Jueves, 15 Junio 2017 04:29

Chava Flores, el tiempo detenido

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“¿A qué le tiras cuando sueñas soñador?”

Chava Flores

Decía Salvador Flores Rivera (1920-1987) que ningún país hubiese destrozado la lengua de Cervantes con tanta facilidad como México, que el albur es folklore y, por tanto, implicado está; es cultura. Ningunas de estas dos cosas son debatibles, y así como estas dos afirmaciones su obra musical, basta y graciosa, es igual de incisiva; el asunto es ¿debemos reír o llorar? El retrato a veces fiel y a veces exagerado, llevando la hipérbole al género cómico, que Chava Flores hace del mexicano y de su idiosincrasia, hace pensar en nuestra actual condición porque cuando RCA publicó su primera obra musical, México estaba en el desorden social, en el encono de los malos hábitos individuales que “el compositor del barrio” supo señalar en sus canciones y que ahora son constatables sin la necesidad de ningún diseño de prueba o investigación de campo. Basta con tener ojos y oídos.

Salvador Flores Rivera supo encontrar su propia voz, al rescatar la experiencia vivida en los barrios más humildes, él mismo dijo que vivió según sus recuerdos al menos en 14 barrios de nuestra capital. Cuando apenas terminaba la primaria su padre murió y Chava tuvo que ponerse a trabajar para ayudar a su madre a sostener a sus hermanos Enrique y Trinidad. Los diversos trabajos, todos humildes, lo pusieron en contacto con las características más refinadas del lumpen mexicano. Pero este chico estaba hecho de otra pasta y en lugar de ser un mexican people más, supo analizar e identificar los patrones culturales de la barriada. Compositor de oficio, es cierto, pero con habilidades natas de sociólogo y antropólogo. A decir de él mismo la música puede servir de memoria histórica a un pueblo, y a la vez servía para expresar las más distintas emociones, tanto los temas clásicos de amor y desamor, como la inconformidad o las contradicciones de la sociedad.

Emprendió varios negocios propios sin éxito, pero que le dieron a conocer los pormenores del mundo, uno de esos negocios (pero que sí tuvo un éxito relativo) fue la edición de la revista musical “Álbum de Oro de la Canción” gracias a la cual conoció a importantes cantantes y compositores del momento, Chava tenía contacto con ellos a través de entrevistas para la revista y de ahí en adelante su vida no se despegó de la música. Al componer y presentar su primera canción en 1952 (“Dos horas de balazos”) su vida se plagó de éxitos, entre los que se cuentan cerca de 200 canciones, cuya mayoría son de estilo cómico- crítico. Representó los más acendrados hábitos y modus vivendi mexicanos, denotó la tumultuosa vida urbana quitándonos la idea de que todo lo citadino es moderno, nos mostró en pocas palabras la barbarie de la ciudad.

Por ejemplo, la manía soñadora de ganarse la lotería y ver resuelta la vida de un momento a otro sin trabajar (¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?). Las mujeres trepadoras por las ramas de los prospectos: “Si a ti te ofreciera el sol, quemadota que te dabas, si te ofreciera un millón la manota que estirabas, si te llevo a Nueva York de seguro ahí me dejabas.” (La interesada). Los malos hábitos alimenticios y el costumbrismo de que el hombre paga: “Pudo más una taquiza que mi más ferviente amor (…) Cuando al fin llegó la cuenta me tuvieron que prestar. Y entonces me dijiste (…) ya está bueno de botanas ahora invítame a cenar. Que te mantenga el gobierno vaya forma de tragar.” (La taquiza). Las malas decisiones administrativas y el consumismo: “Los almacenes y las tiendas son alarde de multitudes que así llegan a comprar al puro fiado porque está la cosa que arde.” (Sábado Distrito Federal). El alcoholismo hermanado con la pobreza: “Mira Bartola, ahí te dejo esos dos pesos, pagas la renta, el teléjono y la luz. De lo que sobre, coges  ´ay para tu gasto, guárdame el resto para echarme un alipús.” (La Bartola). La borrachera que termina en celos y pelea: “(…) pues la mujer del general me hacia la bola, fue con el chisme la metiche de Carola. Y vino el viejo y que empieza la pelea, se armó un relajo, sacó su pistola, vino la Julia que llamó a la trola, y pa´ la cárcel nos llevaron hechos bola.” (La tertulia). Y como colofón, la desidia quizá centenaria: “Pero eso sí, mañana sí que lo hago, pero eso sí, mañana voy a ir, pero eso sí, mañana sí te pago. ¿A qué le tiras cuando sueñas sin cumplir?” (¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?).

De sus oficios y emprendimientos fallidos, de su infancia cortada por la necesidad del trabajo y de su admiración y respeto por los cantantes de su tiempo Chava supo colorear un México alegre y absurdo, burdo pero vivo, más que la mera realidad. Reflejó, como ya se dijo, los usos y costumbres del mexicano promedio de su tiempo, grandes actores de la época cantaron sus letras y apareció en diversas cintas cinematográficas como conciencia de la sociedad de su época. Sin embargo, a pesar de que festejo a Chava Flores, es triste pensar que si viviera seguiría tendiendo tela para recortar y hacer los finos trajes en que se viste la cultura o si se quiere el floklore mexicano. Pienso que, si lo trajéramos acá brincando ese 1987 en que murió, nos pediría quizá pasear por esas calles y avenidas, visitar los barrios y los centros de las ciudades. Se preguntaría acaso, si el tiempo se ha detenido en nuestros barrios mexicanos; yo no sabría qué decirle.

Modificado por última vez en Jueves, 15 Junio 2017 16:33
Edson Javier Aguilera Zertuche

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara, Maestro en Estudios Filosóficos y Licenciado en Filosofía por la Universidad de Guadalajara. Profesor de la Maestría en Derecho, la Maestría en Administración de la Universidad Enrique Díaz de León y de la Licenciatura en Intervención Educativa de la Universidad Pedagógica Nacional. Autor de diversos libros y columnista.