Emancipación, soberbia epistémica y disidencia naïf

Cuatro escenas de Ciencia y Pseudociencia en los centros educativos

 

Por: Jordi Domènech Casal*

 

En una reciente encuesta (MINECO, 2016) a nivel estatal (1) emergió lo que ya se veía venir: más de la mitad de la población otorga mucha o bastante veracidad a pseudociencias como la homeopatía o la acupuntura. Estos resultados se sumaban a datos de la investigación en didáctica, que describen que el apoyo a las pseudociencias es también alto entre alumnado de secundaria y profesorado en activo y en formación (Solbes, Palomar y Domínguez, 2018) y que –cuidado, que vienen curvas- esta tendencia se correlaciona a nivel académico de una forma paradójica: a mayor nivel académico, mayor es el apoyo a propuestas pseudocientíficas.

Las pseudociencias y pseudoterapias –la posverdad científica- son propuestas no demostradas científicamente que se presentan como sólidas o fiables. Suelen basarse en errores epistémicos y usar el pensamiento mágico para convencer de postulados no demostrados (Shermer, 2008). Acostumbran a usar un léxico complejo, que las confunde con la Ciencia, como “holístico”, “cuántico” o “resonancia” o conceptos etéreos como “energía”, “harmonía” o “fluido”, a menudo apelando a pretendidas tradiciones o filosofías milenarias. Bioneuroemoción, reiki y dietas detox son algunos ejemplos que pululan por periódicos, radios y televisiones en prodigiosa normalidad. Deslumbrando a personas vulnerables que se encuentran en la angustia y la oscuridad del dolor, el desconcierto o la enfermedad. Entretanto, gobiernos y farmacias hacen el saltimbanqui normativo para autorizar la venta y difusión de propuestas dudosas con la apuesta cínica de que cada uno gasta su dinero (y su salud) como le apetece. Y se intensifica la sensación de que la comedia del absurdo se va haciendo cada vez más siniestra.

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Pero lo más extraordinario y paradójico es que este apoyo- acrítico- a las pseudociencias se produce desde el argumento del espíritu crítico, la disidencia y el empoderamiento.

Y seguramente esto tiene que ver con cómo enseñamos y escenificamos en los centros educativos qué es la ciencia, qué es la disidencia y qué es el empoderamiento.

Escena 1. Aula. Una Ciencia escolar hacia un empoderamiento humilde

Creo que no es necesario ir hasta la Ilustración para decir que la ciencia es una actividad (y una perspectiva) emancipadora. Y cuando los profes de ciencias intentamos dar forma al discurso de la ciencia y su potencial empoderador, acostumbramos a tenerlo claro: aprender a investigar.

A formularse preguntas, analizar datos, extraer las propias conclusiones. Lo que en otras áreas se llama “pensar por uno mismo” y en ciencias llamamos “indagar”.

Pero en la práctica a veces patinamos, y generamos una soberbia epistémica bastante pseudocientífica. Me explico: en una actividad que hicimos hace unos años con alumnos de 13 años sobre los tropismos de las plantas (su capacidad de orientar su crecimiento en respuesta a estímulos, como la luz o el agua) –y dadas las limitaciones de recursos en el laboratorio- un alumno decidió que él se preguntaría si las plantas tenían o no tendencia a crecer en dirección a las tizas situadas a 30 cm.

Diseñó su experimento con plantas, y sus conclusiones fueron inequívocas: las plantas sí crecían hacia las tizas. Concluyó, gozoso, que existía “alguna cosa” que hacía que “supieran” que había una tiza allí y las atraía. Llegados a este punto, empecé a darme cuenta de la magnitud de mi impericia. Alarmado, intenté hacerlo razonar sobre si eso tenía sentido. Me miró decepcionado, como no sabiendo de qué le hablaba. Me dijo “Pero está demostrado, ¿ves?” Y señalaba, insistentemente, a las ¡3 plantas!

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Creo que con esta versión inocente, esta caricatura de la ciencia (el célebre Método Científico) hemos alimentado el pensamiento pseudocientífico. Hemos generado soberbia epistémica, la creencia de que es razonable preguntarse cosas a lo loco y posible “descubrir” cosas e interpretarlas sin que nadie nos ayude a controlar nuestros sesgos. Y me pregunto si no estaremos formando mentes pseudocientíficas.

Porque esta versión de la indagación puede usarse para describir muchas pseudociencias, y se trunca justo donde empieza la ciencia. Había que continuar, discutir y argumentar con otros alumnos, buscar si alguien antes había descrito algo parecido (a favor o en contra). Interpretar las conclusiones a la luz de lo que ya sabíamos hasta el momento –sobre las tizas y sobre las plantas- e invitar al alumno a discrepar y llegar a un consenso con otros, o intentarlo. Llegar a acuerdos sobre de qué cosas estamos muy seguros como comunidad y de cuáles no (lo que los científicos suelen hacer en metaanálisis y congresos). Entender que “las proposiciones de la ciencia no son sobre lo que es verdad y lo que no. Sino sobre lo que se conoce con distintos grados de certidumbre” (Feynman, 1956).

Escenificar lo que hace que la ciencia sea ciencia, y la humildad epistémica que implica.

Tenemos que seguir empoderando al alumnado desde las ciencias. Pero también tenemos que conseguir proteger a nuestros alumnos de la soberbia epistémica, escenificando una práctica científica más completa, incorporando de manera recurrente la duda y la incertidumbre en nuestra práctica. Y eso también incluye evitar la soberbia científica. Ayudar a los alumnos a entender que eso no va de bloques. Que lo que proponen muchas pseudociencias (y el resultado del experimento de las tizas) son ideas interesantes. Pero que, de momento, siendo honestos y humildes, tenemos que aceptar que son sólo ideas interesantes. Que el problema de las pseudociencias no son las ideas interesantes, sino la soberbia de presentar como hechos cosas en las que todavía no estamos de acuerdo. Contra la soberbia epistémica de las pseudociencias, empoderamiento humilde.

Escena 2. Comunidad. Ciencia como disidencia y para la disidencia.

Es una conversación que se repite de modo recurrente en la sala de profesorado. En ocasiones son las vacunas, en ocasiones la homeopatía; en ocasiones, las ondas wi-fi. De fondo, la divisa de la “ciencia oficial” como ente dogmático y adoctrinador, cerrado a alternativas y la necesidad de oponerse para ser críticos. Una idea que tiene sus raíces –bien legítimas- en cómo históricamente el poder ha hecho (y hace) un mal uso de la ciencia (por ejemplo, la eugenesia), contrapuesta a cómo la ciencia se ha opuesto y se opone al poder (por ejemplo, su lucha contra el cambio climático). Y es difícil salir de esta dicotomía sin un doble compromiso:

  1. Por un lado, entender que también la ciencia, como actividad humana, tiene sus limitaciones (marcos ideológicos, sesgos personales) y malos usos, y debe ser objeto de escrutinio.
  2. Por otro lado, entender que la ciencia es un tipo de conocimiento particular porque se dota de herramientas para detectar esos sesgos y obligarse a considerar ideas alternativas y disidentes. Invitando a ser escrutada y asumiendo la obligación ética no sólo de defender con pruebas las propias conclusiones, sino también señalar las limitaciones de éstas (Sánchez-Ron, 2018).

Y este compromiso no se resuelve con menos ciencia, sino con más ciencia. Me explico: creo entender el ánimo disidente con el que muchas personas (familias, profesorado), ante un sistema deshumanizado y la desconfianza de grandes corporaciones farmacéuticas, o el estereotipo de la “ciencia oficial”, optan por ejercer su disidencia apoyando, por ejemplo, a la homeopatía. También el estupor al percatarse de que las mismas compañías farmacéuticas –que fabrican los productos homeopáticos- continúan enriqueciéndose con su disidencia (más todavía, pues es más barato producir un producto homeopático). Ahora vendiendo un producto que no ha demostrado su eficacia, a veces para cosas que no son enfermedades y mejoran durmiendo las horas que hacen falta o haciendo ejercicio. Y como quien no se conforma es porque no quiere, queda siempre la carta de “a mí me funciona” (conocida como la falacia pragmática), que no queda muy lejos de nuestro alumno con sus plantas y sus tizas de la escena 1. Hay aquí un espíritu crítico incompleto que se legitima desde el espíritu crítico, pero no analiza críticamente cómo puede ser que unas bolitas deshidratadas conserven ningún tipo de “memoria del agua”. Una disidencia naïf (a caballo entre la mística y el consumismo) absorbida por el sistema, convencida de que YA está actuando críticamente.

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Y eso tiene relación con nuestro modo de ejercer la ciudadanía: necesitamos estándares mucho más altos de qué significa actuar críticamente. Necesitamos una disidencia más crítica, que no pueda ser absorbida por el sistema, pero que no renuncie tampoco a analizar científicamente las causas y consecuencias. Que sepa acercarse desde la ciencia a la prensa, la publicidad y las redes sociales (Oñorbe, 2015) y a las problemáticas y controversias sociocientíficas, distinguiendo lo que es científico de lo que no lo es sin comulgar con ruedas de molino. Que exija un control sobre los fundamentos y precios de las prácticas médicas, el sistema de patentes de los medicamentos y su democratización; que frene la patologización de problemáticas de origen social, como el consumo de ansiolíticos –u homeopatía- debidas a condiciones de explotación laboral o injusticias sociales. Que reclame una cosa tan simple como tiempo para que los profesionales médicos puedan atender a cada paciente; que sea capaz no sólo de comprender, sino también de decidir y actuar (Domènech-Casal, 2018, 2019). En definitiva, que use la ciencia para hacer más potente su sentido crítico.

Y que lo haga también de forma global, porque existe un cierto paternalismo que presenta la ciencia como un invento occidental que oprime a las culturas y tradiciones ancestrales no occidentales, las “otras formas de conocer”. Y lo irónico de todo esto es que, precisamente, todas las culturas (también las occidentales) vamos consiguiendo –en parte gracias a la ciencia- emanciparnos de “otras formas de conocer” autóctonas (frenología, cosmogonías antropocéntricas, Nueva Medicina Germánica) que se dedicaban – y se dedican- a someternos. Pero en una pirueta relativista despreciamos la capacidad de otros pueblos de participar y emanciparse (desde su propia cultura) en un campo que es de todos, el de la ciencia. Todo eso para decir que abordar las problemáticas sociales renunciando a la ciencia lo que hace es debilitar a la disidencia, no fortalecerla.

Uno de los papeles de la escuela es precisamente el de garantizar que existe una disidencia productiva, capaz de provocar cambios en el sistema, y que eso pasa por la ruta de ayudar a los claustros de profesorado y al alumnado a entender que la ciencia no está enfrentada con la disidencia, sino, que es una de sus herramientas más fundamentales e imprescindibles.

Si no hay disidencia, no es educación, es instrucción.

Y si no hay ciencia, no es disidencia, es evasión.

Escena 3. Centro educativo/Institución. La legitimación de la pseudociencia en los centros educativos.

Imaginen un centro educativo que ofrece una charla sobre el origen extraterrestre de las pirámides. O una presentación muy fresca y creativa sobre las “dudas razonables” que esgrime el terraplanismo, a todo color y en 3D… no, es un mal ejemplo, en 2D. O “pruebas de la CIA” sobre la existencia de la Atlántida, con el argumento de que “la historia no lo sabe todo”.

Suena extraño, ¿verdad? Pero sí aceptamos situaciones similares sobre el feng-shui, la agricultura biodinámica o la BioNeuroImmuno (¿Gastro? ¿Osteo?) Emoción.

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Esto tiene relación con lo que hemos dicho antes (la disidencia naïf de la escena 2), pero también con una concepción errónea del papel que jugamos los centros educativos.

Ilustraré eso con un caso reciente. Un centro educativo público organiza una conferencia de un conocido charlatán pseudocientífico, en colaboración con la Diputación provincial (2) y un sindicato de trabajadores. Cuando llegan objeciones sobre la conveniencia de la conferencia, la diputación y el sindicato se desvinculan de la propuesta, que es finalmente organizada por el centro educativo en solitario. La paradoja es que de las tres instituciones que proponían inicialmente el acto, sólo el centro educativo –¡la única que se dedica al conocimiento!- tiene el poco discernimiento de continuar con ello. Incluso la misma inspección educativa menosprecia la importancia del hecho, alegando que se ha programado una conferencia “complementaria” (¡sic!) posterior, aportando el “punto de vista científico”. ¿Imaginan conferencias sobre negacionismo del Holocausto con el argumento que ya después, si acaso, invitaremos a un historiador para que el público tenga “las dos versiones”? Pues Isaac Asimov sí imaginaba situaciones parecidas y lo plasmó brillantemente en 1890 en la frase grotesca: “Mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento.”  

Los centros públicos no podemos actuar así. Precisamente nuestra función es evidenciar que el conocimiento sí que hace la diferencia. ¿Cómo puede hacerla si no distinguimos al conocimiento de lo que no lo es? Porque lo que ofrecemos desde un centro educativo, lo legitimamos. Argumentar desde la democracia y la libertad de expresión puede ser un ejercicio interesante de relativismo epistémico, pero durará sólo hasta que llamen a la puerta los terraplanistas extraterrestres piramidales de la Atlántida, para los que –casualmente- ya no tendremos tiempo, porque no son de nuestro rollo. La legitimidad no puede depender de nuestras fobias o filias individuales. Diría que lo que necesitamos no es un consejo de sabios o un protocolo de dictamine qué es o no “susceptible de ser propuesto”, lo que necesitamos es asumir la responsabilidad que tenemos nosotros de ejercer esa militancia epistémica; que somos nosotros los que tenemos que ser rigurosos. Hacer que la duda epistémica forme parte de nuestra mirada sobre la escuela.

Los centros educativos deberían ser un espacio de emancipación, del que los alumnos salieran sabiendo que no todo lo que te dicen es cierto. Conocer las pseudociencias por sus nombres y sus errores, estar listos, estar alerta. Y los primeros que debemos dar ejemplo somos los propios centros educativos, tratando las pseudociencias como lo que son, y dejando de legitimarlas.

Escena 4. Sistema. Pseudociencias en educación.

Y estas tres cosas, también nos ocurren cuando hablamos de educación.

Vivimos un momento de gran empuje innovador, lo que es una gran oportunidad, porque parece que hay un consenso social insólitamente amplio sobre que es necesario cambiar la educación. Vivimos también un momento de empoderamiento del profesorado, un tiempo para la disidencia de las liturgias escolares (¿y por qué tenemos que estar en clase todos al mismo tiempo? ¿y por qué hay que evaluar así?), de los roles profesionales (¿cómo distribuir el liderazgo pedagógico? ¿hasta dónde es vocación y hasta dónde es precarización?) y de la misión de la escuela (¿preparamos ciudadanas, o trabajadoras?)

Y no somos inmunes a los mismos vicios que afectan a la sociedad en general. Quizás el momento en que he tenido esa sensación de un modo más claro fue en una actividad de innovación en la que los participantes nos propusimos bucear en nuestra memoria y recordar un momento personal en el que hayamos aprendido. Comentarlo con otros y buscar puntos en común, generando una lista de “cosas que nos hacen aprender” fue confortable, estábamos representados en la lista; llegamos a un consenso muy general y a una sensación gratificante, de liberación. ¡La lista podría ser usada como una guía para el diseño y mejora de la acción educativa! Era fantástico, pues todo lo que aparecía en ella era relevante para nosotros. Esa sensación tan agradable fue un obstáculo para percatarnos de que en la lista no aparecía, por ejemplo, el feed-back, lo que hoy en día tenemos científicamente confirmado como uno de los factores más potentes de mejora del aprendizaje (Hattie, 2008). Había que admitirlo, habíamos estado confirmando nuestros propios sesgos, escogiendo sólo a partir de nuestra propia narración, en un contexto en el que sólo valía añadir, y en el que disentir o discrepar no era amable.

Me atrevería a decir que, motivación a un lado, esta práctica es tan pseudocientífica como común en innovación, y a nivel epistémico no se diferencia mucho de los que dicen que se aprende bien memorizando porque a ellos les fue bien así.

Creo que es cierto que la profesionalización requiere que –en paralelo a los cambios- cada uno construya una narración personal que dote las prácticas de sentido; pero también, para esa profesionalización, necesitamos que las espirales de indagación (sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos) incorporen datos y modelos más amplios, menos sesgados, de lo que ya sabemos como comunidad sobre cómo se aprende, manteniendo un contacto más estrecho con lo que dice la investigación en educación.

Tenemos que pedir un compromiso más sólido y crítico al Departamento de Educación, (3) a las universidades e institutos de Ciencias de la Educación y a otros agentes educativos. Que proliferen formaciones dando por consolidadas propuestas pseudocientíficas como las Inteligencias Múltiples, Pedagogía Sistémica, Waldorf, Programación Neuro-Lingüística o Constelaciones Familiares en los espacios responsables de garantizar el rigor educativo es una mala noticia que habrá que ir corrigiendo. Porque si no hay rigor no hay empoderamiento, si no hay ciencia, no es disidencia.

Y esto requerirá sacrificios y honestidad: saber asumir cuándo nuestro discurso no “cuaja”, aprender a controlar nuestros sesgos. Comprometernos con los alumnos y no con las metodologías. Generar una cultura de creación del conocimiento, con espacios en los que podamos registrar, escribir, comunicar y debatir, donde se promueva la disidencia, el rigor y la duda (Twitter, por ejemplo, no es uno de esos espacios). Podemos partir de espacios que ya existen, pero todavía escasos: grupos de investigación universitarios que incorporan profesorado de escuelas e institutos, grupos de trabajo de profesorado que invitan a participar a investigadores; y profesionalizar ese ciclo.

Pienso que estamos asumiendo un nuevo rol profesional en el que salir de la zona de confort y asumir riesgos, empieza a formar parte de nuestra identidad. Pero la verdadera salida de la zona de confort es asumir que podemos estar equivocados. Una cosa que debemos hacer en las cuatro escenas (aula, comunidad, institución y sistema) que hemos recorrido en este artículo, y que podemos resumir en:

  • Contra la soberbia epistémica, empoderamiento humilde.
  • Si no hay ciencia, no es disidencia.
  • El conocimiento sí hace la diferencia.
  • La verdadera salida de la zona de confort es asumir que podemos estar equivocados.

Notas del editor

  1. 1)Se refiere a todo el Estado Español, es decir, a toda España.
  2. 2)En España hay diputaciones por cada provincia, lo que sería una región al interior de un estado en México (la región centro del estado de Jalisco, por ejemplo); esa Diputación es una asamblea que legisla sobre el territorio, al tiempo que cumple funciones ejecutivas y ejerce un presupuesto para financiar actividades de diversa índole en su provincia y los municipios que la conforman.
  3. 3)Análogo a la Secretaría de Educación en México.

Bibliografía

Asimov, I. (1980). A Cult of Ignorance. Newsweek. [https://bit.ly/2XZdQpf]

Domènech-Casal, J. (2018). Comprender, Decidir y Actuar: una propuesta-marco de Competencia Científica para la Ciudadanía. Revista Eureka sobre Enseñanza y Divulgación de las Ciencias 15 (1), 1105.

Domènech-Casal, J. (2019). Aprenentatge Basat en Projectes, Treballs pràctics i Controvèrsies. 28 experiències i reflexions per a ensenyar Ciències. Rosa Sensat: Barcelona. Edición en castellano en preparación.

Feynman, R. (1956). The Relation of Science and Religion. [https://bit.ly/29qWz1S]

Hattie, J. (2008). Visible Learning: A Synthesis of Over 800 Meta-Analyses Relating to Achievement. Routledge: Abingdon-on-Thames.

MINECO (Ministerio de Economía, Industria y Competitividad). (2016). VIII Encuesta de Percepción Social de la Ciencia. [https://t.co/KrH1UmNwLZ]

Molina, E. (2019). Las Pseudoterapias. Editorial Popular, Madrid.

Oñorbe, A. (coord). (2015). Ciencia, Pseudociencia y publicidad. Alambique, Didáctica de las Ciencias Experimentales, 81.

Sánchez-Ron, J.M. (2018). Ciencia y Filosofía. Unión Editorial: Madrid.

Schwartz, M.J, (2017). La Izquierda Feng-Shui: Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres. Planeta: Madrid.

Shermer, M. (2008). Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo. Barcelona: Alba Editorial.

Solbes, J., Palomar, R., Domínguez, M.C. (2018). En quin grau afecten les pseudociències el professorat? Revista Mètode 96, 29-35.

Sobre el texto

Este artículo es una traducción del original “Emancipació, supèrbia epistèmica i dissidència naïf. Quatre escenes de Ciència i Pseudociència als centres educatiuspublicado en catalán en la web de la Asociación Rosa Sensat. Es reproducido en Diacrítico con la autorización del autor.

Pueden descargarse los textos originales en catalán y castellano.

Sobre el autor

Jordi Domènech Casal Profesor de Secundaria en el Institut Marta Estrada (Granollers).

https://blogcienciesnaturals.wordpress.com/   |   @jdomenechca

Publicado en Divulgación

El núcleo de la Galaxia Solitaria está lleno de materia oscura

Por: Redacción

Aislada a miles de millones de años, los astrónomos han identificado una galaxia con más materia oscura dentro de su núcleo de lo esperado, según los datos obtenidos por el Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA.

La galaxia, conocida como Markarian 1216 (Mrk 1216), contiene estrellas que se encuentran dentro del 10% de la edad del universo, es decir, casi tan antiguas como el universo mismo. Los científicos han descubierto que ha pasado por una evolución diferente a las galaxias típicas, tanto en términos de sus estrellas como de la materia oscura invisible que, a través de la gravedad, mantiene unida a la galaxia. La materia oscura representa aproximadamente el 85% de la materia en el universo, aunque solo ha sido detectada indirectamente.

Mrk 1216 pertenece a una familia de galaxias con forma elíptica que están más densamente llenas de estrellas en sus centros que la mayoría de las demás galaxias. Los astrónomos creen que han descendido de galaxias compactas, de color rojizo, llamadas "pepitas rojas", que se formaron aproximadamente mil millones de años después del Big Bang, pero luego se estancaron en su crecimiento hace unos 10.000 millones de años.

Si esta explicación es correcta, entonces la materia oscura de Mrk 1216 y sus primos galácticos también debe estar bien empaquetada. Para probar esta idea por primera vez, un par de astrónomos estudiaron el brillo de rayos X y la temperatura del gas caliente a diferentes distancias del centro de Mrk 1216, para que pudieran "pesar" la cantidad de materia oscura que existe en el centro de la galaxia.

"Cuando comparamos los datos del Chandra con nuestros modelos de computadora, encontramos que se requería una concentración mucho mayor de materia oscura que la que encontramos en otras galaxias de masa total similar", dijo David Buote, de la Universidad de California en Irvine. "Esto nos dice que la historia de Mrk 1216 es muy diferente de la galaxia típica. Esencialmente, todas sus estrellas y materia oscura se ensamblaron hace mucho tiempo con poco agregado en los últimos 10.000 millones de años."

Según el nuevo estudio, un halo, o esfera borrosa, de materia oscura se formó alrededor del centro de Mrk 1216 aproximadamente 3 o 4 mil millones de años después del Big Bang. Se espera que este halo se extienda sobre una región más grande que las estrellas en la galaxia. La formación de una galaxia de pepita roja de este tipo era típica de una amplia gama de galaxias elípticas vistas hoy. Sin embargo, a diferencia de Mrk 1216, la mayoría de las galaxias elípticas gigantes continuaron creciendo gradualmente en tamaño cuando las galaxias más pequeñas se fusionaron con ellas durante el tiempo cósmico.

"Las edades antiguas y la densa concentración de las estrellas en galaxias elípticas compactas como Mrk 1216 fueron vistas relativamente cerca proporcionando la primera evidencia clave de que son los descendientes de las pepitas rojas vistas a grandes distancias", dijo el coautor Aaron Barth, también del Universidad de California en Irvine. "Creemos que el tamaño compacto del halo de materia oscura que se ve aquí resuelve el caso".

Anteriormente, los astrónomos estimaban que el agujero negro supermasivo en Mrk 1216 era más masivo de lo esperado para una galaxia de su masa. Este último estudio, sin embargo, concluyó que es probable que el agujero negro pese menos de unos 4 mil millones de veces la masa del Sol. Eso suena a mucho, pero puede que no sea inusualmente masivo para una galaxia tan grande como Mrk 1216.

Los datos de Mrk 1216 también proporcionan información útil sobre la materia oscura. Debido a que la materia oscura nunca se ha observado directamente, algunos científicos cuestionan si existe. En el estudio, Buote y Barth interpretaron los datos del Chandra utilizando modelos estándar de gravedad "newtonianos" y una teoría alternativa conocida como dinámica newtoniana modificada, o "MOND" diseñada para eliminar la necesidad de materia oscura en galaxias típicas. Los resultados mostraron que ambas teorías de la gravedad requerían aproximadamente la misma cantidad extraordinaria de materia oscura en el centro de Mrk 1216, eliminando efectivamente la necesidad de la explicación MOND.

"En el futuro, esperamos ir un paso más allá y estudiar la naturaleza de la materia oscura", dijo Buote. "La densa acumulación de materia oscura en el centro de Mrk 1216 puede proporcionar una prueba interesante para las teorías no estándar que predicen la materia oscura menos concentrada centralmente, como las partículas de materia oscura que interactúan entre sí por un medio adicional distinto a la gravedad".

Publicado en Otros
Domingo, 10 Junio 2018 20:48

La muerte es ausencia

La muerte es ausencia

Por: Edson Javier Aguilera Zertuche

 

Si de veras queréis contemplar el espíritu de la muerte,

abrid bien vuestro corazón al cuerpo de la vida.

Porque la vida y la muerte son una misma cosa,

así como el río y el mar son una misma cosa. (…)

Confiad en los sueños, pues en ellos está oculta la puerta a la eternidad.

Gibran Jalil Gibran

Epicuro recomendaba a su alumno Meneceo no temer a la muerte y le indicaba que debía pensar que la muerte implica el abandono del cuerpo que es fuente de las sensaciones dolorosas y placenteras, la muerte sencillamente implicaba la ausencia de sensaciones y, por tanto, la ausencia de dolor. Antes de él, el mismo Platón ponía las bases de la creencia cristiana de la muerte, pues fue él precisamente quien formalizó la antigua creencia de que hay un alma y hay un cuerpo, y que el conjunto de estos da vida al ser humano. Cuando el cuerpo perece, el alma sigue viva porque es inmortal y capaz de la transmutación.

La muerte desde el punto de vista médico está todavía en discusión, todavía entrado el siglo XX se creía que el cese del trabajo del corazón suponía la ausencia de vida; hoy desde el punto de vista neurológico la ausencia de actividad bioeléctrica indica que alguien ha fallecido, aunque por razones del proceso termodinámico hay discusión cuándo es el momento preciso de la muerte.

Sin embargo, la experiencia de la muerte es algo que no se puede compartir, y en tanto algo incompartible como experiencia propia, es un misterio. Creo firmemente que la muerte es algo que la ciencia no puede explicar en su estado actual, podrá decir qué procesos acontecen en el cuerpo, pero la existencia de entidades no físicas (en el sentido convencional) y de niveles de realidad no accesibles para la percepción humana y su tecnología es algo que no se ha podido descartar contundentemente. Claro que no es cuestión de creer todo por el mero hecho de aferrarse a alguna creencia que nos sea placentera, hay que tener una ruta crítica sobre esto, y como tal; se debe reparar en que desde la más remota antigüedad todas las culturas reconocen la existencia de un mundo espiritual que en sus distintas versiones guardan similitudes que nos ponen a pensar si serán o no coincidencia.

El sentido que tiene la muerte para los individuos está permeado de su contexto cultural, es cierto, pero la muerte de alguien querido tiene un significado muy particular, vivido o afrontado de modos muy particulares. La confrontación ante la noticia de la muerte o testificación de la muerte, el proceso y forma por la cual alguien pierde la vida, los pormenores de la relación con el fallecido y la dinámica cotidiana en vida despiertan una infinidad de formas de sufrir y sentir la ausencia. El solo hecho de acostumbrarse a la ausencia de esa persona es un proceso largo en que se siguen haciendo cosas como si estuviera presente nuestro ser querido. Decía un amigo, que muerto su padre estaba más presente en la vida de su familia, pues las evocaciones sobre sus dichos, gestos y formas de ser eran el platillo diario, cuando en lo cotidiano el padre gustaba de estar fuera de casa vagabundeando.

De las pérdidas más dolorosas el mismo amigo comentaba que se encontraba en primer lugar la pérdida de un hijo (nótese que los mismos psicoanalistas -no sé si fue Freud- habían reparado en que para el hijo sin padre o madre existía la palabra huérfano, pero no hay palabra que describa un padre o madre que perdieron a su hijo); en segundo lugar, la pérdida de la esposa o esposo, la madre y luego la del padre. También es muy cierto que el proceso o causa de muerte puede volver especialmente desgastante y dolorosa la pérdida. En todo caso, la muerte de los que amamos tiene el significado de pérdida, algo que se va y que no volverá. Este no volver definitivo e indudable, puede, -en ausencia de la resignación, la esperanza y la creencia en un reencuentro-, aniquilar el ser de una persona. Una ausencia no se olvida, la aspiración más plausible es la resignación, que en mi punto de vista está fuertemente posibilitada si había satisfacción y concordia en la relación.

La idealización del difunto es también uno de los elementos que están presentes en el duelo, el reconocimiento final de la valía del ausente contribuye a esto. Este reconocimiento está asociado a una conclusión de la relación que nos obliga a reflexionar ya fuera de lo que pudiera causar conflicto o desacuerdo, sobre la calidad de esa persona querida. Obliga también a pensar en algo que señalaba Ferrater Mora, que la muerte de otros nos orilla a tener conciencia de que también vamos a morir. La evocación de los lugares y tiempos ocupados por el fallecido, sus objetos e intervenciones en nuestra vida dejan la sensación de un rompecabezas que ya no se pudo completar e implican la forzosa aceptación de la ausencia (y como decía atrás; jamás de su olvido porque esto no es posible). Los que se quedan extrañando ven como las relaciones entre ellos son reconfiguradas al fallecer cada miembro del grupo y esto implica rompimientos o fortalecimientos de lazos ya existentes, así como reorganizaciones de la vida cotidiana o de hábitos y actitudes hacia los otros. En el mejor de los casos las actitudes extremas son mesuradas por la conciencia que despierta una muerte cercana sobre nuestra propia fragilidad y además implica un acercamiento y cohesión que se había relajado antes de este suceso. Repito, en el mejor de los casos se comprende que el tiempo es lo más valioso que tenemos y no hay que pasarlo sin brindarnos con calidad a quienes queremos.

El 25 de mayo de este año falleció mi padre, cuya muerte nos ha puesto a pensar precisamente en lo que decía Gibran Jalil, que si algo de la muerte nos es asequible, es por medio de la vida, en su vida, nada fundamental dejó pendiente mi padre, se regocijó y recogió sus pasos (como dijo una vecina) visitando los lugares donde vivió y frecuentando a sus amigos de distintos contextos y a su familia, vivió sus últimos días contento sin ninguna queja de la dura vida que tuvieron él y sus hermanos, tranquilo en su cama junto a su esposa. Murió en concordia y con la intención de no dejar nada pendiente. Una vida humana, por su puesto, donde el error también estuvo presente muchas ocasiones, pero con la idea de ser perfectible en su persona, hacia los demás y respecto a todo lo que hacía cotidianamente, libre de rencor y de la ambición insatisfecha que corroe a tantas personas. ¿Una vida ejemplar? Si y no, como muchas otras vidas, “humano, demasiado humano” como expresa Nietzsche para hacernos ver lo común que somos muchos. Pero al fin una vida que se extinguió muy tranquilamente y que dejará el rompecabezas sin acabar. En paz descanses papá donde quiera que estés. Te amo.    

Publicado en Análisis social

Investigadores del Instituto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) buscarán evidencias de vida marciana en ambientes análogos de la Tierra.

Los estudiosos de la agencia espacial estadounidense explorarán lugares con ambientes extremos como la bahía Shark, en Australia, donde hay estromatolitos, la evidencia de vida más antigua que se conoce en la Tierra, de unos tres mil 500 millones de años.

La expedición visitará el Ártico, pues en los lagos de esa región se esconden organismos vivos capaces de producir un mineral que se puede encontrar en Marte.

Consideran los expertos de la NASA que en otros tiempos el llamado Planeta Rojo pudo tener un hábitat y atmósfera similar al de la Tierra.

Los científicos estudiarán también los Andes y algunos lagos que se encuentran en su cumbre, los desiertos de Mojave, en Estados Unidos, y el de Atacama, de gran interés por sus paisajes secos y ásperos, y la forma cómo los organismos evolucionaron para adaptarse a esos medios.

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Hubo una palabra que se volvió moda en los años 90: lo "alternativo". El rango de aplicación del adjetivo era bastante amplio y abarcaba desde la música, el arte, hasta disciplinas como la medicina, la ciencia y hasta la filosofía. Empezaron a aparecer, cual hongos en temporada de lluvias, corrientes, estilos, teorías o posturas a las que gustosamente se les añadía el mentado término. La moda aún sigue viva, pues día con día no dejan de aparecer promotores de "lo alternativo". Se trata, claro está, de ámbitos muy diferentes entre sí, por lo que es necesario ser precavido antes de establecer juicios. Pero hay que notar que existe una especie de patrón constante, y es lo que es preciso  desmenuzar con cuidado. Aclaro que no censuro el uso del término como tal, pues más bien me interesa cuestionar acerca de si en algunos casos este está justificado.

Por lo general, la justificación dada por los impulsores de "lo alternativo" es la ruptura con lo previo. Su argumentación, usualmente, presenta dos estrategias: a) se postula la existencia de una tradición anterior, que es presentada como caduca y desgastada (también es común el empleo del tan manoseado término de “paradigma”) y, para mayor persuasión, se caracteriza como “hegemónica”, “totalitaria”, “cerrada”, “monolítica”, etc.; y b) el nuevo “paradigma alternativo” ofrece una opción distinta al del “paradigma tradicional”, en el que las formas viciadas de éste son superadas o dejadas de lado. Planteado de esta forma, los defensores de “lo alternativo” incurren en la falacia ad novitatem –considerar que un concepto o idea es mejor simplemente porque es nueva-. Si realmente lo que se presenta como alternativo resulta ser mejor que el modelo “tradicional”, deberían suministrarse buenas razones para argumentar en su favor. No obstante, la justificación parece centrarse en desacreditar lo anterior e intentar persuadir de las bondades de la novedad “alternativa”, lo que muchas veces sólo significa invertir las características atribuidas al “paradigma tradicional” (por ejemplo, si el último es presentado como “hegemónico” o “monolítico”, el nuevo paradigma es inversamente “contrahegemónico” o “plural”, y así sucesivamente).

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Veamos algunos casos concretos. La medicina "alternativa" es propuesta como una opción “más” benigna y efectiva que la medicina alópata. La estrategia de “desacreditar lo anterior/hegemónico” es casi invariablemente apelar a mitos urbanos y teorías conspirativas, tales como que la industria farmacéutica efectúa experimentos secretos para probar los medicamentos; que ésta, en complicidad con los gobiernos, inventan enfermedades para vender nuevos fármacos; que organizaciones ocultas secuestran personas para extraerles órganos, etc. En casos extremos, se llega incluso a cuestionar los métodos y procedimientos de la medicina alópata, como la aplicación en grupos de control, la experimentación, el uso de sustancias químicas (y aquí se asoma la falacia naturalista), etc. Así, muchos argumentos en contra de la medicina alópata, en muchos casos, son "hombres de paja". Por otra parte, los argumentos en pro de la medicina alternativa se basan en una selección de datos favorables (por ejemplo, marcar énfasis en los efectos secundarios nocivos de antibióticos, vacunas y cirugías, mas no mostrar las consecuencias perjudiciales de los remedios "alternativos"). Al renunciar a estándares y protocolos de la medicina alópata, la “alternativa” termina empobreciéndose, ya que no se ofrece ninguna garantía de sus beneficios. Si algunos remedios alternativos son eficaces para tratar ciertos padecimientos, deberían someterse a controles y pruebas estrictas e incorporarse a la práctica médica. En este sentido, como afirma Richard Dawkins: "No hay medicina alternativa. Sólo hay medicina que funciona y medicina que no funciona".

A propósito de la ciencia, la situación resulta más compleja. Algunos divulgadores de ciencia e incluso científicos (Prigogine, en cierta manera Margulis, Maturana, Varela, Capra, Lakoff, Lovelock y otros), presentan sus descubrimientos no sólo como nuevas teorías, sino como nuevas formas de hacer ciencia. De este modo, se pretende oponer la "nueva ciencia" -holística, basada en incertidumbres y en algunos casos, hasta mística- frente a la ciencia "tradicional" -positivista, mecanicista, materialista, etc.-. Claro está que estos puntos son importantes para la reflexión epistemológica, para ser someramente tratados aquí. Pero podemos apuntar que si hay no sólo teorías “alternativas” -que dicho sea de paso, la formulación de múltiples teorías ha sido incluso un ingrediente fundamental de actividad científica, a lo largo de la historia- sino nuevos métodos y procedimientos científicos, no constituyen una "alternativa" a la ciencia "tradicional": si son explicativos, se incorporan al cuerpo de la ciencia. Por otro lado, las concepciones del Universo han ido cambiando desde los tiempos de Galileo y Descartes, y esto forma parte de la historia de la ciencia (en este sentido, la concepción mecanicista vino en declive desde el siglo XIX, con Darwin y la termodinámica, y se superó definitivamente con la relatividad einsteiniana y la física cuántica, ninguna de ellas "ciencias alternativas"). Pero de esto a interpretar que el “viejo paradigma” y el “nuevo” se distinguen por valores contrapuestos como “racional vs intuitivo” (como sugiere Capra) o “masculino vs femenino” (Luce Irigaray dixit) es francamente insostenible: la ciencia no ha abandonado la racionalidad e incluso no se contrapone a lo intuitivo –que puede darse en la formulación de hipótesis-; respecto a la dualidad “ciencia masculina/ciencia femenina” sugieren una aplicación de valores de un ámbito ajeno a la ciencia, que tendría que justificarse –las epistemólogas feministas tendrán que explicarnos qué relación guarda, por ejemplo, lo “masculino” con lo racional-.

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En síntesis, y parafraseando la cita de Dawkins: No hay ciencia alternativa. Sólo hay ciencia que explica y seudociencias que no explican. Cabe aclarar que las teorías de Prigogine, Margulis y otros son aceptadas por las comunidades científicas, lo que no ha significado que sus concepciones sobre la ciencia gocen de igual aceptación.

Si la ciencia dista de ser una visión monolítica y rígida, la filosofía lo es menos. Hablar de una "filosofía tradicional" resulta una simplificación excesiva, pues sugiere que ha habido una línea de pensamiento (o varias líneas en la misma sintonía) que ha permanecido constante a lo largo del tiempo. ¿Es sostenible esta caracterización? A menos que se recurra a una historiografía maniquea, basada en “hombres de paja” y selección favorable de datos, difícilmente puede darse una respuesta afirmativa. Basta revisar las propuestas de los relativistas, irracionalistas y escépticos contemporáneos -deconstructivas, posestructuralistas y demás-, para darnos cuenta que no hay nada nuevo bajo el Sol: encontramos posturas relativistas y escépticas en la Antigüedad (Gorgias, Pirrón, Sexto Empírico, etc.) y en el Renacimiento (Montaigne). La "desconfianza" hacia la Razón la hallamos en la misma Ilustración, con Hume y Kant. Vistas las cosas así, uno se pregunta si tiene sentido hablar de filosofías "alternativas" frente a una "tradición" filosófica, ¡cuando la tradición histórica de la filosofía ha estado llena de ellas!

Los defensores de la filosofías "alternativas" podrán objetar que la novedad de las posturas contemporáneas radica en que contemplan temas ignorados por la tradición como los derechos de la mujer, el cuidado del medio ambiente, el reconocimiento de la diversidad cultural, la ruptura con el ascetismo, etc. Como en otros casos, esto se complementa con la estrategia de “desacreditar lo anterior/hegemónico”: se crea alguna historia del “ocultamiento", a la manera de Heidegger o Derrida, en la que se plantea que estos temas no han sido sólo ignorados, sino deliberadamente vetados y encubiertos. A esto se pueden plantear dos objeciones. En primer lugar, las reivindicaciones en materia social, ambiental o de género no implican de ningún modo la “claudicación” de la razón, y ejemplo claro de ello es la filosofía analítica (y podemos citar a gente como Otto Neurath, Rudolph Carnap, Peter Singer, Elizabeth Anderson, John Roemer, Ann Garry, etc.), que ha incluido estos temas como parte de la investigación filosófica desde directrices analíticas. 

En segundo lugar, la teoría del “ocultamiento”  no es otra cosa que una teoría conspirativa. El hecho de que pensadores del pasado no hayan planteado problemas del presente o hayan excluido temas puede deberse a las limitaciones de su tiempo o prejuicios arraigados por generaciones; no suponen necesariamente una intención deliberada de encubrimiento. En todo caso, los defensores de esta teoría deberían proporcionar  razones sustanciales para demostrar que existe tal intención, lo que implica sortear el riesgo de emitir juicios anacrónicos (juzgar autores del pasado por no pensar en términos del presente). Una vez más, hallamos un claro ejemplo de falacia ad novitatem.

En suma, impulsar lo “alternativo” por lo alternativo en sí mismo resulta insuficiente. En los tres casos analizados –medicina, ciencia y filosofía-, hemos visto que las pretendidas propuestas alternativas se sostienen por una denostación de lo previo o lo hegemónico, fundada en simplificaciones y valoraciones sesgadas. Al mismo tiempo, lo “alternativo” es defendido por la simple oposición a la tradición supuestamente caduca. De este modo, el discurso de “lo alternativo” no es sino mera retórica.

Esto no sugiere, en modo alguno, el rechazo de nuevas propuestas; no se trata de una apología romántica de lo viejo frente a lo nuevo. La historia es una renovación constante de ideas, posturas o estilos. Si se formulan propuestas alternativas que se encuentren bien fundamentadas, no hay razones para descartarlas a priori. El problema es vender creencias bajo el rótulo de “alternativas”, basadas en simples recursos persuasivos y malos argumentos.

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Científicos y programadores recrearon el cerebro de un gusano en un robot tipo Lego mediante la cartografía de sus conexiones neuronales y su traducción en software, informa hoy el portal Breitbart.

Se trata de OpenWorm, un proyecto de ciencias de código abierto que tiene como objetivo construir una simulación completa y precisa de una forma de vida.

Como objeto de la imitación digital el equipo de investigadores de Estados Unidos y Reino Unido escogió al gusano nematodo Caenorhabditis elegans, ya que es un animal muy simple.

Tiene sólo mil células, de las cuales sólo 302 son neuronas y siete mil conexiones o sinapsis (en comparación, el cerebro humano tiene 86 mil millones de neuronas y 100 billones de sinapsis).

Además, la piel de los gusanos es transparente, permitiendo a los científicos crear un mapa detallado que muestra cómo el animal se estructura célula por célula y recrearlo digitalmente en el OpenWorm.

Los científicos señalan que el robot muestra comportamientos similares a gusanos al alejarse de los objetos irritantes sin ninguna codificación para este tipo de comportamiento.

No obstante, el proyecto aún tiene que crear el cuerpo del gusano, con la piel y el músculo que permitiría al animal digital nadar a través del agua, al igual que su par biológico.

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El campo magnético que protege a la vida en la Tierra de la radiación solar pierde gradualmente su estabilidad, advierten nuevos estudios de la Universidad de California, de acuerdo a información publicada por Prensa Latina.

Los científicos sospecharon durante mucho tiempo que esas variaciones son cada vez más frecuentes, y que el campo magnético era menos propenso a inversiones de los polos en el pasado.

Según los estudiosos, si en el pasado lejano el campo magnético de la Tierra cambió de dirección cada cinco millones de años ahora lo hace cada 200 mil años.

De acuerdo con los expertos, ese campo magnético es impulsado por el corazón del planeta. En su centro hay un núcleo interior sólido rodeado por un núcleo externo líquido, que es más caliente en la parte inferior.

El hierro caliente se eleva en el núcleo externo, luego se enfría y se hunde, y esas corrientes de convección, combinados con la rotación de la Tierra, se cree que generan una especie de geodinamo que alimenta el campo magnético.

Debido a los cambios de temperatura y los flujos de fluidos, la fuerza del campo magnético varía, y las posiciones de los polos norte y sur magnéticos cambian.

Esos cambios dejan huellas en las rocas. Cuando la lava se enfría, las partículas de óxido de metal dentro de la roca se congelan en la dirección del campo magnético imperante.

Así los científicos pueden trabajar las posiciones históricas de los polos magnéticos, examinando las muestras de lava.

Como resultado de ello se sabe que han sido cerca de 170 inversiones de los polos magnéticos en los últimos 100 millones de años, y que la última inversión importante fue hace 781 mil años.

Los investigadores creen que el núcleo interno está creciendo lentamente, pues el núcleo externo se enfría y solidifica. Eso debería significar variaciones más frecuentes.

Simulaciones realizadas por Gary Glatzmaier y sus colegas de la Universidad de California sugieren que un núcleo interno más grande obstruiría más a las corrientes en el núcleo externo, para hacer un campo magnético más inestable.

Los datos recogidos por los satélites Swarm, de la Agencia Espacial Europea, revelan que el campo magnético de la Tierra se debilita a un ritmo de alrededor de cinco por ciento por década.

No está claro para los expertos que sucedería si el campo se debilita en gran medida o desaparece por un tiempo durante una inversión.

Sin embargo, los científicos creen que las redes eléctricas y sistemas de comunicación están potencialmente en riesgo. Además podría afectar seriamente a animales como las aves y las ballenas, que utilizan el campo magnético para orientarse.

Otra preocupación es que si durante el proceso de inversión de los polos el campo magnético se debilita excesivamente o desapareciera aunque sólo fuera durante un corto periodo de tiempo, se perdería la protección contra la radiación del Sol.

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Investigadores estadounidenses detectaron una enorme cantidad de estrellas solitarias, hasta ahora indetectables por la debilidad de su luz, anunció el Instituto de Tecnología de California (Caltech).

De acuerdo con el grupo de astrónomos, el suceso sugiere que la mitad de las estrellas podría existir fuera de las galaxias, una suposición que de confirmarse puede resolver uno de los mayores misterios del universo.

El hallazgo podría resolver el problema de la materia ordinaria perdida, que desde hace décadas hreocupa a los científicos por no poder detectar suficiente masa como para explicar por qué el universo se mantiene unido.

Conforme con los cálculos, la materia ordinaria -la que forma estrellas y galaxias- constituye cerca de un cinco por ciento de la masa total del universo, sin embargo, los astrónomos han logrado dar cuenta de solo el 2,5 por ciento.

En el estudio los expertos del Caltech decidieron no medir la luz de puntos concretos, sino escanearla en masa de un sector del cielo, igual que se podría detectar la cantidad de espectadores en un estadio por el ruido que emiten sin contarlos.

Para ese fin lanzaron un cohete a 300 kilómetros de altura para sacar una imagen de siete minutos de exposición, midiendo la luz con espectómetros en diferentes bandas en el infrarrojo.

Los científicos eliminaron la luz de galaxias conocidas y registraron un débil resplandor de fondo en el espacio entre ellas.

Los investigadores creen que se trata de las estrellas expulsadas de galaxias durante colisiones galácticas y será necesaria un estudio posterior para comprobar si su masa es suficiente para compensar la parte que faltaba.

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Los desperdicios de los astronautas, incluidos sus excrementos, pueden tener un nuevo uso: enviar naves espaciales de regreso de la Luna a la Tierra, señaló un especialista estadounidense.

El profesor asociado de Ingeniería Agrícola y Biológica de la Universidad de Florida, Pratap Pullammanappallil, explicó que 

los residuos generados durante el vuelo espacial no son usados, la NASA los almacena en contenedores hasta que se meten en vehículos de carga espacial que arden a su vuelta por la atmósfera de la Tierra.

Sin embargo, para las futuras misiones a largo plazo no sería práctico traer todos los residuos almacenados.

Crear un vertedero en la superficie de la Luna tampoco es una opción, por lo que la agencia espacial estadounidense acordó con la Universidad de Florida desarrollar nuevas ideas.

La Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) suministró a los científicos un equipo para compactar químicamente desperdicios de comida y envases simulados.

Los estudios determinaron que el equipo podría producir 290 litros de metano por tripulación cada día, en el espacio de una semana, lo que supone una muy buena fuente de combustible, aseguró Pullammanappallil.

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La Estación Espacial Internacional (ISS) fabricó su primer objeto, lo que abre nuevas posibilidades para futuras expediciones espaciales de larga duración, anunció la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Se trata de la placa frontal de un cabezal de impresión, creada en una impresora tridimensional, que tiene grabado los nombres de los organismos que colaboran en esa demostración de tecnología: la NASA y Made in Space, Inc., empresa que trabajó en el diseño, construcción y prueba de la impresora.

Esta primera impresión 3D es el paso inicial hacia un sistema de fabricación bajo demanda fuera de la Tierra, dijo Niki Werkheiser, gerente de proyecto en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales de la NASA.

El astronauta de la agencia espacial estadounidense Barry Wilmore instaló la impresora el pasado 17 de noviembre, y llevó a cabo la primera impresión de prueba de calibración; con sus resultados, el equipo de control de tierra envió comandos para efectuar un ajuste de la impresora para realizar una segunda prueba de calibración el 20 de noviembre.

El equipo utiliza un proceso formalmente conocido como "fabricación aditiva", que calienta a una temperatura relativamente baja el filamento plástico y lo moldea capa a capa para construir la proporción definida en el archivo de diseño enviado a la máquina.

Esta es la primera vez que hemos utilizado una impresora 3D en el espacio, y estamos aprendiendo, incluso desde las operaciones iniciales, a medida que imprimamos más unidades, podremos examinar si algunos de los efectos que estamos viendo son causados por la microgravedad o por la distribución del proceso de puesta a punto para la impresión, dijo Werkheiser.

Cuando llevemos los objetos a la Tierra, haremos un análisis más detallado para averiguar cómo se comparan a las impresiones 3D en la superficie del planeta, añadió el experto.

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