La innovación docente en la universidad… ¿es posible?

Francesc Imbernón

(Catedrático de pedagogía de la Universitat de Barcelona)

Traducción: Enrique Casillas

Sería necesario que el profesor universitario asumiera la docencia como una profesión educativa y que supiera qué debe hacer para desarrollar en el alumnado la capacidad de comprensión, más que la de repetición; pero muchos no lo saben hacer porque nunca han recibido formación pedagógica.

Últimamente, han sido publicados algunos análisis sobre la falta de innovación educativa en la universidad, no digo que no sea así. Pero es mucha casualidad que esas críticas aparezcan en todas partes y no se hable en ellas de la falta de recursos, la precariedad laborar de gran parte del profesorado que trabaja a tiempo parcial y mal pagado, ni tampoco de la falta de financiamiento de los últimos años que proletariza a la universidad. A pesar de todo (sobre todo de la administración), la universidad sigue avanzando, aunque sea cada vez con menos presupuesto, con políticas erráticas u orientadas al “sálvense ustedes mismos” y, cada vez, con personal más precarizado y desmotivado.

Y la universidad sigue avanzando por el compromiso de mucha gente que es consciente que hoy ya no es suficiente poseer un amplio caudal de conocimientos. Se ha vuelto fundamental la capacidad de adaptación al cambio y a la incertidumbre porque, actualmente, el cambio es constante y vertiginoso en todas las áreas de conocimiento y en las actividades humanas en general; debido a estas características de nuestro entorno, el profesorado universitario ha de ser capaz de transmitir y construir nuevas capacidades en sus estudiantes, pero primero ha de construirlas y poseerlas él mismo, en un tiempo en que los alumnos se aburren cada vez más de tantas palabras y presentaciones audiovisuales leídas. Esta situación estudiantil, por supuesto, no justifica que se deje de costado el objetivo tradicional de transmitir o compartir conocimiento mediante la sesión expositiva, que no es mala en sí misma (malo es, en todo caso, quien la ofrece y cómo la ofrece). Nadie duda de que es necesario adoptar métodos didácticos diferentes y eficaces para encarar los nuevos requerimientos.

imbernon1

Es lógico que algunos docentes se sientan muy satisfechos después de una clase puramente transmisora, pues eso es lo que han visto y han vivido y nadie les ha dicho que hay otras maneras, ya que la universidad se ha caracterizado por siglos por practicar en sus aulas la sesión expositiva o clase magistral como su procedimiento metodológico de enseñanza; sin embargo, hoy día la realidad nos obliga a cuestionar la clase puramente expositiva, donde el docente mantiene el protagonismo absoluto de la comunicación, obviando a quien le escucha, centrado únicamente en lo que dice. Y si bien no hay metodologías de enseñanza puras y milagrosas e, incluso, podemos decir que no hay metodologías buenas y malas, si hay buenas y malas prácticas metodológicas que se desarrollan en las aulas.

Existe un “ADN profesoral” en el que la concepción de la enseñanza universitaria es que el alumnado aprende asimilando los conocimientos tal y como el profesorado los formula, ya que se piensa que el alumnado no posee ningún conocimiento y que con la transmisión podrá apropiárselos automáticamente (y que eso no pasa en la cabeza, sino en los apuntes); por tanto, se le examinará sobre lo que se ha dicho, no sobre lo que haya aprendido. Ya sabemos que es una falsedad que el ser humano aprende por transmisión verbal, al contrario, no aprende por la transmisión verbal del conocimiento, sino por la construcción del conocimiento mediante la actividad. Por ello, una enseñanza útil y con sentido es la que utiliza una metodología complementaria que posibilite que el estudiante construya los conocimientos, para que cambien sus propias estructuras cognitivas.

Lo importante no es qué metodología se use, sino cuál es la concepción, implícita o explícita de la enseñanza y del aprendizaje que se posea; ese es el problema. No será tan importante la técnica pedagógica como la concepción de la cual parte.

Hablar de innovación en la universidad son palabras mayores, ya que implica aportar elementos que conduzcan a la actividad intelectual individual o de grupo, crear condiciones y relaciones de retroalimentación y motivación para observar y verificar el proceso de aprendizaje de los estudiantes y activar en ellos ese proceso de aprendizaje. Para esto es necesario centrar los esfuerzos en el aprendizaje mismo y en la adquisición de competencias y destrezas, valorando adecuadamente el esfuerzo requerido y la calidad del aprendizaje de los alumnos. Eso implica nuevos retos para profesor y estudiantes, cambios en los objetivos y metodología docentes, reformulación de estrategias de enseñanza-aprendizaje y modificaciones en el sistema de evaluación y en la organización de recursos y espacios; una nueva forma de abordar la enseñanza universitaria… nada fácil en las condiciones actuales.

Pero para eso sería necesario que el docente universitario se sensibilice, interiorizando la docencia como una profesión educativa, no como la de un científico que enseña y que sepa cuáles son las tareas pedagógicas para desarrollarla, cuáles son los aprendizajes relevantes, los medios didácticos de que dispone y qué debe hacer para facilitar al alumnado el desarrollo de su capacidad de comprensión, más que de repetición. Muchos no lo saben hacer, ya que nunca, nunca, han recibido una formación pedagógica. Y eso es responsabilidad de quienes gobiernan las universidades, no es únicamente “culpa” de los docentes.

Es muy bonito decir que el profesorado ha de ayudar a gestionar el proceso de aprendizaje de los alumnos innovando, motivándolos y entusiasmándolos mediante un trabajo más enriquecedor, una constante actualización y acercamiento a nuevos conocimientos; pero no se le dan herramientas para esta transformación, que sea a costo cero, dirán.

imbernon2Es verdad que la universidad necesita cambiar sus prácticas docentes e innovar en su metodología; pero también requiere de formación pedagógica (que debería ser obligatoria), el financiamiento, las estructuras de gestión y las relaciones laborales… mucho más luego de los recortes y de malas gestiones administrativas.

Cuando un alumno entra a la universidad no ve a grandes científicos, grandes investigadores (como exigen las agencias de acreditación); ve a un docente que está delante de él intentando enseñarle alguna cosa. El cambio habría de actuar sobre las personas y los contextos (procesos de comunicación, estructurales, políticas, agencias de acreditación, de relaciones de poder y categorías, de toma de posiciones, de relaciones laborales…) para promover innovaciones institucionales al interior y en el contexto de cada universidad para una universidad del futuro. La miopía se cura con nuevos lentes y no con palabras escritas y discursos.

Texto publicado con autorización del autor y aparecido inicialmente en El diari de l´educació en catalán, titulado “La innovació docent a la universitat, és possible?” el 15 de julio de 2019.

Publicado en Divulgación
Martes, 12 Junio 2018 02:40

El académico burgués

El académico burgués

 

Por: Enrique Casillas

 

La escuela, y el sistema educativo capitalista en general, ha sido estudiado repetidamente desde diversas posturas, pero con definiciones objetivas similares; varios autores de corrientes tan disímiles como el positivismo o el marxismo y sus derivados teóricos y metodológicos, coinciden en que la escuela es un medio de distribución y especialización en el trabajo, es un medio a través del cual se incorpora al niño a su lugar en el sistema de clases y a sus mecanismos de dominación o estratificación dentro de ese gran engranaje que la sociedad forma.

Dentro del subsistema hetero y autoestructurante que constituye la educación, uno de los elementos humanos que de él participan es el de los académicos universitarios, quienes tienen entre sus funciones la generación y difusión de conocimiento relacionado con su disciplina profesional y con los temas u objetos de estudio elegidos de manera individual o institucional. Estos miembros del sistema educativo tienen la tarea de construir las vías científicas y teóricas para el desarrollo de la vida económica, política y cultural, son quienes producen los conocimientos y productos tecnológicos que permiten y sostienen la vida social.

Su papel es de gran importancia más allá de su entorno educativo inmediato, ellos se convierten en piezas fundamentales en los actuales programas tecnócratas de gobierno que rigen a gran parte de los estados nacionales y subnacionales del mundo. Su labor es indispensable en dos vertientes: por un lado, su identidad como motor generador de innovaciones materiales y culturales que con ingente velocidad requiere y exige la sociedad; por otro lado, es indispensable por su labor como profesor, como transmisor de ese conocimiento derivado de sus investigaciones o reflexiones.

Son estos académicos que trabajan en universidades e institutos de investigación víctimas de la “violencia simbólica” referida por Pierre Bourdieu a través de la que se somete al sujeto a un sistema cultural arbitrario que tiene como meta la legitimación de las jerarquías sociales a través de las jerarquías escolares, esto de principio. Pero también son víctimas en el sentido de que su producción académica está atravesada permanentemente por indicativos y tasas que directa o indirectamente someten su producción intelectual.

La violencia directa es, tanto la que las autoridades de este sistema burocrático escolar ejercen, como la ejercida por aquellos que sostienen económicamente a la universidad, y que se manifiesta en la exigencia de tales o cuales investigaciones y/o contenidos de enseñanza, y que se refleja también en las prohibiciones impuestas sobre ciertos temas, conocimientos o investigaciones.

La violencia indirecta se traduce de manera más sutil pero no menos efectiva en el quehacer del académico. Me referiré a ella como dominación material positiva; en ella, a diferencia de la dominación material que se ejerce a través de la retención de los salarios o la pauperización de los sujetos, en este caso se da como una dominación inversa, es decir, se somete al académico a un proceso de aburguesamiento, de elevación de sus estándares materiales y necesidades de consumo. El académico, en muchos casos, atraviesa por la progresiva elevación de sus percepciones económicas, por la apertura de posibilidades, antes inexistentes, de viajar permanentemente a congresos, encuentros académicos y para recibir u ofrecer cursos; accede a un mundo de oportunidades propias de su “nivel” en la estructura académica vinculadas con el lujo o la exclusividad, es decir, con la diferenciación, seductora y aspiracional.

El académico, para mantenerse en ese lugar, tiene necesidad de cumplir con las requisiciones impuestas por los superiores; tiene necesidad de obedecer y de hacer obedecer, pues parte sustantiva de su labor es enseñar e incorporar nuevos miembros al sistema productivo y académico y por ello debe involucrarse en el esquema de premios y castigos y de jerarquización de los individuos. El acceso a un habitus burgués, lleno de viajes, exclusividades, reconocimientos públicos, lujos y satisfacción de deseos materiales e intelectuales gracias a una situación social especial que ofrece dichas comodidades, seduce al académico, quien somete no sólo su vida material sino también su vida intelectual a los dictados de la jerarquía que toma decisiones sobre él con la legitimidad de ser quien detenta el poder económico y lo distribuye.

La dominación material ejercida mediante la prodigalidad, permite mantener el sometimiento de los sujetos cuya labor es la de transmitir los conocimientos y formar para la incorporación en el sistema que sostiene a la sociedad como a los potentados les parece que debe sostenerse. El académico convertido en un burgués que ha ganado lo que tiene con el esfuerzo de su trabajo (permanente porque de otra manera pierde los privilegios), ahora ejercerá la dominación simbólica, la violencia simbólica que permite afianzar el modelo social dictado, consciente o inconscientemente, por ellos mismos y por sus superiores no necesariamente académicos.

Publicado en Análisis social