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Reseñas breves con mirada joven

El caso del cuadro robado: Un libro como un bocado

Por: Pablo Zayas*

El género noir está de vuelta. Su popularidad ha crecido de la mano de directores de cine como David Fincher, quien durante años ha insistido en la estética negra, o más recientemente de la mano de decenas de series en plataformas de streaming; por eso no es de extrañar que en la literatura permanezca con novelistas de la talla de John Katzenbach, o con escritores jóvenes como Eugenio Partida.

En “El caso del cuadro robado: Marzo Michel contra la Mandrágora” (Editorial Paraíso Perdido, 2017) Eugenio Partida explota el género noir danzando entre lo ridículo y lo serio, adelantándose a los momentos que nos podrían hacer reír y recordándonos que no somos los únicos que se percatan de ello.

En sus páginas vamos conociendo al detective Marzo Michel, que normalmente se dedica a resolver casos de homicidio, pero que en esta ocasión tendrá que buscar un cuadro que fue robado. Una premisa que a primera vista parece frívola y ruega que preguntemos ¿y qué hay de interesante en el robo de un cuadro? El detective se dedica a su trabajo sin dudar en ningún momento sobre su seriedad, pero, no se puede ignorar el hecho de que este libro trata simplemente de la búsqueda de un cuadro cualquiera, situación conocida por el propio autor. Y es precisamente ese tono autoconsciente el que le da valor a la obra.

Las calles de Guadalajara se mencionan una y otra vez mientras Marzo Michel las recorre de un lado a otro, paseándose principalmente por la zona del centro de la ciudad, describiendo detalles fundamentales para que todos los radicados en la “Perla tapatía” puedan reconocerse como transeúntes a lo largo de la lectura.

Estos escenarios sirven de lienzo que dibuja una ciudad en su faceta nocturna, con bares que evocan las clásicas escenas que nos regala el género noir, pero a la mexicana; con un matiz pintoresco donde personajes como Juan Rodríguez termina las noches sintiéndose embriagado, sin tomar más que Monterreis (refresco con agua mineral) o el mismo Marzo, que no se nos presenta ni loco de vida ni dolido de existencia, como suelen estarlo los detectives de este tipo de literatura, sino que personifica a un sujeto común, cotidiano, habitante de cualquier ciudad.

Pero estos no son todos los personajes que habitan esta Guadalajara imaginaria. La Mandrágora aparece en escena para convertirse en el mejor personaje del texto: la forma tan vívida con la que Eugenio Partida transmite su estilo de habla casi logra que el lector le escuche fuera de las páginas del libro arrastrando las palabras como gotas que se escurren entre el papel. Por otro lado, el carácter de femme fatal del personaje posibilita el desarrollo de una serie de escenas cómicas en las que la seriedad juega un papel medular, al recordarle al lector lo ridículo que puede resultar ciertas situaciones, como si el narrador de una obra de teatro volteara a ver a la audiencia rompiendo la cuarta pared y buscando la risa fácil del público.

Una de la característica más destacable del libro, es que posee un tamaño y una complejidad muy similar a la de un capítulo de una serie de Netflix. Gracias a ello, permite una lectura rápida y fluida, desde el momento en el cual salió de los estantes de la librería es posible abrirlo para, en un trayecto de camión con rumbo a casa, terminar la lectura rápidamente. Pareciera que Eugenio Partida interiorizó esa frase tan conocida por todos que reza “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, creando así una pequeña obra que no resulta cansada, pese al tono, ni aburrida.

Una saga de libros así de extensos podría ocupar un lugar nuevo en el mercado, especialmente por la celeridad con la que se viven los ámbitos académicos y laborales, y los formatos narrativos visuales que nos han acostumbrado a designar nuestro ocio en pequeñas porciones de tiempo. Es una buena presentación por ser breve y portátil.

Un pequeño detalle de la obra, quizá radique en su edición, pues al dejarnos en una lectura que termina de manera abrupta y poco concluyente uno quisiera tener más información al respecto, puesto que en ningún lugar se llega a mencionar que se trata de una saga o que la historia misma continuará en textos posteriores, cosa que resulta necesaria para justificar un texto como éste.

A manera de conclusión, diré que ésta es una buena elección de lectura para los que no tienen mucho tiempo y para los que buscan algo ligero pero divertido. Es el equivalente literario de esas novelas policiacas que se transmitían por la radio todavía la década pasada y, más aún, una interesante transformación de aquellos primeros libros de bolsillo que se obtenían en los puestos de revistas por el mismo precio que una comida, que aunque muchos preferirán los placeres del paladar, sólo les recuerdo que hay ocasiones en que la panza está llena y la cabeza vacía.

*Pablo Zayas es estudiante de cuarto semestre en el Colegio Cervantes Costa Rica (bachillerato) en Guadalajara.

Publicado en Arte
Jueves, 22 Febrero 2018 22:56

La “Apócrifa” narrativa de Rafael Villegas

Reseñas breves con mirada joven

 

La “Apócrifa” narrativa de Rafael Villegas

 

“Para cambiar un orden imaginario existente,

primero tenemos que creer en un

orden imaginario alternativo”

(Sapiens, a brief history of mankind, Yuval Noah Harari)

La naturaleza humana es una complicación. Llena de misterios, deseos y aspiraciones, pero al mismo tiempo, llena de tragedia y maldiciones; lleva al humano a transitar su vida tratando de comprender al mundo, su forma, su porqué de existir, le atribuye a cada una de sus interrogantes una entidad particular.

El humano oscila entre dos realidades: una objetiva y una subjetiva y tiene la asombrosa capacidad de unirlas en su vivir cotidiano, haciendo que su imaginario subjetivo pueda tomar una forma en el mundo físico. Esta capacidad nos da a nosotros la cualidad de poder encarnar nuestros más terribles miedos, convirtiéndolos en terribles monstruos o de darle a cada fenómeno de la naturaleza que no podemos comprender una forma física, aunque a veces nos resulte del todo incomprensible.

Apócrifa (Rafael Villegas. Editorial Paraíso Perdido, 2017) resulta una obra bastante interesante en la que el autor experimenta con temáticas que pudieran resultar novedosas para los lectores jóvenes: las caras más extrañas de la naturaleza humana, su pensamiento, su conciencia, su memoria y, sobre todo, su tiempo en donde juzga su flujo de una manera nostálgica e inteligente. Además, en ella Rafael Villegas añade un plus a su creación: un lenguaje rico y fácil de comprender.

La bifurcación es parte de su problemática. Se le presentan al lector dos libros de distintos colores, dos posibilidades de lectura para acercarse a la narrativa de Villegas: El libro negro y El libro blanco. Juntos contienen 15 cuentos que hablan sobre diferentes aspectos de la naturaleza humana. El autor, al principio de cada relato, añade un epígrafe que cumple la función de un hilo conductor que va tejiendo el tiempo de los libros, además de darle, con esto, un atisbo poético por medio del cual el lector puede escapar antes de ingresar de lleno a la obra.

Describir la naturaleza humana es difícil, pero el autor lo hace de una manera inteligente, metiendo a sus cuentos personajes mitológicos y mágicos para darle un toque místico, como también para estremecernos y hacernos reflexionar sobre el imaginario social.

Esta obra nos traslada a rincones únicos en el mundo: desde la fría y misteriosa Siberia, hasta el cálido y místico desierto australiano, pasando por lo más cotidiano que puede sernos la misma ciudad de Guadalajara. El autor nos describe de una manera tan precisa cada lugar que no nos cuesta trabajo imaginarnos el escenario en el que la historia se está llevando a cabo. Y no sólo nos muestra lugares insólitos y mágicos, sino que también nos hará viajar en el tiempo. Por ejemplo, al Golfo Pérsico del siglo XVII o a la observación cósmica mexicana del siglo XIX. Y no se queda en el pasado, sino que nos lleva a la era de los viajes interestelares y la colonización de mundos paralelos, así como a un futuro más distante, invitándonos a contemplar el universo cuando la última estrella se apaga y el humano deja su forma corporal para convertirse en una conciencia de memorias, para así perdurar, sin olvidar que la memoria es el mejor recurso para luchar contra el futuro.

El manejo del terror mediante personajes misteriosos o monstruos creados por la miseria humana, así como la profundidad de cada personaje en estas narraciones, nos acompaña en un viaje físico y temporal por el imaginario humano, para descubrir así nuestra propia naturaleza.

Debido al extraordinario manejo de la fantasía humana, así como del imaginario colectivo, este libro (estos libros) es capaz de transportarnos a un mundo distópico a través de nuestra imaginación, a la par que invita a la reflexión sobre aquello que nos convierte, nos hace, nos forma, como humanos; nuestra Apócrifa existencia.

 

 

*Alejandro Trujillo Ruiz es estudiante de cuarto semestre en el Colegio Cervantes Costa Rica (bachillerato) en Guadalajara.

Publicado en Arte