aunque exista argumento para hacerlo, lo defenderá con sus colmillos como perrito chihuahua feroz, se arrastrará por complacerlo hasta recibir su buena dotación de croquetas y uno que otro paseo por el parque. Entre ellos se acicalan, se echan porras y pelean contra los otros grupos contrarios, su palabra es única al mismo estilo que las religiones, la suya es la única verdad.

El ser humano es ególatra por naturaleza, los poetas, en su mayoría, han creído que su genio es un don superior a la prole no letrada, mirando hacia abajo, subidos en un trono de oropel tan frágil como la vida misma, la gloria mundana y el sinsentido del hombre. Un poeta no es un ser superior a un panadero, fontanero, ingeniero, médico o barrendero. Porque el hombre es una especie parasitaria. La Tierra, en sentido utilitario para conservación de la vida del planeta, la existencia de un insecto tiene más valor que el de miles de seres humanos: “Si desaparecieran todos los insectos de la tierra, en menos de 50 años desaparecería toda la vida. Si todos los seres humanos desaparecieran de la tierra, en menos de 50 años todas las formas de vida florecerían”, Jonas Edward Salk -investigador médico y virólogo-.

Publicado en Crítica

En medio de una rutina inesperada, me encontré atravesando, el sábado pasado, la tan esperada “Marcha por la Familia”.

Quise quedarme a observar, quería saber quiénes conformaban aquel gran llamado a los valores tradicionales de esta gran ciudad (Guadalajara). Sin sorpresa, pronto me percaté que la marcha se encabezó mayormente por madres y abuelas que, acompañadas de sus nietos adolescentes e infantes, portaban aquellas prendas blancas, símbolo de la más pura y bien intencionada homofobia.

Bajo el sol observé como poco a poco el tumulto se congregaba alrededor de la glorieta coronada con el monumento a la diosa Palas, aquella Minerva virgen, concebida desde la propia mente de su padre Zeus, quien decidiera devorar a su madre Metis y darla a luz él mismo, al ritmo del cincel del benevolente Hermes.

Diosa de la sabiduría quien, educada sin madre, forjó su carácter y conocimiento en medio de aquella gran familia olímpica; de quienes aprendiera los dotes propios de una diosa. Como de Apolo, seductor de hermosos jóvenes quienes caían rendidos ante sus encantos, o la sempiterna Afrodita, quien compartiera el lecho tanto con dioses y mortales, además de educar al propio Eros, dios del amor, al más puro estilo de una madre “luchona” contemporánea.

Al final, todo aquello parecía no tener la menor importancia ante aquellos que, cobijándose a la sombra de aquel helénico estandarte jalisciense, se disponían a defender la integridad y buenos valores acorde a los principios con los que fueron educados para aseverar, de forma tajante, cuáles eran las características exactas que debería tener una familia.

Pese a que las buenas intenciones y un sentimiento de unidad social prevalecían -decía mi abuelo: de buenas intenciones están llenos los cementerios-, es necesario hacer notar que en el progreso del contingente nacieron, de mi mirada expectante, algunas curiosidades.

Y no es sólo el hecho de ser un fanático de las paradojas sociales o el sarcasmo intelectual, aquello era una oportunidad invaluable de extraer aquellos ideales desde la consciencia colectiva de un grupo representativo de Guadalajara, de los llamados “mochos”.

Portaban pancartas que ociosamente intenté entender desde sus propios fundamentos ideológicos. Desde las más sobrias, que simplemente afirmaban que querían familias con valores y unidad -lo cual me parece respetable, pero al mismo tiempo inocente, ya que asumen que los valores sólo se pueden generar desde la familia nuclear-; hasta las más elaboradas que realmente cautivaron mi atención.

Recuerdo particularmente una cuyo sentido intenté descifrar por un par de minutos. En la parte superior decía “Pedimos educación religiosa y eliminar la educación de género de las escuelas”. Más abajo, esa misma lona proclamaba “protejamos la familia natural” y remataba con la cereza haciendo más sabroso el pastel de las ideas: “NO ES RELIGION, pero no oculto mi fe cristiana”.

Es decir, que todos los postulados en los que se basan están parapetados en la doctrina religiosa. Esto a partir de la noción de la familia natural. Entiéndase algo así como: “Dios nos creo así. Adán y Eva fueron creados para ser la primera familia”. Pero ¿Caín y Abel con quien tuvieron su estirpe? Siguiendo el bellísimo relato bíblico nos deja dos opciones: 1) o encontraron otras mujeres, lo cual no está descrito en el génesis, 2) o tuvieron que hacer lo propio con su madre. (¡PUNTO PARA FREUD!)

Lejos del mito bíblico, las repercusiones actuales son las que me agobian, ya que la idea doctrinal del momento histórico enajena a los individuos en su transitar histórico. Me propuse hacer el ejercicio mental de llegar a las mismas conclusiones para rastrear las premisas. Para lo cual, me vi en la necesidad de eliminar un montón de conocimiento de diferentes disciplinas. La familia natural en contra del desarrollo evolutivo de la especie a lo largo de los milenios. El dilema moral de la posmodernidad y de paso el de la modernidad. La condición existencial de cada individuo y su compromiso para con su propio transitar en el mundo. El propio sistema jurídico (por aquello de tener que legislar todos los días para re-acomodar la legalidad al devenir social, por una necesidad inherente de la historia). Básicamente, terminé de nuevo en la secundaria, donde escuchaba un montón de ideas complejas, sabiendo que existían, pero sin entender ninguna de fondo, entregándome plenamente al camino marcado por la melodía de la flauta que esgrimía alguna autoridad.

En conclusión, pude observar que era un contingente nutrido de gente en su mayoría bien intencionada. Madres que querían defender su principal función social ante la amenaza de la sustitución y merma de oportunidades existenciales, para cumplir dicho privilegio. Luismirreyes que gozaron las ventajas de dicho modelo y que acompañan a su familia para pregonar la superioridad moral de la misma. Todos, dirigidos bajo la guía de la comunidad eclesiástica, aquella que, como parte de sus votos sacerdotales, renuncia a la vida familiar por su incómodo compromiso con el ejercicio de la sexualidad.

Aquello fue un desfile que, a impresión personal, hacía gala de una increíble capacidad para la generalización conceptual:

Homosexuales=malos

Familia nuclear=buena

Educación laica=mala

Evangelización cristiana=buena,

Generalizaciones y pereza intelectual=buena

Análisis histórico, social, cultural, psicológico=malo

En fin, podría desgastar la pluma hasta el final intentando explicar mis impresiones personales de tan increíble desplaye de dogmatismo medieval que se vivió el sábado pasado en Guadalajara.

Estamos gritando a los cuatro vientos que queríamos tolerancia, pues ahora nos la aguantamos hasta con los mochos y su derecho a manifestar sus ideas. Lo cual no implica, el no poder analizar sus propuestas.

Publicado en Análisis social
Sábado, 20 Agosto 2016 15:43

Guadalajara, Guadalajara

En otros lugares he comentado acerca de cómo nuestra Guadalajara y su zona metropolitana es una ciudad bicéfala. El slogan de nuestra presidencia municipal es precisamente “Guadalajara, Guadalajara”, canción que en su momento Pepe Guízar creara como tributo a la ciudad que lo vio nacer y que ensalza no sólo a la susodicha, sino a las ciudades y poblados vecinos. En cierto sentido, “Guadalajara, Guadalajara” ha sido el himno de nuestro estado de Jalisco, que sin más ni menos el cine mexicano de la época de oro tomó como prototipo de lo mexicano para representarnos en el mundo. Así de fuerte es el simbolismo que acompaña a esta canción.

Los gobiernos y su mercadotecnia no dan paso sin guarache y con el fin de maquillar una serie de fallas y responsabilidades, un puñado de malestares y evidentes carencias generales, han tomado una serie de imágenes sobre la ZMG que deben ser orgullo y vanidad de los jaliscienses, han retratado las partes bonitas y omitido las descuidadas, que a decir verdad representan una proporción mucho mayor. Haciendo uso de la voz de algunos cantantes y grupos reconocidos en lo popular, “Guadalajara, Guadalajara” es un nuevo canto de sirena que por su evidente atractivo nos lleva a una Guadalajara ficticia, una que no es más que un espejismo. No sólo el desempleo, el incendio accidental y repetido de mercados antiguos (pasaron desgracias de incendios al antiguo mercado Libertad, al Corona en más de una ocasión y al Alcalde recientemente), la desmantelación –una más- de nuestro centro histórico en aras de la modernidad, las inundaciones de cada año que -como padres moralizantes nos han hecho responsables por los papelitos y chicles que tiramos a las alcantarillas-, la mala atención a las vialidades con su bacheo de baja granulosidad y espesor, la violencia vivida y la corrupción, los gasolinazos; son sin duda cosas reales que tienen un origen estructural y que no se pueden adjudicar a la maldad e irresponsabilidad innata del jalisciense promedio. “Guadalajara, Guadalajara” quiere esconder lo que no se puede.

Es cierto que los malestares de nuestra ZMG así como los de otras latitudes del país no se deben sólo a las presentes administraciones, el mal estado de las cosas no es exclusivo de los que están o estamos ahora ni de este pedacito del país, es cierto. Sin embargo esto no debe ser un consuelo de tontos, maquillar no es mejorar, distraer no es resolver y esconder no es desaparecer.

Mi performance en este sentido sería una “Guadalajara, Guadalajara” que destaque eso hermoso que tenemos, pero que también y sin eufemismos retrate todo lo demás, los baches y corralones llenos de autos en mal estado, la polución y demás, no para echar culpas, sino para partir de una Guadalajara sentida, vivida y real.

Publicado en Comunicación
Domingo, 03 Abril 2016 00:04

Imposición feminista (Parte I)

Realicemos un pequeño ejercicio. Estando en el lugar en que se encuentre, señale usted con su índice o simplemente voltee su mirada hacia “arriba”.  Si usted realizó este pequeño ejercicio correctamente (no pretendo insultar su intelecto), usted miró hacia el cielo o apuntó hacia el techo de su habitación. Pero, ¿por qué usted no señaló o volteó su mirada hacia el suelo de su habitación?

Este ejercicio no es para insultar la inteligencia de nadie, ni para descubrir quién es más inteligente o quién es más bruto. No es un test. Es un ejercicio para presentarle a usted, de la manera más pragmática, el concepto de “perspectiva”. Cuando usted señaló o miró hacia el cielo o el techo de su habitación, usted, en relación al sujeto ficticio que llamaremos “Pei Pei”, situado en el extremo opuesto del mundo, miró hacia “abajo”.

Es el punto de referencia lo que determina la “perspectiva”.  Para nosotros, aquí en México, el punto de referencia es el mismo y está claro: arriba es lo que está por encima de nuestra cabeza y en oposición del suelo, que sentimos bajo nuestros pies. No hay confusión. Pero cuando relacionamos nuestra perspectiva, cuando comparamos nuestra referencia con aquella de “Pei Pei”, entonces nuestro mundo se viene abajo… o arriba… da igual: nace un conflicto.

La forma lógica y segura para resolver este conflicto de “perspectivas” es constituir un nuevo punto de referencia que nos permita entender sobre qué… o bajo qué… cómo sea, da igual… se está desarrollando nuestro intercambio de perspectivas.

Ahora, con este pequeño ejercicio fresco, cambiemos los conceptos. Cambiemos “arriba – abajo” por “violencia de género – afabilidad de género” (en tanto que es antítesis de lo violento). A primera apariencia, parece un conflicto fácil de resolver, un ejercicio sin complicaciones, tal como lo fue el ejercicio de “arriba-abajo”. Pero nada es tan sencillo y mucho menos en una sociedad en que la perspectiva se ha estado construyendo en referencias (al respecto) incorrectas, impuestas, excluyentes y llenas de intereses políticos.

Con todo el sentir y pésame de mi obeso y pobre ser, declaro que el video de Gerardo Ortiz no es una apología a la violencia de género. Lo siento y llego casi a repugnarme porque mis palabras puedan ser interpretadas como abogacía hacia el género musical que más odio… más, incluso, que el calor del sol (y quienes me conocen, saben mi eterno odio hacia el sol y su estúpido calor abrasante).

En algún momento, durante el inicio de la denuncia contra el video musical del cantante de narco-corridos (o lo que fuere, para el caso a mí toda esa cultura me resulta deleznable e igualmente asquerosa), un grupo o una persona, con una mediocre perspectiva sobre la “lucha de género”, divulgó la declaración acerca de que lo ocurrido en el video musical era una “apología” a la violencia de género. No podría estar más equivocada dicha persona o comunidad. Y si usted piensa argumentarme en la sección de comentarios que, precisamente, se trata de una apología de la violencia de género, con anticipación le informo que lo que usted pueda decir es parte de un discurso preconstruido, es decir, está “borregueando” ecos de lo que escuchó en algún lado y sin pensarlo imitó, así como un infante imita al adulto, sin pensarlo, sin dudarlo, sin reflexionarlo.

Una apología es, específicamente, un discurso (sea oral o escrito) en el cual se manifiesta explícitamente la simpatía y apoyo hacia una ideología, persona o acción. No busque una definición en Santa Wikipedia o en Santo Google y, si lo hace, hágalo para corroborar lo que le he comunicado, no para buscar una forma de contradecirme y alegar la existencia de una “apología implícita” o “apología subconsciente” o “apología subliminal”… No lo haga, por favor. Dichos conceptos requieren del desarrollo de una hipótesis cuyas variables teóricas me dan un ligero dolor de cabeza, y que difícilmente podrá sustentar con citas obtenidas del santo de su devoción (Google, Wikipedia).

Si, por otro lado, pretende iniciar la discusión sobre un discurso visual apológico, entonces le acepto su debate, pero sépase advertido que relatar lo sucedido en el video musical (hechos narrativos-visuales) no es un argumento del discurso visual. Pero no estoy aquí para debatir sobre el discurso visual, aunque reitero mi accesibilidad para discutirlo en la sección de comentarios. No, mi interés radica en hablar sobre la pobre perspectiva de este grupo de ideología feminista-clacisista-elitista, que acusa y asegura la existencia de una apología de la violencia de género y la misoginia.

Repito, el video musical del autor Gerardo Ortiz no es una apología a la violencia de género y mucho menos esta pobre y estúpida declaración debe ser considerada como un factor acreditable para la censura y la penalización. Lo anterior lo digo con un dolor en la boca de mi estómago: mientras escribo estas líneas no puedo no pensar que se presten para interpretarse como defensa de esa narco-banda-cultura que tanto aborrezco, pero debo hacerlo porque la imposición de estos “estándares morales”, pretendida por esta comunidad de personas (feministas y clasistas), no se encuentra en el mayor de los intereses de una ética social benéfica para el desarrollo de su cultura.

El compañero de este portal, periodista y escritor, Omar Sánchez, se ha manifestado en contra de esta imposición de estándares o paradigmas morales, tal como lo han hecho otros miembros de la comunidad “feisbuquera”. ¿Qué es lo censurable, de acuerdo al argumento de “apología de la violencia de género” dentro del amplio y variado mundo artístico? Es la hipótesis que Omar Sánchez, Gerardo Esparza (conocido columnista), Zul de la Cueva (polemista y articulista) y otros más han presentado. Si existe la representación gráfica o literaria de una mujer asesinada o agredida o violentada, ¿es una “apología de violencia de género” y debe ser censurada? Omar se pregunta si Leoncavallo debe ser censurado y su obra prohibida de presentarse en México; Gerardo se pregunta si Schoppenhauer, por igual, debería ser censurado y prohibida su lectura… Ambos cuestionamientos, la misma reflexión, me resultan acertados y la reflexión propia de una autocrítica, a la que como ciudadano debería estar obligado: ¿Quién y cómo se determina lo que debe o no ser censurado de acuerdo a los preceptos de una ética social que tenga como objetivo el desarrollo y progreso del individuo en la comunidad y como sociedad? En este caso, ese “quién” y ese “cómo” es claro, por lo menos para mí lo es: la comunidad pseudo-feminista de clase media/media-alta con educación media-superior/superior.

Ese feminismo aberrante que promueve la ideología de la victimización y la compensación social ante la auto-martirizante figura de la mujer. Ese feminismo que culpa a la sociedad y la cultura de un problema que sólo afecta a las mujeres, Ese mismo que las excluye de dicha sociedad porque son mujeres y, en su incongruente lógica, no sólo son víctimas, sino que también son salvadoras de la sociedad, promoviendo el repudio ante la equidad y exigiendo favoritismo y preferencialidad social-legal con argumentos de “igualdad”. Y gran evidencia de mi acusación se encontrará en el odio que despertará ésta misma: un estado fascista ideológico en que acusar a la mujer, de lo que fuere, es un acto de misoginia y “retrogradismo”… véase el caso de Schwebel quien, señalando el despreciable modus operandi de nuestra ideología de género, fue acusado de presentar un discurso “misógino” y tuvo la consecuencia de reprobación “ética” y hasta le cambiaron el nombre a las “edecanes” en Guadalajara, que ahora son “asistentes de protocolo” pero que, pese al nombre, siguen siendo un “trozo de carne” que ejerce la labor de presentar “buena imagen” y por la cual ganan dinero.

Gerardo Ortiz fue víctima del feminismo… quién lo va a creer. No señores, no, el video del susodicho no es una apología ni al crimen ni a la violencia de género. El video no deber ser censurado por ello, aunque al señor Ortiz sí se le debe investigar, así como a Fiscalía, por el uso indebido de recursos públicos. Pero eso es otra historia.

La perspectiva general ha sido trastocada y fuertemente influenciada por esta ideología feminista que quizá presente alegatos de que, en un país como México, donde existe una severa y lamentable problemática de seguridad pública que afecta al sector femenino, es un acto que fomenta y sugiere la perpetuación de dicho problema, fraguando así un silogismo que aboga al sentimiento del público para obtener simpatizantes, además de servirse como apoyo del no tan extenso pero existente repudio hacia dicha narco-banda-cultura por parte de un limitado pero existente sector clasista, en el cual me siento casi inmiscuido. Ese sector que delega el criterio del análisis social al prejuicio de clase social manifestado en diversos elementos culturales: lectura, cine, música, teatro, etc.

¿Por qué el video musical de Ortiz es una “apología de la violencia de género” y no lo es así el asesinato de la colombina Nedda, quien murió a manos de su esposo al descubrir su infidelidad, exactamente como sucede en el video musical del cantante Ortiz?. Les diré por qué: porque un grupo feminista en México se sintió ofendido. Punto. Finito. Fin. No busque otra explicación, no la hay; y si se la presentan le aseguro que será injustificable y argumentalmente incongruente.

La violencia de género es un problema real en México y el problema inicia al tergiversar la perspectiva de lo que es un problema de seguridad con la creación de una figura victimizada y mártir de una causa “noble”. ¿Cree usted que estoy siendo “machista” y que ataco a los movimientos feministas sin razón y con sugerente “misoginia”? Bueno, contésteme usted entonces una sencilla pregunta: si se presentase la denuncia contra mi persona por “machista y misógino” y se decretase mi censura en cualquier medio de comunicación, ¿la violencia de género disminuirá en México? Si el video de Ortiz, así como de cualquier otro exponente del género musical o de cualquier otro género o de cualquier otra forma de expresión artística, fuese censurado, prohibido su consumo, ¿la violencia de género disminuirá en México, porque ya no hay quien la “promueva” mediante “apologías”?

En mi opinión, es de ingenuos y estúpidos creer que así será. Ingenuos porque ignoran la intrincada raíz problemática de la enfermedad cultural-legal que México padece y de estúpidos porque se empecinan en que el cielo sólo está arriba de ellos. 

Publicado en Análisis social

¿En qué reside el miedo que vive el mexicano?
¿Reside acaso en el temor de convertirse en una cifra estadística, de ser el número 44?
¿Reside en la incertidumbre de saber si serás “navajeado” por resistirte a entregar tu Smartphone, por el que trabajaste varias quincenas, a un patán que te lo exige cuchillo en mano?
¿Reside en la ambigüedad de saberte protegido por quienes perpetran tu bienestar, pese a su “juramento” de servir y salvaguardar tu seguridad?

No. El día de hoy, los narco bloqueos que sufrió el estado de Jalisco y su capital (mayormente), activaron el verdadero temor de México: saber que si así lo quieren, los sicarios del crimen organizado, no hay nada que pueda el gobierno hacer para defendernos, para protegernos de su acometida.

¿Qué mensaje se encuentra en las acciones criminales y de terror que acontecieron el día de hoy? El mensaje fue para nuestros gobernantes: “Mira lo que podemos hacer si nos traicionas”.

El gobernador del estado, Aristóteles Sandoval, dio parte de lo sucedido: contando un total de 39 “narco-bloqueos” y 7 muertos. El anuncio no fue para rendir cuentas a la ciudadanía, en su lugar, fue una humillante y desvergonzada declaración de derrota e incapacidad.

Las llamas y los humos que cubrieron la ciudad no son si no el eco del terror del que somos rehenes todos los mexicanos. Los 43 estudiantes asesinados también lo son. Asimismo, los miles o cientos de miles de asesinatos (sean narcos o civiles) que la “guerra de guerrillas” ha dejado arrojado como cifras rojas en la historia.

El miedo del mexicano viene en el silencio de la verdad que pocos anuncian y que por nuestra salud mental, bienestar de nuestra calidad de vida, pocos aceptan: “El narco puede más que el gobierno”.

Los noticieros y la vox pópuli le llaman “inseguridad” y no es incorrecta la utilización de dicho término: tenemos miedo de la inseguridad. Pero al ocultar tras ese término, meramente político, se corre el riesgo de que sea utilizado como arma de doble filo, sobre todo en tiempos como éste (elecciones) para acusar y ganar el favor de simpatizantes al decir “El PRI es el culpable… Peña Nieto es el culpable” etc.

El utilizar y postergar el término de “inseguridad”, México está solventando el horror en que es presa todo mexicano honesto, toda su sociedad. Al utilizar el término “inseguridad” se aminora el verdadero temor del mexicano, pues ciertamente yo como mexicano, así como muchos, tengo miedo a la inseguridad en la que vivo. Pero el origen de tal temor no es en sí la inseguridad, sino aquello que lo promociona, que lo ejecuta, que, como el día de hoy, lo expone como el verdadero temor: el miedo a una fuerza relativamente contenida, suciamente ocultada pero evidentemente enmarañada en el Estado mexicano, ese miedo de saber y no querer reconocer que México ha sido derrotado ya hace mucho tiempo por el narco.

No nos equivoquemos, el día de hoy no vivimos el pánico y el caos, el miedo a las flamas y el humo violento que cubrió la ciudad y todo el estado de Jalisco en general. El día de hoy vivimos el miedo de saber que 39 bloqueos y un vehículo militar (el helicóptero de la Sedena) sucedieron en una perfecta ejecución, sin impedimento, sin obstrucción, sin oposición, sin respuesta efectiva, con sólo un humillante y vergonzoso anuncio oficial de nuestro gobernador: Sucedió y no hizo nada para evitarlo.

Sistemas de seguridad e inteligencia civil y militar fueron opacados, violentados y arrebatados de su “autoridad” como niños a los que se les quita un dulce sin que ellos puedan siquiera hacer algo; sólo llorarle a su madre.

Durante los hechos, sostuve una conversación con un amigo, el cual recuperó de pláticas anteriores el asunto de llamar y declarar un “Estado bélico” y permitir al ejército nacional actuar en territorio nacional. “No se les está permitido, es anticonstitucional” le respondí con dolor. “Y aún si el máximo general del ejército, el presidente de la república (nótese la falta de capitales), declarase estado bélico y el ejército y la marina y las fuerzas especiales actuaran en una verdadera guerra contra el narco, no es sino un sueño húmedo de muchos mexicanos hartos de la “inseguridad” en que viven. Ya una vez, un presidente (también sin capital) intentó utilizar todas las fuerzas del ejército sin encontrar apoyo del senado, ni apoyo de la ciudadanía y los resultados de esa “guerra” bueno... pueden consultarla en cualquier hemeroteca virtual: Llena de cifras rojas y sin ningún efectivo resultado.

Ya pasó el miedo por hoy (eso esperamos todos) y confiamos en que pronto esa “certidumbre” de paz y tranquilidad se restablezca, aunque sea momentáneamente; como estamos acostumbrados.

Publicado en Divulgación
Viernes, 10 Abril 2015 00:00

Estás hasta la Calzada

“De la Calzada para allá” o “estás hasta la Calzada” son expresiones tapatías muy conocidas y que representan una verdad conocida y vivida, pero no comentada, es decir; normalizada. La ciudad de Guadalajara es una ciudad dividida como dijera el investigador estadounidense John Walton en un texto de 1976 que se volvió clásico del tema de la segregación espacial, “Guadalajara: creating the divided city”.

La ciudad de Guadalajara, no es por supuesto el único caso de una ciudad dividida, ni se cuentan pocas ciudades que han transitado y transitan procesos de segregación espacial. Pero es, sin dudas, una ciudad donde este fenómeno tiene mucho arraigo, mucha historia y  muchas consecuencias visibles. La fundación de la ciudad, como muchas ciudades coloniales fue una traza ortogonal, es decir; una traza cuadricular partiendo del centro, donde se fundaba la plaza de armas, el palacio municipal, el templo principal y algún otro edificio de importancia. La repartición de los lotes según su cercanía a este centro  territorial, político y administrativo se hacía según la jerarquía social; se estaba más cercano a esta primera cuadricula mientras más jerarquía se tuviera.

Al otro lado del río San Juan de Dios (después paseo Porfirio Díaz y hoy Calzada Independencia), se encontraba Analco lugar asignado a la población indígena. Con el paso del tiempo la ciudad fue creciendo y el límite simbólico y físico del río no fue suficiente, con la creciente población de clase baja y la “tugurización” del centro la clase alta pintó su raya nuevamente en varias ocasiones cruzando primero la Avenida Alcalde, Avenida del Federalismo, Avenida Tolsá (hoy Enrique Díaz de León), y más allá cruzando los límites de Zapopan. La ciudad catrina, siempre con la intensión de alejarse primero usando avenidas, hoy usando muros y seguridad privada tal como representan los cotos, se ha negado a la integración con la excusa de la seguridad.

Hablar de segregación espacial en Guadalajara, es referirse primero a una separación étnica y luego económica, pero sobre todo simbólica. El quién es quién de los tapatíos está ahora íntimamente ligado al status de vida, al modo de vivir la ciudad, a las condiciones diferenciadas del espacio público, tamaños de servidumbre, plazas, servicios, condiciones de áreas verdes, tamaños de viviendas, trebejos domésticos y modelos de automóviles. Guadalajara hoy y siempre, quiere decir “dos Guadalajaras” o Guadalajara, la ciudad dividida. “De la Calzada para allá” habla de una lejanía donde esos otros son algo ajeno, algo fuera de, algo desconocido, algo sub, algo medio tapatío, ¿tú de qué lado vives?

Publicado en Análisis social
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