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Lunes, 23 Noviembre 2020 15:35

La mitología de la 4T

La mitología de la 4T

Por Luis Enrique Ortiz Gutiérrez

Desde antaño, los historiadores y los antropólogos han intentado establecer qué es lo que distingue a la historia de los mitos. De acuerdo con diversas teorías, mientras la historia pretende describir objetivamente eventos pasados e indagar sus causas, los mitos se presentan como relatos fantásticos, en los que se exponen personajes con cualidades sobrehumanas y hechos inusuales. La oposición entre historia y mito se presenta desde sus pretensiones teóricas: por un lado, el estudio de la historia intenta reconstruir los acontecimientos de la forma más fidedigna posible; por otra parte, los mitos no tienen el propósito de describir hechos tal como ocurrieron, sino mostrar alguna lección, a veces de carácter moral, de los eventos relatados.

Pero también existe la “historia mitológica”, que podría definirse como una narración en la que son mezclados tanto elementos del estudio histórico como relatos fantásticos, propios de los mitos. La historia de México, tal como es narrada en los libros escolares, es el mejor ejemplo. En este caso, la descripción histórica se caracteriza por relatar hazañas espectaculares (por ejemplo, el Pípila, el Niño Artillero, etc.) y por dar explicaciones de las causas de los acontecimientos históricos en términos de roles de personajes novelescos: unos son los héroes, otros son los villanos. Esto se debe a que la pretensión de la “historia mitológica” es, en parte, la misma del mito: aleccionar a las nuevas generaciones mediante la narración de aquellas gestas legendarias. En este sentido, la “historia mitológica” se presenta como un modo de justificación ideológica en la que se intenta dar legitimidad a las políticas del presente presentando sus antecedentes históricos. Así, la “historia mitológica” pinta una imagen global de la historia del país, en la que los males y desgracias, pasados y presentes, han sido causados por villanos (los españoles, los conservadores, los norteamericanos, los franceses, Porfirio Díaz, etc.), mientras que los logros y avances importantes se han debido gracias a los actos heroicos de los próceres patrios (los insurgentes, los liberales, los revolucionarios, etc.).

La llamada Cuarta Transformación tiene su “historia mitológica” que es, de hecho, la misma de los libros de texto de primaria. Esta historia se puede descifrar desde el logo del gobierno de la república, en el que las figuras de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero y el tata Lázaro Cárdenas aparecen en orden cronológico. Son éstos los grandes héroes –desde luego, hay otros que no alcanzaron cupo en el logo, como Zapata o Villa- que nos dieron patria y libertad, y cada uno de ellos representa las tres grandes transformaciones nacionales: la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Por supuesto, los historiadores no se cansan de mostrar que los acontecimientos históricos manifiestan una gran complejidad, irreductible a una interpretación simplista en términos de luchas de “héroes y villanos”, tal como lo propone la “historia mitológica”. Recientes descubrimientos arqueológicos han evidenciado que la imagen romántica del mundo prehispánico, en el que las diferentes etnias vivían en paz y armonía antes de la llegada de los europeos, dista mucho de ser real; en concreto, los ominosos relatos de Bernal Díaz del Castillo acerca de la cultura mexica, otrora demeritadas por servir como justificación de la conquista española, hasta palidecen frente a lo que han revelado tales descubrimientos. Por otro lado, el hecho de que la Independencia de México se haya debido a que el clero y la aristocracia novohispana decidió apoyar, de un momento a otro, a los insurgentes –reducidos en la década de los 1820 a un puñado de guerrilleros lidereados por Vicente Guerrero, cuya lucha no tenía futuro alguno- como respuesta a las reformas liberales de Rafael de Riego en España, no cuadra muy bien con el relato mitológico acerca de la lucha insurgente. El caso de la Revolución mexicana es aún peor: la “historia mitológica” coloca en el mismo panteón a personajes históricos que realmente eran adversarios, cuyos objetivos eran muy distintos e incluso antagónicos.

En todo caso, la 4T no solo se apoya ideológicamente en esta concepción romántica, superficial y chapucera de la historia nacional, sino que pretende elaborar ya su propio episodio. ¿En qué consiste la mitología de esta “nueva etapa” histórica? Según esto, a partir de 1982 se impuso, por presiones del Fondo Monetario Internacional y otros organismos financieros mundiales, el “modelo neoliberal”. Este supuesto modelo político y económico ha sido, de acuerdo con este relato, el responsable de los problemas más recientes del país. Así, los gobiernos neoliberales se habrían encargado de desmantelar el estado de bienestar social y la economía estatista-nacionalista, privatizando las empresas paraestatales e implementado una estrategia para debilitar a las instituciones de salud y educación pública, para posteriormente privatizarlas también. Entre tanto, dichos gobiernos habrían fraguado oscuros contubernios con grupos empresariales para obtener privilegios mutuamente, ya sea al margen de la ley, ya sea modificándola para cuadrar con estos intereses. A resultas de todo lo anterior, la política mexicana se ha corrompido y la economía se ha puesto al servicio de los ricos y poderosos.

De esta manera, la “historia mitológica” de la 4T presentaría al nuevo gobierno como continuador de aquella línea heroica del pasado, solo que ahora la lucha ya no se realizaría mediante las armas sino mediante una revolución pacífica, desde las instituciones. Y como en toda mitología es necesaria una figura heroica, la 4T tiene el suyo, quien no es otro sino el mismo Andrés Manuel López Obrador quien, en las dimensiones que ha llegado a adquirir esta mitología, se ha presentado claramente como un líder mesiánico. Por ende, la mitología del lopezobradorismo se ha encargado de resucitar el caudillismo, tan caro para la historia latinoamericana. De igual forma, en este relato se muestra una cierta imagen nostálgica del modelo estatista-nacionalista, heredado de la Revolución, que se caracterizó por el intervencionismo gubernamental y el proteccionismo. Esta nostalgia por el viejo modelo permitiría entender muchas de las propuestas e iniciativas de la actual administración.

La cuestión es qué tanto estas interpretaciones históricas se corresponden con los hechos. Para empezar, ¿se sostiene la teoría conspirativa de la imposición extranjera del neoliberalismo? En principio, los proponentes del término “neoliberalismo” no se han tomado la molestia de definirlo con precisión –vagamente, dicho término alude al libertarismo, a la economía neoclásica y a las políticas de libre mercado-. En el fondo, no es más que un anatema utilizado por la izquierda latinoamericana para denostar cualquier postura rival. Sin embargo, podríamos reformular la pregunta para analizar la cuestión de forma más precisa. Entonces, la pregunta más bien sería: ¿es el caso que México se ha convertido, desde la década de los ochenta, en un sistema capitalista puro y salvaje? De acuerdo con el Índice de Libertad Económica (https://www.heritage.org/index/country/mexico Fecha de consulta: 22/11/2020), la república mexicana ocupa el lugar número 64 en el listado de países con mayor libertad económica; esa posición se explica por los altos niveles de gasto gubernamental, los altos gravámenes al ingreso y las ganancias, así como las regulaciones estatales, todavía muy numerosas, a las que están sujetas las actividades económicas. Es decir, estamos muy lejos de ser el capitalismo de laissez-faire que ha pregonado en tono de alarma la izquierda nacional.

Es propio de las interpretaciones superfluas de la historia considerar que todos los problemas son provocados por un solo factor. La hipótesis de que esa entidad ficticia llamada “neoliberalismo” representa semejante factor simplemente carece de fundamentos, pero retóricamente resulta muy eficaz. ¿Qué puede ser más persuasivo que enfocar todos los problemas en una causa única, sea real o imaginaria?

Sin embargo, hay algunos puntos del diagnóstico de la 4T que pueden ser parcialmente ciertos. Es innegable que en México han existido ciertas prácticas que los economistas denominan como crony capitalism -que se podría traducir coloquialmente como “capitalismo de cuates”-, en el que se obtienen jugosas ganancias por medio de alianzas entre hombres de negocios y la clase política. Pero esto no inició en 1982, sino que es una de las más nefastas herencias del modelo estatista-nacionalista. El proteccionismo económico significa, siempre y en todo lugar, protección de intereses particulares –por ejemplo, la imposición de aranceles se argumenta como una medida para “proteger” a los empleos locales, pero en realidad provoca que las empresas beneficiadas por los aranceles vendan sus bienes y servicios a altos precios, sin preocuparse por su calidad, lo que irremediablemente perjudica a los consumidores-. Por lo cual, la receta más efectiva contra el “capitalismo de cuates” es la libre competencia. De ahí que, si se pretende “acabar con los privilegios”, regresando a las políticas estatistas, se estará intentando combatir el incendio arrojando gasolina.

Claro está, los ideólogos del lopezobradorismo convenientemente omiten los problemas del viejo modelo estatista-nacionalista que tanto añoran. En su “historia mitológica”, no se menciona la ineficiencia de las empresas paraestatales, los vaivenes de la economía producidos por la dependencia en las exportaciones petroleras y los excesivos gastos gubernamentales, con sus respectivos déficits presupuestales, que condujeron a la adopción de políticas inflacionarias; factores que, en su conjunto, causaron las devaluaciones y crisis económicas de los años setenta y ochenta. Aquí sí aplica la amnesia histórica.

Por otra parte, la ineficiencia de las instituciones de bienestar social no necesariamente se puede atribuir a la liberación económica –y los sistemas de bienestar social europeos se pueden citar como los mejores contraejemplos-, sino que es una consecuencia de su propio carácter público. La razón principal es la siguiente: dado que sus recursos provienen del erario público, éstos están, de cierta forma, garantizados, de lo que resulta que no existen incentivos para que se ofrezca un servicio eficiente al usuario. Añádase que la burocracia, que es ineficiente por naturaleza, no toma decisiones en función de los resultados; las toma en razón de intereses políticos. Si estas instituciones son propensas a la corrupción, se debe a su misma organización burocrática, pues sus funcionarios no tienen necesidad de asumir los costos de sus decisiones: pase lo que pase, los ingresos están garantizados. En consecuencia, la teoría conspirativa de que los gobiernos neoliberales “dejaron caer” a las instituciones de bienestar social para privatizarlas simplemente no se sostiene. Más bien, si nos preocupamos por el terrible nivel en que éstas se encuentran, habría que identificar primero sus problemas específicos y luego proponer incentivos que permitan brindar un buen servicio a los usuarios.

En suma, los males que aquejan a nuestro país no pueden ser explicados en términos tan reduccionistas. El problema es que, de un diagnóstico fantasioso e incorrecto de la situación socioeconómica y política del país, no se pueden esperar políticas correctas para resolverlos. Por supuesto, no pretendo sugerir que los errores y torpezas de la actual administración se deriven directamente de su concepción de la historia nacional. Mas puede darnos una idea de cómo razonan y cómo actúan sus representantes. Esto es útil para saber a qué atenernos.

Muestra de ello es que, hoy por hoy, los canales de comunicación entre gobierno y sociedad civil están sujetos a la aceptación incondicional de las opiniones y dictados del gran líder. Si su concepción histórica se caracteriza por la lucha entre héroes y villanos, esta lucha, a los ojos de ideólogos y simpatizantes del caudillo, está más viva que nunca en el debate público. Esto los lleva a pensar que su misión, como futuros próceres de la patria, es defender a toda costa al gran jerarca ideológico. A final de cuentas, creen que están haciendo historia; aunque, para su desgracia, solo están viviendo mentalmente su propia “historia mitológica”. El gran problema es que, en el terreno de los hechos, nos están conduciendo a todos al despeñadero.

Publicado en Análisis social
Viernes, 23 Febrero 2018 01:58

Ertuğrul Ghazi versus las cáscaras de plátano

Ertuğrul Ghazi versus las cáscaras de plátano

El mundo es una constante decepción si uno se atreve a fijarse en esto que decía el grupo de rock español, Los héroes del silencio: “Las cosas más triviales se vuelven fundamentales”. Y es que desde esta perspectiva donde lo trivial aplasta lo fundamental, donde la ficción y la farándula son más conocidas que la realidad; la banalidad invade tierras que no le pertenecen, es como un mundo del revés, pero lamentablemente es nuestro mundo. Si por ejemplo se preguntara al azar y alrededor del mundo quién es Superman, hay una alta posibilidad de que cualquiera sepa, pero si la pregunta fuera quién es Ertuğrul Ghazi, incluso a mucha gente considerada culta, serían contadas las respuestas correctas. Me cuento entre los que ignoran muchas cosas importantes y en cambio conocen trivialidades.

Lo que hizo Ertuğrul durante su vida no tiene que ver únicamente con la gran estepa euroasiática, sino que modificó gran parte de la dinámica y de las fronteras del mundo medieval y moderno. Si se cuenta a su bisabuelo hasta nuestros días, se conoce su genealogía familiar completa; su tumba (junto con su familia y algunos generales suyos) se conserva hoy día en Söğüt Turquía; en Türkmenistán hay una preciosa mezquita con su nombre; un buque de Guerra y un cuerpo de caballería del ejército turco durante la primera guerra mundial llevó su nombre, la primer moneda acuñada para el Imperio turco- otomano llevaba su imagen, todos sus descendientes de línea directa fueron emperadores del Imperio turco- otomano por al menos seis siglos hasta su desaparición. Son algunos de los referentes por los que ignorar quién fue Ertuğrul, y saber quién es Superman es equivalente a tirar el plátano y comerse la cáscara, pero la elección de la cáscara sobre el plátano no es del todo nuestra culpa: es un contexto algo jodido. Lo que no implica que debamos conformarnos, tenemos que revertir trabajando en nuestra cultura. Y trabajar en nuestra cultura implica retomar lo que Ortega y Gasset planteaba: es hombre masa, es hombre muchedumbre, no el pobre, ni el rudimentario; es muchedumbre solo el hombre que no se exige así mismo, que vive auto complaciéndose, dándose prórrogas.

Para comprender quién fue Ertuğrul Ghazi, debemos entender la mentalidad que heredó de una dilatada tradición de prácticas sociales cocinadas desde antes del siglo V desde las llanuras de Manchuria hasta la península de Anatolia. La vida nómada de esta zona del planeta a menudo es vista como un resabio de la prehistoria humana; interpretación totalmente errónea. Ya que diversas tribus, confederaciones tribales, dinastías e imperios entretejieron una riquísima historia entre muchos grupos y subgrupos étnicos.

La gran movilidad geográfica de estos pueblos esteparios provocaba contactos no siempre amistosos entre chinos, mongoles, proto-túrquicos, persas, tártaros, sármatas, griegos, romanos, avaros, hunos, escitas, kosakos y eslavos, todos con una gran tradición militar y ecuestre. Ellos vivían tan apegados a sus caballos que habían olvidado como era estar de pie; y tan acostumbrados a sus armas que no traer armadura, espada, arco, escudo, daga y al menos otras doce armas era tanto como salir desnudo. El contacto de estas tribus dio pie a un rico intercambio en las áreas política, social, religiosa, militar, lingüística y comercial que no había acontecido antiguamente. La primera agrupación en usar el término türk (fuerte)del que deriva la expresión turcomano o túrquico, fueron los khanes del Qayanato Körktürk (turcos del cielo, en referencia al dios del cielo: Tengri) a mitad del primer siglo de nuestra era. Este Qayanato ya usaba el mismo sistema político y económico que siguieron usando turcomanos y mongoles. Los Körktürk eran tipos tan duros que estaban dispuestos a pelear a muerte solo porque un vecino los mirara feo.

Tanto los turcos como los mongoles reconocen un ancestro común (sorprendentemente coincidente en muchas fuentes históricas) en Oghuz Khagan. Este personaje tiene trazos mitológicos como se sabe, pero cierto es que impulsó el islam y refinó el sistema de beylicatos confederados, que usaron los estados e imperios de Asia central como el mismo Qayanato Körktürk, el Imperio mongol y el Imperio turco- otomano. Para darse una idea de que Oghuz Khagan no podría dedicarse a la poesía, pero que era la testosterona pura sólo revisemos su lema: “El cielo es nuestro techo y el sol nuestra bandera”.

Ertuğrul nació en el 1198 y pertenecía a la tribu kayi o kayilari y esta tribu a su vez correspondía a la confederación tribal Oghuz (una entre muchas confederaciones), dicha confederación estaba liderada por la dinastía selyúcida quienes constituyeron el Sultanato de Rüm en la parte más occidental de la península de Anatolia. Este sultanato tenía una cantidad importante de enemigos, por ejemplo, otros sultanatos túrquicos, qayanatos mongoles liderados por Ogodei -el nieto de Gengis Khan-, el Imperio de Trebisonda y el Imperio bizantino bajo Alejo II que en asociación del papa Urbano II fueron participantes activos de las guerras cruzadas.

Los kayilaris como otros nómadas de Anatolia eran feroces guerreros, el sueño de cualquier niño normal era ser un alp de su tribu y morir en batalla contra el enemigo. Cuando cumplían 6 años les hacían la circuncisión y en vez de regalarles un teléfono celular o un gatito, les obsequiaban su primera arma y comenzaban su entrenamiento militar. El padre de Ertuğrul, Suleimán Shah -originario de la zona persa-, lideraba la tribu kayi cuando las grandes migraciones turco-mongolas empezaron su incursión más al occidente y como las tribus de la confederación Oghuz eran reducidas, además de estar dispersas en un territorio muy extenso que ahora comprende Irák e Irán; migraron dirección al sultanato de Rüm. Durante una persecución mongola, Suleimán Shah se ahogó en el río Éufrates y Ertuğrul heredó el beylicato. Una vez cerca del dominio selyúcida los kayilari pasaron hambrunas debido a la pérdida de ganado en su éxodo del oriente y falta de preparación ante el invierno, pero a pesar de todo obtuvieron sonadas victorias sobre diversos enemigos tanto por tácticas militares que Ertuğrul había aprendido de sus hermanos mayores Gündoğdu y Sungurtekin, como por estratagemas políticas ideadas por su madre Hayme Hatun o Hayme Ana. El costo en vidas humanas de estas victorias, sin embargo, fue grande y vivían en tal estado de alerta que conocían sólo el adormecimiento, que es la primera de las cinco etapas del sueño.

 El sultán de Rüm, Aladín Kaikubad I sabiendo de las victorias kayi y acechado desde todas direcciones por sus enemigos solicitó a Ertuğrul su apoyo a cambio de las tierras cercanas a la ciudad bizantina de Thebasion. Las apuestas desfavorecían a los kayis de tal modo que ni un apostador borracho y desesperado de las Vegas pondría un dólar a su favor,  a pesar de esto Ertuğrul fue directo al combate sin consultar ningún adivino u observar la alineación de los astros porque consideraba que estas prácticas era más propicias para comadres de vecindad que para un guerrerotemerario quemientras tuviera un caballo, un tazón de cuajada, una pierna asada de cordero y la bendición de Alá podía combatir como un toro furioso todo el día.

Con sólo un contingente de 400 alps, Ertuğrul logró derrotar a los bizantinos que estaban parapetados en el castillo Karakahisar y conquistó Thebasion a la que renombró Söğüt. Se cuenta que cuando los comandantes del Karakahisar vieron a los kayis llegar, temblaron más que las hienas al escuchar el nombre de Mufasa y para cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando estaban afuera de la ciudadela con una mano atrás y otra adelante. Al conquistar la ciudad, Kaikubad I concedió el título de Emir a Ertuğrul y este fundó un pequeño estado en Söğüt que fue ganando autonomía y territorios, de tal modo que la misma dinastía selyúcida se convirtió en vasalla.

Uno de los hijos de Ertuğrul, Osmán I extendió considerablemente los dominios de su padre y fundó un imperio, a su vez un hijo de Osmán; Orhán el segundo emperador, lo llamó Imperio osmalíe en honor a su padre y cuya transliteración es “otomano”: el Imperio turco- otomano, que en realidad y sorprendentemente no es otra cosa que el crecimiento de la pequeña tribu kayilari. El Imperio turco- otomano desde el siglo XIII al siglo XX llegó a tener una extensión que incluía los países del norte de África, Asia central y Europa oriental llegando hasta las inmediaciones de Viena en Austria. Ertuğrul murió a los 83 años en la ciudad en Söğüt, vivió sus últimos días como un lindo abuelito enseñando a sus nietos cuál era la técnica más rápida para acabar con un bizantino o un mongol y con la satisfacción del deber cumplido, sin haber perdido siquiera un juego de piedra papel o tijera.  Pocos los caudillos y dirigentes que llegaron a una edad tan avanzada. Primeramente, por el bajo promedio de vida en la Edad Media debido a las epidemias y hambrunas. En segundo lugar, porque regularmente los líderes políticos y militares medievales, aún los pertenecientes a la realeza, eran los primeros en presentarse al combate, de hecho, muchas batallas se decidieron en combate singular bey contra bey, khan contra khan o rey contra rey. No eran chicos que buscaran la comodidad de un hotel cinco estrellas y mandaran a otros a pelear sus batallas. Así las cosas, Ertuğrul Ghazi es todo lo que muchos líderes modernos no pudieron ser, ni quisieron ser; pero es en todo sentido lo que debería ser un líder que se precia de serlo. Ignorar su vida y conocer la de los farándulos es comerse la cáscara y tirar el plátano.

Comentarios a pie de página:

-       Su tataratataratatara… nieto Ertuğrul Osmán Osmanoğlu, poliglota y verdadero cosmopolita fue el primer descendiente no emperador, cuando en 1927 el Imperio pasó a ser una República él tenía 12 años y no regresó a Turquía sino en 1992, murió en Estados Unidos en el año 2009.

-       Quedan 24 descendientes vivos entre ellos el más joven Dündar Alí Osmán nacido en 2007 y que por cierto lleva el nombre del hermano menor de Ertuğrul Ghazi.

-       Cuando una vecina adinerada me dice que su abuelo era español, me hace referencia a la misma alcurnia de los osmanlíes, de seguro ambas cosas pueden considerarse una dinastía ¿no?

Glosario para occidentales

Bey: Significa jefe de tribu, aunque su uso se extendía también a los participantes de la tribu que por su jerarquía, liderazgo o experiencia participaban en la toma de decisiones. También los primeros sultanes o emperadores fueron llamados bey.

Hatun: Era una denominación que le seguía al nombre de pila para mujeres de la nobleza, aunque se podía usar como una deferencia de educación y amabilidad a cualquier mujer de una tribu, como se usa la expresión “señorita” ahora.

Ana: Ana significa madre, tanto en un sentido de madre biológica como en un sentido de reconocimiento de liderazgo. Era común que muchos hombres y mujeres que se criaban cercanos a la carpa principal de la tribu llamaran Ana a la esposa del Bey, además porque también era común que los niños y niñas huérfanos fueran realmente criados como propios hijos del Bey y la Hatun principal.

Ghazi: Este término se añadía al nombre de pila de aquellos guerreros que eran reconocidos como héroes, y como defensores férreos del islam.

Alp: Un Alp era un guerrero de la tribu que había sido entrenado desde su infancia en combate cuerpo a cuerpo. Los Alps debían obediencia total a su bey y a veces eran liderados en pequeñas tropas según tuviera función de caballería, arquería, infantería ligera u otras.

Qayanato: El Qayanato o Khaganato es una figura de organización política y militar que reunía varias tribus de manera confederada. Este nombre fue común en los primeros pueblos túrquicos, aunque ya no aparecía como expresión de los selyúcidas sino más en el sistema mongol. Los primeros osmanlíes usaron el término beylicato, para usar después sultanato y finalmente imperio. Los africanos usaron más bien el término califato.

Khan: Jefe máximo de un Qayanato. También hay que recordar la expresión con que se referían a Gengis Khan “khan de khanes”, para designar su liderazgo sobre otros khanes menores.

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El camarada Stalin y los mitos sobre la derrota Nazi

La opinión de los marxistas, particularmente lo ortodoxos, acerca de las atrocidades cometidas en los regímenes socialistas es vacilante. Algunos salen con la clásica "eso no fue el auténtico socialismo que Marx pintó" (falacia de "ningún verdadero escocés"); otros dicen que el sistema sí funciona pero algo salió mal, etc. Pero una de las apologías del socialismo real que siempre me ha dejado estupefacto es el intento de justificar el régimen de terror de Stalin bajo la premisa de que gracias a él no triunfaron los nazis: "Sí, Stalin gobernó mediante una cruel dictadura, pero si no hubiera sido así, habríamos sido aniquilados por Hitler y sus hordas".

Sin duda, la URSS desempeñó un papel crucial en la derrota del nacionalsocialismo en la II Guerra Mundial, siendo uno de los países más afectados (se calcula que murieron entre 50 y 60 millones de personas en ese país). La movilización de un ejército de varios millones de efectivos, a lo largo del frente oriental, fue asombrosa.

Pero la hazaña del Ejército Rojo también tuvo claroscuros, y los marxistas seguidores de Stalin suelen omitir los siguientes puntos:

1) Los alemanes y los soviéticos firmaron, en 1939, el Pacto Ribbentrop-Mólotov, en el que acordaron la mutua no agresión (no respetada después por los nazis), pero que en los protocolos secretos ambos países se repartían parte de Polonia y Europa del Este. Aunque la intención del pacto era plantear a Hitler la posibilidad de la coexistencia pacífica entre ambas naciones, era evidente que el dictador georgiano quería aprovechar la crisis europea para extender su imperio (algo que eventualmente logró, como veremos en el siguiente punto).

2) Decir que los rusos por sí solos derrotaron a los nazis es una exageración sin sustento. Stalin, Roosevelt y Churchill establecieron una alianza (que no estuvo exenta de roces entre los países aliados, dicho sea de paso).  para coordinar sus ataques en defensa y luego de invasión a Alemania. Más aún, en la Conferencia de Yalta, celebrada en febrero de 1945, Roosevelt y Stalin se repartieron prácticamente toda Europa, sin el consentimiento de los gobiernos de los respectivos países (y sin el de Churchill, que infructuosamente se opuso al reparto).  Esto permitió que la URSS se adueñara de la mitad de Alemania y los países Europa del Este, imponiendo sus sistema económico y político, sin consultar a los ciudadanos. Por otro lado, no es ningún secreto que EE UU apoyó con recursos financieros y materiales a la Unión Soviética para la fabricación de tanques, aviones y armas de todo tipo.

3) En la apologética estalinista, se ensalza el papel liberador del Ejército Rojo en el frente oriental, pero se omiten muchas de sus acciones reprobables durante el proceso. Está documentado que los soldados soviéticos se dedicaron a la rapiña y abusaron sexualmente de miles de mujeres civiles alemanas, lo cual no solo fue tolerado sino incluso estimulado por sus oficiales superiores. Hacia el final de la guerra, Stalin impidió que sus tropas apoyaran a los rebeldes de Varsovia que se sublevaron contra el dominio alemán, aún cuando éstas se hallaban a unos cuantos kilómetros, lo que permitió a los nazis bombardear sin piedad a la ciudad. Estas acciones han sido objeto de discusión entre historiadores: algunos dicen que es comprensible la sed de venganza de los soldados rusos, otros los equiparan a las mismas atrocidades de los alemanes. En todo caso, es digno preguntarse si la población civil alemana, por más que haya idolatrado a su Führer, merecía semejante trato.

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4) En cuanto a la toma de Berlín, la historia oficial de la izquierda marxista dice que el general Zhúkov y sus divisiones entraron triunfantes y tomaron el viejo edificio del Reichstag para colocar la bandera comunista, como una exhibición de que el Ejército Rojo pudo, por sí solo, acabar con la pesadilla nazi. La realidad es que la batalla duró varios días, en los que miles de alemanes y soviéticos perdieron la vida (de los primeros, la mayoría eran ancianos y niños armados por las SS). Pero el ejército norteamericano de Eisenhower se encontraba a unos cuántos kilómetros de Berlín, esperando pacientemente. ¿Por qué no intervino? Porque Stalin pidió, previamente en Yalta, que la captura de la capital de la Alemania Nazi debía quedar manos exclusivamente del Ejército Rojo. Estos acontecimientos también han hecho correr mucha tinta, y muchos historiadores han discutido acerca de si un ataque conjunto de norteamericanos, británicos y rusos habría facilitado la batalla, lo que habría evitado tal cantidad de muertes.  

Así pues, se han construido muchos mitos en torno a la tesis de que los soviéticos ganaron la II Guerra Mundial. Como se dijo anteriormente, la participación de la Unión Soviética en el conflicto armado fue decisiva y no pretendo minimizarla. Lo criticable, en todo caso, es el afán de los simpatizantes de Stalin (que aún hoy en día son numerosos) de presentar la participación soviética como un triunfo exclusivo del temible ejército soviético. Ciertamente, de parte de los otros aliados también se cometieron barbaridades: tal es el caso de los bombardeos británicos sobre ciudades abiertas como Dresden, que cobraron la vida de miles de personas; tales ataques no tenían justificación alguna, pues dichos lugares no representaban ningún objetivo militar. No se trata, entonces, de adoptar una postura maniquea y considerar a las partes implicadas como “héroes” y “villanos”. Lo que planteo es que se deben valorar éticamente las acciones, no a partir de relatos míticos sino bajo un análisis que ponga en la balanza de las acciones que se realizaron, el contexto en el que se llevaron a cabo y sus consecuencias.

En este sentido, convendría también analizar el cómo se dieron los eventos, en este caso, cómo se consiguió la victoria soviética que, como señalé al principio, implicó incuantiables pérdidas humanas y económicas. Claro está, esto ocurre en cualquier conflicto armado. No obstante, hay que distinguir entre las víctimas resultado de las circunstancias (por ejemplo, la población civil que muere en bombardeos o en escaramusas entre ejércitos) y las vidas que fueron sacrificadas innecesariamente. Zhúkov confesó, años más tarde, que le solicitó a Stalin desalojar a la población civil de ciudades como Kiev o Stalingrado ante el avance de la Wermacht, en los catastróficos primeros años de la guerra. La respuesta de Stalin no sólo fue negativa, sino que emitó órdenes a los comisarios y agentes de la NKVD (policía secreta soviética) de ejecutar a cualquier individuo, civil o militar, que tuviese el atrevimiento de rendirse ante el enemigo. Los oficiales soviéticos tenían órdenes de disparar a cualquier soldado, incluso estando en el frente de batalla, ante la mínima sospecha de dimisión.  Tales decisiones pudieron haber sido cruciales en el desarrollo de la guerra, pero siempre estará abierta la pregunta: ¿pudieron evitarse? Pensando incluso en términos únicamente de estrategia militar, ¿era necesario semejante sacrificio?

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Pero discutir sobre contrafácticos es un tanto ocioso, pues se pueden imaginar múltiples mundos posibles en los que el rumbo de los acontecimientos hubieran sido diferentes. La cuestión es que los acontecimientos se dieron así y no hay vuelta atrás. Mas, si hablamos de decisiones tomadas por ciertos individuos –en este caso, los jefes de Estado y altos mandos militares-, vale plantear ciertos contrafácticos para evaluar sus acciones, partiendo de que los individuos involucrados pudieron haber actuado de otra forma. Si tomaron ciertas decisiones, esto suponía que existían otras posibilidades que pudieron haber elegido (en el caso mencionado anteriormente, Stalin tenía la posibilidad de evitar millones de muertes al evacuar a la población civil en las ciudades sitiadas). El haber tomado una decisión determinada, con todas las consecuencias desastrosas que siguieron, no los exenta de responsabilidad moral.  Por ello, si queda algo de pudor moral, los marxistas deberían tomar en cuenta esto antes de rendirse en alabanzas hacia el camarada Stalin.

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