Miércoles, 10 Diciembre 2014 00:00

Las campañas anticipadas; un juego de partidos

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Boletas electorales mexicanas Boletas electorales mexicanas

No suelo contestar el teléfono. Números no registrados no me garantizan la seguridad necesaria de la palabra. Llamada entrante. Desde el D.F. La necesidad de comunicación con lejanos familiares suscita las más inverosímiles tragedias comunicativas.

El Partido Verde a la línea. A través de una máquina, el PVEM llama directamente a cada hogar de Guadalajara para hacer una breve encuesta para propuestas de campaña: “marque uno si usted vota por salud, marque dos si usted vota por educación, marque tres si usted (…), marque cinco si vota por seguridad”. Marqué cinco ¿qué no es la vida nuestro más amado bien? ¿Qué no sólo a través de la seguridad es como podemos garantizar esa vida que, pareciera, como mexicanos la tenemos prestada? Una voz humana al teléfono me agradece mis respuestas, dice llamarse Silvia del PVEM con el tono característico de un centro de telemarketing, no puedo esperar más y lanzó mi pregunta, mientras el ímpetu de periodista me hace encender la grabadora y pegarla a la bocina:

–        Hola Silvia, una pregunta ¿por qué me están marcando?

–        Para agradecer su votación dentro del PVEM (…)

–        ¿Qué no se supone que están fuera de periodo para realizar campañas electorales y…?

Del otro lado del teléfono, sólo el sonido que indica que mi interlocutor ha terminado la llamada. Muy breve. Mis preguntas quedan flotando en el aire, nadie las respondió aunque la respuesta no era necesaria ya que desde la formulación misma de la pregunta sabía que estaba siendo retórico.

Tal parece que el delegado del PVEM, con funciones de presidente, en Jalisco, Enrique Aubry de Castro Palomino, ha estado invirtiendo algo de dinero en campañas preelectorales, pagando a centros de marketing para que hostiguen la tranquilidad del hogar de los ciudadanos de nuestro estado.

No hay nada más molesto que las llamadas telefónicas de instituciones o empresas a las tres de la tarde. En la tranquilidad del hogar, mientras uno ve una película, juega con los niños, disfruta una buena comida con una suave música, resulta molesto el repique del teléfono, sonido que, contrario a lo que esperamos, nos llevará a platicar –unidireccionalmente– con una máquina, una señorita cargada de información sobre nuestras vidas o, en su defecto, un extorsionador, el primo “Juan” de Estados Unidos pidiendo auxilio desde el aeropuerto internacional.

Pero una línea ocupada, una mala respuesta, un gesto de evidente molestia, no detiene a este partido. A nivel nacional, el PVEM ha llevado incisivas campañas en los últimos dos meses con el fin de preparar votantes rumbo a 2018.

Prueba de ello es la ferocidad con la cual arremetieron contra el espectáculo circense, documentado en el Distrito Federal, donde los capitalinos recibieron llamadas telefónicas constantes, por parte de dicho partido, con el fin de hacerles ver la “criminalidad” del circo (La Jornada, junio 20, p. 34), ocasionando la persecución inmediata de aquellos “atroces actos contra la vida animal”.

Estas campañas telefónicas adelantadas, o dentro de periodo electoral, atentan contra la tranquilidad de las personas en sus hogares, además de que vulneran sus datos personales al requerir el interlocutor de tu nombre propio, sin que medie anuncio de privacidad en la conversación. ¿Qué busca el PVEM con esto? Evidentemente se trata de recordarles a los votantes de su existencia, ya que al ser un partido que generalmente va con alianzas para ganar su registro difícilmente está en nuestra memoria al realizar el sufragio.

El “reformado” Instituto Nacional Electoral (INE) debería tomar cartas en el asunto, y comenzar a girar recomendaciones a los partidos políticos que incumplan la norma. Ahora, con el uso de las redes sociales, enterarse de las mal llamadas “irregularidades” a la ley resulta más sencillo e inmediato, sólo es cosa de querer hacer algo al respecto antes de que otros grupos políticos comiencen a realizar las hasta ahora impunes actividades que lleva a cabo el Partido Verde

Ecologista de México, que, a manera de paréntesis, es el único partido verde en el mundo que está a favor de la práctica ecocida del recién aprobado fracking.

 

Nuevo embate

Hasta aquí mi disertación. Lo anterior lo escribí el 31 de julio pasado, y lo publiqué en el periódico Página 24 Jalisco, pero un nuevo suceso hace que retome el asunto. Apenas el día de ayer, 9 de diciembre de 2014, parece que algunos partidos políticos se percataron de las prácticas del PVEM, por lo que decidieron denunciar ante la autoridad “competente”; en este caso el INE.

Su demanda, que el partido Verde de México gastó más de 400 millones de dólares en campañas televisivas, a través de los llamados spots. Es común que este tipo de prácticas se den en México, ya que pareciera que la autoridad electoral, reformada o no, hace caso omiso ante las evidencias que se le presentan. Pero mi queja no es contra aquellos que ya sabemos cómo actúan, ni contra los partidos que hacen campaña anticipada –aunque nunca promueven la imagen de un candidato específico, la llamaré de esa manera-, mi queja es contra los partidos políticos de “izquierda” que viven fuera de la realidad de este país, reclamando ante las autoridades cosas que ellos mismos hacen. Si en verdad a alguien le importara, en la política, este tipo de situaciones, para eso se legisla con anticipación y se llegan a acuerdos, pero como siempre pueden guardar un as bajo la manga, mejor no decir nada.

Es evidente que el PVEM está excediendo sus gastos de “pre-campaña”, y no hace falta prender la televisión para darse cuenta de ello. Cuando uno sale a las calles en Jalisco se percata del exceso de espectaculares que anuncian que ellos –el PVEM- “sí cumplen”. Pregúntenle a cualquier niño, después del camino diario a su escuela, acerca de qué partido político “sí cumple” y sabrán mejor la respuesta que si les preguntaran acerca de la Revolución Mexicana.

Pero insisto, no se trata solamente de un partido, no se trata de un color, se trata de una clase política acostumbrada a los dimes y diretes, al juego con la prensa, al te acuso me acusas, para llevar a cabo todas sus ilegales acciones. ¿Y la ley? Bien, ahí sigue.

Omar Sánchez (Roberto Visantz)

Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información.

Web: https://robertovisantz.eldiacritico.com/