Viernes, 16 Enero 2015 00:00

La fantasía de la libertad o el “trendy” activismo

Escrito por
Valora este artículo
(3 votos)
La fantasía de la libertad o el “trendy” activismo ActuaLitté

Navegando en el vaivén de la zozobra informática, con más deseos de aventarse al océano de los datos que de participar en él, nos vemos atrapados en las fauces del paradigma de la libertad para poder decir, hacer o parecer.

Estas tres palabras comúnmente vuelven a nosotros para confrortarnos al abrir nuestro navegador en la computadora. Facebook, twitter, tumblr, cualquier red, nos presentan un espacio vacío para que declaremos nuestro estado mental del momento-ideológico, pero ¿qué decir, que “hacer”, que parecer?

Cada vez que actualizamos un estado en nuestros perfiles de socialización -esos chismógrafos postmodernos- decidimos sobre aquello que queremos mostrar al otro, aquello que nos parece “trendy” o que queremos volverlo, ejerciendo, en este sentido, nuestra “libertad”.

Pero, ¿realmente elegimos libremente qué temas queremos comentar, qué palabras queremos decir, cómo queremos pensar? Con la entrada del punto com a la red, y su posterior dominación de todo el ciber espacio -relegando a los dominios .onion y los wares a la “red profunda”- nosotros navegamos a través de portales elegidos por compañías multinacionales que confían en que sus criterios de información son los mismos que nosotros tenemos, por lo que en cierta forma eligen por nosotros, ¿para qué perder el tiempo buscando algo si Google me sugiere que quiero encontrar, si Youtube me dice que quiero ver, si Spotify me dice que quiero escuchar y si Facebook me muestra lo que conviene a mi persona?

Gracias al recopilado de cookies, nuestros navegadores y los sitios .com a los que entramos, saben perfectamente que es lo que deseamos consumir – sí, consumir, porque en pocas palabras su finalidad es vendernos algo-, nuestra interacción de esta manera queda reducida a un simple algoritmo que puede prever nuestras necesidades de consumo. Hemos llegado a reducir la red de redes a algo menos que una televisión donde, curiosamente, nos sentimos libres.

El moldeo de nuestras opiniones, así, tendría mucho que ver con los retuits, los trending topics, el sobre uso de los hash tags, la publicidad en línea y la información de los portales digitales. No es necesario mediar razonamiento ante las posibles falacias de autoridad que se convertirán en verdades luego de la viralización que da la repetición.

La creciente ola de violencia a nivel mundial ha demostrado esto. Nuestro pensamiento, nuestra conducta en redes, se moldea a partir de una ideología imperante, de una estrategia de mediatización de la sociedad a través del bombardeo informativo: cuando entramos a redes sociales y vemos que la noticia de Charlie Hebdo nos hiere tanto (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/07/actualidad/1420629274_264304.html ) , a pesar de no ser franceses, no es porque ésta tenga el horror en sí misma sino porque el horror viene a ser un elemento externo producto de la reiteración del contenido.

El horror se construye a partir del manejo de la información, a partir de darle vida “humana” a personajes enteramente desconocidos, hacerlos empáticos con un grupo poblacional que espera el momento oportuno para ejercer el “trendy activismo”, para alzar su voz y reclamar por el suceso de moda.

La imagen muestra un claro ejemplo del tipo de comentarios vertidos en internet al respecto.

Despreciamos luchas sociales en pos de la más nueva.

No es por demeritar la tragedia, pero esto es el pan de todos los días a nivel mundial –en otras tragedias, incluso, se asesinan a dos mil personas sin que a esa sociedad virtual tan consciente le llegue a importar (http://peru21.pe/mundo/boko-haram-habria-asesinado-2000-personas-nigeria-2209252 ) - mismo que nos hemos aprendido a tragar de manera indolente, haciendo zapping en la tv o, simplemente, alejándonos.

No nos horroriza la muerte misma de miles o cientos de personas, nos horroriza que ésta sea mediatizada y mostrada hasta el punto de la empatía -“yo soy X”-, nos horroriza saber que ocurre algo en el mundo que es tan “trendy” que todos nos sentimos culpables de ello; no las muertes, eso es lo de menos.

Decimos, hacemos y parecemos, hasta la empatía, sobre aquello que en determinado momento es trending topic, sobre aquello que se ha posicionado gracias a la fuerza de los sitios .com quienes no dejan de mandar información al respecto, que se ha posicionado a pesar de nuestra verdadera indolencia ante la tragedia ajena sólo para que nos sintamos parte de algo que, por lo general, es políticamente correcto.

La masificación de la opinión nos lleva a los contenidos “trendy” y, mientras bajamos la barra lateral del navegador, la información se repite incesantemente con rostros distintos, como si cada perfil, libremente, eligiera sobre que opinar, usando el hash tag de moda.

Modificado por última vez en Miércoles, 23 Marzo 2016 16:42
Omar Sánchez (Roberto Visantz)

Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información.

Web: https://robertovisantz.eldiacritico.com/