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Entre el miedo y la violencia: Giovanni, el nombre que se olvida

Por Enrique Casillas

En mayo pasado, un grupo de policías con exceso en el uso de la fuerza detuvieron a Giovanni López por razones que ahora poco importan. Luego de la violenta detención lo siguiente que sabemos es que todo terminó en el asesinato de Giovanni, un asesinato que, como todos, no puede resolverse, por lo que la justicia significa castigar a los policías asesinos, a los políticos que lo ocultaron, toleraron e, incluso, lo solaparon a fin de que historias como éstas no vuelvan a suceder. El drama íntimo de la familia de Giovanni es ahora un drama público que nos convoca a todos y nos lleva a levantar la voz como mejor sabemos.

La manera en que decenas de personas levantaron la voz el jueves 4 de junio fue por medio de la protesta civil que desembocó en actos violentos que han servido, en un contexto de jiribilla política insana, para desacreditar y atacar; por un lado, al gobierno estatal y la manera en que su policía ha actuado o, por otro, para desacreditar la protesta y opacar la legitimidad que la ha provocado. Hubo violencia ciudadana y hubo violencia policial, eso es un hecho; la interpretación dependerá de la perspectiva política, del posicionamiento moral, de la relación con el poder y de los intereses en los que cada uno tenga puesto su esfuerzo y compromiso.

Lo sucedido el jueves fue resultado de la presión que conjuga lo sociocultural y lo neurobiológico: la presión del sentido de pertenencia a un grupo (sea como representante del Estado o al del grupo de los ciudadanos que rechazan la violencia asesina de ese Estado) y la presión derivada de la forma que tenemos genética y evolutivamente codificadas de actuar frente al peligro y la violencia, lo que genera miedo, emoción detonadora de reacciones conductuales destinadas a la autoconservación. Así, se entiende que el ser humano es complejo y multidimensional, donde la conciencia, el sentido de pertenencia, la capacidad de deliberación moral, el lenguaje y lo simbólico en general son esenciales; pero también lo es todo el sistema de reacción no consciente que hay detrás de todas nuestras conductas.

El día jueves policías y manifestantes reaccionaron a la sensación de peligro de la manera en que lo tenemos codificado: el miedo es la emoción que nos alerta de una posible fuente de riesgo para la supervivencia, por lo que, por bioeconomía, ante el riesgo se reducen las capacidades racionales y se orienta toda la energía a gestionar estrategias de sobrevivencia, es decir, el miedo a aquello que puede dañar nuestra integridad nos hace irracionales y reactivos por codificación evolutiva. Esto explica las reacciones de policías y manifestantes, quienes reaccionaron atacando a quienes consideraron fuente del peligro, otros más huyeron y otros más se escondieron. La racionalidad estuvo de alas caídas, no sólo por razones neurobiológicas, sino también por razones culturales, con policías mal formados y convencidos de que el Estado y un sistema corrupto habría de defender la represión justificada en el uso legítimo y proporcional de la fuerza por parte del Estado; justificación similar de aquellos que relativizan el intento de una persona de quemar vivo a un policía.

Estas bases neurobiológicas de la conducta violenta reactiva al miedo no higienizan las actuaciones policiales desproporcionadas y caóticas, las cuales deberían ser consideradas anómalas, pero en México son cotidianas, lo que revela una idea perversa del Estado que tiene claro que ante la falta de confianza y legitimidad, el uso de la fuerza es lo único que le queda para ejercer sus funciones de regular la convivencia social; cosa que, de ser así, representa un rotundo fracaso.  

Las escenas en video, las fotografías tomadas y viralizadas, pues, sirven como argumento para el descrédito de unos contra los otros, pero puesto todo en la perspectiva de lo que nos dice la neurociencia, entendemos que los hechos violentos quedan por debajo de la razón, de la decisión consciente, del hecho perverso deliberado (aunque la violencia de diseño por parte del Estado haya estado presente y la posibilidad de esa violencia de diseño por parte de grupos de choque también haya sucedido). Esas imágenes y esos videos representan un arsenal para la construcción de una narrativa, de una representación de la realidad que busca convencer a la masa social de aquello que los poseedores del discurso convienen que debemos creer.

Ante lo sucedido en las calles del centro de Guadalajara, apagado el fuego, los hechos pueden verse con mayor claridad o debería ser así. La protesta no pierde legitimidad con la violencia, pero sí que ayuda a dar razones al Estado y a las masas políticas y sociales afines, para que la atención se centre en las patrullas quemadas, los escritorios rotos en Palacio de Gobierno o los enfrentamientos a golpes, desviando el foco de que nunca más debe suceder un asesinato como el de Giovanni.

Aunque queda abierta la pregunta ¿un Estado violento tomará decisiones si se le busca presionar con protestas no violentas?

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Tú tenías lazos blancos en la piel,
tú tenías precio puesto desde ayer.

Silvio Rodríguez

B y yo somos familia. Y sólo somos ella y yo, con un puñado de libros que no superan los mil. También, en casa, hay cinco animales más, todos tienen nombre, no porque a ellos les importe si no porque somos nosotros (bestias civilizadas) los que insistimos en nombrarlo todo. Coco y Amelí son perras, llevan conociéndome casi seis años y a B cuatro, para ellas B y yo somos su manada, aunque a uno lo conozcan desde hace más tiempo que al otro. También viven entre nosotros tres gatas: Wislawa, Branica e Iliada. La segunda y la tercera comparten, como se diría coloquialmente, la misma sangre. Hace casi cinco meses que Branica parió tres gatitos, entre ellos estaba Iliada, a quien nos quedamos en casa. Pero también nacieron otro par de cachorros que dimos en adopción cuando apenas tenían los dos meses de edad. Sin embargo, fueron parte de nuestra familia durante el tiempo que estuvieron entre nosotros: los alimentamos, los quisimos y les buscamos –en lo posible- un buen hogar.


Además están nuestros padres, los de B y los míos. Así como los hermanos de ella, que son muchos; al menos para mí, que soy hijo único. Y ahí no acaba mi concepto de familia; también entran los amigos, aquellos que veo seguido, o los que casi nunca veo pero que están presentes en lo que hago, en lo que soy y en lo que escribo. La familia, la mía, la nuestra, tiene que ver con lo que nos conforma como sujetos únicos. Una colectividad que construye individualidades.


Por eso cuando nos topamos con un concepto como el de familia tradicional lo que nos queda es reírnos. Y más cuando se utiliza como bandera para defender lo indefendible; es decir: la violencia, la discriminación, el odio, la estupidez.

Los conceptos maniqueos siempre son indiscutibles. No se puede dialogar con alguien que cree que las cosas son o negras o blancas. Para hablar con un creyente católico o cristiano es necesario rebajarte a su nivel intelectual; y tal vez por eso debo decir que este artículo no va encaminado de ninguna manera a convencer a los tercos de corazón idiota, y digo idiota porque son los de espíritu ignorante los únicos que creen que separando y prejuiciando mejoran el mundo. Esta nota tiene como finalidad entablar el diálogo entre los que decidimos dudar de cualquier concepto “tradicional” o preestablecido. Y es que no se trata de defender a la familia como concepto, porque no hay una definición que pueda abarcar lo que cada uno de nosotros entiende como tal. La familia de cada quién es la que uno elige, y a pesar de que se nace dentro de un núcleo social que para fines políticos y civiles se ha dado por llamar familia, ese núcleo no es estático y se mueve o, mejor, crece, en diferentes etapas de nuestra vida.

Pero no podemos explicar esto a quien no quiere explicaciones. Ése es nuestro principal error: tratar de convencer con argumentos a quien no busca más que un rincón en el cual acomodar las nalgas bajo su almohada de mediocridad. Los que salen a marchar a favor de una familia que sólo existe en sus fantasías religiosas no se han preguntado siquiera lo que es una familia; son imbéciles que avanzan apoyados en pre-conceptos huecos. No buscan el significado, la verdad o la justicia; no les interesa ayudar a nadie ni beneficiar a ningún prójimo. Lo que quieren es ganar, demostrarse superiores frente a los que son diferentes. Lo que buscan endemoniadamente es demostrar que el mundo mediocre que habitan no puede cambiar, es estático y que ellos son los miserables reyes que lo dominan.

Ni el derecho a opinar, ni la tradición, ni la moral; lo que defienden es la fantasía del poder, la perversión oculta en todos los bienintencionados: la de poder mantener a los demás dentro del rango de su propia mediocridad. Desde las cúpulas del poder religioso (y político), hasta la lambisconería ramplona del creyente de barrio (que apenas y tiene para comer pero confía en Dios y en sus ministros), se comparte esta ansía de manipulación. Para los católicos ser iguales significa ser igual de idiotas, débiles y sumisos; la equidad no es un asunto de derechos, sino de obligaciones. Y la única obligación es obedecer.

Por eso debemos aclarar que el concepto de familia que “defienden” los que marchan frente a una necesidad social y discursiva como el matrimonio igualitario, no existe; es una fantasía retrógrada que no tiene sustento social, ni político, ni natural. Los grupos de derecha no marchan realmente en contra o a favor de un concepto; ni siquiera entienden muy bien por qué lo hacen; son autómatas que reclaman seguir siendo dominados por una élite que les alimente de basura el espíritu a cambio de un lugar en el cielo.
No podemos discutir con ellos, porque ya lo dijimos: ellos no discuten, ignoran. Pero podemos discutir entre nosotros y preguntarnos hasta cuándo vamos a dejar que esos conceptos “tradicionales” interfieran en nuestro discurso vital; ¿hasta cuándo la familia debe seguir siendo una institución política?, ¿hasta cuándo será necesario demostrar ante lo civil que podemos convivir en pareja? ¿Por qué el amor –sea lo que esto sea- tiene que burocratizarse hasta el punto ridículo de volverse un documento legal? Tal vez estoy siendo idílico, ingenuo, romántico; pero pienso en lo obsoleto de las instituciones medievales, y creo que tal vez para que el hombre empiece a ver a los otros como sujetos y no como objetos, deberíamos re-humanizar nuestro lenguaje.

El término familia ya no se queda con lo institucional o lo religioso. Hoy podemos conformar nuestra familia con quien y cómo elijamos. Y a pesar de los insultos, la discriminación y la homofobia, empezamos a construir un nuevo lenguaje en el que la palabra puede revitalizarse; si vaciamos nuestro discurso de prejuicios podemos crear una pauta para convertirnos en seres humanos más tolerantes y empáticos.

No digo de ningún modo que haya que mantenerse impávido ante estas expresiones de odio; no se trata de dejar que los imbéciles de buena voluntad naveguen con la bandera de la razón como si nada pasara. Pero tal vez sea un buen momento para festejar que si los conformistas, los comunes, los mediocres, se están quejando, es porque los inconformes, los diferentes, los hijos de Caín, estamos empezando a ser mayoría.

Sintámonos libres de conformar la familia que deseemos, preferiblemente una donde haya amor y algo de dinero; siempre se puede agregar uno más y alguna vez también otro se irá. Nada es eterno en este mundo, y siempre puede ser que la infidelidad, la pobreza o la muerte nos separen. Pero como dice el dicho: donde hubo humo quedan las cenizas del recuerdo.

Publicado en Análisis social

Se suele pensar que la sociedad jalisciense es una sociedad apagada, que no pelea por sus ideales, que no muestra interés alguno por nada e, incluso, se le suele llamar “sociedad apatía” en vez de tapatía. Sin embargo, cuando se trata de la familia los jaliscienses están en la vanguardia de la movilidad social. Desde que la Suprema Corte de Justicia en el 2015 publicó la tesis de jurisprudencia 43/2015, en la cual se establece la inconstitucionalidad sobre toda ley que defina al matrimonio como exclusivo del hombre y la mujer, defensores y detractores de la familia “tradicional” han salido a las calles a manifestar su postura. Por un lado, tenemos a grupos y asociaciones como “Jalisco es uno por los niños” defendiendo que sólo hay un tipo de familia valedera, la familia tradicional o cristiana, es decir, la familia nuclear de padres heterosexuales; por otro lado, se encuentra la comunidad homosexual argumentando a favor de la “familia homoparental”. No es de extrañar que esta disputa ocurriera en un estado donde gran parte de la población es católica, pero al mismo tiempo tiene dos de los municipios “gayfriendly” del país, Puerto Vallarta y Guadalajara.

Afortunadamente para Jalisco, y para el resto de México, la “Declaración Universal de Derechos Humanos” hace ya tiempo que se manifestó al respecto, lo cual podría dar luz y claridad, evitando más peleas y manifestaciones en cuanto a la familia toca. Bastaría entonces con acercarnos a su artículo 16 para solucionar la disputa, en él se establece que:

1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. (Organización de las Naciones Unidas, 2011)

El primer y el tercer punto son muy interesantes. El primero no aclara si el casamiento sólo puede realizarse entre heterosexuales o si incluye a la comunidad homosexual. Además, no sólo establece el derecho al matrimonio, sino que añade el derecho a fundar una familia. El tercer punto funciona de dos maneras; primero establece una definición de familia que deja ver su importancia como fundamento elemental de la sociedad; después se le agrega a la familia un derecho, pues al ser la familia el fundamento de la sociedad, y si entendemos al Estado como el garante del bienestar social, entonces el Estado debe proteger a la familia.

Sin embargo, el artículo 16 no soluciona la polémica jalisquilla, pues podríamos plantearnos válidamente las siguientes preguntas: ¿De qué tipo o clase de sociedad se refiere el artículo 16? ¿Si la sociedad cambia, al ser la familia su fundamento, entonces la familia cambia también? ¿Es la familia la que fundamenta a la sociedad o la sociedad la que fundamenta a la familia? ¿Existe sólo un tipo de familia, si existe más de un tipo cuál es más valiosa y por qué? Lamentablemente no se dice más al respecto, quedando la familia en una ambigüedad y, aunque el Estado con su jurisprudencia ha tomado una postura al respecto, observemos los argumentos que dan ambas partes, usando algunos discursos filosóficos, para responder a la siguiente pregunta “¿Se debe defender a la familia tradicional o la familia es un constructo social que cambia con el tiempo?” y así tomar una postura propia.

 

La familia como constructo social

Existen varias razones para pensar que la familia es un constructo social que cambia con el tiempo. Algunas de estas razones se basan en los vestigios del pasado y en el estudio de pueblos “no occidentalizados”. Engels en “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” señala el proceso que llevó a las sociedades del pasado, de la promiscuidad a la monogamia basándose en los estudios realizados con anterioridad por Morgan. En esta visión el hombre pasó de la promiscuidad sexual a la poligamia y a la poliandria, ambos modelos difieren mucho de lo que se considera “familia tradicional”. Engels señala que la primera etapa familiar de la que se tiene evidencias es la “familia consanguínea” en ésta los círculos generacionales marca las responsabilidades conyugales, es decir, que todos los abuelos y abuelas de la familia son maridos entre sí, a su vez todos los padres y madres mantenían una relación marital y también todo el círculo generacional de hijos e hijas mantenían vínculos maritales. De esta forma Engels muestra que han existido diversos modelos familiares en la historia de la humanidad.

Engels describe más modelos familiares posteriores que sufrieron transformaciones y establece a que obedecían esos cambios en el modelo familiar.  Engels cita a Morgan a este respecto:

La familia, dice Morgan, es el elemento activo; nunca permanece estacionada, sino que pasa de una forma inferior a una forma superior a medida que la sociedad evoluciona de un grado más bajo a otro más alto. Los sistemas de parentesco, por el contrario, son pasivos; sólo después de largos intervalos registran los progresos hechos por la familia y no sufren una modificación radical sino cuando se ha modificado radicalmente la familia. (Engels, 1980)

Así, en una cultura el sistema de parentesco se estanca, pero sigue vigente gracias a la costumbre, sin embargo, la familia eventualmente rebasará ese sistema y se transformará. Esta transformación obedece principalmente a tres factores los recursos materiales con los que se cuente en el momento histórico, las relaciones de poder e incluso a los avances tecnológicos que trastocan y transforman la realidad.

Observemos tan sólo las diferencias en los roles de familia de nuestros abuelos o de nuestros padres. La responsabilidad principal del rol paternal era proveer los recursos materiales necesarios para el sustento familiar, mientras que el rol maternal implicaba la crianza de los hijos y el mantenimiento del hogar. Hoy en día, podemos observar una modificación en los roles, tanto madre como padre se desarrollan profesionalmente y aportan en el sustento del hogar, mientras sus hermosos retoños son criados en la guardería y en la escuela. Estos cambios han sido posibles en gran medida a la lucha por los derechos e igualdad de las mujeres, a la creación de las estancias infantiles y a la necesidad de ingresos extras en las familias. La concepción de la familia ha cambiado a tal grado que existen parejas que no ven en procrear la finalidad de su matrimonio.

Pero la familia tradicional no sólo se ha transformado, incluso se podría decir que está perdiendo terreno en erigirse como el fundamento de la sociedad. Cuando cursaba la secundaria se nos repetía la fracción 3 del artículo 16 de los derechos humanos y se crecía con esa idea. Hoy, la familia no puede decir lo mismo, pues aquí en México, específicamente la CDMX, la familia ya tiene competencia con la nueva Ley de Sociedad de Convivencia. En esta ley se establece que dos adultos pueden formar una sociedad de convivencia que, al firmarse, otorga derechos y obligaciones a cada uno de los firmantes. Si bien está ley no es equiparable a un matrimonio e incluso no cambia el estado civil de los participantes, sí es considerada una unión civil. Esta nueva ley, se suma como una opción viable y vigente para aquellas personas que no quieran tomar todas las responsabilidades del camino matrimonial y familiar, satisfaciendo una necesidad social que la familia tradicional no podía saciar.

 

La familia cristiana como bien de la humanidad

En el universo de Hanna Barbera parece que sólo ha existido la familia tradicional, pues en la prehistoria ya se estilaba este modelo familiar con Los Picapiedras y ya se proyectaba, a su vez, la vigencia de la familia tradicional en el futuro con Los Supersónicos. No intentaré mostrar argumentos que afirmen la existencia de esta familia en todos los tiempos de la humanidad, me limitaré a mostrar las razones por las cuales se afirma que la familia tradicional o cristiana es más valiosa o es preferible a otros modelos familiares.

Juan Pablo II, en un exhorto titulado “Familiaris Consortio” publicado en 1981, advierte al lector en la introducción, que la familia ha sufrido la acometida de las transformaciones sociales y culturales; y que, al estar consciente del valor del matrimonio y la familia como uno de los bienes más preciosos de la humanidad, hará sentir su voz.  Voz que intentará rescatar a la familia cristiana y darle su valor primordial.

Juan Pablo II menciona algunas de las causas por las cuales la familia cristiana se encuentra en problemas, entre ellas están un cambio en la concepción de la libertad como una fuerza autónoma de autoafirmación, las carencias del tercer mundo y las abundancias del primer mundo, es decir, cambios ideológicos y las condiciones materiales de existencia como señalaba Engels. A pesar de la amenaza de los cambios sociales, Karol Wojtyla defiende su modelo familiar y explica las razones por las cuales, hoy más que nunca, tiene vigencia.

Pero ¿qué convierte a la familia cristiana del Papa viajero en esa joya de la sociedad? Su valor consiste, como señalan los derechos humanos, en ser la célula primera y vital de la sociedad. En el texto papal se explica que la familia es el fundamento de la sociedad gracias a que posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, alimentándola con su función de servicio a la vida. La idea es, que en la familia es donde nacen los ciudadanos que conforman e integran la sociedad. Además, añade Wojtyla, en la familia los ciudadanos tienen su primer encuentro con las virtudes sociales que permiten que una sociedad se desarrolle. Luego, la familia no puede permanecer cerrada en sí misma, y tiene que abrirse al resto de la sociedad y al resto de las familias, dando comunión y participación con las demás personas.

La sociedad se ve beneficiada con la existencia de la familia, pues la familia crea un ambiente social de justicia, amor, diálogo y respeto. Al respecto el Papa Juan Pablo II dice:

“Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de <<gratitud>> que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentro, diálogo y amor.

Así la promoción de una auténtica y madura comunión de personas en la familia se convierte en la primera e insustituible escuela de socialidad, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor.” (Juan Pablo II, 1981)  

La familia cristiana es para Juan Pablo II el elemento generador del tejido social. En un mundo despersonalizado y masificado la familia cristiana puede enriquecer al mundo con una profunda humanidad. Por estas razones, la familia cristiana tiene la obligación de organizarse para defenderse a sí misma, pero también la sociedad debe defender y promover la familia misma. El papa concluye su discurso exclamando que “¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!”

 

Mientras tanto en Jalisco

Sin lugar a dudas el tema de la familia seguirá dando de qué hablar en el mundo y cerrando calles en Jalisco. La discusión queda en una situación un tanto cómica por la naturaleza de las posturas: mientras unos se mueven en la inclusión que permite la consciencia del cambio y lo mutable, los otros se mueven en la incompatibilidad que otorga la revelación de lo valioso.

Como ciudadanos debemos preguntarnos y responder seriamente qué creo respecto a la familia pues es una cuestión de derechos que nos incumbe a todos y estar dispuestos a dialogar críticamente con los otros. En un mundo donde todo cambia y se transforma rápidamente, debemos permanecer abiertos de mente para poder aceptar o rechazar los cambios que se nos presenten. Novedad no siempre es sinónimo de progreso, así como conservador no siempre es sinónimo de estabilidad.

Se han presentado una lista de argumentos que apoyan posturas muy diferentes, se invita al lector a continuar con la discusión en el café Olimpo el próximo sábado 3 de agosto a las 18:00 hrs. Mayor información vía Facebook en la página “Paradoxa”

 

Bibliogarfía

Engels, F. (1980). El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. México: Ediciones de cultura popular.

Juan Pablo II. (1981). Familiaris Consortio. Recuperado de http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html. El 27 de agosto del 2016.

ONU. (2011). Declaración Universal de los Derechos Humanos

Publicado en Análisis social

Guadalajara, Jalisco, Octubre 15 de 2014.- Ante los recientes acontecimientos de revuelo político social y en busca de la paz común, considere usted lo siguiente.

1.- Haga usted el favor de razonar sus peticiones. Elimine el lenguaje soez. Borre de sus pancartas todo aquello que pueda interpretarse como descalificación hacia las autoridades (vocabulario como “asesinos”, “corruptos”, “terrorismo de estado” no es recomendable) y si tiene usted la capacidad de expresarse académicamente –con engolamiento de voz incluido- diríjase a los funcionarios encargados de responder a sus peticiones con el grado de estudios por delante (licenciado, maestro, doctor) o con el nombre del puesto y su respectivo calificativo de respetabilidad rastrera (señor presidente, honorable gobernador, distinguido alcalde).

2.- Sea consciente de su entorno y respete a la sociedad que lo rodea. Evite gritar, romper en llanto o usar altavoces, recuerde que el ruido es una forma de violencia. El Estado, consciente del derecho de la ciudadanía a la tranquilidad, lanzará con total precaución gas lacrimógeno, buscando generar el menor ruido posible, y no ejercerá su legítimo derecho a las armas a menos que se vea forzado a hacerlo –como cuando lo nombren asesino o corrupto, graves faltas a la autoridad- antes buscará no pasar del macanazo y del levantamiento masivo de personas en camionetas que se retirarán lo antes posible para no molestar a los ciudadanos que están en sus hogares o lugares de trabajo. En caso de desapariciones masivas, iniciará una investigación que podrá desarrollarse en un plazo de entre 5 días hábiles y medio siglo… quizás más, de ser necesario. Por lo que, sea usted una persona consciente, tenga paciencia y no contribuya a generar pánico social.

3.- Recuerde que una sociedad ordenada y civilizada es una sociedad próspera. Ejerza su derecho a la manifestación sin afectar las actividades académicas o laborales. Así pues, busque manifestarse en callejones o zonas habitacionales semi-despobladas, en el bosque o, de ser necesario, en algún lote baldío cercano a su comunidad. Si vive en Guadalajara, recuerde que el Mirador de Huentitán suele ser un sitio tranquilo y poco frecuentado; la barranca también resulta una opción viable, siempre y cuando no alce usted mucho la voz, porque el eco podría resonar en las comunidades aledañas. Procure hacerlo antes de las 7 de la mañana, a la hora de la comida o durante el Prime Time o el horario de la telenovela. Puede hacerlo también en días festivos no religiosos mientras la manifestación se desarrolle en completo orden y silencio, en filas bien formadas y de preferencia en grupos no mayores a 10 miembros.

4.- Es importante no generar basura. ¿Los panfletos… quién los lee? Y aquellas consignas escritas en cartulinas y papel imprenta representan un importante daño al ecosistema generando un impacto negativo en el medio ambiente. Por favor, concienticémonos y no utilicemos más papel. Puede usted organizarse mediante redes sociales (consulte las Normas para la Correcta Manifestación y Muestras de Indignación en Tapatilandia en Facebook, Twitter u otras plataformas).

En el siglo XXI, la era de la información nos permite expresar nuestros desacuerdos en un marco de diálogo e intercambio respetuoso y ordenado sin precedentes en la historia.

Modosos activistas de todos los municipios y rancherías ¡Uníos!

Publicado en Crítica