Sábado, 11 Junio 2016 11:33

MUSA: Redescubriendo "Los modernos" en el surrealismo de Paalen

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"El toisón de oro", Wolfgang Paalen. Detalle "El toisón de oro", Wolfgang Paalen. Detalle
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En estas tardes cálidas en las que no llama nadie a la puerta y la habitación se convierte en un gran sauna del que preferimos escapar, opté por convertirme en uno más de los que deambulan por la ciudad buscando las corrientes de aire, dejándome llevar por el discurrir de los pasos hasta que pronto estuve a las puertas del MUSA (Museo de las Artes), donde se presentaba la exposición “Los Modernos".

Hace unos meses formé parte del Jurado Mezcal en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, edición 31. Allí pude observar el filme de Gabriel Retes, cineasta mexicano, participante en la categoría a Mejor película mexicana. Con La cinta Enamor(d)ados, nos lleva a una época donde reviven los grandes intelectuales y artistas mexicanos. Sin embargo, justo como mencionaron algunos medios de comunicación, de arte e intelectualidad tuvo poco, ocasionando que ni a la crítica ni al público les gustase el producto. Independientemente de las actuaciones forzadas para lograr una exageración irreverente, la supuesta posición crítica de Retes es descarada y mal lograda por la utilización de chistes y humor ácido de muy bajo nivel. Ante el mal intento, ni siquiera me quedaban ganas de volver a escuchar de aquellos intelectuales mexicanos de los años veinte.

De vuelta al MUSA, me encontré frente a Autorretrato de Gerardo Murillo "Dr. Atl". A pesar de haber tenido una experiencia tan indeseable con el filme de Retes, me topé con dicho objeto y cambió mi percepción creada por una mala experiencia cinematográfica. Sin duda alguna hay que separar entre obra y artista, pero creo que el prejuicio de algo negativo ayudó, incluso más, a que la experiencia estética fuera impresionante.

No solo aprecié la técnica y el detalle tan preciso, sino que estaba superando mis expectativas como artista y, eso, era todavía más significativo. Autorretrato me exigió detenerme más tiempo del que regularmente dedico a las obras. Insisto, la experiencia estética en este caso no tuvo que ver precisamente con el aura del cuadro, sino que fue una totalidad y de un conjunto de experiencias previas que fueron re-interpretadas al momento de la relación entre observador-objeto.

En general, algunas obras me parecieron más interesantes que otras. El Picasso tenía un lugar privilegiado en la distribución de espacios, pero me fue indiferente. Uno puede reconocer la singularidad en la línea de Pablo, pero no me brindó un placer estético al observarle. Reconocí la técnica, pero nada más. Llegué hasta la sala que contenía las obras surrealistas y llamaron mi atención tres distintos cuadros que, posteriormente, me di cuenta que eran del mismo artista: Wolfgang Paalen.

El toisón de oro de Wolfgang se encontraba a uno o dos cuadros de distancia de Remedios Varo. Fue, al menos, curiosa la manera en que me detuve a contemplar El toisón de oro, ya que apenas había digerido la obra anterior. Pero fue incluso mayor. El azul celeste de fondo me provocó una sensación de equilibrio y de tranquilidad. Me permitió quedarme un momento más a observar los tonos que terminaban en algo más oscuro. En el centro, orientada más hacia la parte superior, está una mariposa con un detalle tan fino que se puede observar la textura. En las alas, donde regularmente tienen figuras particulares, hay dos ojos que posan ante el observador.

Es una mirada casi enfermiza que no permite ignorar la obra, pero sí refugiarse en los otros elementos. Hacia abajo se encuentra la parte inferior de un rostro; de los labios y medias mejillas hasta el cuello, que dan alusión a un jarrón. De esa forma, la mariposa y ese trozo de cuerpo forman un rostro que se sigue poniendo a la altura del observador. Podría decirse que es incluso irreverente, ya que no tiene intenciones de agradar por bello, sino por sus elementos tan bien trabajados y que forman un todo. Una columna de colores oscuros con un costado que simula el interior del cuerpo es el torso de la figura.

Hay una situación delicada con el surrealismo, pues el objetivo principal del artista puede ser malinterpretado por la forma. Sin embargo, el nombre mismo de la obra ayuda a comprender a qué refiere. La orden de El toisón de oro es representada de manera oscura, enigmática y sombría.

La segunda pintura que contemplé fue Gran Fumage, que estaba justo en frente de la primera. El fondo simple permite resaltar de forma excelsa a los elementos principales. Los colores forman parte intencionada de la estructura, ya que los blancos me parecen como la “médula” del objeto. Como sucede con el surrealismo y, más con Paalen, su arte es hermético. En ocasiones toma mucho tiempo para poder asimilar lo que presenta el objeto, pero transmite su complejidad a través de los colores, las texturas y los ojos.

A un costado estaba Madre de Ágata. Los colores marrones, café y amarillos me dieron una sensación de intriga. Pero aún más, se caracteriza por sus líneas y sus puntos que van de unas direcciones a otras. Aunque tampoco se pierde, ya que denota bastante claro su elemento esencial justo en el centro. La posición de la obra era igual que las dos anteriores, pero debido a su tamaño muestra superioridad.

Hay algo que pude observar al visualizar las tres obras: existe un patrón y una intención generalizada de parte del artista. Primero, el cuadro debe estar justo frente a ti para generar una horizontalidad que permite la conexión de apreciación. Segundo, los ojos como elementos explícitos es una forma grotesca de que el observador no solo admire el objeto, sino que se vea a sí mismo en ese proceso.

El proceso, entonces, se configura como si se tratara de un “observador observando la observación de lo observado” o, incluso, sería “lo observado observando la observación que hace el observador de lo observado”. Es un principio de procesamiento de información llevado al terreno del arte y la contemplación.

Por otro lado, las estructuras son otro elemento presente en las obras de Paalen. Siempre forman el torso o cuerpo del objeto, como una forma de sublimar lo medular a un pilar que sustenta el todo. Sin duda alguna puede generarse un sentimiento de purga al apreciar sus obras surrealistas. La tensión primaria donde los elementos están puestos, terminan por estabilizarse mediante la comprensión de cada uno de ellos.

Mi juicio final respecto al arte de Wolfgang Paalen es que se trata de obras herméticas, intensas, irreverentes ante la asunción de lo simple y poéticas. El uso de colores no es fortuito, porque transmiten tanto la atmósfera del fondo como la armonía del elemento principal. Y la mirada incisiva que siempre hace cuestionarse al observador si realmente está complacido con su observación.

Una tarde en el MUSA nos brinda la frescura necesaria del oasis en medio del calor insolente de Guadalajara, además que nos invita a la reflexión de los objetos que en el lugar descansan, esperando la mirada inquisitiva del sudoroso espectador.

Modificado por última vez en Lunes, 13 Junio 2016 03:23
Víctor Abraham Torres Díaz

Es estudiante de la licenciatura en Comunicación Pública de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Es Coordinador General de la revista Alofonía, proyecto académico de la misma licenciatura.